Escritos de Yolanda Arroyo Pizarro
-- Literatura puertorriqueña
Alessandro Baricco
Seda (fragmento)
59.
"Permanece así, te quiero mirar, yo te he mirado tanto pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate como estás, tenemos una noche para nosotros, y quiero mirarte, nunca te había visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos y acaríciate, te lo ruego, no abras los ojos si puedes, y acaríciate, son tan bellas tus manos, las he soñado tanto que ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, sigue, te lo ruego, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate señor amado mío, acaricia tu sexo, te lo ruego despacio, es bella tu mano sobre tu sexo, no te detengas, me gusta mirarla y mirarte, señor amado mío, no abras los ojos, no todavía, no debes tener miedo estoy cerca de ti, ¿me oyes?, estoy aquí, puedo rozarte, y esta seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel, tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, en cierto momento sentirás el calor de mis labios, encima, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de improviso, tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las cejas, sentirás el calor entrar en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea sobre tu sexo, apoyaré mis labios allí y los abriré bajando poco a poco, dejaré que tu sexo cierre a medias mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva bajará por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, porque te quiero, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero, y con el corazón entre mis labios tú serás mío, de verdad, con mi boca en tu corazón tú serás mío, para siempre, y si no me crees abre los ojos señor amado mío y mírame, soy yo, quién podrá borrar jamás este instante que pasa, y este mi cuerpo sin más seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran, tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que resbalas debajo de mí, tomas mis flancos, me levantas, me dejas deslizar sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote con lentitud, tus manos sobre mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves con lentitud, pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz, mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me levanta, tus brazos que no me dejan ir, los golpes dentro de mí, es dulce violencia, veo tus ojos buscar en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño, hasta donde tú quieras, señor amado mío, no hay fin, no finalizará, ¿lo ves?, nadie podrá cancelar este instante que pasa, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos soltando las lágrimas de mis ojos, mi voz dentro de la tuya, tu violencia teniéndome apretada, ya no hay tiempo para huir ni fuerza para resistir, tenía que ser este instante, y este instante es, créeme, señor amado mío, este instante será, de ahora en adelante, será, hasta el fin."
Julio Cortázar
Rayuela Cap. 68: "Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpaso en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.".
J.M.Coetzee
Desgracia (fragmento) “Él disfruta con la alegría de ella, una alegría sin afectación. Le sorprende que una hora y media por semana en compañía de una mujer le baste para sentirse feliz, a él, que antes creía necesitar una esposa, un hogar, un matrimonio. En fin de cuentas, sus necesidades resultan ser muy sencillas, livianas y pasajeras, como las de una mariposa. No hay emociones, o no hay ninguna salvo las más difíciles de adivinar: un bajo continuo de satisfacción, como el runrún del tráfico que arrulla al habitante de la ciudad hasta que se adormece, o como el silencio de la noche para los habitantes del campo”.
Laura Restrepo
Delirio (fragmento) "Supe que había sucedido algo irreparable en el momento en que un hombre me abrió la puerta de esa habitación de hotel y vi a mi mujer sentada al fondo, mirando por la ventana de muy extraña manera. Fue a mi regreso de un viaje corto, sólo cuatro días por cosas de trabajo, dice Aguilar, y asegura que al partir la dejó bien. Cuando me fui no le pasaba nada raro, o al menos nada fuera de lo habitual, ciertamente nada que anunciara lo que iba a sucederle durante mi ausencia, salvo sus propias premoniciones, claro está, pero cómo iba Aguilar a creerle si Agustina, su mujer, siempre anda pronosticando calamidades, él ha tratado por todos los medios de hacerla entrar en razón pero ella no da su brazo a torcer e insiste en que desde pequeña tiene lo que llama un don de los ojos, o visión de lo venidero, y sólo Dios sabe, dice Aguilar, lo que eso ha trastornado nuestras vidas. Esta vez, como todas, mi Agustina pronosticó que algo saldría mal y yo, como siempre, pasé por alto su pronóstico; me fui de la ciudad un miércoles, la dejé pintando de verde las paredes del apartamento y el domingo siguiente, a mi regreso, la encontré en un hotel, al norte de la ciudad, transformada en un ser aterrado y aterrador al que apenas reconozco. No he podido saber qué le sucedió durante mi ausencia porque si se lo pregunto me insulta, hay que ver cuán feroz puede llegar a ser cuando se exalta, me trata como si yo ya no fuera yo ni ella fuera ella, intenta explicar Aguilar y si no puede es porque él mismo no lo comprende; La mujer que amo se ha perdido dentro de su propia cabeza, hace ya catorce días que la ando buscando y me va la vida en encontrarla pero la cosa es difícil, es angustiosa a morir y jodidamente difícil; es como si Agustina habitara en un plano paralelo al real, cercano pero inabordable, es como si hablara en una lengua extranjera que Aguilar vagamente reconoce pero que no logra comprender. La trastornada razón de mi mujer es un perro que me tira tarascadas pero que al mismo tiempo me envía en sus ladridos un llamado de auxilio que no atino a responder; Agustina es un perro famélico y malherido que quisiera volver a casa y no lo logra, y al minuto siguiente es un perro vagabundo que ni siquiera recuerda que alguna vez tuvo casa."
Virginia Woolf
Las olas (fragmento) "El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin. Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido o cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. La luz golpeó sucesivamente los árboles del jardín iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insustancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías."
Angeles Mastretta
Mujeres de ojos grandes ( fragmento) "Cuando la tía Carmen se enteró de que su marido había caído preso de otros perfumes y otro abrazo, sin más ni más lo dio por muerto. Porque no en balde había vivido con él quince años, se lo sabía al derecho y al revés, y en la larga y ociosa lista de sus cualidades y defectos nunca había salido a relucir su vocación de mujeriego. La tía estuvo siempre segura de que antes de tomarse la molestia de serlo, su marido tendría que morirse. Que volviera a medio aprender las manías, los cumpleaños, las precisas aversiones e ineludibles adicciones de otra mujer, parecía más que imposible. Su marido podía perder el tiempo y desvelarse fuera de la casa jugando cartas y recomponiendo las condiciones políticas de la política misma, pero gastarlo en entenderse con otra señora, en complacerla, en oírla, eso era tan increíble como insoportable. De todos modos, el chisme es el chisme y a ella le dolió como una maldición aquella verdad incierta. Así que tras ponerse de luto y actuar frente a él como si no lo viera, empezó a no pensar más en sus camisas, sus trajes, el brillo de sus zapatos, sus pijamas, su desayuno, y poco a poco hasta sus hijos. Lo borró del mundo con tanta precisión, que no sólo su suegra y su cuñada, sino hasta su misma madre estuvieron de acuerdo en que debían llevarla a un manicomio."
