viernes, agosto 30, 2013

The Afrolatin@ Forum recomienda Palenque: antología puertorriqueña de temática antirracista

The afrolatin@ forum raises awareness of Latin@s of African descent in the United States. We advance the visibility of Black Latin@s through dialogue and action and promote an understanding of the afrolatin@ experience. The emphasis is guided by a transnational perspective that recognizes the centrality of race in today’s global reality and the struggle for social justice.

http://afrolatinoforum.tumblr.com/post/59495313242/new-book-from-afroboricuas-on-the-island-via







New book from AfroBoricuas on the island via Miriam Jiminez Roman
¡Al fin! una generación de autores que ha descubierto una urgente necesidad. La urgencia, que es propiedad insobornable de la nueva literatura, se convierte en causa. Y la nueva literatura, la que anda reclamando respeto por este mundo en armas, necesita una causa. Ya el podrido y rancio posmodernismo agotó su ilegitimidad y su descompromiso palabrero. Ahora vale la urgencia. Esta generación descubrió, para gloria de nuestra literatura, que lo negro es una causa. De muchas cosas, sí… pero causa al fin; razón de expresión, razón de lucha, razón de amor. Aparte de los trabajos individuales que cada autor desarrolla en virtud de ella, esta antología resume esa intención. La muy clara de unir en un tomo, esa voz y esa causa. No en balde han sido los estudios históricos y literarios que una generación de investigadores y creadores han desarrollado sobre el negro y la negra en nuestra cultura. Estos son sus primeros frutos. —Roberto Ramos Perea Dramaturgo puertorriqueño Prólogo a Palenque: Antología puertorriqueña de temática negrista, antirracista, africanista y afrodescendiente.
 

miércoles, agosto 28, 2013

Disme[no]rea: 10 de 26

Disme[no]rea por Yolanda Arroyo Pizarro
Serie 4 de 4

extrasolar 10 de 26


En el Sternennacht de la sala principal cada círculo concéntrico imita las estrellas-novas-soles que originalmente pintara Vincent van Gogh.  Son esferas escarlatas con un núcleo carmín obscuro en el centro. La luna es un pedazo elíptico bermejo en esta nueva versión del famoso cuadro. Quién diría, un öl auf leinwand ubicado en el Museo del Barrio de Amelia en la isla de Puerto Rico con su contraparte enrojecida desde un original en el MoMA de Nueva York. Mi pecho es un abismo profundo que solo desea tocar su piel, verter la sangre del cuadro, tomarla garganta abajo mientras cuestiono la fecha del final del mundo. Siria es un día y un mes, ya no una nación ocupada.  Siria masacrada. Masacre del occidente intocable. Masacre de la Isla aterrada y desprendida.

periodo coagular/26 mil bosones; por Yolanda Arroyo Pizarro




Inspirada por  el trabajo Menstrala de Vanessa Tiegs y en honor a mi cuento ‘Lunación’ incluido en el libro del mismo título, les incluyo esta obra progresiva que se ha estado construyendo poco a poco, a partir de febrero de 2007, con la única tinta fervorosamente adolorida y pujante que me sale del cuerpo cada veintiséis días…




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Menstrala by Vanessa Tiegs
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“Habrá sangre”: Un registro gráfico de la menstruación
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Caer mala
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La monstruación: venganza de hombres por Yolanda Arroyo Pizarro
Serie 1 de 4
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Otra vez la regla por Yolanda Arroyo Pizarro
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La Regla que Interrumpe... por Yolanda Arroyo Pizarro
Serie 3 de 4
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lunes, agosto 26, 2013

El nuevo mundo de Lynette M. Pérez




Marioneta

                                    a Jesús Manuel Santiago

 
El Gran Hermano hala de los hilos,
nos disloca las neuronas,
nos quiebra los sueños.
Somos un cuerpo sin alma,
una marioneta del "establishment".
 
 
 
Cenizas en una cápsula sin tiempo

                                                a Ray Bradbury

Desde las orillas de un desierto rojo
en medio de las exequias al  gran Marte
pude ver las aceras llenas de la plaga humana
el napalm, la hecatombe, el agente naranja,
los electrodomésticos, los Cadillac's antiguos, las guerras,
los libros que se queman,
hoy te lloré más que nunca Bradbury,
donde quiera que mire, nadie más sabe de estas cosas.
 
Ayer miré sobre el auto estacionado
y supe que ya nunca se volverá hablar de esto,
que los verbos caminan invertidos
desde que te fuiste,
he dejado una nota dentro de una gaseosa
sabes
para ver si sobrevive
cuando sobre la tierra caminen triunfantes las cucarachas
y bajo ella se arrastren los hombres.
 
