Escritos de Yolanda Arroyo Pizarro
-- Literatura puertorriqueña
Alessandro Baricco
Seda (fragmento)
59.
"Permanece así, te quiero mirar, yo te he mirado tanto pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate como estás, tenemos una noche para nosotros, y quiero mirarte, nunca te había visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos y acaríciate, te lo ruego, no abras los ojos si puedes, y acaríciate, son tan bellas tus manos, las he soñado tanto que ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, sigue, te lo ruego, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate señor amado mío, acaricia tu sexo, te lo ruego despacio, es bella tu mano sobre tu sexo, no te detengas, me gusta mirarla y mirarte, señor amado mío, no abras los ojos, no todavía, no debes tener miedo estoy cerca de ti, ¿me oyes?, estoy aquí, puedo rozarte, y esta seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel, tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, en cierto momento sentirás el calor de mis labios, encima, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de improviso, tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las cejas, sentirás el calor entrar en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea sobre tu sexo, apoyaré mis labios allí y los abriré bajando poco a poco, dejaré que tu sexo cierre a medias mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva bajará por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, porque te quiero, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero, y con el corazón entre mis labios tú serás mío, de verdad, con mi boca en tu corazón tú serás mío, para siempre, y si no me crees abre los ojos señor amado mío y mírame, soy yo, quién podrá borrar jamás este instante que pasa, y este mi cuerpo sin más seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran, tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que resbalas debajo de mí, tomas mis flancos, me levantas, me dejas deslizar sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote con lentitud, tus manos sobre mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves con lentitud, pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz, mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me levanta, tus brazos que no me dejan ir, los golpes dentro de mí, es dulce violencia, veo tus ojos buscar en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño, hasta donde tú quieras, señor amado mío, no hay fin, no finalizará, ¿lo ves?, nadie podrá cancelar este instante que pasa, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos soltando las lágrimas de mis ojos, mi voz dentro de la tuya, tu violencia teniéndome apretada, ya no hay tiempo para huir ni fuerza para resistir, tenía que ser este instante, y este instante es, créeme, señor amado mío, este instante será, de ahora en adelante, será, hasta el fin."
Julio Cortázar
Rayuela Cap. 68: "Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpaso en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.".
J.M.Coetzee
Desgracia (fragmento) “Él disfruta con la alegría de ella, una alegría sin afectación. Le sorprende que una hora y media por semana en compañía de una mujer le baste para sentirse feliz, a él, que antes creía necesitar una esposa, un hogar, un matrimonio. En fin de cuentas, sus necesidades resultan ser muy sencillas, livianas y pasajeras, como las de una mariposa. No hay emociones, o no hay ninguna salvo las más difíciles de adivinar: un bajo continuo de satisfacción, como el runrún del tráfico que arrulla al habitante de la ciudad hasta que se adormece, o como el silencio de la noche para los habitantes del campo”.
Laura Restrepo
Delirio (fragmento) "Supe que había sucedido algo irreparable en el momento en que un hombre me abrió la puerta de esa habitación de hotel y vi a mi mujer sentada al fondo, mirando por la ventana de muy extraña manera. Fue a mi regreso de un viaje corto, sólo cuatro días por cosas de trabajo, dice Aguilar, y asegura que al partir la dejó bien. Cuando me fui no le pasaba nada raro, o al menos nada fuera de lo habitual, ciertamente nada que anunciara lo que iba a sucederle durante mi ausencia, salvo sus propias premoniciones, claro está, pero cómo iba Aguilar a creerle si Agustina, su mujer, siempre anda pronosticando calamidades, él ha tratado por todos los medios de hacerla entrar en razón pero ella no da su brazo a torcer e insiste en que desde pequeña tiene lo que llama un don de los ojos, o visión de lo venidero, y sólo Dios sabe, dice Aguilar, lo que eso ha trastornado nuestras vidas. Esta vez, como todas, mi Agustina pronosticó que algo saldría mal y yo, como siempre, pasé por alto su pronóstico; me fui de la ciudad un miércoles, la dejé pintando de verde las paredes del apartamento y el domingo siguiente, a mi regreso, la encontré en un hotel, al norte de la ciudad, transformada en un ser aterrado y aterrador al que apenas reconozco. No he podido saber qué le sucedió durante mi ausencia porque si se lo pregunto me insulta, hay que ver cuán feroz puede llegar a ser cuando se exalta, me trata como si yo ya no fuera yo ni ella fuera ella, intenta explicar Aguilar y si no puede es porque él mismo no lo comprende; La mujer que amo se ha perdido dentro de su propia cabeza, hace ya catorce días que la ando buscando y me va la vida en encontrarla pero la cosa es difícil, es angustiosa a morir y jodidamente difícil; es como si Agustina habitara en un plano paralelo al real, cercano pero inabordable, es como si hablara en una lengua extranjera que Aguilar vagamente reconoce pero que no logra comprender. La trastornada razón de mi mujer es un perro que me tira tarascadas pero que al mismo tiempo me envía en sus ladridos un llamado de auxilio que no atino a responder; Agustina es un perro famélico y malherido que quisiera volver a casa y no lo logra, y al minuto siguiente es un perro vagabundo que ni siquiera recuerda que alguna vez tuvo casa."
Virginia Woolf
Las olas (fragmento) "El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin. Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido o cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. La luz golpeó sucesivamente los árboles del jardín iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insustancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías."
Angeles Mastretta
Mujeres de ojos grandes ( fragmento) "Cuando la tía Carmen se enteró de que su marido había caído preso de otros perfumes y otro abrazo, sin más ni más lo dio por muerto. Porque no en balde había vivido con él quince años, se lo sabía al derecho y al revés, y en la larga y ociosa lista de sus cualidades y defectos nunca había salido a relucir su vocación de mujeriego. La tía estuvo siempre segura de que antes de tomarse la molestia de serlo, su marido tendría que morirse. Que volviera a medio aprender las manías, los cumpleaños, las precisas aversiones e ineludibles adicciones de otra mujer, parecía más que imposible. Su marido podía perder el tiempo y desvelarse fuera de la casa jugando cartas y recomponiendo las condiciones políticas de la política misma, pero gastarlo en entenderse con otra señora, en complacerla, en oírla, eso era tan increíble como insoportable. De todos modos, el chisme es el chisme y a ella le dolió como una maldición aquella verdad incierta. Así que tras ponerse de luto y actuar frente a él como si no lo viera, empezó a no pensar más en sus camisas, sus trajes, el brillo de sus zapatos, sus pijamas, su desayuno, y poco a poco hasta sus hijos. Lo borró del mundo con tanta precisión, que no sólo su suegra y su cuñada, sino hasta su misma madre estuvieron de acuerdo en que debían llevarla a un manicomio."
