domingo, julio 29, 2007

Rumbo a Bogotá
Por Mario Alegre Barrios para Endi.com


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Rumbo a Bogotá
Entrevista jueves 26 de julio de 2007
Por Mario Alegre Barrios
Periódico El Nuevo Día


•Yolanda Arroyo Pizarro participará en el programa “39 escritores menores de 39”, organizado en el marco del proyecto Bogotá Capital Mundial del Libro 2007.


Dice que no le gusta tomarse las cosas demasiado en serio, que se siente intimidada por la magnitud de ciertas cosas y que desde el espacio de lo lúdico puede manejar mejor las emociones que le provocan esas marcas que la vida va dejando en su calendario. Así –un poco como juego- Yolanda Arroyo Pizarro contempla su participación en el programa “39 escritores menores de 39” organizado en el marco del proyecto Bogotá Capital Mundial del Libro 2007 por el Hay Festival y el Departamento de Cultura de Colombia.

Entre el 22 y el 29 de agosto, Yolanda se unirá a 38 colegas latinoamericanos en la capital de ese país convocada por una iniciativa de los escritores Piedad Bonnett, Héctor Abad y Óscar Collazos “que tiene el propósito de hacer un encuentro de los 39 narradores latinoamericanos menores de 39 años, más importantes del momento”, según reza el parte de prensa emitido por los organizadores.

“Todo esto es muy impresionante… es como otro pasito en mi carrera y un privilegio que me da nuevos bríos y me reitera que escribir es mi destino”.


Para Yolanda, todo comenzó el 15 de marzo pasado, cuando recibió un correo electrónico del periodista Manolo Coss en el que éste le hablaba del proyecto de Bogotá y la invitación para que se propusieran candidatos. “Esa fue la primera vez que supe de esto”, recuerda. “Manolo me dijo que le gustaría nominarme. Luego comencé a recibir otros correos electrónicos de gente que no conocía personalmente pero con la que sí había contacto a través de mi blog y de los espacios virtuales que modero, como el de Ciudad Seva de Luis López Nieves. También esas personas me dijeron que les estaban pidiendo que propusieran a alguien, que si podían someter mi nombre y yo acepté encantada”.

Más tarde, Yolanda –quien en octubre cumplirá 37 años- recibió correos electrónicos de parte de los organizadores en los que le solicitaron más información y el envío de algunos de sus textos y publicaciones. “Hasta ese momento no estaba muy involucrada, simplemente hacia lo que ellos me pedían”, explica. “Ignoraba incluso si había más boricuas nominados. El tiempo pasó y un día me dijeron que había sido elegida como una de las delegadas, que lo mantuviera en secreto hasta que ellos hicieran el anuncio oficial. Fueron unas semanas muy emotivas. Cuando se hizo pública la selección, me enteré de que era la única puertorriqueña.

Para Yolanda, esto es como un sueño que se añade a las satisfacciones que le han dado los premios que ha recibido por su obra en países como Chile, Argentina y Puerto Rico mismo. “Voy a representar a Puerto Rico como una de las promesas literarias, como ellos le llaman, lo cual me llena de un orgullo muy grande y me tiene muy ilusionada”, asevera. “Como parte del programa, vamos a estar dando charlas y participando en foros y mesas redondas en bibliotecas, librerías y museos de Bogotá. En ese grupo de escritores hay algunos que estoy loca por conocer porque los he leído y tener ahora la oportunidad de conocerlos me da mucha emoción”.

La escritora comenta que está tomando esta experiencia “como algo lúdico”, convencida de que “si me lo tomo muy en serio me daría miedo”. “En lugar de eso, prefiero disfrutármelo. Será algo increíble estar con gente que admiro… me pasó por ejemplo cuando vino Laura Restrepo a Puerto Rico. La admiro tanto y fue tremendo haber tenido la oportunidad de conocerla y conversar brevemente con ella y luego mantener comunicación por e-mail. Todo esto es muy impresionante… es como otro pasito en mi carrera y un privilegio que me da nuevos bríos y me reitera que escribir es mi destino”.