 

Retorno

            a Javier Febo

En un principio era la carne
-no el hombre-
astrolabios que giraban furiosos,
partículas de antimateria
cansadas de inercia,
seres humanos
incididos y aletargados
tiembla el mundo
en los pliegues de la piel.
Somos los últimos
con nuestros sexos
diluyéndose
en nuestros cuerpos
-fractura-
somos los primeros
-el negativo-
la leyenda negra,
el reverso de la moneda,
una versión más perversa
de nuestros padres

                        para que  muera

                                                el hombre

                                                            como

c
o
n
c
e
p
t
o

domingo, agosto 25, 2013

Disme[no]rea por Yolanda Arroyo Pizarro. Serie 4 de 4

Disme[no]rea por Yolanda Arroyo Pizarro
Serie 4 de 4
extrasolar 1 de 26

Inspirada a dialogar con el trabajo Menstrala de Vanessa Tiegs y en honor a mi cuento ‘Lunación’ incluido en el libro del mismo título, les incluyo esta obra progresiva que se ha estado construyendo poco a poco, a partir de febrero de 2007, con la única tinta fervorosamente adolorida y pujante que me sale del cuerpo cada veintiséis días…

periodo infinito/26 mil bosones; por Yolanda Arroyo Pizarro


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Tesoros desde el Perú: un Principito y 'Disidentes 1 y 2'

Me traje de Lima un Principito peruano y dos antologías: 'Disidentes 1: Antología de nuevas narradoras peruanas' y 'Disidentes 2: Antología de nuevos narradores peruanos' ambas editadas por Altazor en un excelente trabajo de presentación. En ellas encuentro trabajos de autores contemporáneos que admiro: Julia Wong, Susanne Noltenius, Carlos Yushimito, Daniel Alarcón y Francisco Ángeles.
 
 




Sent from my Galaxy S®III

Abriendo caminos: antología de escritoras puertorriqueñas en Nueva York 1980-2012

 
 
Hace unos días recibí por correo la extraordinaria compilación de trabajos de 46 exquisitas escritoras boricuas: Abriendo caminos: antología de escritoras puertorriqueñas en Nueva York 1980-2012. Editorial Campana, New York, NY.  La antología incluye poesía, cuentos y extractos de novela de las que considero las divas de la diáspora, mujeres que han dejado una orgullosa huella de nuestra tradición literaria en suelo nuyorquino. Mis autoras favoritas de la misma lo son: Nemir Matos-Cintrón, Nancy Mercado, María Riquelme, Esmeralda Santiago, Tanya Torres, Carmen Valle, Lourdes Vázquez, Dhalma Llanos, María Arrillaga, Giannina Braschi, Sheila Candelario, Yarisa Colón, Marithelma Costa, Sandra María Esteves, Dylcia Pagán, Maritza Arrastía y su editora, Myrna Nieves.
 
La revista Baquiana reseña la misma:
"Esta antología presenta a 46 escritoras puertorriqueñas de diversas edades. Algunas de ellas escriben predominantemente en español, otras en inglés y otras en ambas lenguas. Entre las escritoras incluidas se encuentran: Alba Ambert, Maritza Arrastía, María Arrillaga, Sandra Barreras Del Río, Evangeline Blanco, Sheila Candelario, Yarisa Colón Torres, Marithelma Costa, Sandra María Esteves, Diana Gitesha Hernández, Dahlma Llanos Figueroa, Ana López Betancourt, Gemir Matos Cintrón, María Mar, Madeline Millán, Nicholasa Mohr, Myrna Nieves, Raquel Z. Rivera, Esmeralda Santiago, Corazón Tierra, Tanya Torres, Carmen Valle, Gloria Vando, Lourdes Vázquez y Anita Vélez Mitchell. El libro incluye, además, biografías de las escritoras que documentan su contribución artística, social, política e intelectual a las comunidades de Nueva York.
De acuerdo con la editora del libro:  "El propósito de esta antología es abrir espacios al material existente. Las obras evidencian la lucha humana por vivir con dignidad y aprecio. Se destacan por su conciencia de los usos y las modalidades de la lengua hablada y escrita, su intensa pasión o tonos meditativos, sus ritmos urbanos, sus memorias y personajes intrigantes y su compasión, humor e ironía. Muchas de las obras, además, reflejan las complejidades humanas concomitantes a un proceso migratorio. Este extraordinario acervo provee oportunidades para apreciar la calidad de los textos y contribuye a la discusión sobre los parámetros críticos que surgen de dicha literatura."

La antología Abriendo caminos brinda un material excepcional para el estudio de la literatura escrita por autoras puertorriqueñas en Nueva York y afirma la presencia de estas mujeres en el corpus literario de los latinos en este país o lo que se ha comenzado a destacar como literatura hispanounidense. 
Myrna Nieves es poeta, narradora, ensayista, promotora cultural y educadora. Es miembro fundador y catedrática del Boricua College, donde dirigió por 20 años la Serie Invernal de Poesía. Ha publicado varios libros de poesía y narrativa. Es también co-autora de la colección de poesía y prosa  Tripartita: Earth, Dreams, Powers (1990) y de otras publicaciones importantes. Su obra ha sido incluida en numerosas antologías, así como en revistas especializadas y diversos medios de prensa. En 1997 fue invitada como escritora a la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos por la Conferencia Nacional de Mujeres Puertorriqueñas y en 1998 recibió el Premio de Cuento del PEN Club de Puerto Rico, entre otros reconocimientos y premios.
 
 






Sent from my Galaxy S®III

viernes, agosto 23, 2013

Palenqueros en Librería Mágica, Río Piedras



En Latinoamérica la palabra ‘palenque’ o ‘quilombo’ se usó para identificar los lugares hacia donde se escapaban los esclavos cimarrones. También se llamó así a las concentraciones que organizaron los esclavos fugados en lugares cercanos a fuentes de agua y alimentos para mantenerse escondidos, casi siempre en cuevas. Estos palenques se convirtieron en las comarcas idóneas desde donde confabular revueltas e iniciar rebeliones por la fuerza, contra el amo opresor.