Pablo Neruda
Poema 14:
Juegas todos los días con la luz del universo./
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua./
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto/
como un racimo entre mis manos cada día./
A nadie te pareces desde que yo te amo. /
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. /
¿Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? /
Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías. /
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. /
El cielo es una red cuajada de peces sombríos. /
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. /
Se desviste la lluvia. /
Pasan huyendo los pájaros. /
El viento. El viento. /
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. /
El temporal arremolina hojas oscuras /
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. /
Tú estás aquí. Ah tú no huyes. /
Tú me responderás hasta el último grito. /
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. /
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. /
Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, /
y tienes hasta los senos perfumados. /
Mientras el viento triste galopa matando mariposas /
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. /
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, /
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. /
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos /
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. /
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. /
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. /
Hasta te creo dueña del universo. /
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, /
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos. /
Quiero hacer contigo /
lo que la primavera hace con los cerezos./ (20 poemas de amor y una canción desesperada)
Milan Kundera
La insoportable levedad del ser (fragmento). "Sintió en su boca el suave olor de la fiebre y lo aspiro como si quisiera llenarse de las intimidades de su cuerpo. Y en ese momento se imaginó que ya llevaba muchos años en su casa y que se estaba muriendo. De pronto tuvo la clara sensación que no podría sobrevivir a la muerte de ella. Se acostaría a su lado y querría morir con ella. Conmovido por esa imagen hundió en ese momento la cara en la almohada junto a la cabeza de ella y permaneció así durante mucho tiempo.....Y le dio pena que en una situación como aquella, en la que un hombre de verdad sería capaz de tomar inmediatamente una decisión, él dudase, privando así de su significado al momento mas hermoso que había vivido jamás (estaba arrodillado junto a su cama y pensaba que no podría sobrevivir a su muerte). Se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que en realidad era bastante natural que no supiera que quería: El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero que valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.
(...)
Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.
(...)
La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes."
“En 1995 estaba listo para morirme, ya no tenía sistema inmunológico y empezaron a hacer cenas en mi honor... si no me moría del sida, lo haría por tantas galas. Pero en 1996 llegaron las medicinas... poco a poco comencé a recuperarme hasta que el virus se volvió indetectable. Entonces descubrí no sin cierta sorpresa que había vivido muchos años pensando que no iba a tener futuro y de pronto sí tenía esa posibilidad... me abracé a mi primer amor, la literatura”.
“Las ideologías no me iban a servir para salvarme el pellejo (...) las ideologías no sirven para conectar a los seres humanos, sino para separarnos.”
Para Joel, que como yo, es adorador de las lunas de media tarde...
Descubrí hoy que soy adoradora de la luna. Tengo un vínculo demasiado profundo con ella, sus ciclos, sus fases, mis anhelos mensuales, mis periodos emocionales. La luna me hace concesiones que otras entidades no me otorgan. La luna me regala a Jack, su voz, sus manos sobre mi cuerpo. Cierro los ojos y le pido un deseo, y Jack me llama a los pocos segundos y me invita, y me promete, y me hace juramentos que no he pedido en voz alta, tan sólo en el silencio de mis ojos sobre la observancia de océanos de tranquilidad y las emisiones de mareas. La luna me deja mirarla inconforme y me conforma. Me tranquiliza. Me dice secretos en susurros, me canta felicitaciones de aniversario venidero, me recuerda las décadas, la importancia de lo vespertino, las llamadas que enamoran y seducen.
Ayer adoré la luna y le tomé fotos. Eran las seis de la tarde y me dejó verle hasta los pliegues de sus fascinantes cráteres. Ayer adoré a Jack y en silencio juré nuestra estadía perenne en este tiempo y espacio. La lune dice que somos de otro mundo, que venimos de otra vida, que nos volveremos a encontrar más allá de este infinito.
Necesito una ofrenda para la lune, y no tengo experiencia en esos menesteres. Me ha regalado tanto, que me gustaría devolverle algo a cambio. ¿Qué sería lo más adecuado? ¿Cómo halago a esta luna que me abraza en el amor, que me arrulla en la seducción, que me permite ver a Jack tal cual es, un gnomo lúdico que añade valor a mi vida?
A la luna le pregunto mi nombre y presta me lo dice, lo pronuncia arrastrando energías de cuerpo celeste: Ennis del Mar.
Fotos tomadas el 2/27/07 a las 5:58 PM con cámara digital Kodak EasyShare Z612 Zoom 12X, 6.1 megapixels, lente Schneider-Kreuznach Variogon. Focal Length: 35 - 420mm . La luna se veía exageradamente cerca y espectacular.
Préstame tus tacos Penélope Por Mayda Ivelisse Colón Pagán
Préstame tus tacos Penélope no te importe si me quedan grandes hazme un asilo justo en tu cartera lleva mi tinta en un pretexto a tus pestañas transítame lento por la ruta del meñique que el tiempo en mi esqueleto tatúe en tu vientre su mueca de orificios. Yo te regalo la noche y desnudas seremos sólo espejos de un cuerpo de mujer… enigmas de pasiones que se cuelan traviesos por la alfombra.
Mi cuerpo promete acogerte en la entrega.
Confundamos nuestros cuerpos entra con tus dedos profanando mis pieles cubiertas de piratas ejemplos del vértigo y su burla sutil de acuarelas. Perdámonos, aquellos laberintos de tus poros tejen escarcha sobre las sienes yo te presto, si quieres, mi camisa desabrocho mi brassier para que tu boca hambrienta de sujetos intercale su pálida lengua de serpiente sobre mis pezones y su elipsis mutilada.
Bailaré sobre la afrenta de tu cuerpo en pleno exorcismo de holocaustos; he de abrazarte toda de apegar esta boca que ha masticado miserias al entalle virgen de tu estancia. Allí bailaremos y seremos amantes se abandonará nuestro cabello multicolor sobre la cama y seremos como dos grietas dos meninas sin maquillaje esa figura que todos temen.