“Por una peseta”

Yolanda asegura que escribe desde pequeña, sin antecedentes familiares en la vocación. Criada en el Barrio Amelia, de Cataño, fue una niña “rara”, metida entre libros. Era la “estofona” del grupo y la única niña del barrio que no iba a la escuela pública, sino a un colegio privado, el San Vicente Ferrer, considerado de “blanquitos”. “Mi amigo Juan Carlos y yo éramos los únicos negritos de la clase”, recuerda. Había veces que se pasaba la hora de la merienda ‘guardada’ en el baño, cansada de que todos la molestaran por el color de su piel. Había mucha soledad y la llenaba escribiendo cuentos. Se hizo lectora asidua de fotonovelas y comenzó a hacer las propias, “con alto contenido erótico, aunque apenas estaba en tercero o cuarto grado”. “Las alquilaba por una peseta y tenía una buena clientela”, asegura con picardía.

Graduada de gerencia y mercadeo -“porque tenía que estudiar algo que me diera de comer”- Yolanda ha publicado Origami de letras (2004) y la novela Los documentados (2005), con la que obtuvo una mención de honor en el certamen organizado por el Pen Club. En breve verá la luz su libro de cuentos Ojos de luna, con Terranova. “He tomado varios talleres de escritura, entre ellos los de Luis López Nieves y Mayra Santos Febres”, acota. “Me gustaría hacer estudios formales en literatura… éste es uno de mis sueños”.

Con una adolescencia en la que dejaron sus marcas El principito -de Saint Exupery- e Ilusiones –de Richard Bach- Yolanda destaca que actualmente el rumbo se lo marcan los escritores puertorriqueños Santos Febres, López Nieves y Díaz Valcárcel, así como Coetzee –el premio Nobel Sudafricano- el lusitano Saramago y la colombiana Laura Restrepo.

Fuente: http://www.endi.com/noticia/cultura/flash!/rumbo_a_bogota/252502

miércoles, julio 25, 2007

El Secreto De La Cava
Por Haydee Alvarado


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El Secreto De La Cava
Por Haydee Alvarado


El espacio bajo la escalera es ahora mi cava de vino. Por fin la termino con la ayuda de dos obreros de confianza, Nando el flaco, y su compadre, el musculoso Compay. Al fondo de esa estrecha y larga cocina hice derrumbar solo media pared desde el piso hacia arriba. Un muro largo y angosto que obviamente lo añadieron muchos años después. Posiblemente lo construyeron para que no se viera desde aquí una escalera que sube al segundo nivel. Este edificio del Viejo San Juan ya tiene varios siglos. Otra vez lo renovaron y compré un espacio. Soy la única residente. Imagino que pronto vendrán otros.

La cava se ve un poco torcida en su entrada. Quise que el tope de la apertura fuera semicircular, pero quedó inclinado. Esa deformidad le da un cierto encanto. Mientras se construía, aparecieron unos pedazos de losas viejas y rotas de un mármol grueso. Se colocaron alrededor de la apertura. Sonrío al mirar la cava, donde nada se ve simétrico. Pero el lugar es perfecto para guardar vinos. Es algo oscuro y tiene el frescor y humedad de un piso de barro aplanado y firme.

¿Qué le pasa a Pavarotti ahora? Es mi querido gato que viste de etiqueta. Lo veo correr rápidamente de un lado a otro, maullando como un tenor a todo galillo. ¿Por qué encorvará tan alto su espalda? Parece una U invertida. Entra sigilosamente a la cava y escarba con fuerza el piso de barro.

Siento que de ese lugar sale un olor intenso, como si se quemaran más de cien palitos de incienso con fragancias a canela, clavos y otras especies exóticas. El aroma y el calor se expanden. Llenan todo el espacio de la cocina. Casi me asfixio. Me subo las mangas.

Observo a Nando y Compay pálidos e inmóviles. Parecen dos robles esperando un huracán. Susurran entre sí y se largan a toda prisa sin despedirse.

Pavarotti sigue escarbando. Veo que saca a la superficie el esqueleto largo de una mano. Hay algo negro alrededor del hueso del dedo índice. ¿Un anillo? Me aterrorizo. Veo que junto al olor tan fuerte sube una nube de humo que forma un teclado tocando campanadas. Ay, y oigo los gemidos de un alma lejana. Ya los latidos de mi corazón suenan como pandereta.

De pronto, no más fragancias. Siento frío y un silencio absoluto. Pavarotti deja de escarbar y maullar. Se aleja caminando en reversa, siempre mirando a la cava. Este ambiente tan callado resulta ensordecedor. Creo oír el OM del universo.

¿Estoy soñando? ¡Qué alivio! Es solo un sueño.
¿Solo un sueño? Si todavía estoy aquí, mirando la cava.
–¡Socorro! ¡No estoy soñando!