Pablo Neruda
Poema 14:
Juegas todos los días con la luz del universo./
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua./
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto/
como un racimo entre mis manos cada día./
A nadie te pareces desde que yo te amo. /
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. /
¿Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? /
Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías. /
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. /
El cielo es una red cuajada de peces sombríos. /
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. /
Se desviste la lluvia. /
Pasan huyendo los pájaros. /
El viento. El viento. /
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. /
El temporal arremolina hojas oscuras /
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. /
Tú estás aquí. Ah tú no huyes. /
Tú me responderás hasta el último grito. /
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. /
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. /
Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, /
y tienes hasta los senos perfumados. /
Mientras el viento triste galopa matando mariposas /
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. /
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, /
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. /
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos /
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. /
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. /
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. /
Hasta te creo dueña del universo. /
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, /
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos. /
Quiero hacer contigo /
lo que la primavera hace con los cerezos./ (20 poemas de amor y una canción desesperada)
Milan Kundera
La insoportable levedad del ser (fragmento). "Sintió en su boca el suave olor de la fiebre y lo aspiro como si quisiera llenarse de las intimidades de su cuerpo. Y en ese momento se imaginó que ya llevaba muchos años en su casa y que se estaba muriendo. De pronto tuvo la clara sensación que no podría sobrevivir a la muerte de ella. Se acostaría a su lado y querría morir con ella. Conmovido por esa imagen hundió en ese momento la cara en la almohada junto a la cabeza de ella y permaneció así durante mucho tiempo.....Y le dio pena que en una situación como aquella, en la que un hombre de verdad sería capaz de tomar inmediatamente una decisión, él dudase, privando así de su significado al momento mas hermoso que había vivido jamás (estaba arrodillado junto a su cama y pensaba que no podría sobrevivir a su muerte). Se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que en realidad era bastante natural que no supiera que quería: El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero que valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.
(...)
Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.
(...)
La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes."
sábado, diciembre 30, 2006
Las Bondades de Edgardo
El amigo Edgardo Vera nos brindó su hogar anoche para compartir. Además de escritores, descubrimos compañeros para el talento kareokense, coreográfico y hasta hadas madrinas que realizaron actos de magia. Fue una hermosa noche llena de sorpresas y promesas. El nuevo año 2007 se augura difícil, pero no indescifrable. Enhorabuena.
La ganga de los escribas me acogió en su vientre de abrazos y apoyo moral, y promesas de mejores vientos, de nuevos bríos e intentos renovados. Dimos gracias. Yo agradezco a la vida por haberlos puesto a cada uno de ellos en mi camino. En especial a… muy en especial.
El nene cantaba “será, será, será…, será la lune” y apuntaba con el dedo hacia arriba. No sabía pronunciar “luna”. Miraba al cielo, de noche, y gritaba el nombre del astro en su dialecto tresañero. Notaba que yo era tan oscura como ese manto que cubría la “lune” y que mi amado era tan claro como la dichosa “lune”. El nene me decía baby; así me decía mi amor y él lo imitaba. El nene se abrazaba a mí si se caía, si tenía fiebre, si deseaba un cuento de hadas para acostarse a dormir. El nene reía cuando yo lo recogía en el prekinder, si lo vestía de gallo para Halloween, de marinerito para su graduación con honores y alborotaba en los pasillos de la Yupi cuando yo carreteaba con él intentando terminar un bachillerato infinito. La profesora de finanzas nos detestaba. Nos veía llegar a Osuna y poco le importaba que yo le tuviera el biberón listo y la promesa de quedarse calladito en una esquina sin molestar. El nene sigue siendo mío, muy mío. Él fue mi primer simulacro de vida en el vientre fuera de mi vientre. Yo fui su primera mamá, su primera nana, su primera consentidora. El nene mide hoy más que yo. Está lejos. Y es tan guapo. Trae los genes de su primera madre y el amado de antaño.
Como una flor renacida en la cuna de la tierra Como el ardor de las lágrimas Como despedir por fin al amor Como sentir que alguien al fin descubra que eres una poeta maldita que alguien por fin se dé cuenta que lo que tenías era hambre
He bebido las últimas gotas de una cantimplora Estoy hecha de sed no de urgencias Sólo el que ha visto el desierto puede entender de qué estoy hablando Una década viendo lo sin vida Millas y millas de montañas de arena Solamente se siente en los oídos el propio corazón
Ahora voy a empezar el poema Tocar el lugar del dolor No puedo He perdido la línea divisoria El huevo en el horizonte Soy la mujer que va a atravesar el desierto Que nadie hable No quiero oír la voz humana Esta libertad tan abundante me resulta abominable Si hablas voy a saber la medida de mi ignorancia Todo me humilla y me avergüenza Se paga tan cara la vida que hasta hay que morirse
Esposo, perdona por haberte sobrevivido
Hoy es otro día A quien le tengo que pedir que en mi vida Se repita la felicidad Morir es el paraíso Tengo hambre de infiernos
Es como si me lo hubiesen dado tus propias manos, como si me hubieses besado las comisuras, lamido los entornos y abrazado fuertemente al entregármelo. Es como si hubieses tarareado The Space Between en mi oído mientras me desvestías, como si hubieses mordido mi oreja mientras reías. Así se ha sentido. Así fue.
Compartir de versos, música y amor en la palabra escrita
La escritora Mairym Cruz-Bernall convirtió sus cuarteles en estupenda velada de festejos para un nutrido grupo de amigos en la poesía, en la narrativa, en las crónicas y los testimonios de vida. Su casa se volvió festín de ingenios y talentos donde el compartir hizo un clic necesario con cada vida allí tocada.
Mairym, al brindar su atelier, no sólo brindó su fruto de manos en las letras de este país que la ha visto crecer y festejar éxitos, sino que también brinda de su don maravilloso de gente, logrando de ese modo involucrar vidas en la cotidianidad de la literatura que nos une.
Gracias pitonisa con los brazos bañados en aguas caribeñas. Gracias por acogernos, por tu trato, congenialidad y aprecio.
Anoche sucedió algo extraño. Por extraño, creo que se incluye dentro del grupo de asuntos extraordinarios que suceden en mi vida. Por un momento, el asma amainó y por un momento, soslayado, breve pero infinito, me besaron. Fue un beso de primeras veces. Me tocaron. Fue un roce de prisas. Esas prisas que sólo da el deseo fundamentado en bases de amor del bueno, de pasión de antaño y de admiración de mirarnos los rostros por decenios. Añejado el deseo a su vez por catarsis, y rompimientos, y desgarres de corazón continuos.
Anoche volvió a frotarse en mis territorios. Anoche no me dejó sola, me cortejó, me coqueteó, me dejé llevar, y justo antes de la campanada doce, la bocanada de aire que llevaba por burbuja aguantada debajo de mi agua de “valentonías", dejó de existir. Me dejé arrasar por su tocarme, por su frotarme, por su entrar los dedos y moverlos, corazón e índice, anular y corazón, las aspas que dan vueltas a toda mi vida, y la viran de cabeza. Todas las fuckings veces.
Anoche fue otro 22. ¿Los 22 se restan o se suman? No sé si hay que dejar de contar del todo. Hoy, con la frente adolorida por los jadeos y la resaca pulsándome la nuca, todo se siente confuso. Se siente hasta bochornoso. ¿Se sienten promesas?
Mis ojos saben que no deben verlas, que es posible que no las haya, que es incluso probable que no haga sentido nada. ¿Lo saben, o lo intuyen? Puedo echarle la culpa a las copas de tinto, a la cerveza barata y al humo de esencias nada parecidas al incienso pacholí. Mis muslos, por otro lado, se abren y se cierran y piden broncodilatadores que aminoren estos refuerzos y deseos de repetir, quizás lo irrepetible.
Sigo sin saber qué hacer… con la única diferencia de que anoche me lo gocé de lo lindo. No debería ni cuestionarlo. ¿He de tomarlo como un regalo? Me duele demasiado la cabeza y han regresado los síntomas de fatiga…
La Editorial Isla Negra y su presidente Carlos Roberto Gómez Beras, dedicados por completo a difundir la literatura caribeña contemporánea, nos invitó la noche de ayer a la puesta en circulación del libro “Mariconerías: escritos desde el margen” de Daniel Torres.