Dame tu mano para pegarme a tus espaldas echa tu aliento a desbocarse en la promesa que llevo en el ombligo yo con mis manos prometo acunarte, prometo llorarte y beberte y desearte sin temer a que este baile termine.
Conviértete PENELOPE en una dulce tentación en mi verdad más íntima, en la puta de mis sueños.
Anti-Antología de Mujeres: Invita Mayda Ivelisse Colón Pagán Poeta puertorriqueña
En la foto: Ana María Fuster Lavín y Mayda Ivelisse Colón Pagán
27 de febrero de 2007
Querida Poeta:
Te cuento mi proyecto: Al fin me conmuevo a publicar. Pero te necesito. Estoy pensando en escoger 30 mujeres, cada una con un poema, y éstos poemas, junto a los míos, formarán una colección titulada:
Algunas veces ella
Mi ambición es recoger diferentes espacios, temas, voces, desde los cuales una mujer puede escribir. Obviamente yo no represento todos esos espacios. Ni contengo yo todos los enfoques dentro de la literatura escrita por mujeres. Además, pienso que lo mejor que le puedes dar a quienes te leen, son los fantasmas en tu cabeza, todas las voces que has leído y que te pueblan.
Cuando el lector se encuentre con estas voces tan diversas, pero a la vez de una sola ella, la Mujer, puede indagar más en los poemas de la autora que desee.
Imagíname inclinando mi cabeza en un acto de profundo respeto, como nos enseñan las culturas orientales. Así voy a ti con mi antojo. Quiero trabajar mi Anti-Antología desde el adentro hacia el afuera. Necesito pues, un poema que tú elijas, ya sea publicado o inédito, para complementar todas las voces. En el envío, no olvides una nota autorizándome a incluirlo en mi libro.
El poema será publicado en una edición independiente a mi cuidado, y por cada poema tuyo, habrá uno mío. Envíame tu dirección postal para hacerte llegar un ejemplar.
Envía tu poema a: mayda986@hotmail.com
Desde la libertad que nos da una isla sin fronteras, les convido a hacernos palabra...
Cielo, amalábame el noema... por favor. Evohé, Evohé
Escrito en Glíglico. "El Glíglico es un lenguaje inventado por Cortázar en Rayuela. Un lenguaje de la intimidad. Un dialecto que sirve para expresar el mundo en el que viven los dos protagonistas, que sólo ellos conocen y viven a su manera, y por ello, recurren a un código propio para expresar ese mundo. Se trata de un lenguaje privado, un idioma del amor, que los une en una dimensión a la cual sólo ellos tienen acceso. Un idioma íntimo, sensual, cargado de erotismo." –Roberto Arancibia
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpaso en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
Song: In The Deep Artist/Group: Kathleen Bird York
Thought you had all the answers to rest your heart upon. But something happens, don't see it coming, now you can't stop yourself. Now you're out there swimming... In the deep. In the deep.
Life keeps tumbling your heart in circles till you... Let go. Till you shed your pride, and you climb to heaven, and you throw yourself off. Now you're out there spinning... In the deep. In the deep. In the deep. In the deep.
And now you're out there spinning... And now you're out there spinning... In the deep. In the deep. In the deep.
In the silence, all your secrets, well raise their weary heads. Well, you can't pin yourself back together, to who you thought you were. Now you're out there livin'... In the deep. In the deep. In the deep.
In the deep...
Now you're out there spinning... Now you're out there swimming... Now you're out there spinning... In the deep. In the deep. In the deep. In the deep...
Estelle Irizarry en Tardes de Tertulia - Hoy viernes
Les invitamos a sintonizar Tardes de Tertulia (11Q) - 1140 AM dentro del bloque de GENTE todos los viernes de 5:00 a 6:00 p.m.
Con la participación de la periodista Nieves González Abreu - Moderadora y los escritores Maira Landa, Awilda Cáez y José Ignacio Valenzuela "Chascas"
El viernes 23 de febrero tendremos como invitada a la doctora
Estelle Irizarry
Autora del libro "El arte de la tergiversación en Luis López Nieves" Especialista en informática literaria / 31 libros y 150 artículos publicados Profesora emérita de literatura hispánica de Georgetown University, en Washington D.C.
Hace veinte años pertenece al comité para la nominación de candidatos al Premio Nóbel de Literatura
"El color, que está controlado por leyes fijas, se puede enseñar como la música." –Charles Blanc
Este dolor es diferente. Tiene tonalidades extrañas a mi entorno. Mis ojos no lo habían detectado hasta hoy. Late si se toca por encima y palpita si se toca por debajo.El color de la herejía, de la blasfemia, es ocre pinto y sepia. Desgastado en las esquinas y corroído en los bordes. El sacrilegio se llena de cristales gemelos, orientados simétricamente respecto al eje de mi sufrimiento. La imprecación destila rosados grises, con arcos de tintineo exangüe que maniobran en el eco de su nombre. El príncipe se desvanece, ya no quiere la negrura de mi piel. El príncipe ya no quiere lucharme. El príncipe me hace sentir sucia y demonizada. Los vitrales de la capilla explotan en deformaciones, cristalizaciones anómalas, maclas. Ya no volverá a trepar por el balcón para rescatarme. La escalera de nada sirve y se deforma en paletas de matices con podredumbre. Duele.
Texto originalmente publicado en Derivas.net Nota al texto original: Pocas cosas han cambiado desde aquel día. Hoy, ya no duele tanto y me acostumbro...
Song: I'll be there for you (Breathe) Jon Bon Jovi
I guess this time you're really leaving I heard your suitcase say goodbye Well as my broken heart lies bleeding You say true love is suicide You say you've cried a thousand rivers
And now you're swimming for the shore You left me drowning in my tears And you won't save me anymore I'm praying to God you'll give me one more chance girl
I'll be there for you, these five words I swear to you When you breathe, I wanna be the air for you I'll be there for you I'd live and I'd die for you I'd steal the sun from the sky for you Words can't say what love can do I'll be there for you
I know you know we've had some good times Now they have their own hiding place Well I can promise you tomorrow But I can't buy back yesterday And baby you know my hands are dirty But I wanted to be your Valentine I'll be the water when you get thirsty baby When you get drunk, I'll be the wine
I'll be there for you, these five words I swear to you When you breathe I wanna be the air for you I'll be there for you I'd live and I'd die for you I'd steal the sun from the sky for you Words can't say what love can do I'll be there for you
I wasn't there when you were happy And I wasn't there when you were down Didn't mean to miss your birthday, baby I wish I'd seen you blow those candles out
I'll be there for you, these five words I swear to you When you breathe I wanna be the air for you I'll be there for you I'd live and I'd die for you I'd steal the sun from the sky for you Words can't say what love can do I'll be there for you...