Originalmente ‘palenque’ es también la palabra que se utiliza para nombrar el terreno cercado por una estacada en donde se celebra algún acto solemne. Su traducción al inglés es palisade, paling; al francés, es palissade, barrière; al alemán, Einzäunung, Schranke; al sueco es pålning, inhängnad y, en italiano, es “steccato", recinto y su sinónimo es "liza".

Bienvenido, pues, este grupo de Palenqueros.

 
A la venta en Librería Mágica de Río Piedras y en Amazon:
http://www.amazon.com/Palenque-Antologia-puertorriquena-Spanish-Edition/dp/1490453830/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1377278778&sr=8-1&keywords=palenques+antologia

Sent from my Galaxy S®III

miércoles, agosto 14, 2013

Gloria Mendoza Borda desde Arequipa, Perú


La FIL Lima 2013 trajo consigo extraordinarios tesoros. Entre ellos, el haber conocido y escuchado el talento de Gloria Mendoza Borda, la poeta de los Andes del sur.
 

 



Gloria Mendoza Borda, nacida en Puno, 1948 (Perú), estudió Letras en la Universidad San Antonio Abad de Cusco y Educación en la Universidad San Cristóbal de Huamanga. Poeta desde temprana edad, perteneció al Grupo Carlos Oquendo de Amat, de Puno. Ha publicado poemas y ensayos en distintos periódicos y revistas del Perú y ha sido expositora en eventos literarios realizados en Uruguay, Chile, Puerto Rico y en distintas universidades peruanas.

Ha Editado los siguientes libros de poesía: "Wilayar" (Cusco, 1971); "Los grillos tomaron tu cimbre" (Cusco, 1972); "Lugares que tus ojos ignoran" (Estados Unidos, 1985); "El legendario lobo" (Lima, 1997); "La danza de las balsas" (Lima, 1998); "Dulce naranja dulce luna" (Lima, 2001); Desde la montaña grito tu nombre (Lima, 2013)

Actualmente es profesora en la Escuela Superior de Arte Carlos Baca Flor, de Arequipa. Visitó Chile en el marco del X Encuentro Internacional de Escritores realizado en Chañaral y en la Universidad de Atacama, Copiapó, en el mes de noviembre del presente año.
 
 
Fotos de su presentación en Lima, en la que participa la poeta boricua Mayda Colón.
(Fotografías por Zayra Taranto)
 



 

martes, agosto 13, 2013

Fukushima entre dos (2011) por Yolanda Arroyo Pizarro

Este cuento que acaba de ser incluido en el libro 'Carimbos de cáncer', fue escrito en el 2011. Toca el tema de una tragedia terrible en Japón. Cuando lo escribí aún era incierta la magnitud de la hecatombe. Hoy, ante noticias de la emisión de más de 300 mil toneladas de agua radiactiva al mar, me da miedo nuestro futuro. Y me da vergüenza lo que hemos hecho como humanos.





Fukushima entre dos

por Yolanda Arroyo Pizarro

         


No siempre me interesaron los atardeceres.  Ni los conteos o las enumeraciones.

          Previo a mi turno, hay una hilera interminable de personas esperando.  No quise hacer esta fila antes, pero ahora es diferente.  Me preocupa demasiado el dolor. Hay gente que lo ha intentado bajo su propio riesgo. Con éxito, desde luego.  ¿Cómo no se va a tener éxito?  Sin embargo, el procedimiento no es supervisado y es más doloroso. Se pasa peor.

          El agua de los grifos ya no es apta para que la beban los bebés. La cantidad de yodo radiactivo en algunas zonas es el doble del nivel considerado idóneo para consumo humano. Hasta se nos ha pedido que no comamos vegetales.  Todo el día nos exponemos a advertencias de las autoridades.  Queda poco de la radio, la televisión o el internet.  Se ha corroído incluso la fibra óptica, lo que parecía imposible. 

          Nuestro modelo, o el modelo promovido por el gobierno, el reglamentado, es más compasivo gracias a los consabidos beneficios que La Ley Orgánica Mundial de Octubre de 2011, creada a esos efectos, permite.  En otros países se ha ido legalizando desde una semana después a la explosión nuclear de Fukushima Daiichi. Pero en este terruño ha tomado más tiempo, más burocracia; aquí todo es más complicado.  Estoy consciente que otros gobiernos son mucho más eficientes, hasta en esto. 

          La tarde en que voy a anotarme para recoger la receta de las sustancias llego retrasado y fatigado.  Me he despedido de Lorca, mi gato calvo, y de Saramago, el love bird desplumado.  Al pajarito le he dejado abierta la jaula, esperanzado que Lorca, no se lo coma.  Creo que no lo hará, no tiene las fuerzas. Deseo que vuele y muera lejos, tranquilo, sosegado.  Luego, pienso que quizás él tampoco lo logre.

          La manejadora de casos me explica que antes de la terminación debo llenar un formulario de fe.  No tengo ninguna, le aclaro a la mujer frente a mí, pero inmediatamente ella quiere saber si siempre ha sido de ese modo, si alguna vez he militado en religión alguna, si de casualidad he sido misionero.  Le explico que fui sodomizado por un sacerdote católico a mis ocho años.  Añado que en consecuencia, di inicio a una campaña de sodomía a otros menores.  Entonces, la mujer del cuestionario, menudita, con un ojo brotado, úlceras en la piel y vendas, me mira estupefacta.  Traga con dificultad y baja la cabeza.  ¿Prefiere que continúe o lo dejamos en que soy ateo?, le pregunto. 