La actividad tuvo lugar en la librería La Tertulia del Viejo San Juan. Los presentadores fueron Mayra Santos Febres, Moisés Agosto, y Lawrence La Fontaine Stokes. La librería La Tertulia, localizada en la calle O'Donell 204, frente a la Plaza Colón, fue testigo de todos aquellos que quisieron aplaudir al escritor Daniel Torres ante su valiente narración de prosa, crónicas y poemas interconectados con un mismo tema definitorio y de actualidad. Felicitamos al amigo Daniel por este logro.
Bueno, primero lo primero. Tengo asma. Me duele el pecho, pero aún así no dejan de sentirse otras dolamas. Esta temporada es la peor para mis pulmones, nunca ha sido diferente, siempre ha sido lo mismo. El friíto borincano en épocas festivas me desbarajusta el sistema por más vitamina C y equinacea que tome. Pienso, en medio de mis pavores de falta de aire, que me sucederá igual que a Marcel Proust, prolífico escritor asesinado por un absceso en los pulmones. Proust era asmático crónico, lo cual no le impidió realizar su obra en 16 volúmenes "En busca del tiempo perdido", cumbre de la literatura universal y pionera de la novela moderna, pero el escritor francés no le ganó al sube y baja de pectorales en busca de oxigenación. A lo mejor yo tampoco. Quien sabe.
En fin, que hoy viajé para mi pueblito de antaño. Me encontré con la Ganga que organiza los eventos culturales y me puse al día con los talleres de arte, teatro y los certámenes literarios que se quieren producir y fomentar en mi bello barrio Amelia. Allí, en medio de aquella Ganga, apareció el Hombre de la Nariz, aquel jovencito enclenque que a mis trece años, besó por primera vez mis labios con pasión sublime y profunda. El hombre bailarín de Copani que me derretía y hacía que me temblaran las rodillas. De piel blanca, de labios finos, de boca suave, de nariz cosquillosa cuando me metía la lengua hasta la garganta.
Hoy porta unas canas guapísimas y ya no es tan enjuto. Se ha hecho grande, vistoso y cauteloso. Me observó toda la noche con estudiada astucia y añadió comentarios invaluables a la conversación. Se acordó de todas nuestras dulces y románticas travesuras. Me recordó de cómo las mismas, a esa tierna edad, se habían quedado inconclusas. Nos debemos cosas, nos interrumpió la vida. Reímos. Me invitó una Heneken, pero le acepté una Coors Light en vez. Luego pagamos otros “rounds”. A mí se me incrementaba el asma con la sonrisa, con lo sonrojado, con la canillera de las piernas. A él se le esquivaba la mirada mientras medía daños y consecuencias. Me fui con un saludo caballeroso de manos que se tocan a la mitad. Me fui con un aroma a su perfume y un tufo a mezcla de licor irlandés en las rocas con cerveza barata. Me fui con el pito de la fatiga más agudizado que cuando llegué. Me fui… pero algo me pide que vuelva. Quizás un día de estos.
Hoy, a las 9:30 de la mañana, cumplimos una semana
Una semana de no estar, de que no estés. No se siente mucha diferencia y se siente toda. Se rompe en frío, pero para hacerle honor a la verdad, tú ya no eras y yo tampoco.
Estabas y no estabas. Te escondías, y lo sabes porque me lo decías. Lo decías, lo dijiste, lo dices. Escondido detrás de “layers” y “layers” de no sé qué. Escondido. Escondido en tu locura, en tu “madness” que estuve dispuesta a consentir, yo, la única, pero que ni siquiera tú me dejaste. Quise ser especial y no me dejaste. Tú, en cambio, fuiste mi primero, mi único de la especie. Yo era una más, sin mayores consecuencias o repercusiones. Otro satélite que te rondaba y que competía por tu atención, cosa que disfrutabas. A plenitud. Cuando quise tener mi satélite o convertirte en uno, entraste en brote.
No estabas. Yo lo único que hice fue prepararme. Ponerme capas y capas de piel de reptil, respirar el chu-chu-chu que te enseñan en las clases de parto, morderme los labios, apretar los ojos, tomar grandes bocanadas de aire para cuando me tocara zambullirme. Yo sabía que la zambullida llegaría. Era cuestión de tiempo. Me preparé, te lloré media hora, no nueve días, como la vez anterior. Y me zambullí. Sigo bajo el agua. Cuando se me acabe el aire, subiré. Y dejarás de ser único. Dejarás de ser especial, para que sientas lo mismo que yo.
PD: dejaste esto en mi voicemail. Very sweet indeed.
Tu Recuerdo Ricky Martin
Tu recuerdo sigue aquí como un aguacero rompe fuerte sobre mí ay pero a fuego lento quema y moja por igual ya no sé lo que pensar si tu recuerdo me hace bien o me hace mal.
Un beso gris, un beso blanco todo depende del lugar que yo me fui, eso está claro, pero tu recuerdo no se va siento tus labios en las noches de verano ahí están cuidando de mi soledad, pero a veces me quiere matar.
Tu recuerdo sigue aquí como un aguacero rompe fuerte sobre mí ay pero a fuego lento quema y moja por igual y ya no sé lo que pensar si tu recuerdo me hace bien o me hace mal.
A veces gris, a veces blanco todo depende del lugar que tú te fuiste, eso es pasado sé que te tengo que olvidar, pero yo le puse una velita a to' mis santos ahí está pa' que pienses mucho en mí no dejes de pensar en mí.
Tu recuerdo sigue aquí ay como un aguacero rompe fuerte sobre mi ay pero a fuego lento quema y moja por igual y ya no sé lo que pensar si tu recuerdo me hace bien o me hace mal.
Piensa en mí es antídoto y veneno al corazón piensa bien quema y moja que viene y va ¿tú dónde estás? atrapado entre los versos y el adiós.
Tu recuerdo sigue aquí como aguacero de mayo rompe fuerte sobre mi y cae tan fuerte que hasta me quema hasta la piel quema y moja por igual y ya no sé lo que pensar si tu recuerdo me hace bien o me hace mal.
Tu recuerdo sigue aquí leirolai lerolelo ooo rompe fuerte sobre mi pero que rompe, rompe el corazón quema y moja por igual sé que te tengo que olvidar si tu recuerdo me hace bien o me hace mal.
Que casualidad tan preciosa. Justicia poética le llaman algunos. Estuve por los espacios virtuales de unas amigas El tercer ojo de Estela y Letras de Trapo, y descubrí que andamos en los mismos canales las chicas y yo. Recientemente, en los baños de Borders, tomé unas fotos, por aquello de retratarlo todo para ganarle al Alzheimer que algún día me arrebatará mis recuerdos más preciados. Y esto fue lo que hallé.
Ellas también reseñan paredes y tablones de expresión en sus respectivos blogs. Estela dice: "Sin lugar a dudas, las mejores filosofías de vida y frases las ha leído en las puertas de los baños de damas." Visítenlos. Disfrútenlos. Y lo más importante, descifren los hallazgos que hagan cuando se topen con alguno de ellos en el camino.