Corro a tapar la mano en esqueleto o el esqueleto de mano, lo que sea, con el mismo barro del piso. Ahora no veo ni encuentro la mano. Y el piso se ve firme, sellado. Si estoy segura, aquí estaba la mano. Vi a Pavarotti cuando la escarbó.

Alguien toca a la puerta.
–¿Quién es?
Entreabro y veo a esta señora. En un instante me grabo su imagen. Una cara linda pero muy arrugada, cabellera blanca de rizos, con vértebra inclinada. Es una dama de cejas muy arqueadas, pintadas de violeta sobre ojos color cielo. Viste un traje de lino blanco.

–Me llaman doña Leonor y siempre he vivido en el Viejo San Juan. ¿Usted es la señora que se mudó aquí recientemente?
–Sí, ¿por qué?

Dice entre sonrisas y voz profunda:
–Usted se acaba de mudar a la casa de la Niní, que en paz descanse, la muchacha que se quemó en un famoso fuego del Viejo San Juan, hace tantos y tantos años… Nadie se queda a vivir ahí por mucho tiempo. Muchas de estas casas tienen su historia. Y también sus fantasmas…
Noto que su voz se apaga cuando se retira lentamente.

Me asomo. No hay nadie.

A lo lejos, un vendedor callejero pregona azucenas.

martes, julio 24, 2007

Soy varona altanera que hace lascas en las venas literarias
Por Yolanda Arroyo Pizarro


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Poema nacido en el Taller de Escritura Confesional
Facilitadora: Mairym Cruz Bernall


Anoche mi hombre amó a dios
y fui hecha suciedad
se me despreció por inicua
fui declarada prostituta de mares
me han desechado por pecadora

Orfeo reniega de Eurídice
y no hay camino al inframundo
no desea seguirme
que me pudra en los infiernos mundanales de la prosa
en el lodazal inmoral de los versos

yo fui dios, alguna vez
y alguna vez deidad adorada entre las piernas

creé vida dentro de mi caos interior
vomité una cabeza por la vulva
pero me llaman poca cosa

soy la inadecuada
la contaminante
la inmunda
me llaman heces
porque soy mucha monta

soy hembra altiva por mirar a los ojos de un hombre
el hombre que ya no es mío
que me repele
y me abandona

domingo, julio 22, 2007

RECITAL de LITERATURA CONFESIONAL

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MAIRYM CRUZ-BERNALL

Invita

Celebramos la culminación del primer taller
TERAPIA GRUPAL Y CREACION LITERARIA
CON UN RECITAL de LITERATURA CONFESIONAL

"Porque lo mejor de la literatura viene de lo más íntimo, de la confesión.
Los poemas, las memorias, se escriben de ese material escondido
más allá de la conciencia. El poema es un viaje interno
que podemos hacer juntos, para resistir los miedos…” mcb

LUNES 30 DE JULIO DE 2007
7PM
CHATEAU ROUGE

leerán

Cheryl Vélez Calero
Stefan Antonmattei
Jessica Crespo Molina
Karen Joglar
Emilio del Carril
Carlos Esteban Cana
Mayda I. Colón Pagán
Yolanda Arroyo Pizarro

Brindis

miércoles, julio 18, 2007

Los amantes
Por Adaly Seda Morales


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Los amantes
Por Adaly Seda Morales


Camino mi último trayecto por las calles de mi patria. Mañana caminaré otras calles.

Tropiezo con una mujer que a duras penas puede enderezarse por la nota. Drogada. Miro para el lado y veo una pareja, hombre-mujer, dentro de su auto discutiendo tan alto que ni los cristales cerrados acallan sus insultos. Detrás de los asientos los niños juegan a darse en la cara. Entro a una barrita a comprar una botella de agua. El señor que me atiende llora porque un coche bomba mató a su hijo en la guerra. Intento decir algo pero se desmaya, solo puedo marcar con urgencia para que venga una ambulancia. Atónita quedo, he visto como un hombre se desploma de dolor. Busco aire para reponerme de la impresión, el rostro de aquel hombre queda grabado en mi psiquis.

Cuántas cosas no se dijeron y hoy es un día que mañana no cuenta. Lo que guarde en su corazón es su redención o calvario. Para muchos el tiempo se detiene, para otros es infinito.