          Ella marca un encasillado y cierra el expediente.  Su terminación está pautada para el 29, me anuncia.  Yo asiento.  Recojo mi paquete de sustancias recetadas y antes de irme, ella me hace jurar que no las ingeriré hasta que no se me dé permiso durante mi visita del 29.  Y añade: Ésta es la dosis para un solo individuo. Si la toma sin la supervisión adecuada, si altera la dosis o si brinca algún paso, va a ser muy doloroso.

          Miro el paquete. 

          Me marcho.

          En la casa no solo me espera Lorca (Saramago ha desaparecido);  también hay una mujer.  Pecosa.  Alta. El brazo derecho con quemaduras.  Busca en el refrigerador algo de tomar.  Lo sé porque cuando me siente entrar, estira el otro brazo, el bueno, y agarrando una botella de jugo de limón, se la lleva a la boca.

          Está agrio, dice. 

          ¿Qué hace usted aquí?, pregunto.

          Estaba la puerta abierta.  Soy Melba.

          Exclamo vehemente: Dejo la puerta abierta porque a estas alturas, ya ni siquiera hay criminalidad.  Creo que los que quedamos, guardamos cierto respeto tácito ¿No estás enterada, M-E-L-B-A?

          Cálmate hombre, dice, y me guiña el ojo. La pecosa se sienta a la mesa de mi comedor.  Yo abro la nevera.  Tomo una botella de jugo de mangó y la acompaño a beber.  Me siento junto a ella. Le digo que tengo vino y cervezas, pero no quiere. 

          ¿Desde cuándo entras a las casas?

          Desde que me cansé del gobierno.  De la gente. Recuerdo la época de Kevorkian, cuando aun todo el tema era tabú y la población mundial se llenaba la boca condenando al pobre.

          Se termina el jugo, y de pronto sus pecas me recuerdan a los isotopos de yodo que hay que evitar.

          ¿Y cómo empezaste?, pregunto.

          Alejándome de la ola radiactiva lo más que podía, pero resulta que después del tercer terremoto y los tsunamis, la bendita ola está en todas partes, así que no escapo de nada.  Solo sigo.  Camino y ya. Antes tenía un novio, así empecé.  Entrábamos a cualquier casa, a cualquier auto.  Nadie protestaba.  Y tú… aun no me has dicho tu nombre.

          Me mira fijamente.  Repasa mis facciones, mi nariz carcomida, mi cabello sin brillo, la boca con laceraciones.  Soy Pablo, digo.

          Melba añade: Hace mucho que no me acuesto con nadie.

          Asiento. Enumero a mis mascotas caídas.  Tres gatos, un perro, dos cacatúas.  Quizás deba empezar a incluir a Saramago en el recuento de ahora en adelante. No lo sé.  Estoy confundido. Recuerdo cuando Lorca tenía más compañía que yo y mis obsesiones de no querer enumerar.  Asiento. 

          Hace mucho que yo tampoco, susurro.

 

e

 

          Los atardeceres ahora tienen otro color que oscila entre el violeta y el gris. Extraño el juego de las formas de las nubes.  Según he leído, este crepúsculo contiene el nivel más alto registrado desde que recordamos: 800 milisieverts por hora. Una tomografía computarizada de mi abdomen y pelvis que yace sobre la mesita de la terraza lee: 15 milisieverts.  Una radiografía de mi columna realizada hace nueve semanas, 11 mSv de radiación. 

          Melba efectúa muecas y se burla de mi preocupación, de los números, de los milisieverts, del yodo, del cesio y del estronio. Si alguna vez consigo un hámster, le voy a poner por nombre Estronio, me dice y mueve los hombros para parecer coqueta.

          Sonrío porque a mí ella me parece hermosa.

          He contado veinte atardeceres desde que Melba llegara a la casa.  En más de una ocasión quise saber si ella estaba anotada o matriculada en el programa, si tenía un manejador de caso. Saber si esperará hasta el final o si se irá antes, consume la mayor parte de mi día a día.

          Esto es peor que Chernobyl, dice y noto una nueva ampolla en su nuca.  Claro que es peor, añade y acto seguido se acerca a mi cuello para succionarlo.  Le abrazo y de pronto quiero saber si ella también es atea. Trato de pronunciar la frase.  Nada sale de mi boca.

          No lo era antes, murmura. 

          ¿Qué no eras antes?, pregunto.

          Atea, dice. 

          ¿Cómo sabes que...? 

          Lo acabas de preguntar, cielo.

          Parpadeo. Estoy casi seguro que no he preguntado nada. Calladamente observamos el círculo del sol esconderse en la distancia.  Nada de nubes, y me da nostalgia porque quisiera contarlas.  Nada de arco iris.  Nada de estrellas incipientes. Entonces le recuerdo: Debemos enterrar hoy a Lorca.  Melba tose y enseguida me baja los pantalones.  O mañana, sentencia.

e

Los expertos dudan en predecir qué rumbo sigue la ola.  Los elementos irradiantes siguen rutas complejas. Los efectos inmediatos de una exposición moderada pueden incluir náuseas y vómitos,  seguidos de diarrea, dolor de cabeza y fiebre.

          Quiero ver el mar, Pablo.

          No sé cómo negarle nada a estas alturas, pero intento explicarle.