I'll be there for you, these five words I swear to you When you breathe I wanna be the air for you I'll be there for you I'd live and I'd die for you I'd steal the sun from the sky for you Words can't say what love can do I'll be there for you ...
“... y llegó a hallar una enredadera silvestre y se puso a recoger de ella calabazas”. 2 Reyes 4:39
Le encantaba aquella enredadera, especialmente porque era un adorno vivo para su hogar. Por eso había colocado varios travesaños en el suelo, los había enterrado con un martillo al lado de las raíces, y había permitido que la higuera trepadora se apegara a las paredes. Paredes nuevas. La enredadera le hacía creer con cada primavera, con cada retoñar de año en año, que poseía paredes nuevas.
Y así debía ser. Así debía ser para olvidar, para no mirar atrás las noches de espíritu carnavalesco que la poseían y que le traían remembranzas de su voz melodiosa acompañada de una samba exótica y de tonos insinuantes. Los ritmos le recordaban siempre a los hombres que la acechaban con el trópico impetuoso, el trópico de pájaros violáceos, de selvas impresionantes. Amelia y su contoneo que ahora debía esconder. Que ahora, hecha señora de bien, debía evitar.
Se lo debía a ella y a la familia. Se lo debía a ella y a la nena grande, y al nene menor, y a los de en medio. Se lo debía al marido que la había sacado de aquella mala vida.
Se lo debía al aire que respiraba, a la casa comprada con sacrificios al otro lado del país, exiliada del mal de bocas, alejada de los chismosos. Disfrutaba la casa, la pendiente que en ocasiones se vestía de lodos, el río más allá de tres millas pero expectante, pero siempre presente.
Cantaba en medio de las grandes extensiones al aire libre, adornadas con plantas vivas, con plantas que susurraban su nombre. Amelia, Amelia. Juan Bosch alguna vez lo dijo, y su compatriota marido se jactaba: dejar atrás la línea ecuatorial, y con ella el espíritu carnavalesco. Hasta al desierto mismo se hubiera marchado él para cumplirle promesas, pero Amelia no quiso emigrar tomando aviones. Aceptó los viajes en carro o autobús, eso fue todo. Le gustaba el poco verdor, la escasa lluvia con una llamarada de flores y plantas que a veces se prendían en fuego. Le gustaba la sequía de la Perla del Sur desde su casa campestre, pero mucho más cuando podían viajar al centro urbano a hacerse de artículos y víveres en los centros comerciales o en la plaza.
Sus encantadoras enredaderas trepadoras incluían a la hiedra inglesa, las aráceas y la propia higuera que daba el toque final. Unas plantas floridas estaban atractivamente colocadas debajo de su lámpara de mesa, donde la iluminación les proveía la luz necesaria para un buen crecimiento, pero donde la misma luz hacía resaltar un llanto de extrañar la vida anterior, que a veces llegaba sin querer.
Poseía enredaderas en torno a una madera de playa, dándole la vuelta a una rama erguida. Había intentado otra especie en una maceta, cuando se dio cuenta de pronto que la barriga le era muy grande ya para ocultarla. Le había tomado meses decidir. Le había tomado meses y no había decidido. Luego tragó mejunjes y brebajes, pero nada había sucedido.
Plantó varios gajos de orquídeas mientras le confesaba al marido. Eran dos, había dicho el médico. Dos latidos.
¿Qué pasa si no heredan lo mulato de él, como sus demás hijos? ¿Qué pasa si no requintan en el rasgo afroantillano de ella, como era el caso de la mayor? Tener dos hijos gotas de agua que no se pareciesen a nadie en la familia podría ser un extraordinario peligro en las lenguas de los vecinos. Destrozarían la dignidad del buenazo de su esposo entre su familia y amigos. ¿De dónde han salido esos rubios platinados de ojos claros? Un riesgo gratuito. El coterráneo de Juan Bosch sería el hazmerreír de todos.
Un sincero perdón a la flaqueza femenina no disuadió al marido, que a todas luces carecía de los medios económicos para terminar aquella abominación. Todo su dinero iba a la comida, a los zapatos, a la ropa, a pagar la luz y el agua, con un sueldo de obrero de la construcción que no rendía planillas. Y los préstamos de sus conocidos, que ya eran varios, estaban destinados a pagar las emergencias médicas imprevistas, al arreglo del carrito o la nevera. El río, le dijo. El río ha de sanar nuestra reputación.
El día de los dolores, Amelia enfiló jalda abajo, enlodándose de a poco, puesto que había lloviznado. Contó las palmeras verdes, dio un giro a su cabeza que le permitió disfrutar de las paredes enredadas a lo lejos. Paredes nuevas, paredes verdes.
Adorno vivo.
Pujó ya metida en la corriente, aguantada de un tronco. Pujó como quien ha pujado otras veces, apenas dolida por las contracciones, que fueron pocas como los escupitajos. Habiendo roto fuente permitió que su océano se mezclara con las aguas, los cordones umbilicales, las placentas.
Dos enredaderas le brotaron del cuerpo, se encaramaron en la superficie, la halaron, despidieron savia a gritos. Dos enredaderas que manotearon, que flotaron un rato y se hundieron después. Dos enredaderas sin tallo, con raíces anegadas a Amelia. Hay que cortar las raíces. Hay que cortarlas.
Narrativa Puertorriqueña, en su octava actualización, continúa el diálogo sobre la escritura y la narrativa en Puerto Rico.
En Tertulias <http://www.geocities.com/narrativa_puertorriquena/Tertulias.html> Yolanda Arroyo Pizarro comparte sus comentarios sobre los libros Nocturnoy otros desamparos de Moisés Agosto y Cuentos de oficio, antología preparada por Mayra Santos Febres. Mario R. Cancel comenta la novela La inutilidad de Eduardo Lalo y Carmen Dolores Hernández habla de El corazón de Voltaire de Luis López Nieves.