No presto atención al color rojo que predomina en las ropas de la gente en la calle. Creo que perdí algo importante. ¿En qué mes estamos? Septiembre- contesta una mujer. No entiendo nada, para mí que me afectó más de lo normal aquel hombre. Comienzo a ver como muchos, de los que veo están vestidos de rojo, cambian de aspecto. Sus rostros se tornan primitivos, el color y material de la ropa se vuelve marrón. No hablan entre sí, se miran a los ojos y sonríen. Esto está pasando de verdad o habré confundido agua con ron ¡no puede ser! hubiera arrugado la cara, el ron no pasa desapercibido. Coño tienen algo especial. ¿Por qué nadie los ve? Camino y detengo mi paso frente a una tienda de curiosidades. En el centro de la tienda ubica un libro gigantesco hecho de cuero, casi cuadrado, con las páginas en blanco hechas de tela. Lo cierro, una viejita me interrumpe. Ese libro guarda las almas rojas de aquellos amantes que trascienden los tiempos. Dice ábrelo y dime lo que ves. Sigo instrucciones. No veo nada. Concéntrate- me dice la viejita. Siento calor, la cara me suda. Hay un hombre que me llama, grita, sé que es a mí pero no mueve sus labios. Siento alegría, amor al verlo. No puedo ver bien porque una nube de polvo no me lo permite. No veo nada. Seco el sudor de mi cara y vuelvo a sentir el aire acondicionado. ¿Qué pasó? Tranquila muchacha, esto es para ti. Un dije hecho en piedra en posición fetal.

¿Qué significa esto? Pureza, Eternidad, la viejita desaparece. Estoy frente a la barrita en la que me paré a comprar agua y el señor llora. Pero bueno ¡otra vez aquí! Entro e instintivamente saco de la cartera una piedra transparente, hace un rato no estaba ahí, le pido de favor al joven que atiende que cuando vea al señor, a Don Cándido- me interrumpe. Sí a él, entréguele esto. No hizo preguntas y lo recibió. Algo me dice que esa piedra hará que le sirva. Ha sido un di..tarde ¡Dios mío como pasaron las horas! Debo llegar al restaurante que Gustavo me está esperando. Al sentarme en el restaurante miro la ropa de Gustavo y empieza a oscurecer, las líneas de su camisa no se distinguen. Mi vestido blanco se torna marrón. Observo su rostro y escucho el tono de voz del hombre al que miré y me llamó en la tienda de curiosidades, no movió sus labios. En su cuello cuelga un dije hecho en piedra en posición fetal, que al sacar el mío de la cartera y colocarlos de frente se miran entre sí. Lo observo nuevamente y está vestido de rojo, al igual que yo.



Por las calles de mi patria, mi último recorrido. Escucho en la radio del auto que el joven militar Pablo Conde fue sepultado con todos los honores. Don Cándido Conde, su padre, murió de un infarto masivo frente al féretro provocado por la impresión. Curiosamente guardaba en su puño una piedra roja y una pequeña foto de su hijo.

Gustavo debemos regresar se me quedó el pasaporte. Hizo un viraje en U en la zona debida. Un hombre discutía acaloradamente con su esposa y no se percató del carro de los jóvenes- dijo un testigo a la policía.

domingo, julio 15, 2007

Nadie dijo que vendría
Por Mayda I. Colón


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Nadie dijo que vendría
nadie apostó a la ruptura de ausencias
nadie decantó la nostálgica devoción de llorarle,
y sudar amarillos en una vertiginosa erupción de océanos,
nadie explicó cómo esperar la madrugada
cómo llamarle al mar… y sin embargo
nadie nombró la partitura justa en que escribirle
nadie pronunció jamás su nombre con más voces que sus voces
mientras se insertan traviesas por algún orificio de mi esencia.

Se hizo verbo:
hizo que mi garganta decantara el ímpetu de mil legiones de silencio
mientras afinaba mis cuerdas una a una
derramando su preludio de peros sobre mil naciones dominadas;
hurgó con sus dedos la piel de los abismos,
como si por sus versos en mi vientre olvidara la traición de las esperas.

Hizo con aquel pretexto un grito hondo:
manos predispuestas a rozar mis mendigos de infancia
cómo supieran sus manos surcar cicatrices guardarlas adentro
hondo
la asfixia de los ojos marcando de compases un horizonte impreciso
hondo
que ya no sé si se agota su voz entre mis poros elucubrando acuarelas
hondo
como una huella de agua sobre un verbo por tantos siglos dormido
hondo
como la ola a la roca imprime el determinado rumor de su embate.

Tan hondo
que juro que fue una paloma
pero nadie me advirtió de su llegada

jueves, julio 12, 2007

Eva
Por David Caleb Acevedo

Eva
por David Caleb Acevedo


I.