          Ya no quedan peces o cangrejos.  No hay nada que ver allí, Melba.  Además, estar cerca del mar puede causar dolorosas lesiones en la tiroides.  Dicen… hay gente que asegura, que puede ser muy incómodo.

          Quiero ver el mar, Pablo.

          Me quedo mirando las pocas hierbas del jardín.  Las plantas que tienen las hojas más grandes recogen más radiación, o al menos eso ha dicho el noticiario. He contado ocho atardeceres más. Empiezo a empacar ropa, la mía y la de ella, que se ha vuelto la misma.  Llegó vestida de falda la primera vez que la pillé con la mano dentro de mi refrigerador.  A partir de entonces, usa mis pantalones y camisetas. 

          Pienso en mañana.  Yo también quiero ver el mar, Pablo, me digo. Intento convencerme. Incluyo en la maleta el paquete de sustancias recetadas. Ya no iré a mi cita. Hago cálculos en la mente.  Divido entre dos.


Por las redes sociales corre este meme, tan pertinente:

domingo, agosto 11, 2013

Nido de águila (2004) por Yolanda Arroyo Pizarro


El cuento 'Nido de águila' fue inspirado en esta fotografía del telescopio Hubble. La fotografía fue tomada en 1995 y titulada 'Los pilares de la creación'. El cuento fue publicado en el 2004.



Nido De Águila
por Yolanda Arroyo Pizarro
Libro: Origami de letras, 2004
 
 

En la consulta del médico, la secretaria me pidió la tarjeta de salud. Yo la miré comprensiva, porque ella desconocía que en el mismo y preciso momento en que dialogábamos, se llevaba a cabo un proceso singular en la nebulosa del Águila, una nube de gas y polvo situada al otro extremo de nuestra propia galaxia, desde donde se están gestando estrellas.

—Desde la Tierra, la nebulosa del Águila parece un ave con las alas desplegadas y las garras extendidas. —le dije, y le mostré el artículo de la revista. Luego coloqué los brazos como si fuera el plumaje. Ella levantó su mirada, se acercó a mí y metió las manos en mi bolso.

—No te preocupes, Melinda. Estás un poco desorientada hoy.

Desorientada no. Inmersa en sucesos más contundentes. Pero la secretaria nunca lo entendería, aún si yo me tomara el tiempo y la dedicación para explicárselo. Como de costumbre, buscó ella misma mi tarjeta, llenó las formas, me explicó en cien ocasiones dónde debía yo firmar y me acomodó el cabello.

Llevaba una semana entera en la lectura de aquel artículo. Aprovechaba cada oportunidad de pausa en mi día para echarle una ojeada; en el autobús, en la sala de espera de la beneficencia, sobre el banquillo de la plaza de las palomas, frente al comedor del geriátrico. Entre aquellas páginas que narraban glorificadas tal evento, se me fueron las horas más importantes de mi vida. La lectura que exponían el génesis del cosmos, daban compulsoria importancia a mi haber matutino, que en ocasiones se extendía hasta lo vespertino y de ahí hasta la nocturnidad. Intentaba que estos datos de precisión universal tal vez me revelaran el proceso de formación de los astros y de la vida misma.

Anotó mis antecedentes en su fichero y me dijo que me sentara, que el doctor llamaría mi nombre en cualquier momento. Yo me senté, me saqué la revista de debajo del brazo otra vez, y me percaté que la misma olía mal, a sudores. La secretaria me recordó que si deseaba hacer alguna necesidad, tendría yo que ir al baño que se hallaba al final del pasillo. No debería repetir la vergonzosa escena de la semana anterior.

Traté entonces de hacer conversación con la señora a mi lado.

—¿Me presta un poco de perfume?

Ella sonrió, muy amable. Aún sin mirarme buscó en su bolso y me extendió un frasco. Yo eché del líquido con olor a jazmines sobre las páginas del artículo y acto seguido me lo llevé a la nariz. El olor era insuperable. Justo donde mencionaba que comparada con el Sol, la más reluciente de estas nuevas estrellas del Águila podía ser cien mil veces más brillante y más de ocho veces más caliente, era donde mejor fragancia ostentaba. Tapé el frasco y se lo devolví a la dueña. Ella lo recibió de vuelta, con muy buena cara, y cuando se volteó a contestar mis “muchas gracias” con un “de nada” abrumador, se quedó mirándome sorprendida.

—¡Eres tú! —exclamó contentísima. —Luego de todos estos años, al fin vuelvo a encontrar a mi gran amiga de la niñez.

Nos abrazamos. La alegría desbordaba por todos nuestros poros. Entre risas y caricias al rostro nos contamos de todo, intentando burlar al tiempo. Quisimos evitar los huecos erosionados por décadas de memorias ausentes.

Su novio del colegio la había abandonado embarazada. Con ayuda de sus padres había logrado graduarse de universidad. El hijo que tuvo, siempre le ha sacado en cara el tiempo que no estuvo junto a él por los estudios. La extraña como madre; a veces le dice que no ha sido la mejor. Se casó con un abogado que luego fue nombrado juez y tuvo otros dos hijos. Nunca pudo tener la niña que siempre quiso. Sus tres varones casi siempre la descartan tomando el bando de alguna nuera insurrecta. El marido tuvo mil amantes, pero nunca se divorció. Desde hace ocho años ha estado él en cama, conectado a maquinas. Se ha enamorado del vecino, quince años más joven que ella, pero nunca se lo dirá. Le duele el corazón. Desde la noche anterior se le ha entumecido el brazo izquierdo.