En Arte(lugios) <http://www.geocities.com/narrativa_puertorriquena/Arte-lugios_indice.html> visite el lanzamiento de Historias marginales: otros rostros de Jano nuevo libro de Mario R. Cancel publicado por el Centro de Publicaciones Académicas (CePA) del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM).
Narrativa Puertorriqueña es un archivo literario y acepta colaboraciones de sus lectores. Los interesados pueden comunicarse a narrativa_puertorriquena@yahoo.com
La Regla que Interrumpe... por Yolanda Arroyo Pizarro Serie 3 de 4
Texto inédito
Una vez, cuando era universitaria prepa (alguna vez lo fui), me coqueteó un compañero de clase (alguna vez me sucedió). Estábamos en Mercadeo 101 o algo así. Romy era el apodo de aquel hombre cuyo nombre y apellidos hoy no recuerdan mis pobres neuronas. No que yo fuera una “golfa”, como le dicen en Castilla la Vieja a las ligeritas de piernas, ni mucho menos un cohete, como se les llama acá, si no que él no fue muy memorable, punto. En fin, como yo andaba en las de ser “mala, mala, mala”, (en aquella época creía que ser mala resolvería todos mis problemas del corazón), me las echaba de ir a desquitarme a diestra y siniestra los desaires del ex. Purgaría entre otros aquellas infamias por él cometidas, o al menos eso me creía. ¡Que paguen todos los demás y que venga el chorro!
Así que dejé que las cosas con Romy llegaran lejos a la soltá, de la primera insinuación. El plan era seducirlo, desarmarlo y luego ignorarlo. Claro, hacerlo sufrir con mi maldad. El problema sobrevino cuando, arrancando, se me adelantó el monstruo de la laguna roja. Ajá. Justo en medio de los jadeos y pujos pélvicos ocasionados por la calentura de juventud, se me salió un chorrito sanguinolento.
Nada más apaga-fuego que una regla adelantada por toqueteos libidinosos. La renuncia hacia el acto me pasó por la mente. Cese y desista. Estaba apunto de colocar el brasier de vuelta en su sitio para decir adiós (ah, ¿no les dije que arranqué de la primera?), cuando mi compañero de clase, muy “proper” y pulcro, me dijo que no lo hiciera. Que siguiéramos el calenteo, el manoseo y el más allá. Que me olvidara de los flujos involuntarios y que me gozara aquella noche, que a él nada que ver, no le importaba y que en todo caso lo excitaba más una buena, buenísima lubricada.
Lo miré extrañada. Avergonzada no, pero asqueada sí. Muy, muy asqueada y presta a despedirme de aquella criatura aberrante que me pedía, casi suplicaba, cumplir con un acto abominable, en medio de un charquero violáceo. Un acto tan execrable que estoy segura, nunca antes a aquella ocasión, ninguna de mis congéneres se había atrevido a consumar.
Hum.
¿En serio? ¿A nadie le había ocurrido antes? ¿A nadie le había pasado que, sus instintos más primigenios le ganaran al juego “limpio” del amor, en medio de fluidos más pastosos o coagulados?
Bueno. Siempre hay una primera vez, y aquella fue la mía. Allí me decidí y al carajo albañil que se acabó la mezcla. Consumado el acto. Aunque lamento reportar que fue debut y despedida. Las molestias e incomodidades “durante” no valieron el sacrificio. Guácala. Pero al menos cumplí con la “supuesta” vendetta, y al chico lo desdeñé hasta el cansancio. ¡Muy mal por mi!
Casi dos décadas más tarde, y tantas malditas menstruaciones después, descubro el anamú. El anamú es una infusión de hierbas que te quita los dolores pre y post menstruales, y que te hace hasta caer en tu periodo sin siquiera notarlo. Así que por primera vez en muchos años, siento algo de alivio durante esos días en que me pongo “mala”. El asunto, sin embargo, no es tan sencillo. Para que el anamú haga efecto, te lo tienes que tomar TODOS los fucking días. Y hasta ahí llega una. Se jarta una. Maldice una, y vuelve a odiar a todo lo que, unlike una, no sangra cada veintiséis días.
Me pregunto si el anamú me hubiera funcionado con Romy.
"I've learned that no matter what happens, or how bad it seems today, life does go on, and it will be better tomorrow."
"I've learned that you can tell a lot about a person by the way he/she handles these three things: a rainy day, lost luggage, and tangled Christmas tree lights."
"I've learned that regardless of your relationship with your parents, you'll miss them when they're gone from your life."
"I've learned that making a 'living' is not the same thing as 'making a life'."
"I've learned that life sometimes gives you a second chance."
"I've learned that you shouldn't go through life with a catcher's mitt on both hands; you need to be able to throw some things back."
"I've learned that whenever I decide something with an open heart, I usually make the right decision."
"I've learned that even when I have pains, I don't have to be one."
"I've learned that every day you should reach out and touch someone. People love a warm hug, or just a friendly pat on the back."
"I've learned that I still have a lot to learn."
"I've learned that people will forget what you said, people will forget what you did, but people will never forget how you made them feel."
Llevo años sin celebrarlo. No sabría cómo volver a hacerlo. Lo cierto es que “my truly valentine” y yo no estamos juntos, aunque sí lo estemos. Ando rodeada de otros intentos, candidatos y aspirantes a “valentines”, que orbitan mi vida y la adornan, la hacen más fácil, la iluminan y llenan de a poco, pero hay un espacio que permanece vacío. ¿Se vale eso?
En la foto: María de Lourdes Javier Rivera y Yolanda Arroyo Pizarro
La revista de literatura en línea Letralia.com acaba de publicar a la amiga María de Lourdes. Esto nos dice el editor de la revista sobre su trabajo: “La escritora puertorriqueña, mantiene inédito su libro de cuentos ‘De lo que no se puede hablar’, que gira en torno a la historia de desamor de los personajes Olivia y Tomás. Hoy presentamos a nuestros lectores una selección de esos textos.”
María de Lourdes Javier Rivera (San Juan, PR, 1981), es estudiante de doctorado en historia del arte en la Universidad de Salamanca (Usal, España). Recientemente gestiona actividades culturales en Puerto Rico y toma el curso de Editores Terranova, Narrativa en Vitrales y Espejos.