Había olvidado poner las fotos de la pasada IX Feria del Libro de Puerto Rico 2006. Los amigos escritores Carlos Esteban Cana y Mariángel Díaz Bergnes fueron publicados en la Antología del ICP, Cuadernos del Taller, que dirigió Carmen Lugo Filipi como un proyecto especial para el fomento del quehacer literario. El libro posee todo un caudal de talento y es hermosamente artesanal.
Por supuesto, el detalle distintivo de la velada lo dio la jovencita pintada de gatita preciosa, quien con suerte, heredará lo de tigresa rabiosa de su madre una vez crezca y empiece a romper corazones a diestra y siniestra. Ji, ji, ji.
Carlos Esteban Cana, Carmen Lugo Filipi y Mariángel Díaz Bergnes.
Carmen Lugo Filipi realizando la presentación del Cuaderno.
El grupo del taller luego de la presentación del Cuaderno.
Entrevistando a Maira Barbará sobre su cuento La doncella de Nuremberg
La Maestría de Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce, Puerto Rico, ha abierto las puertas a nuevos talentos y ha dado alas a escritores que tan sólo necesitaban un empujoncito. Conocí a Maira Barbará y quedé prendada de su prosa. Ella es una de esas estudiantes de la nueva Maestría que ven en la literatura un espacio para respirar mejor. En meses pasados el periódico El Nuevo Día en su revista literaria, le otorgó el reconocimiento de publicarle un cuento de su autoría. La contacté de inmediato y le pedí sus impresiones sobre el proceso de gestación literaria que dio origen a semejante obra. Aquí sus pareceres que muy amablemente me iluminaron el alma:
YAP: ¿Temiste en algún momento a caer en el anacronismo en este cuento, o sea en errores de tiempo y/o espacio?
MB: No, porque me documenté lo suficiente para conocer el período del cual iba a escribir. Traté de mantenerme fiel a la época y a las circunstancias durante la Inquisición. Claro, me tomé ciertas licencias como todo escritor.
YAP: ¿Cuál fue la parte más difícil de escribirlo?
MB: Cuando tuve que describir las torturas a las que sometían a las víctimas, me sentí profundamente conmovida porque me resultó casi imposible sentir lo que ella y sus victimarios estaban sintiendo. No pude evitar cierta repugnancia ante lo que escribía. Espero haber transmitido al lector la misma sensación.
YAP: ¿Cómo te sientes escribiendo cuento histórico?
MB: Me fascina la historia porque creo que los sucesos no siempre nos los cuentan como sucedieron, sino con la óptica que convino en ese momento. Me gusta jugar a dar otros giros al asunto, a imaginar otras circunstancias, otros protagonistas, otros finales. Es muy divertido. Por supuesto que, para lograr un buen relato, hay que documentarse mucho sobre el tema que se va a escribir para adentrarse en la historia tradicional escrita. La "nueva historia" tiene que reflejar situaciones conocidas para que resulte convincente al lector.
YAP: ¿Posees otros cuentos de esa misma vertiente? ¿Cuáles?
MB: Escribí una trilogía que titulé Urdimbre. Los cuentos son Novo Ordo Seclorum, Habemus Mortem y La sombra. Trata de supuestas conspiraciones masónicas, de sociedades secretas y de intrigas de gobiernos. Tengo otros cuentos inspirados en la historia de Cuba y en la Segunda Guerra Mundial, un tema que me apasiona, en el que se basa mi primera novela.
YAP: ¿Cuál es tu vertiente favorita a la hora de escribir cuentos?
MB: Los grandes maestros del género cuentístico opinan que éste debe ser breve, conciso, certero y con un final impactante. Eso es lo verdaderamente importante y lo que me gusta hacer. La novela es otra cosa. El tema es, en definitiva, lo de menos. Lo importante es cómo se cuente, que el lector se sienta atrapado y luego sorprendido con el final, que la trama se le quede dando vueltas en la cabeza.
YAP: ¿Cómo defines tu experiencia en el último Taller Avanzado de Cuentos de la Maestría? ¿Y en la Maestría como tal?
MB: Te voy a confesar algo... Nunca había escrito un cuento hasta agosto de 2004. Solicité ingreso al primer grupo de la Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón porque siempre me gustó escribir, pero lo que había hecho era poesía hasta ese momento. Soy autodidacta en ese campo y las guardo en una gaveta. Cuando descubrí lo maravilloso que es dar rienda suelta a las ideas a través de la prosa, supe qué era lo que más me gustaba en la vida. Mi primer y último Taller de Cuentos lo tomé con el doctor Luis López Nieves, quien es también el Director de la Maestría, y fue una experiencia maravillosa, un verdadero lujo. Nos exigía mucho, pero le debo mis primeros pasos en las letras. También tuve otros profesores maravillosos, cada uno con su estilo, pero todos muy preparados. Me siento feliz de haber terminado mi Maestría y de haber sacado A en todas las clases. Ahora estoy escribiendo mi tesis, mi primera novela.
YAP: ¿Quién es tu mayor influencia literaria y por qué?
MB: Maupassant, Poe y Chejov son mis referentes mayores. Por supuesto, una recibe influencias de muchos maestros hasta que logra depurar su propio estilo. Este se mantiene evolucionando, refinándose. Es un círculo infinito, se sigue leyendo y se siguen recibiendo nuevas corrientes.
YAP: ¿Qué estás leyendo ahora mismo?
MB: Soy una lectora voraz, siempre lo he sido. Mis padres eran profesores (mi mamá de español y mi papá de matemáticas), así que en mi casa siempre había libros a la mano. Puedo leer dos o tres libros a la semana, leo rápido y, si me gusta, me lo devoro literalmente aunque tenga que robar horas al sueño. Acabo de leer Las travesuras de la niña mala de Vargas Llosa, que me encantó porque Vargas Llosa es un genio de la literatura. Y también leí esta semana La hija de Cuba, de María Elena Cruz Varela, sobre la historia de Gertrudis Gómez de Avellaneda, una ilustre escritora cubana del siglo 19. También muy interesante. Le comentaba a un amigo no hace mucho que siento que no voy a tener vida suficiente para leer todo lo que me falta.
Maira, mil gracias por tu tiempo y dedicación. Para beneficio de todos incluyo a continuación su narración publicada en el periódico. Espero la disfruten tanto como yo.
*************************************************************** La doncella de Nuremberg Cuento Por Maira Barbará Publicado en el periódico El Nuevo Día el 22 de octubre de 2006
“Dios, como privilegio especial, ha otorgado a la Iglesia la inmunidad contra el error” Papa León XIII
Presentía que pronto vendrían a buscarla. Lo intuyó al ver que sus vecinos la evadían luego de que pasara frente a su casa la procesión de los dominicos y apareciera una cruz amarilla pintada en su puerta. Sabía que era cuestión de tiempo, de poco tiempo. Un miedo cerval se había apoderado de todos sus sentidos. El estruendo de unos golpes la sacó de sus cavilaciones. Ya estaban allí.
Era joven y vivía rodeada de gatos. De hábitos solitarios, no tenía muchos amigos en el pueblo. Llevaba ropa de luto por su esposo, que había muerto hacía un año. El negro resaltaba aun más su melena rojiza, de rizos alborotados. Sus ojos verdes y su tez de un luminoso rosado eran motivo de admiración en los hombres y de envidia en las mujeres. Cuidaba ancianos e iba a misa todos los domingos, como era de rigor.