A Yolanda Arroyo Pizarro


Me dijeron que salí del jardín en vergüenza
cuando la costilla del hombre fue despreciada,
que eventualmente, -según las leyendas-
me hice una con Lilith, la primera
y que eventualmente nuestras carnes
se unieron con los 144,000
primeros intentos de mujer
antes de mí, Eva
que llegué de una costilla rota
elevada a cuerpo de mujer.

Dicen que salí de una cueva llena de cuervos
y que ahora sólo resido en pesadillas
que no sé conducir
y que mías son todas las culpas del mundo,
que míos son los desaciertos de los planetas
y el hecho de que sólo se alineen matemáticamente
cada cierto tiempo.

Pero parte de la ley de inercia es la energía cinética
de los muchos cabellos y los pechos dobles
porque fuimos mujer antes que madre
aunque seamos también el perpetuo de la ley de los hombres.
Te digo un secreto, -en voz sumamente baja para no corromper
los tímpanos de los futuros hombres con cojones de oro
y las futuras mujeres vestales de las casas tomadas de Cortázar-
yo salí del Jardín de Edén por voluntad propia
porque siempre fui una, la primera y los miles de primeros intentos de mujer
porque los ángeles y serafines no se atreven apuntar sus espadas de fuego
a una mujer, -porque no saben lo que es mujer-
y el desconocimiento recaba en miedo, aún entre los que no son hombres
ni cuerpo.
Yo salí del Edén con misión a Empírea
aunque me tomara milenios llegar
y miles de partos prematuros a criaturas con cola de demonio
aunque en el proceso de llegar a la Gran Ciudad
deje mis pechos sembrados en el suelo
y mis cabellos afeitados corriendo en la Delta del Nilo,
aunque éstos fecunden la tierra misma
y sus árboles y hierbas cierren por completo el camino a ésta.


II.


Mi camino es el del desierto
como todas aquellas madres que transcriben
la música de las arenas,
cada grano un dios olvidado
cada diez puñados una mujer hecha carroña
en el piso, al lado de la cama matrimonial
todas las arenas que se transcriben en la música de tus pechos
que lleva el timbre que se le olvidó al mar
cuando en el origen elucubraba la forma
de deshacerse del horizonte.
Mi camino es el más solitario de las ciudades
camino por la más vieja de todas ellas
en el planeta de todos
y su tragedia es seguir siendo hermana menor
de la ciudad más vieja
a la que se va por el desierto
como adolescente con hijo adentro
esperando a que Dios me salve de un dragón negro
que pudo fácilmente escapar de la espada de San Jorge
y con el peso en mi espalda
y la leche materna corriéndose por mis pechos
manchando mis vestiduras
voy quitándome la cruz de encima
porque mis hijos ya han muerto todos
los buenos y malos
los éticos y los moralistas
Caín y Abel
Hansel y Gretel
Azazel y la Patty, ramera del 666 hace par de años;
mi camino es del desierto
cuando cruzo las Dunas del Este
para hacerme una con el Sahara
mujer de arena sin burka,
tormenta de arena
mujer tormenta de miles de líneas de sangre
que no se redujeron con Sem, Cam y Jafet
soy el perfume del Mar de Calanscio
las bacterias que duermen bajo la arena
desde el día que la mano de Dios dividió el cielo de la tierra
soy la bruja escondida en un bosque
esperando regalarle a Blancanieves
la misma manzana de Edén que llevo siempre en mi vientre,
y con el peso de mi espalda,
mis senos chorreando leche materna manchando mi camisa,
la leche se hace una con la arena
madre de carne, madre de tierra
al fin y al cabo
madre de arena.



III.


Culpa a Medea del infortunio del veneno
que corre por la sangre
del que se deleita en los males peregrinos
lentos pero progresivos.
Culpa a Circe de que los hombres
ante el reflejo de la soberanía
y el espejismo del sexo
sean revelados como cerdos.
Culpa a Baba Yaga
de la leche cortada
y los abortos primigenios;
de que las niñas se pierdan en los bosques
y regresen embarazadas por los lobos.
Culpa a la Malvada Bruja del Oeste
de que el Mago de Oz no tenga
poder real o poder alguno;
de la falta de corazón en los hombres de hojalata
y la estrechez de mente de los espantapájaros.
Culpa a la madre,
que somos nosotras las culpables de los árboles secos,
la globalización y el efecto de invernadero,
cúlpanos de todo, hasta de tu astucia de culparnos,
que una mujer aguanta más dolor
que cien hombres que gritan por uñeros en los pies,
cúlpame, que soy Eva, y todas las mujeres se resumen en mí,
aunque en tus designios sólo haya espacio
para la puta y la santa madre
cúlpame, que yo aguanto las blasfemias de Dios y Adán,
sin repostar mi aliento
que yo no salí del Edén
que me lo llevé adentro,
una sola semilla del Árbol de la Vida
en mi esponja de vientre que se burla de las culpas
y la delicadeza original de los pájaros
mientras aquí,
en la ciudad perdida de los ángeles con espada
se me descose la cesárea de más de un millón de años
y sale la semilla que reemplaza los árboles secos
Yggdrasill con mi sangre
mi odio y mi fuego.

