domingo, noviembre 30, 2014

Catherine Marsh Kennerley: Concebir y narrar.

La Dra. Catherine Marsh Kennerley dicta una clase en la Universidad de Puerto Rico sobre Maternidad y escritura. Sus apasionados acercamientos al tema de la maternidad en literatura son dignos de una atención minuciosa. Boreales la ha entrevistado para que nuestros lectores disfruten de sus reflexiones.

Cathy y su hijo Santiago. (suministrada)


¿Cómo se concibió la idea de una clase de Maternidad y escritura?

El verbo es clave: “concibió”.  Si voy a hablar de orígenes, pues comenzó con el embarazo de mi hijo Santiago… También se originó con mi deseo de entender a mi propia madre... Puedo señalar también que  la visita de Irene Vilar,  la nieta de Lolita Lebrón (considerada por el nacionalismo puertorriqueño como la Madre de la Patria) al Recinto de Río Piedras en febrero del 2012 para hablar de su memoria escrita en inglés, Impossible Motherhood: Testimony of an Abortion Addict. Este libro, que considero subversivo, fue detonante para que comenzara a pensar en otro acercamiento a nuestra literatura. ¿Qué significaría para la literatura puertorriqueña leer desde la madre?   ¿Qué interpretaciones nuevas podían surgir? 
Juan Gelpí en su libro Literatura y paternalismo nos convoca a que estudiemos la literatura puertorriqueña de otro modo que no sea a través de la idea de generación, en la que se erige un padre figurado y se va eliminando o censurado todo lo que queda fuera, es decir, lo que amenaza con la dispersión/el orden .  Así relee Gelpí a Pedreira, René Marqués, Ana Lydia Vega y a Magali García Ramis, por ejemplo. Sin embargo, es a través de Manuel Ramos Otero que se rescata un enlace primordial: el de la madre. Gelpí nos ofrece un punto de partida al recuperar la brevísima oración: “La familia es mamá” del cuento “La casa clausurada”.

La casa no es aquí el espacio fundado por el padre, sino el lugar asociado con la figura materna.  Pero hay más: “la familia es mamá” sugiere una alianza con la madre y, por lo tanto, un deseo de establecer otros vínculos familiares que no estén basados en la genealogía y la autoridad de la figura paterna.  (Gelpí, 144-149).

Empecé a ver esta propuesta como una necesidad  (no solo para las letras, sino para nuestro cine) y me he dedicado en los últimos años a releer los llamados clásicos, a mirar, a pensar y a escudriñar la literatura puertorriqueña contemporánea desde la madre. 

¿Qué exponentes (artistas) incluyes en ella?
 Las fotógrafas Catherine Opie y Rennee Cox establecen un punto de partida bien importante.   Específicamente las siguientes fotos:


Catherine Opie. Self-Portrait/Nursing, 2004.   Renée Cox’s Yo’ Mama portraits



Adrienne Rich, Silvia Tubert, Chimamanda Ngozi Adichie, Beatriz Preciado, Mayra Santos Febres, René Marqués, Luis Rafael Sánchez, Magali García Ramis, Ana Lydia Vega, Rosario Ferré, Ramos Otero y de factura reciente: Carmelo Santana Mujica, Alexandra Pagán, Amárilys Pagán, Yolanda Arroyo, Irene Vilar … el cine de Carla Cavina, Gisela Rosario y Carmen Oquendo Vilar, entre otras…

  

¿Cómo te reaccionan los estudiantes? 
(Tres alumnas te envían estos comentarios acerca de las Negras.  ¡Fue una excelente discusión!)

I. JLee Velilla Serrano:

Siempre se ha sostenido que los negros no tienen razón porque no tienen idioma, la marca inequívoca de la civilización. Se fusionan sus lenguas en una, ridiculizada y mistificada, que los deja sin voz, sin agencia. Se presentan como salvajes a los que se les debe temer y a quienes el hombre blanco debe esclavizar para domar y, subsiguientemente, salvar de su situación; de ser víctimas incapaces. En Las negras de Yolanda Arroyo Pizarro, la autora deja claro que son víctimas pero les devuelve una identidad aparte de esa, les devuelve sus culturas y al vincularlo a la situación de la mujer como ser incoherente y Otro que queda fuera de la lengua, los desmitifica a ambos.