Fue trasladada a unos calabozos donde apenas entraba la luz del sol. En la celda sólo cabía una persona acostada. Cuando sus ojos se acostumbraron a la penumbra, descubrió que el piso y las paredes estaban resbalosos porque los cubría una extraña mezcla de sangre, excrementos, orines y vómitos. Aquellos muros empedrados, húmedos y fríos estaban impregnados del olor de la muerte.
La hicieron desnudarse, le afeitaron todo el cuerpo, le cortaron las uñas y la obligaron a ponerse un camisón que había sido remojado en azufre y agua bendita. Después de meterle un puñado de sal en la boca, la condujeron ante el Inquisidor, un cura anciano algo jorobado, de piel cetrina y un repugnante mal aliento, quien tendría a su cargo el protocolo del Santo Oficio. Lo acompañaban varios compañeros dominicos, entre ellos un amanuense.
La mujer temblaba, mientras el Inquisidor pronunciaba las oraciones prescritas por el “Mallus Maleficarum” y daba inicio al interrogatorio. -¿Cómo te llamas? -dijo, en tono autoritario. -Magdelaine Michelet -contestó, con la voz entrecortada. -¿Cuántos años tienes? -Treinta y tres. -¿Sabes por qué estás aquí? -No, padre -dijo, al borde de los sollozos. -Sabemos que has preparado hechizos y que has causado la muerte de varios ancianos de tu pueblo. -Pero yo… -¡No me interrumpas! Hablarás solamente cuando yo te pregunte. Dime, ¿a cuántos ancianos has asesinado? Admite que mataste a tu esposo y que recibes durante la noche a tus amantes diabólicos, que se te presentan en forma de íncubos. Dime, cuántas veces te has refocilado con el diablo en orgías y aquelarres. ¡Confiesa! -Padre, voy todos los domingos a misa. ¡Nunca he matado a nadie! -¡No es cierto, de nada te valdrá negarlo! Estarás aquí hasta que nos digas todo lo que has hecho. Te advierto que te arrepentirás de no haber confesado ahora.
Ante su reiterada negativa, fue llevada de regreso a su celda. Se preguntaba qué pruebas tendrían aquellos hombres. El cansancio la rindió y las pesadillas más oscuras rondaron su sueño.
Al día siguiente fue sometida a otro interrogatorio y a diversas torturas. Esta vez se encontraba también presente el Inquisidor General, Su Excelencia Ferdinand de Rocroi, Arzobispo de Cambresis, la máxima autoridad de la región. Aunque no intervenía en los procedimientos, era evidente que estaba allí para supervisar y aprobarlos.
En la búsqueda del “punctum diaboli”, tres sacerdotes pinchadores oficiales clavaron a Magdelaine largas agujas debajo de las uñas, en los senos, en la vulva, en el ano, en todos sus lunares y cicatrices. Si sangraba o gritaba porque sentía dolor, se confirmaba su condición diabólica.
La hicieron tragar nueve litros de agua bendita y la suspendieron de cabeza, amarrada por los tobillos. Mientras le daban veinte latigazos, un dominico le mostraba los instrumentos que la esperaban: el potro, la corona de Cristo, la tortuga, los látigos con puntas, la turca, la pera de hierro, la cuna de Judas... Otro religioso calentaba unas tenazas de hierro. Mientras tanto, el Inquisidor le gritaba una y otra vez que, a toda costa, ella confesaría y él así salvaría su alma.
-Dime, ¿has preparado ungüentos o filtros con la pulpa de los huesos y carnes de tus víctimas? ¿Cuántas veces has yacido con tu amo de las tinieblas? ¿Quiénes son tus cómplices? ¡Confiesa! -gritó. -¡Soy inocente, no puedo decir lo contrario!
El Inquisidor, cada vez más exasperado, con una sonrisa irónica, se le acercó, bajó el tono de su voz y le dijo con sorna:
-¿Ves esta hermosa caja de hierro? La llamamos “La doncella de Nuremberg”. Fíjate en las púas filosas y largas que hay en su interior. Se encajarán en tu cuerpo cuando cerremos sus puertas. Será lamentable escuchar tus gritos y cómo se apagan, cuando te mueras poco a poco. Es tu última oportunidad para admitir tu culpa...
Magdelaine, presa de la desesperación, vislumbró un pedazo de cielo a través de la única ventana del recinto, en lo alto de la pared. Sus ojos vertían lágrimas incontenibles, que rodaban por sus mejillas. Desesperada, sangrante, débil, impotente, invocó en su mente a las legiones celestes y pidió ayuda. Un rayo de sol se reflejó sobre su melena rojiza y sus ojos adquirieron un brillo intenso.
Entonces fue ella quien se acercó al Inquisidor y lo miró con fijeza. Se inclinó hacia él, como si fuera a decirle un secreto. Le dijo en voz baja, despacio, firme, arrastrando las palabras: -¡No voy a confesar!
De inmediato, a pesar de su forcejeo, la empujaron dentro de “La doncella” y cerraron las puertas con violencia. Un grito estridente, prolongado, un eco sordo, opacado por el metal del sarcófago, resonó en la estancia. Luego, un absoluto silencio.
Los sacerdotes, extrañados por la ausencia de los quejidos constantes que solían escuchar cuando usaban ese método, abrieron sus puertas una hora más tarde. “La doncella” estaba vacía.
De su interior salió un altivo cuervo negro, que cayó sobre el Inquisidor y el Arzobispo. Les sacó los ojos a picotazos, mientras revoloteaba con fuerza y emitía graznidos disonantes. El sol había inundado toda la habitación.
El pájaro, con su pico manchado de sangre, se posó en la ventana. Desde lo alto, miró a cada uno de los presentes y alzó vuelo triunfante hacia el infinito.
¿Qué buscas? ¿Por qué siempre me levantas a esta misma hora? ¿Por qué me piensas, o me sueñas y haces que de un tiro quede despierta, mirando por la ventana? ¿Qué puede interesarte aún aquí adentro, donde me palpita tu olvidarte? ¿Dónde acaricias ahora primero? ¿Pecho, boca, muslos abajo, vientre arriba? ¿Qué curiosidad morbosa buscas aquí afuera, sobre mi piel declarada traidora? Vete. Déjame dormir. Déjame vivir.
Anoche mi gran amiga, la escritora Mariángel Díaz Bergnes, me acompañó al primer White Party que tengo en años, por razones que no vienen al caso. Fue maravilloso disfrutar con ella y con todos los asistentes. Me regalaron flores, una docena de rosas peach, en homenaje a mi premio PEN Club 2006. Fue una velada inolvidable para mí. Gracias a la vida, que me regala estos momentos aún en tiempos de vicisitudes.
Gracias al amigo kanincito de Youtube por el regalo...
Tú dices que te marchas que ya no te hago falta y yo te dejo creer que eres tú el ganador
para serte sincera yo también te engañaba mas nunca tuve el valor para quebrarte el corazón Ya tus maletas están aquí no tiene caso fingir
Yo también te mentí yo también traicioné El sabor del pecado en tu ausencia probé Fui más mala que tú, pero me disfracé de esa dama sumisa que hoy te dice: que te vaya bien
Espero que ahora entiendas que el que con fuego juega Tarde o temprano se quema y paga el precio de su error
No solo son los hombres los que aman a escondidas, también guardan las mujeres sus secretos en la vida
Ya mis maletas están aquí y alguien espera por mí
Yo también te mentí yo también traicioné, el sabor del pecado en tu ausencia probé Fui más mala que tú, pero me disfracé y hoy te digo que te vaya bien Ohhh
Fui más mala que tú, pero me disfracé de esa dama sumisa que hoy con su amable sonrisa te dice: que te vaya bien, que te vaya bien, que te vaya bien!!!!!!!