Rows and flows of angel hair And ice cream castles in the air And feather canyons ev'rywhere I've looked at clouds that way
But now they only block the sun They rain and snow on ev'ryone So many things I would have done But clouds got in my way I've looked at clouds from both sides now From up and down, and still somehow It's cloud illusions I recall I really don't know clouds at all
Moons and Junes and Ferris wheels The dizzy dancing way you feel As ev'ry fairy tale comes real I've looked at love that way
But now it's just another show You leave 'em laughing when you go And if you care, don't let them know Don't give yourself away
I've looked at love from both sides now From give and take, and still somehow It's love's illusions I recall I really don't know love at all
Tears and fears and feeling proud To say "I love you" right out loud Dreams and schemes and circus crowds I've looked at life that way
But now old friends they are acting strange They shake their heads, and they tell me that I've changed Well something's lost, but something's gained In living ev'ry day
I've looked at life from both sides now From win and lose and still somehow It's life's illusions I recall I really don't know life at all I've looked at life from both sides now From up and down, and still somehow It's life's illusions I recall I really don't know life at all
And it's life's illusions I recall I really don't know life at all
El pasado jueves, 8 de febrero de 2007, se llevó a cabo la presentación del libro "El arte de la tergiversación en Luis López Nieves", en la Galería de Arte de la Universidad del Sagrado Corazón, en Santurce, Puerto Rico. La autora del libro lo es la Dra. Estelle Irizarry, prestigiosa profesora de la Universidad de Georgetown.
La presentació estuvo a cargo de la Dra. Gloria Waldman.
Otra vez la regla por Yolanda Arroyo Pizarro Serie 2 de 4
Texto publicado originalmente en Derivas.net
Esta mañana estornudé y se me salió el tampón. Entonces abrí la puerta de par en par, me detuve en medio de todos los escritorios, de todos los cubículos, de todas las oficinas de mi lugar de trabajo y pregunté: “¿Qué he hecho yo para merecer que a estos machos de la especie no les duela algo extremadamente significativo una vez por mes? ¿Qué?”
Este mes no me ha dolido tanto la regla, pero me ha manchado mucho, en especial y en detrimento de mi nueva fajita –bikini style, que a presión esconde barriguitas abultadas durante estos malditos días. Y lo peor es que debo evitar la bañera y acostumbrarme a la ducha mientras me dura, si no deseo ver una sopa de especias en rojos matices (bastante grotesca) dando vueltas a mi alrededor.
Otra vez la maldita regla. Otra vez las compresas, el Anaprox, las inexplicables ganas de comer galletitas de avena con azúcar negra, los deseos de llorar viendo películas románticas (Love Actually, 50 First Dates, Sabrina), sentir las náuseas, las diarreas, aghhhh, ¿para qué seguir?
“¿Qué he hecho yo para merecer esta mierda?” — grito otra vez.
Claro, me voy en brote, pierdo el caché, el garbo y la compostura. Otro mes en que deseo SIN ANESTESIA meterme la mano muy adentro y sacarme hasta el último pedazo de matriz. Arrancarme los ovarios por la garganta. El cuestionamiento más importante es en realidad qué podría inventarme para que, en efecto, sientan estos machos algún tipo, el que sea, de incomodidad mensual, so pena de no sentirme yo tan violada, tan dolida y hastiada.
Alguien dijo que, de haber sido una mujer la inventora de la bomba atómica, habría sido un artefacto que provocaría dolores en los hombres cada 28 días, más o menos. Y estoy totalmente a favor de este enunciado.
Intentando un vano alivio a mis penas se me ocurren varias cosas, no sé. Desde el reventón regular y continuo del vaciarse un testículo, el desgarre meticuloso del escroto, un rajamiento horizontal y vertical del glande, ¿por qué no?, o un tumor gravitacional en forma de fibroma dentro del conducto deferente (por donde eyaculan, sí), o qué se yo, hasta el pronunciamiento incisivo y profundo de la abertura anal, rectal, internalgal, que se multiplique y se siga abriendo y que no cicatrice por días (digamos 28) hasta que la raja, la herida abierta, se extienda como la falla de San Francisco a lugares insospechados por arriba del tallo fálico en extensión hasta la parte baja de la espalda cerca del cóxis u otra delicada área más allá de la lumbar. ¡Lo que sea, por Dios! Cualquier cosa. ¡Lo que sea, maldita sea, que los haga pasar por un suplicio similar periódico y continuo desde los once años hasta el climaterio a los 50! Algo que se active con el ciclo lunar y que se acentúe con la alineación de los planetas y las mareas altas. Algo que los haga caer en un mal humor infundado y eterno durante los días en que les dure tal mutación, tal evolución de la carne, tal metamorfosis hormonal. ¡Cómo odio la regla!
Amigo E, este es un ejercicio de escritura confesional, nacido del taller de la gran Mayrim. Es un escrito del alma que no llega a poema…
Es una orquídea abierta de labios salidos, protuberantes, rugosos y apetecibles. Entre las piernas. Entre las piernas es mi posesión más preciada, más valiosa, más vivida. Nunca he probado cosa igual. Dentro del pecho es vivencia intensa, es armonía y un llegar a casa. Dos montículos afuera, valles y mesetas adentro. Dos cerros, su centro, su arriba. Quiero ser su salvación, su última mirada de este mundo, su atraparle la espuma, sus puños cuando le arropo las manos. Promete verme, de nuevo, algún día, en marzo, cuando sea, y yo me mojo. Jadeo, y las ondas sonoras entran en sus profundidades. Me vengo y levanto el vientre para que choque el suyo con el mío. Soy Ennis del Mar. Espalda destrozada. Soy montaña. Montaña Rota.
La monstruación: venganza de hombres por Yolanda Arroyo Pizarro Serie 1 de 4
Dedicado al Aquelarre (mis Brujas bellas). Texto publicado originalmente en Derivas.net
La menstruación. Me acordé de ella porque la había olvidado. No la esperaba y tal despiste me costó desechar una falda blanca sexy, corta, hermosa, carísima, ahora totalmente inservible. La mancha roja se vertió presurosa sin darme tiempo a reaccionar, y la vergüenza me embargó, toda vez que en el supermercado muchos la percibieron. Ni hablar de lo que le sucedió al asiento de mi auto.
La regla es algo que detesto, daría lo que no tengo por erradicarla. Es un suero innecesario que fluye por lugares que están hechos para recibir y dar placer, no para acoger sufrimientos ni incomodidades.