—Puede ser un fallo cardiaco. Por eso estoy hoy aquí.— me dijo. Pero la animé a que no pensara en ello puesto que se veía fuerte y de buen semblante y hasta en ocasiones se ponía de pie. Cuando me tocó el turno de contar todo lo mío, comencé:

—La zona de las garras del Águila, forman columnas semejantes a trompas de elefante. No se si lo sabes, pero me encanta el mosaico de fotografías del Hubble que revela la existencia de decenas de pequeños canales que sobresalen. Al final de estos canales el gas se vuelve más denso, forman unos glóbulos pequeñitos y esféricos en los que se gestan las estrellas y, según algunos astrónomos, quizá incluso planetas. Fíjate en las fotografías, — y le mostré. — el gas evaporado aparece desprendiéndose de las columnas de polvo.

Ella me miro con fijeza. Luego sonrió, y yo añadí:

—El parecido de las nubes de polvo de la nebulosa del Águila con los nubarrones que se ven en nuestro cielo en los días tormentosos es espectacular, amiga. En realidad, cada columna de nube es tan larga que un haz de luz tarda casi un año en recorrerla de un extremo a otro.

Yo había tenido una violación y un aborto, pero para qué hablar de ello. Ya no me sobrevivía ningún ser querido y mi existencia no tenía razón de ser, pero no era necesario mencionarlo. Mi amiga derramó una lágrima y yo la abracé. Pasaron las horas y continuamos con el diálogo. Después de ver al médico ella tuvo que marcharse y no la volví a ver. Ni al día siguiente, ni al siguiente.

Percibo a veces que mi vida se esfuma como un anillo nebular. Nunca me atreví a decirle que se había equivocado conmigo, que yo no era su amiga de la infancia. ¡Parecía necesitar tanto de aquella charla!

sábado, agosto 10, 2013

PRONTO: Palenque: antología puertorriqueña de temática negrista, antirracista, africanista, afrodescendiente (narrativa y poesía)


Palenque

Antología puertorriqueña
de tema negrista, antirracista, africanista, afrodescendiente

 narrativa y poesía

   

 


¡Al fin! una generación de autores que ha descubierto una urgente necesidad. La urgencia, que es propiedad insobornable de la nueva literatura, se convierte en causa. Y la nueva literatura, la que anda reclamando respeto por este mundo en armas, necesita una causa. Ya el podrido y rancio posmodernismo agotó su ilegitimidad y su descompromiso palabrero. Ahora vale la urgencia. Esta generación descubrió, para gloria de nuestra literatura, que lo negro es una causa. De muchas cosas, sí… pero causa al fin; razón de expresión, razón de lucha, razón de amor. Aparte de los trabajos individuales que cada autor desarrolla en virtud de ella, esta antología resume esa intención. La muy clara de unir en un tomo, esa voz y esa causa. No en balde han sido los estudios históricos y literarios que una generación de investigadores y creadores han desarrollado sobre el negro y la negra en nuestra cultura. Estos son sus primeros frutos. Más allá del impenitente “calabó y bambú”,  estas nuevas voces han parido un nuevo sentir de la identidad puertorriqueña. Una “ominirá” (libertad en yoruba)  que los guía y los ilumina. Sin cuidado me tienen aquellos que en su vanidad intelectual la cuestionan. Aquí hay identidad, aquí hay Nación y vocación de justicia. Doy jubiloso la bienvenida a esta generación ya adulta y madura. “Egún gun”…  ¡Alabanza! a esta Antología, que a parte de los trabajos individuales de sus autores, los representa de manera excelsa, imperiosa y urgente, en su conjunto. Ofrezco un “ebbó”, de sangre y amor a sus verbos, y me felicito de haberlos encontrado en este cuarto oscuro y circular que es esta tierra de oportunidades perdidas que llamamos Patria.

 
 ¡Asé!
Roberto Ramos-Perea
Dramaturgo puertorriqueño
 

 

 

Autores

Ana Irma Rivera Lassén
Anuchka Ramos Ruíz
Christian Manuel Marrero Pérez
Cynthia Montalvo
David Caleb Acevedo
Dinorah Marzán
Emilio Del Carril
Glorian Sacha Antonetty
H. Roberto Llanos
Jesús Santiago Rosado
Johanny Vázquez Paz
José E. Muratti
María Reinat Pumarejo
Marlyn Cruz Centeno
Mayra Santos-Febres
Miranda Merced
Nery Santos Gómez
Paxie Córdova Escalera
Rubis M. Camacho
Yolanda Arroyo Pizarro
Zulma I. Oliveras
 

 
Disponible a partir del 30 de agosto de 2013
Librería Mágica, Librería La Tertulia, Amazon
 

sábado, agosto 03, 2013

El Rómulo Gallegos para Eduardo Lalo

Eduardo Lalo, escritor puertorriqueño, recibe el Premio Rómulo Gallegos por su novela Simone.

Discurso pronunciado por Eduardo Lalo el pasado viernes 2 de agosto al recibir el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, en Caracas, Venezuela.