La noche de Poesía será hoy viernes, 15 de diciembre de 2006, en la Fundación Nacional para la Cultura Popular (Calle Fortaleza #51, Viejo San Juan, en la misma cuadra de la entrada principal de La Fortaleza), desde las 7:30 PM.
I’m not gonna apologize, dijiste. Yo tampoco. ¿Qué de malo tiene querer jugar tu mismo juego? ¿Qué de malo tiene ser buena discípula y aprender de ti? ¿Querer ser amada por más de uno y gozármelo en el intento? Soy muy mujer. Soy mucho embeleco, soy fuente de fluidos que se chorrean. A mí también, a veces, me gusta ser mala. Especialmente si conmigo alguien se ha portado mal.
Soy curiosa, meto el dedo en donde no debo. Soy presentá, experimento lo que veo que te complace aquí, en tu hogar, y más allá. Me voy preparando para mi más allá. Soy aprendiz, y si en el proceso aprendo a que me guste, me lo disfruto. Me instruyo rápido, estudio comportamientos, finjo ingenuidad pero no la poseo. Me hago la tonta mientras absorbo, pero de tonta no tengo ni un pelo. Escucho mucho, practico un poco, casi nunca hablo. Y alguna vez fui tan lista que estuve en el cuadro de honor.
Soy copiona de tus conductas. Y no soy exclusiva; lo mismo que tú. Pero sí soy muy justa. No soy tuya totalmente ni de nadie completamente. Me lo enseñaste así. Sólo exijo lo que soy capaz de dar, o sólo doy lo que soy capaz de exigir. Aprendí la lección a empujones, en un extensivo internado desde el 22 de abril. Prefiero escribir y luego actuar. Soy sobretodo nena, negra, culona, libidinosa, astuta y lujuriosa. Ojo por ojo, dice el refrán, y no se equivoca.
Charlas con E (III) “Damage Control” o Por qué los tatuajes de hena no duran
Charlas con E (III) “Damage Control” o Por qué los tatuajes de hena no duran
E me dijo, como todo buen amigo escuchador de penas, y como todo excelente consejero miembro activo del sindicato de la sinceritud y honestitudidad, que yo tenía que bregar con el control de daños causados a ciertos crímenes contra la humanidad. Y vamos, seamos claros; mucho, mucho, no hay que explicar cuales han sido esos daños. He sido una niña traviesa, con la licencia que me da el que “amo y me gusta amar y no podría vivir si no amara todo lo que amo”, rompiendo abiertamente y sin ningún tapujo o cargo de conciencia, uno de los más trillados de los mandamientos, aquel de la pareja del prójimo…, o algo así. He estado rompiendo el mandamiento ése a diario, en un horario consecuente y continuo, convenciéndome, por supuesto, de mis buenas intenciones tras un acto ¿aberrante, a la vez que delicioso? Y lo he hecho abusando de la buena u oportuna voluntad de gente que acompaña mis días. Hay cosas que lloran ante los ojos de dios, diría mi abuelita.
Es cierto. He estado dividida en otros menesteres del corazón que a veces se mezclan con la ficción, y he fusionado ficciones caóticas en mi entorno, que en ocasiones, la mayoría de ellas, mezclo con mis realidades.
Así que dicho lo ya dicho, estoy aceptando el primer paso. La culpa. Un nuevo antidepresivo, depakote whatever, que regula los estados de ánimo de bipolaridades románticas, también me ha ayudado en la proeza de mi autoinculpabilidad y hasta ha cooperado en descartar mi insomnio del miocardio con mal de amores.
Bueno, regreso al asunto que nos concierne, y es que gracias a E, debo deslizarme grácilmente hacia el siguiente paso, o sea, etapa dos: la solución. E ha sugerido la depilación total y absoluta de mis partes pudendas sureñas. Nada de afeitadas de segunda con productos Gillette o facsímiles razonables, que si bien es cierto muestran a posteriori las áreas muy bonitas, no sirven para dejar establecido un argumento efusivo o vehemente sobre el agasajo culpatorio. E dice que es más impresionante el Kojack por la vía de la cera depilatoria. Claro, que el muy bandido se ha ofrecido de voluntario a ejecutar la penitencia, pero luego de pensárselo bien y darse de bofetadas en el rostro, me ha conseguido a una amiga que lo hace divino. Todo ello, dizque para agasajar a la musa que duerme a mi lado, y recompensarlo por mis indiscreciones noveleras.
Yo tengo mis reservas sobre el asunto. Creo que me va a doler, pero supongo que algunos dolores valen la pena, y supongo también que es peor parir, y eso ya lo he hecho antes. Así que lo demás debería ser accesorio.
Como ven, lo estoy considerando… y todo por culpa de E. El maldito E y sus ideas descabelladas (des-cabelladas, vaya ironía) que me ponen a dudar, a pensar, a dar zancadas pa’tras como el cangrejo. A veces lo odio, aunque no por mucho rato.
No niego que traté en vano de maniobrar con este control de daños, antes que E lo sugiriera y a mi modo, durante un viaje que di fuera de la Isla. Me dejé tatuar una teta con el nombre del príncipe en ella. La teta derecha, por cierto. Pero el susodicho tatuaje, el cual me garantizaron que duraría unos meses grabado en mi piel más seductora, ya se está borrando y no han pasado ni dos semanas. Según los expertos en el arte del Tá, resistiría el agua, el jabón, el shampoo de perro, el tratamiento contra la caspa, las lavasas de baño de espumas con los productos de Marshalls, las burbujas de un jacuzzi y hasta las aguas de colonia de Victoria Secrets. Nadie me dijo que los líquidos eyaculotarios no estaban incluidos dentro del grupo de sustancias borrativas de tatuajes de hena que debía evitar. Juro que nadie me lo advirtió. Ni el joven que me tatuó, ni los amigos que lo vieron y tocaron, ni siquiera el propio E, que es un experto gurú en estos menesteres.
O me tomaron el pelo, o fui muy ingenua. ¿Alguien sabe dónde retocármelo? ¿O tendré que sucumbir al “damage control” que ha sugerido E, aquello de la depilación absolutista a sangre fría de mi cosita rosa chocolate?
Hoy el Ateneo Puertorriqueño anunció sus premios artísticos. En el Certamen de Cuento dos grandes y queridos amigos acaban de revalidar, sumando otro galardón a los que ya poseen gracias a sus talentos literarios: Daniel Martes Pedraza y Ana María Fuster Lavín. Ambos fueron reconocidos con sendas menciones de honor que agregan valía a su quehacer cultural en la Isla. Los felicitamos y nos enorgullecemos de que anden entre nosotros.