Padezco de dismenorrea, lo mismo que dos terceras partes de la población femenina. Eso significa que dicha disfunción cervicovaginal me produce cólicos y contracciones durante los días premenstruales, y una menstruación muy pero que muy dolorosa y profusa una vez llega. A veces me sobreviene con dolores fuertes de cabeza, otras con náuseas, vómitos, diarreas, sudoración, y ni hablar de la intensa necesidad de orinar casi mil veces por día. Todo un desastre. Dolor en la parte baja del abdomen que irradia la columna inferior, los muslos, irritabilidad, nerviosismo y en contados casos depresión. En ocasiones duelen tanto los ovarios que se pincha algún nervio y dejan de funcionar las piernas, se entumecen, y para nada me alivian las compresas frías o calientes, el té, mucho menos la aspirina o el ibuprofen. Sólo hay que resignarse y dejar que pasen, en mi caso, los malditos cinco días que me dura.
Las toallas sanitarias son otra problemática. Muy grandes son incómodas, muy chicas ocasionan accidentes como los de mi falda. Los tampones tampoco ofrecen mucha colaboración, pues para empezar hay que introducirlos en esa área creada únicamente para recibir cilindros de músculos con piel, no para recibir artífices de cartón, o de plástico, y ni pensar en los llamados tampones digitales que son de horror, pues casi nunca una está anhelante de meterse el dedo hasta tan hondo sin recibir gratificación a cambio. Encima hay que cambiarse tantas veces, y ducharse mil más, y usar desodorantes vaginales que si bien contribuyen a la buena higiene, y a despedir olores riquísimos que provocan caminatas en llanos verdes con cascadas de orquídeas, pueden ocasionarte unas reacciones alérgicas de madre, que hasta te mandan de cabeza al especialista, o a la sala de emergencia a que un grupo de nuevos practicantes te estudien la popola.
Para sentir algo, un poquito de alivio, te recomienda el sabio ginecólogo, por lo menos el mío, que coloques las piernas hacia arriba. ¡Vaya, que práctico! Sobretodo cuando se trabaja en una oficina con otros treinta empleados alrededor.
Dice también mi médico que hay que evitar los dulces, las harinas y la cafeína durante esos días. Que se debe aumentar el consumo de agua, jugos, frutas y verduras y que hay que ingerir alimentos saludables especialmente aquellos que no provoquen malestar intestinal. ¡Pero que mala broma nos juega el cuerpo! Porque es precisamente en estos días menstruales cuando tiene una los cravings o antojos de bizcochitos, dulces de leche, natilla, panes con pasas, galletas de azúcar negra con canela, y como no, chocolate belga.
“Reduce el consumo de grasas, condimentos o carnes. Ejecuta actividades físicas leves como caminar o ejercicios que favorezcan la circulación. Ello disminuirá las molestias y mejorará tu estado de ánimo”, me aconseja el galeno, como si fuera tan fácil eso de hacer aeróbicos acompañada de una ráfaga de dolores.
Al entrar en esta ocasión a la consulta de mi doctor, lo miro con cara de odio. Y se lo digo: “Doctor Vázquez, lo odio.” Él lo sabe ya, le hago lo mismo en todas mis visitas. Y es que primordialmente lo odio porque no es mujer, porque no sufre mi regla, ni mis males, ni mis dolores, ni esta maldita incomodidad.
Paternal, menciona algo de la hormona prostaglandina, que aparente y alegadamente, es la causante de mi zozobra. Sinceramente a mí no me interesa quién la causa, me interesa que me la quiten. “¿Se puede remover?”, le pregunto y me mira entre hastiado y burlón. Me hace el examen de rutina, que para variar, debido a tantos dolores, pues duele más. Añade un ultrasonido pélvico y mentalmente me acuerdo de su madre, aunque asiento de modo intelectual mientras intenta explicarme una nueva teoría para mis dolencias, aún conmigo en la burra, a mitad de sonograma, yo toda abierta de piernas.
—Una dismenorrea funcional, en la mayor parte de los casos es espástica, se presenta casi exclusivamente en los ciclos ovulatorios. —dice.
Yo sólo lo veo mover los labios y decir blah, blah, blah, blah. Cuando termina su opereta le recuerdo:
—Pero yo no estoy ovulando, mi queridísimo doctorcito sabelotodo. La ovulación ya la pasé, estoy fucking menstruando.
—A eso iba… —me dice y añade mayores grados de blah, blah, blah a su discurso. En ocasiones sube el tono de voz, como esperando un aplauso; en otras lo baja, dándole un suspenso de cierre a lo que diserta. La percusión se distorsiona por ratos y en mi cabeza lo ignoro; no lo tomo en cuenta, y como si tuviera el "remote" que lo controla, le bajo el volumen para dejarle de escuchar.
Me recetó Aleve, otra vez. Compresas frías y calientes, de nuevo; una dieta balanceada repitiendo lo mismo del anterior ciclo y una promesa de que cuando tenga hijos, ya no lo padeceré. Lo cual es mentira, sino pregúntenle a la mitad de la población mujeril. Cuando le recuerdo que ya he dado a luz se disculpa, mira el record y carraspea. —“Ah, entonces se te quitará en la menopausia”. Claro, si no es Juan es Pedro.
La última maldición de la regla es que me hace sentir como Jennifer López. Nalgúa. Sí. De alguna extraña y misteriosa manera el flujo hemofílico logra dirigirse en afluentes por el canal de la Mona (mi cuenca internalgal localizada entre glúteo y glúteo) pasando inadvertida, y evitando adrede la toalla sanitaria, que se encuentra blanquecina, límpida, con una que otra pizca roja, pero por lo demás inmaculada. Y es entonces cuando aparece mágicamente lo que se supone sea mi nalgaje descomunal, que by the way, se burla de mí. ¡Sí! Porque ahora mis panties, el pantalón y el resto de donde me halle sentada queda desahuciado. Todo se ha ido a depositar como charco de lago triste o mangle etéreo al “nié”, que dicho sea de paso ni empieza ni termina en el cóccix, pero cualquiera diría.
Durante mis periodos menstruales es cuando más detesto a los hombres, sus descendientes y los de su especie. He llegado a la conclusión de que la menstruación es una venganza de hombres. Los especialistas que dicen tratarla no lo hacen de verdad, todo lo contrario, disfrutan con nuestras dolamas y les dan continuidad, disimulando tratarlas. Los hombres médicos perpetúan nuestro padecimiento haciéndose pasar por agentes encubiertos; de ese modo falsean un dizque tratamiento, cuando en realidad no quieren que dejemos de sufrir. Nos dejan saber con su modo de actuar cuan superiores se sienten.