martes, julio 10, 2007

Memorias
Por Yolanda Arroyo Pizarro

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Dibujo de Aurora


Primer recuerdo. La beba llora debajo de las mesas con manteles nupciales de encajes. Se ha perdido entre la música, los comensales y el vocerío. No encuentra a su mamá vestida de dama de honor, en la boda de la tía. No puede notar la amargura en los ojos de aquella engalanada en tafeta crema y decorada con azucenas. Nunca se ha visto una dama de honor tan triste. La nena se esgalilla. Alguien, que no es la mamá, se acerca y la carga.

Otro. La nena se acerca a la reja. Tiene los moños llenos de cintas en colores. Hace así con la manito. Su abuelo, afuera de la reja, hace así también. Se marcha sombrero en mano y de vez en cuando voltea a mirar a la nieta. Va a trabajar a la Puertorrican Cement.

Otro. La nena ve que la mujer dama de honor entra y sale de aquella casa como una extraña. Sale un domingo y regresa un jueves. Sale un febrero y la encuentra de vuelta en abril. Va y viene entre cada una de las despedidas de año. La nena alza los brazos a la mujer dama de honor y esos otros brazos no responden.

Otro. La nena va a las fiestas patronales con su hermano. Los lleva de la mano la dama de honor. En las fiestas hay un hombre que se parece a todos ellos, parece un hombre que regala en cumpleaños y navidades, parece un hombre que enseña a amarrarse los zapatos los fines de semana que le toca estar con ellos. La dama de honor y la nueva esposa del hombre que se parece a ellos se tocan las caras con las manos abiertas, se muerden los brazos con provocación de fiera, se rompen las blusas y quedan en brasieres. La nena no sabe porque debe hacerlo, pero llora.

Otro. La nena se coloca el teléfono negro oscuro, tan oscuro como ella en la parte del cuello en donde ha visto que todos se lo colocan. La abuela sonríe y su sonrisa es como si alguien mamara leche. La nena mete el dedo en los orificios y le da vuelta al disco con números. Cuando se cansa de escuchar el ssshhhh tat, ssshhhh tat, ssshhhh tat, cuelga. Mira a la abuela de hermosas pasas blancas en el cabello y le pregunta: ¿Tú me pariste?

Otro. La nena ve desde la puerta de escrines que la dama de honor está sentada en el sillón del balcón y se menea. Quisiera subirse a su falda. En eso llega el hombre que se parece y le apunta con su pistola de reglamento a la frente. La nena hoy tampoco sabe porque debe hacerlo, pero llora.

Otro. La nena va tarde al kinder y la abuela la lleva en volandas por el camino asfaltado. Una jauría de perros se acerca sin anuncio ni aspaviento. La nena grita. Las mandíbulas de los animales se sacuden llenas de una baba blanca intimidante. La abuela la carga y la coloca sobre el bonete de un auto estartalado. La nena está segura. Está calmada y a salvo. Y calmada ve como su abuela cierra los ojos y aprieta los labios mientras en vano intenta espantar a los colmillos que ya, a estas alturas, se le han enterrado a las piernas.

Último recuerdo. La nena regresa de una tarde en el trabajo y cuida de la abuela con Alzheimer. Sabe que agoniza. Toma sus manos arrugadas y entre surco y surco de piel yuxtapuesta, la besa. Le declara sus amores, sus adoraciones, sus agradecimientos para la abuela hermosa, la abuela preciosa y bella. Va cerrando los ojos la viejita y se despide. Y mientras se despide le sonríe a la nena, y confusa, la llama por el nombre de la dama de honor.

jueves, julio 05, 2007

La otra cara del seso
Por: Miguel Kolki


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Sabido es el valor del seso en nuestras vidas. De hecho, tener seso es, para cualquier persona, un valor añadido en nuestra sociedad. No tenerlo -o no ejercitarlo- sería entonces un demérito.