Aplausos, vítores, pitadas, odas de pie, carcajadas y lágrimas. Todo eso se dio allí en el Café Teatro Punto Fijo. Esperamos que ésta sea la primera de muuuuuuchas. Disfrutamos en cantidad. Los amigos de Deus?Jugalndo se botaron con esta producción y reunión de blogueros boricuas. Las lecturas estuvieron impresionantes. Colocaré los vídeos en la semana (¿qué se creen, que no tengo vida y me la paso posteando?) Por ahora, disfrútense las fotos…
La joven soprano Magda Lupeschi y la poetisa Mairym Cruz Bernall nos hicieron flotar anoche por las ondas de la musicalidad en verso y romance, en el Château Rouge de la Avenida Muñoz Rivera en Río Piedras. Los espasmos y las vibraciones no se hicieron esperar. Esta primera noche de Ópera Y Poesía fue una delicia. Entre copas de Malbec y palabras por picadera y aderezo, las dos talentosas féminas nos llevaron en un viaje inigualable que dará mucho que hablar.
Y qué es esto sino la reconquista y mi rendición...
Me Dediqué a Perderte de Alejandro Fernández
Por qué no te besé en el alma cuando aún podía Por qué no te abracé la vida cuando la tenía Y yo que no me daba cuenta cuanto te dolía Y yo que no sabía el daño que me hacía.
Cómo es que nunca me fijé que ya no sonreías Y que antes de apagar la luz ya nada me decías Que aquel amor se te escapó, que había llegado el día Que ya no me sentías, que ya ni te dolía.
Me dediqué a perderte Y me ausenté en momentos que se han ido para siempre Me dediqué a no verte Y me encerré en mi mundo y no pudiste detenerme Y me alejé mil veces Y cuando regresé te había perdido para siempre Y quise detenerte y entonces descubrí que ya mirabas diferente Me dediqué a perderte Me dediqué a perderte
Por qué no te llené de mí cuando aún había tiempo Por qué no pude comprender lo que hasta ahora entiendo Que fuiste todo para mí y que yo estaba ciego Te dejé para luego este maldito ego.
Me dediqué a perderte Y me ausenté en momentos que se han ido para siempre Me dediqué a no verte Y me encerré en mi mundo y no pudiste detenerme Y me alejé mil veces Y cuando regresé te había perdido para siempre Y quise detenerte y entonces descubrí que ya mirabas diferente Me dediqué a perderte Me dediqué a perderte
Me dijo: Eres la misma, y no lo era. Me dijo: Eres igual de hermosa, y tampoco lo era. Tu olor es el de siempre. Adoro tu aliento. No mencionó las arruguitas, las canas, las patas de gallo, ni las libras que nunca se fueron con el postparto. En vez de eso, besó todas y cada una de las hendiduras dejadas por mi embarazo. Historias en surcos, ranuras en marcas indelebles, cicatrices de que soy un dios que crea gente dentro de sí. Mi barriga se tensa, vibra, se contrae. Lo de en medio puja mares de saliva.
Lamer estrías, succionarlas, morderlas, besarlas. Abrirme con su rodilla, y con su rodilla presionar, y con su pubis plano entrar; con dedos y manos y nudillos hacerme venir como nunca y como siempre.
con la joven soprano Magda Lupeschi y la poetisa Mairym Cruz Bernall
La joven soprano es oriunda de Ponce. Cuenta con un Performance Diploma del Conservatorio de Oberlin; la Academia Europea de Mozart, Polonia; International Performance Academy, Pensilvania; y posee una maestría en Música, Jackson State University, 2006. Ha interpretado los roles de: Gretel, de la ópera de Hansel und Gretel por Humperdink; Helena, de la ópera Hin und Zurück por Hindemith; Tytania, A Midsummer Night's Dream por Britten; Gilda, Rigoletto por Verdi; Papagena, Die Zuberflöte; Susanna, Le Nozze di Figaro, Mozart; Esmeralda Salamanca, The Bartered Bride por Smetana; Juliet, Romeo et Juliete por Gounod; y Zdenka, de la ópera Arabella por Richard Strauss. Se ha presentado en recitales en Puerto Rico, Nueva York, Filadelfia, Ohio, Praga, Bratislava, Varsovia, Krakovia y Viena. También ha interpretado los solos del Requiem de Mozart; Messe de Minuit pour Noël de Charpentier y The Messiah, Haendel. Magda Lupeschi ha incursionado en el mundo del film, interpretando el papel protagónico en el corto metraje "Mother Divine" filmado en Filadelfia, 2004.
La extraordinaria poetisa puertorriqueña Mairym Cruz Bernall, estudió en Loyola University, New Orleans y posee una maestría en Escritura Creativa de Vermont College, Norwich University. Ha publicado más de diez poemarios: Poemas para no morir, Cuando él es adiós, Soy dos mujeres en silencio que te miran, Encajes negros, Alas de Isla, Ensayo sobre las cosas simples y Enferma de mi deseo, entre otros. Actualmente trabaja en su primera obra narrativa, una novela epistolar titulada: No volveré a escribir tu nombre. Dirigió el grupo artístico-literario Puertas (1993-1999) y presidió el V Encuentro Internacional de Escritoras en Puerto Rico.
Información: 787. 620.7907 787. 467.0972
Château Rouge 994 Avenida Muñoz Rivera, Río Piedras
Invitación A LA PRIMERA BOHEMIA DE BLOGUEROS PUERTORRIQUEÑOS: 'BLOGUEMIA BORICUA'
El domingo 10 de diciembre de 2006 a las 3:30 pm.
En el Cafeteatro 'Punto Fijo' del Centro de Bellas Artes de Santurce.
Ven a conocer a todos esos blogueros que siempre lees y admiras.
Disfruta de una tarde de sano compartir en un ambiente tranquilo y elegante y participa de: Lectura de Cuentos, Poemas, Retos y Competencias Literarias entre otros.
Hoy pasé por la casa que alguna vez compartimos en Summit Hills. Está dentro de los límites de Guaynabo City y aún recuerdo a Monique ayudándonos con la mudanza, aconsejando colores para las paredes, proponiendo lugares estratégicos para los adornos, los cuadros, los figurines, suplicándonos pudor en nuestras “actividades” (que los vecinos no las escuchen jadear, por favor, que las vecinas no las vean tomadas de mano, les imploro). Recuerdo a tu madrastra sugiriéndonos visitar un consejero espiritual para exorcizar aquel deseo indebido, que seguramente y según ella, se nos había colado gracias a nuestra inexperiencia de vida. Pubertad pasajera acaso, etapa que no duraría. ¿Decenios? Imposible.
No sabía ella que para esto ni siquiera existía babalao que lo desatase. No había Changó o Yemayá que lo disolviera, o gurú hindú, o fraile franciscano. No nos separaría Vishnú o Vasudhara, mucho menos el dios de los israelitas. Éramos dos nenas que se querían como hombre y mujer, aunque nadie nos lo hubiera enseñado.
La casa está pintada hoy de azul y ya no la alquilan. El apartamentito trasero, que hizo las de nuestro primer hogar, se ha vuelto marquesina, cochera de autos y cobijo de un bote. Las ventanas por donde curioseaba nuestra averiguá casera cobradora de mensualidades, han sido clausuradas. Ya no hay rejas, ni matojos, ni comején.
En aquel apartamentito arrullamos a nuestro primer hijo, le curamos la fiebre y preparamos sus botellas de leche. En aquel apartamentito nos abrazamos hasta el amanecer mil veces, sobre el linoleum de la sala o en el colchón del suelo de la alcoba, que hacía las de cama de nuestros amoríos. A aquel cuarto entré una vez, sin anuncios ni avisos y con sorpresa, tallé entre mis córneas tu primera infidelidad enredada entre unas piernas que no eran las mías. Te lloré como un río, me ayuda a expresar Maná. Y entretanto, cuando ya no estabas, te lloré todo un mar.