La mayor parte de los habitantes del mundo poseen orígenes definidos, estables, prácticamente incuestionables: un lugar, un pueblo, una nación, un documento estatal, que establecen claramente sus coordenadas personales. Sin embargo, existen también otros habitantes del planeta cuyos orígenes son preguntas, equivocaciones o condenas. Recuerdo mis tiempos de estudiante en Europa, cuando invariablemente me detenía la gendarmería francesa en sus puestos de frontera. Recuerdo como el ceño del oficial se fruncía al examinar mi pasaporte, como comparaba la foto con mi cara, como volvía sobre el documento, como me dejaba esperando ante el mostrador y regresaba con un superior que, luego de examinar nuevamente las páginas de mi documento de “identidad”, me preguntaba con una mezcla de desprecio y celo policiaco: “Qui etez-vous?”, “¿Quién es usted?”

En ese documento que permite acceder al resto del mundo, se consignaba sin explicación un puñado de datos desorientadores que en mi caso confundían orígenes con legalidades. En el pasaporte no estaban mis lealtades o, lo que es lo mismo, la explicación de mí mismo dada desde la consciencia de los afectos. En ese pasaporte concedido a Eduardo Alfredo Rodríguez Rodríguez se le informaba a los aduaneros del mundo que el que tenían ante sí era un ciudadano estadounidense nacido en Cuba y (en esa época, hace unos 30 años, y he aquí otra instancia por la que ha aumentado nuestra invisibilidad) que este documento había sido emitido por el Departamento de Estado del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. En lugar del pretendido efecto clarificador del pasaporte, entregaba un documento opaco y turbio. Desde entonces, he debido sintetizar en las fronteras en las que he sido detenido una formulación factual que resulta para muchos casi incomprensible: “No soy estadounidense, no soy cubano, soy puertorriqueño”. La explicación larga de esto, la abarcadora pero siempre incompleta, se halla de maneras no del todo evidentes, en mis libros.

A veces alguien tiene la fortuna, y ésta aumenta en aquellos cuya historia familiar está asociada al exilio, la lejanía y la pérdida, de hallar un lugar en el mundo. Recibí este don cuando apenas tuve consciencia de mí mismo, montado en una bicicleta en cuyo manubrio iba trabado perennemente un guante de béisbol. En cualquier calle se armaban partidos con jugadores que ahora bateaban y corrían las bases, pero que solo un rato después se reagruparían en nuevos equipos, luchando bajo los aros de una cancha de baloncesto. Allí, entre esos muchachos, supe ya lo que ningún pasaporte ni ningún oportunismo podía confundir ni negar: era como cualquiera de mis amigos, era un puertorriqueño más. Conocí así lo que muchas décadas después descubriría en una frase de Derek Walcott: “…que el propósito de la poesía es quedar enamorado del mundo a pesar de la Historia.”

Durante décadas mis pasos me han llevado por las calles de San Juan hasta la gran explanada que queda ante el Castillo del Morro, la fortaleza principal del sistema de defensas que construyó la corona española. Por siglos nuestra ciudad fue la boca de América. Allí comenzaba su cuerpo de casi incontables miembros y comenzaban también, luego del azaroso cruce de los mares, las palabras que se compartían desde ese litoral hasta la Patagonia. He ido allí incansablemente desde que supe que mi vida estaría asociada a la escritura, desde que en una noche lejana de París Eduardo Rodríguez se convirtió en Eduardo Lalo. Me paro en lo alto de las murallas y observo el mar, la lejana línea del horizonte que tantas veces he fotografiado. Para los isleños, el océano puede ser un desierto. Todo o casi todo llega por él, pero a la vez ese espacio es infranqueable. Uno queda allí, sobre la muralla, en el límite de lo habitable, observando el punto más distante. Pero allí también, el escritor que llegué a ser, descubrió el poder devastador de la indiferencia y el silencio. Por esto, probablemente, regreso a esa muralla a contemplar un silencio y un espacio sin límites, a los que aparentemente no hay nada que oponerles. Ante ese vacío entendí que tenía que aprender a sobrevivir a ese océano, que era la imagen de la distancia, el abandono y el aislamiento, y que esta lejanía del mundo había llevado a su fin a tantos artistas y escritores del Caribe. Allí, sobre la muralla, me percaté por qué las palabras morían tantas veces en nuestras bocas y en nuestras páginas; conocí cómo la historia era una máquina de invisibilizaciones; supe cómo en Puerto Rico la respiración estaría siempre en lucha contra la asfixia. Al igual que en las más altas montañas del planeta, el mar que nos separaba y desdibujaba era una 'zona de la muerte'.

Un día, ya no recuerdo cuándo, supe desde lo alto de esa muralla, con la vista clavada en el horizonte, que era desde ese lugar que debía pensar y escribir. En realidad mis pies pisaban un espacio incomparable. No era un ámbito menor ni prescindible, como tantas veces las toxicidades de nuestras dos conquistas -la española y la estadounidense- nos habían llevado a pensar. Era un lugar privilegiado para reescribir el mundo, un espacio de visión, un lugar al que solo se podía arribar después de recorrer muchos caminos. Era, es cierto, un sitio roto, sucio, a veces nimio, pero en él se encontraba todo lo humano. Allí estaban también todas las palabras. Si hubo una epifanía ante ese mar, fue que nuestra pobreza me daba una libertad enorme. Sobre esa muralla supe que muchos otros, de los más diversos países y épocas, habían observado también ese horizonte, pero que en su caso podía haber sido un desierto o una cordillera, la pampa o la favela, la injusticia, la locura o la sexualidad, y se habían dado cuenta como yo que en lo sucesivo su deber era permanecer allí hasta que la lucidez redefiniera el dolor.