Sin embargo, todos lo tenemos, y todos lo usamos en distintas cantidades, con distintos fines y a partir de distintas premisas, mismas que admitimos como personales -qué curioso- a partir del uso del seso.

El seso nos ayuda a mejorar o a conseguir nuestros fines, sean éstos cuales fueren. Nos ayuda también a establecer estrategias para conseguir esos fines. Nuestro seso es, pues, nuestra mejor herramienta para defender aquello que nuestro mismo seso ha construido.

Me refiero, naturalmente, a la defensa de nuestros propios criterios (si es que hemos usado el seso, deberíamos tener algun criterio que defender). Quienes no defienden sus propios criterios o lo hacen con poca determinación y éxito, hacen un uso deficiente del seso o hacen uso de un seso deficiente. Claro que, habrá quienes haciendo un uso deficiente del seso podrían ser confundidos con quienes hacen uso de un seso deficiente (por eso hay que esforzarse) y habrá también, por otro lado, quienes haciendo uso de un seso deficiente podrían confundirse con los que hacen un uso deficiente del seso (los resultados se parecen). Habrá también (hay de todo) quienes hagan un uso eficientísimo de un seso deficiente (aplausos, muchos aplausos) y quienes hagan un uso deficiente de un seso deficiente (lágrimas, muchas lágrimas). Habrá -además- quienes hagan un uso eficiente de un seso eficiente (son pocos, pero son) y quienes hagan un uso deficiente de un seso eficiente, como hemos esbozado al principio.

Si usted, querido lector, quiere saber cuál es su caso y no siguió adecuadamente el párrafo anterior, no se preocupe. Olvídelo, no intente releerlo. Es usted de los que reciben mis más emocionados aplausos, por el respeto que me merece el intento, la vocación, la curiosidad, el entusiasmo, la lectura disciplinada, la búsqueda del entendimiento. Usted es la prueba de que este mundo puede ser mejor, y -más hermoso aún- es usted la prueba de que este mundo quiere ser mejor. Si me permite una confesión: yo quisiera ser como usted.

Ahora, si usted entendió perfectamente sin necesidad de releer, entonces tiene usted dos cosas: una responsabilidad por un lado y una opción por el otro. La responsabilidad es la de usar eficientemente su seso. La opción es la de hacerlo o no hacerlo (libertad que le llaman, absoluta libertad). Es por eso que usted es peligroso. Porque puede combinar malamente esas dos cosas y puede terminar tomando decisiones importantes que -por ejemplo- tengan que ver con campañas de prevención del sida en su país. Podría ser que usted caiga en las trampas de la otra cara del seso.

¿Qué es el otro lado del seso? Es como el lado oscuro de la fuerza (para los de mi generación). Es también la curiosa tendencia que tiene el seso por la pasión (que para nada es sesual, pero que es maravillosa), también -lamentablemente- por el fundamentalismo. Es la tendencia suicida del seso, el tánatos (versión nano) también aquí.

Por eso el seso es peligrosísimo; aparenta ser bueno, aparenta ser hermoso, constructivo, muchas veces aparenta ser inofensivo y casi siempre es -como hemos dicho- un valor agregado que todos ansían tener en grandes proporciones, y lo es. Pero detrás de él hay una cara siniestra que puede crear grandes desastres, como todo programa de enseñanza basado en la represión; o crear también grandes inutilidades, que es lo mismo que no crear nada, como una campaña (con gasto cuantioso) con una efectividad del cero porciento en el intento de mejorar la salud sexual del país.

La otra cara del seso, no nos permite ver cuán ofensivos podemos ser, cuán inútiles nos podemos volver, cuán necios nos vemos sin los prismas conservadores que nos calzamos cuando creemos que nos conviene. La peor ofensa que hace la otra cara del seso, es -amigos míos- contra el mismo seso, pero eso no parece importarle (a la otra cara se entiende).