Hoy me vuelves a acariciar el rostro. Hoy vuelvo a borrar todo lo innecesario. No se puede seguir respirando sin aire, y tú eres aire. La brisa me trae de nuevo, en soliloquio, un único agradecimiento con lágrimas grises, por haberme venido a rescatar y rellenar mis pulmones.
___________________________________________________________________ Fragmento II del libro inédito “Lo que sienten las mujeres vacías”.
Orgasmos Sincronizados el próximo 22 de diciembre de 2006
Por Yolanda Arroyo Pizarro
Bueno, para que no digan que soy yo la única que piensa en estas cosas, o que tengo la mente sucia, o que me he dejado influenciar demasiado por el Maestro del Cuento Erótico, el gran amigo y consolador de consoladores (el doble sentido siempre, eh), Emilio del Carril, hago despliegue de la prueba desfilatoria con pelos y señas. Así que no, no somos él y yo los únicos mal pensados. El país entero anda en una bellaquera ad infinitum que no parece que se le vaya a quitar. Y con esto de la globalización, no sólo es mi ínsula hirsuta, sino que también es el planeta completo. Me enteré por Santiago Roncagliolo que dentro de poco se estará celebrando UN ORGASMO POR LA PAZ a nivel mundial. Así como lo leen.
Cuenta Roncagliolo en su blog que como “la ONU ha fracasado en detener las guerras y los genocidios, y el hambre en el mundo parece incontrolable, y las armas nucleares proliferan, pues ha llegado el momento de tomar conciencia. Es hora de encarar los retos y aplicar soluciones drásticas a los problemas. En suma, es la hora del sexo.”
El colega hace referencia al evento Global Orgasm, que propone reducir las malas vibras planetarias de la manera más natural: a punta de polvos. En el sitio de Internet de Global Orgasm, que dicho sea de paso, posee una cuenta regresiva (countdown) que nos indican los días, las horas, los minutos y segundos que faltan para venirse en masa y en colectivo, ellos mencionan:
“La misión de Orgasmo Global es cambiar el campo de energía de la Tierra mediante una inyección de energía humana. En estos días, dos nuevas flotas norteamericanas se aproximan al golfo pérsico con armamento antisubmarinos que solo puede tener como destino Irán: ¡el momento es AHORA!”.
Se proponen entonces “concentrarse en la paz con los pensamientos durante y después del orgasmo. La intensidad de la energía orgásmica y la intención mental será más efectiva que las oraciones y meditaciones masivas. El objetivo es sumar energía positiva al mundo para reducir los niveles de agresividad y violencia. El momento previsto es el solsticio de invierno, viernes 22 de diciembre. Ese día, hombres y mujeres de todo el mundo, desde la intimidad de sus hogares o en las plazas públicas, deberán tener orgasmos acompañados o incluso a solas. La masturbación, empleada con rigor y constancia, despliega tanta energía positiva como una buena encamada”.
Según Global Orgasm y Roncagliolo, son especialmente necesarios los orgasmos en los países con armas de destrucción masiva, pero lo ideal es que recorran el mundo, o sea, desde cualquier país. Si los dueños de los orgasmos se concentran en la paz mundial durante el acto en cuestión, se desencadenará un orgasmo global sincronizado que podrá hacer todo lo que no hicieron absurdos gobernantes, incluidos entre ellos al reprimido de George W. Bush.
Santiago insta a que si ustedes creen que esto es una broma pesada producto de su fértil imaginación, échenle un vistazo al proyecto. Concluye el Premio Alfaguara: “Entrenen teniendo sexo frente al televisor a la hora de las noticias. Cuando empiecen a excitarse con la imagen de Kim Jong Il, es que están listos. El día del solsticio, procuren concentrarse en el momento preciso. Y si lo hacen en pareja, tengan los orgasmos al mismo tiempo, no vaya a ser que el mundo pierda valiosa energía sexual. Total, aunque parezca absurdo, la verdad es que las soluciones más racionales tampoco han servido de gran cosa. No se pierde nada con probar.”
Así que están advertidos, boricuas. Y como lo muestra la foto que tomé recientemente realizando un pasadía por Piñones, a prepararse to el mundo para la hora de su Polbo el próximo 22 de diciembre de 2006. Nada de fingimientos ni quickies que anulen la emisión. Se necesita el derrame seminal y/o pulsátil lubricador de cada uno de nosotros. Eyaculadores precoces, hombres impotentes y mujeres frígidas, vayan preparando sus planes de contingencia.
El Taller de Cuentos de Mayra Santos Febres se graduó nuevamente anoche, con un cierre de semestre espectacular, en el que incluyeron sus tradicionales lecturas de cuentos. La noche fue mágica. El Taller de Cantautores se convirtió en vitrina literaria, histórica, mística por donde minotauros, esclavos subversivos, deidades africanas, iconoclastas haitianos, fantasmas de Diet Coke y mujeres reencarnadas desfilaron. Mucho talento se derramó allí, a borbotones. El lugar estuvo preñado de estudiantes y profesores. Vimos personalidades del medio de las letras que dijeron presente y otorgaron su apoyo. Coincidimos con Isaac Cazorla, Carlos Esteban Cana, Emilio del Carril y hasta saludamos a Manuel Clavel y a su ya famosa perra Gaika, por mencionar a algunos.
Nombre: Yolanda Arroyo Pizarro País: Puerto Rico Datos: Edad: 38 años
"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días."
Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Ha sido elegida como una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Ha sido merecedora de varias premiaciones literarias a nivel nacional e internacional; seis en Argentina, una en Chile, siete en Puerto Rico. Ha escrito para los periódicos El Nuevo Día, El Vocero de Puerto Rico, Claridad y La Expresión y sus ensayos y columnas se encuentran en la página de literatura ciudadseva.com, las revistas virtuales Cataliticos.com, Derivas.net, Letras Salvajes, Letralia.com y Narrativa Puertorriqueña. Algunos de sus cuentos confluyen en las revistas culturales Identidad de la UPR Aguadilla, Revista Púrpura, Preámbulos y Tonguas de la UPR Río Piedras. Es autora de los libros de cuentos, Ojos de Luna (2007) y Origami de letras (2004), además de una novela Premio PEN Club 2006, Los documentados (2005).
Ojos de Luna, Terranova Editores (2007);Libro del Año 2007, Periódico El Nuevo Día; Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña.
Los documentados, Ediciones Situm (2005); Premio PEN Club 2006
Origami de letras, Publicaciones Puertorriqueñas (2004)
Antologías
Antología: El Futuro no es nuestro. Nueva narrativa latinoamericana. Eterna Cadencia Editora(2009)Argentina
Poesía de los poetas hispanohablantes del mundo. Un homenaje a las mujeres rotas y a Simone de Beauvoir, en el centenario de su natalicio. Literalia Editores (2008)
Los otros cuerpos: Antología de temática gay, lésbica y queer desde Puerto Rico y su diáspora, Editorial Tiempo Nuevo (2007)
Bogotá 39: Antología de cuento latinoamericano, Ediciones B (2007) Colombia
Antología Universidad Politecnica de Puerto Rico (2007)
Antología Universidad Politecnica de Puerto Rico (2005)
Antología en honor a Sor Juana Inés de la Cruz, Argentina, Pegaso Ediciones(2004)
Antología en honor a Alfonsina Storni, Argentina, Pegaso Ediciones(2003)