En algún lugar dije que escribo para reivindicar nuestro derecho a la tragedia. Sobre esa muralla del Castillo del Morro, en San Juan, supe que mi palabra, como la de mi pueblo, como la de tantos hombres y mujeres y pueblos del mundo, se construiría cuestionando, luchando, rompiendo los pasaportes que nos había reservado y a veces impuesto la historia. Así supe que con solo ser puertorriqueño podía ser griego; que la tragedia que nos había formado no era menor a ninguna. Así ese mar dejó de ser un desierto y fue a la vez el de Odiseo y el de los arahuacos que desde la costa de Venezuela circularon en dos direcciones, hacia el norte y hacia el sur, poblando el Caribe y Sudamérica hasta Brasil y Paraguay. De alguna manera, las palabras y sus sombras nos habían permitido sobrevivir y nos hacían posible el viaje a cualquier tiempo y a cualquier lugar, a pesar de las tempestades y los naufragios de nuestra historia.

Y así he llegado aquí, ante ustedes. Vengo de Puerto Rico, frontera extrema de América latina, el único país latinoamericano conquistado dos veces. El país al que la administración colonial española le negó la imprenta hasta comienzos del siglo XIX, al que no le permitió crear una universidad por más de cuatro siglos, al que entregó como botín de guerra, como si fuera una hacienda o un cargamento de azúcar, a su nuevo dominador. Soy de ese lugar que acaso vivió la globalización antes que cualquier otra sociedad, aún antes de que existiera el término y el conocimiento, tanto de sus consecuencias como también de las formas de oponerla. Soy de un país que resistió solo, por la fuerza de su propia cultura, a las imposiciones imperiales del país que domina y seduce desde el comienzo del siglo XX. Soy de la sociedad que tiene al preso político que lleva más años en una cárcel en toda la historia de las Américas, acusado de haber conspirado sediciosamente contra un país al que no pertenece. Oscar López Rivera lleva 32 años en prisión. Su libertad está al alcance de una sola mano de un solo hombre. Se consigue con una firma humanitaria. Con una firma que será digna para todas las partes. Pertenezco a una larga lista de escritores marginados, cuando no ninguneados, por el peso de un gentilicio que difícilmente se asocia a la grandeza y la victoria. Brillantes artistas cuya luz fue consumida por el aislamiento y la debilidad de las instituciones culturales puertorriqueñas, víctimas de nuestra incapacidad de auto representación y, a veces también, de auto respeto. Digo aquí, como un murmullo, como un sonido llegado más allá de los mares, como reivindicación y acto de justicia, tres nombres que representan a una legión. Que estos muertos homenajeen a tantos vivos: Manuel Ramos Otero, José María Lima, Víctor Fragoso. Vengo y regresaré a una sociedad perpetuamente amenazada de muerte por sus fantasmas, por sus terrores, por sus cobardías. Pero estoy aquí con todos mis muertos y todos mis compatriotas.

En un momento único como este, recuerdo y reivindico las voluntades de la palabra, las posibilidades enormes de la literatura. El escritor marca la superficie del mundo con el paso de su sombra. El texto, contrario a las apariencias, es una forma efímera. En la “Canción de Xaxubutawaxugi”, uno de los últimos Aché Guayaki del Paraguay, dice su autor ante una noche en la selva equivalente a observar el horizonte desde una muralla de San Juan. Los versos son de una casi insoportable belleza:

     “Yo mismo
      solo y sin nadie en el mundo
      tengo ya el hermoso hoy.”

Los hombres y las mujeres que ejercen cierta práctica de la escritura pueden comprender el abismo salvador presente en estas palabras. Luego de escucharlas, la noche no será ya la misma por haber conquistado la plenitud de su momento: el “hermoso hoy”. Ningún pasaporte, ninguna ley imperial, ninguna de las incapacidades históricas de nuestra nación, puede destruir o silenciar completamente lo que generaciones de hombres y mujeres han descubierto frente al océano que los separa y los reúne, en las palabras que han reunido cercados por el mar y por la historia.

En la pobreza que me compone tengo ya al “hermoso hoy”. Agradezco profundamente que sea aquí en Venezuela, donde quizá por primera vez en mi vida, haya sacado del bolsillo mi verdadero pasaporte, aquel en que ninguna de sus palabras me niega o me condena. Por fin, luego de leer mis datos opacos y turbios ninguna autoridad me detiene. Así, como los antiguos nautas del Caribe, viajo hacia el norte y hacia el sur, del Mar de las Antillas a la costa venezolana y más allá. Voy y a la vez regreso y ya no sé exactamente lo que significan los puntos cardinales, las islas o los continentes, porque esta noche mi pasaporte ya no es una equivocación o una decisión tomada por un extraño, una agenda inconclusa, una incapacidad histórica o un cúmulo de renuncias, sino una forma en que generaciones de puertorriqueños se han enfrentado a las violencias de su historia, al vacío del océano, a su dolor, a su lucha, al fracaso y han formulado así palabras que se unen a las voces de todos aquellos que se han enfrentado en cualquier tiempo y lugar con los límites de sus cuerpos y sus sociedades.

Pronto volveré a San Juan. Iré a la muralla y encontraré de nuevo el océano. Haré como Xaxubutawaxugi en la noche de la selva. Recordaré la valentía y la dignidad de la palabra. Entonces volveré a sentir más allá del océano, más allá de la historia, el “hermoso hoy”.


 

Acerca de mí

Mi foto
"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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