La campaña que cunde hoy en las calles y avenidas no es eficiente para cuidar la salud de los jóvenes (¿Alguien podrá alguna vez mostrar las medidas de su eficiencia?), pero sí lo es para no interrumpir el sueño ligero en el que vegeta una aparente mayoría que no se caracteriza por el uso eficiente del seso. Esto es una pena. Mientras deberíamos defender el uso libre del seso, las relaciones sesuales (o sesudas) antes de cualquier matrimonio, comprender sin escrúpulos la homosesualidad (el pensamiento del hombre) y la heterosesualidad (el pensamiento del hombre y la mujer, juntos, con el mismo valor), aplaudir con fervor a quienes tengan capacidades bisesuales (dos sesos... ¡wow!) y embarcarnos con todo y zapatos en una campaña a favor del seso seguro (aquel en el que el seso aprende a cuidarse de la otra cara del seso), cada vez más cosas nos demuestran que es en la otra cara del seso en donde se forma el más profundo desprecio por el ser humano (como el consejo de abstenerse de usar el seso) y es también en la otra cara del seso en donde anida el complejo que nos hace creer que somos incapaces de hacer un mejor trabajo (cuando hacemos una campaña de salud, por ejemplo), es decir, en la otra cara del seso es donde vive, agazapada, acechante, nuestra propia mediocridad.

____________________________________________________________________________________________
Miguel Kolki es cuentista y ensayista peruano residente en Puerto Rico desde hace más de veinte años.

domingo, julio 01, 2007

Habrá que zurcir el corazón


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De regreso al mundo real, lejos de una Atlanta de Museos y paradas de Orgullo, y en la vuelta a suelo boricua me entero de que el ex sufre. Yo sufro con él porque el niño recién estrenado en los placeres del primer amor ahora no come, no habla, no sale del cuarto. Hay excesos de un desdén en la novia; no llama, ni visita, ni se aparece, ni textea, ni envía emails ni nada de nada. Nadie sabe cómo ni por qué se ha esfumado. Lo ha dejado. O él a ella y no lo quiere decir, o lo han decidido así ambos y la explicación no le sube por la garganta. Es un misterio, como los de los Templarios. El joven enamorado no dice nada, se lo guarda en el pecho como una valiosa perla negra que nadie debiera descubrir. Privilegios de un corazón roto. Recuerdo la primera vez que rompieron el mío.

Se llamaba Willie. Nariz de esfinge y piernas de bailarín de COPANI. Tez todo lo blanca que se esperaría; blanca y translúcida. Unida a la mía, hacían un contraste por demás majestuoso que no pasaba desapercibido por quienes pocas veces nos vieron tomados de mano. Digo muy pocas veces, pues Willie se alejaba de mis contactos si alguien se acercaba a nosotros. No quería que nos vieran como pareja. Prefería mantenernos en el anonimato contrario a toda explicación lógica que no fueran sus propios prejuicios y el miedo a que los amigos le vieran acompañado de esta muchachita negra y con el pelo malo que sacaba todas A en la escuela. Pero a pesar de sus reservas, disimulos y de los juegos que yo gustosamente le seguía para mantenerlo a mi lado, a pesar de los pesares, se me escapó de los dedos. Una amiga me dijo que fumaba marihuana y yo le pregunté, y él me dijo que sí, que le gustaba, tanto como le gustaba mi boca y discurrir su tacto por debajo de mi blusa, tanto como le gustaba bailar la música de Air Supply, REO Speedwagon y Journey conmigo mientras me infligía aquella espada masoquista y deliciosa entre la pelvis, tanto como el sabor de mi ombligo degustado en los bliches del parque de pelota a medianoche, y la pegajosidad de mi savia por adentro de mi falda corta en los dogauts. Entonces le dije que escogiera: la marihuana o yo.

Fue atrevido o valiente. O imbecil. Porque rompimos (yo no fui la elegida) y mi corazón sintió la primera ponzoña espetada y la primera dolama aguda, y la primera estocada obtusa. Se me abrió el pecho por el medio y lo sufrí meses.

Después de aquella primera se me ha roto otras veces, incluso por el propio ex que hoy guarda la custodia de nuestro hermoso hijo corazóndesarmado. Sin embargo, nadie me explicó y jamás me hubiera imaginado que cuando le rompen el corazón a un hijo, también te lo rompen a ti. El ex anda insomne, afectado, preocupadísimo y me llama desde las distancias ultramarinas para intentar sanar su herida y para que le de ideas de cómo sanar las de nuestro retoño. Yo no sé qué decirle; yo, al igual que él, me siento partida y corroída. Quisiera regresarlo a los dos años y acostármelo en la falda, arrullarlo y decirle que mamá lo cuidará de cualquier mal. Pero es algo del todo imposible. Yo, aunque quisiera, no tengo esa potestad. Sólo me resta cerrar los ojos y enviarle a la distancia mis mejores deseos, orar porque sane pronto, pedirle al universo que lo instruya de sabiduría y paciencia. Total que le falta una enorme cantidad de rompimientos por afrontar…

Acerca de mí

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"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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