Un grupo pequeño de ellos conoce el misterio para erradicar la monstruación de cuajo. Son como los Iluminatti o el Opus Dei. Realizan congresos médicos, asambleas y convenciones de salud en donde explican al resto únicamente lo que les conviene, sin dejar filtrar la verdadera información para aliviarnos los dolores. ¡Juro que voy a investigarlo!
La magia de la Librería La Tertulia, en Puerto Rico, responde sin duda a su gama de ofrecimientos para el lector contemporáneo. Su éxito también estriba en el Alquimista librero que hace que todo este calidoscopio literario se haga posible: Alfredo Torres le ha dado mucho a este país manteniendo este rinconcito riopedrense apto para todo el publico lector de la Isla.
La palabra es tan frecuente, como frecuente es el soplo de aire o la brisa que te despeina el cabello. Sin embargo, la frecuencia de esos eventos no los hace menos importantes. A veces, hasta parecerían sorpresivos, e incluso, momentáneamente adecuados. Hoy, mientras respiraba aire y me despeinaba el viento observando la luna desde la terraza de mi casa, llegó tu palabra. Llegó, me abrazó y me dejó ver tu solidaridad, tu don de gente, tu efervescencia.
Murió tu Cecilia, y murió mi Chino. Para mí lo incomprensible es que tú y yo sigamos aquí. Y que sigan aquí los que recorren este evento celuloide que llamamos vida; nuestras familias, cónyuges, amantes, amigos, hijos… Lo incomprensible es que pensarlos nos obliga a imaginar ya no tenerlos, nos obliga a tratar de observar el carnaval de sus decesos, fallecimientos, defunciones. Tratamos de imaginar ése momento. Nos obligamos a desvanecerlos en la imaginaria fantasía de que algún día o ellos o nosotros no seremos.
“I don’t get life”, amigo. Y ése es mi problema. A los treinta y seis años todavía no me he aprendido el libreto. ¿Hago mal? ¿Hago bien? De jovencita me decía “Justo cuando me aprendí todas las respuestas, la vida me cambió todas las preguntas”. ¿Qué te puedo decir? Únicamente con lo que inicié: Gracias.
PS: Felicidades por lo de la tesis. Habrá que celebrarlo.
El pasado domingo 28 de enero compartimos con un grupo maravilloso de escritores que nos leyeron sus obras en el Nuyorrican Café. La velada estuvo decorada con música de piano y una gran cantante, Maribel, hermana del amigo Emilio Soto del Carril.
A Mamota (me pidieron que te dejara esta canción) y soy una Celestina muy obediente...
Sólo te llamo para ver tú ¿que tal? ya van muchos días que no se nada de ti no ha sido fácil me lo dices a mí que paso las noches sin que pueda dormir.
Y te pienso.. y te pienso a cada instante te pienso y te extraño.. y te extraño si tú supieras cuánto te extraño.
Yo por mi parte estoy convencido mil veces mejor, sí... cuando estaba contigo. No, no valgo nada si tú no estás parece absurdo hasta me cuesta respirar.
Y te pienso.. y te pienso a cada instante te pienso y te extraño.. y te extraño como si fuera la primera vez y con mi vida que cambia de rumbo como si todo perdiera valor y de pronto me encuentro apartado del mundo.
Y te pienso.. y te pienso a cada instante te pienso y te extraño.. y te extraño como si fuera la primera vez y con mi vida que cambia de rumbo como si todo perdiera valor y de pronto me encuentro apartado del mundo
Y te pienso.. y te pienso a cada instante te pienso y te extraño.. y te extraño si tú supieras cuánto te extraño...
Aprovecho para anunciar las nuevas funciones de este talentoso compatriota. A continuación los detalles de sus próximas presentaciones. Inviten a sus amigos, familia, parejas y a sus contactos. Les recomiendo el Show Puerto Rico for Dummies.
jueves, 8 de febrero - *Punto Fijo @ 8PM viernes, 23 de febrero - Café Berlín @ 8PM miércoles, 18 de abril - UPR en Ponce @ 12PM
*Punto Fijo, antes Café Teatro Silvia Rexach en CBA de Santurce.
Nombre: Yolanda Arroyo Pizarro País: Puerto Rico Datos: Edad: 38 años
"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días."
Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Ha sido elegida como una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Ha sido merecedora de varias premiaciones literarias a nivel nacional e internacional; seis en Argentina, una en Chile, siete en Puerto Rico. Ha escrito para los periódicos El Nuevo Día, El Vocero de Puerto Rico, Claridad y La Expresión y sus ensayos y columnas se encuentran en la página de literatura ciudadseva.com, las revistas virtuales Cataliticos.com, Derivas.net, Letras Salvajes, Letralia.com y Narrativa Puertorriqueña. Algunos de sus cuentos confluyen en las revistas culturales Identidad de la UPR Aguadilla, Revista Púrpura, Preámbulos y Tonguas de la UPR Río Piedras. Es autora de los libros de cuentos, Ojos de Luna (2007) y Origami de letras (2004), además de una novela Premio PEN Club 2006, Los documentados (2005).
Ojos de Luna, Terranova Editores (2007);Libro del Año 2007, Periódico El Nuevo Día; Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña.
Los documentados, Ediciones Situm (2005); Premio PEN Club 2006
Origami de letras, Publicaciones Puertorriqueñas (2004)
Antologías
Antología: El Futuro no es nuestro. Nueva narrativa latinoamericana. Eterna Cadencia Editora(2009)Argentina
Poesía de los poetas hispanohablantes del mundo. Un homenaje a las mujeres rotas y a Simone de Beauvoir, en el centenario de su natalicio. Literalia Editores (2008)
Los otros cuerpos: Antología de temática gay, lésbica y queer desde Puerto Rico y su diáspora, Editorial Tiempo Nuevo (2007)
Bogotá 39: Antología de cuento latinoamericano, Ediciones B (2007) Colombia
Antología Universidad Politecnica de Puerto Rico (2007)
Antología Universidad Politecnica de Puerto Rico (2005)
Antología en honor a Sor Juana Inés de la Cruz, Argentina, Pegaso Ediciones(2004)
Antología en honor a Alfonsina Storni, Argentina, Pegaso Ediciones(2003)