En “Matronas”, Ndizi ha adquirido el dominio sobre los idiomas y al hacerlo, aunque es doblemente oprimida, tanto por la esclavitud como por su encarcelamiento, la autora le ha devuelto su alcance sobre la razón y un poder que le permite tener la agencia para luchar ella misma por la libertad y que la coloca muy lejos de la víctima que solo puede ser rescatada por el hombre blanco. Yolanda Arroyo logra llenar un vacío en nuestra historia y explorar la esclavitud de las mujeres negras con profundidad sin sacrificar la complejidad de las identidades y las decisiones de las mismas.


II. Roxana Beauchamp:

Quiero darle las gracias por escribir este libro y añadir que hacen falta muchos como él. La incomodidad que se apoderó de mi al leer 'Las Negras' y que en compinche con la luna llena casi no me deja dormir fue un recordatorio del daño que produce el silencio. Porque a Las Negras no solamente les robaron sus historias, sino que las silenciaron e hicieron todo lo posible para que no quedara rastro, es necesario recuperarlas para que todo ese sufrimiento enterrado   salga a la luz y podamos encaminarnos a un futuro más justo. Porque mientras sigamos dejando historias enterradas, seguiremos siendo cómplices de la injusticia. Gracias por ayudarnos a dejar de ver la historia desde un solo lente.

  

III. Karina Ivette González Plata

A Yolanda Arroyo Pizarro:

Quien sabe acerca del silencio, de la complejidad de los recuerdos (el recordarlos) y del dolor, también conoce lo que es contemplar una libertad ajena: se sufre. Nosotras, las negras, nacemos encima del coraje, mas aprendemos a fusilar a los animales. ¿Quiénes son? El hombre, la esclavitud…el miedo. Gracias por hacer un puente entre la no palabra y la valentía.


¿Cuáles han sido alguna de las respuestas más llamativas sobre la clase?
Como es una clase pequeña y solo la he ofrecido un semestre, no me siento cómoda contestando esta pregunta. Te puedo comentar en general que algunas estudiantes han escrito unos textos fuertes y hermosos en los que se desmonta la noción de la maternidad tradicional,  una reflexión profunda acerca de la raza y la maternidad,   un cuento infantil muy creativo, y reescrituras de textos que hemos estudiado, sobresale uno de una estudiante que tomó como punto de partida el performance Desmadres que su autor, mi colega Carmelo Santana Mojica presentó para la clase y el público general.


¿Hace cuánto ofreces esta clase?
Es un curso nuevo que estoy ofreciendo a partir de la generosa invitación de la Dra. Zaira Rivera Casellas, Coordinadora del Programa en Estudios Interdisciplinarios de la Facultad de Humanidades.


¿Por qué incluir un texto cómo Las negras?
Me parece significativo que en los últimos años se ha visto una constelación de narrativas contrahegemónicas en la literatura puertorriqueña a partir de lo materno… Este cuestionamiento es un gesto radical. Puede pensarse en la memoria de Irene Vilar que mencioné anteriormente; en el libro de cuentos Crímenes domésticos de Vanessa Vilches; la inseminación artificial y las madres lesbianas de tu novela Caparazones, (2010); y la colección de columnas periodísticas de crítica y denuncia recogida en Brujas y rebeldes de la activista y directora del Proyecto Matria, Amárilys Pagán Jiménez  (2012).  El recién publicado poemario Cuando era niña de Alexandra Pagán se inserta también en esta discusión.

Creo que tu libro las Negras (2011) trae unos cruces urgentes y valiosos a la discusión: origen, raza, género e identidad. Discutí “Wanwe”, la africana esclavizada que recuerda el silbido de su madre en el barco hacia el Nuevo Mundo y “Matronas” la cimarrona partera, experta en diversas lenguas, que busca la manera de que los niños no sobrevivan para que no sean esclavizados.   Wanwe recurre, recuerda el silbido de su madre, que leo como África, y eso la llena de coraje para gritar, y “Matronas”, la mujer negra toma control de la vida misma. 

Trabaje estos textos en diálogo esos dos magníficos ensayos de Mayra Santos: “Raza en la cultura puertorriqueña”,  que precisamente comienza desmontando un discurso de origen con la cita de Pedreira “de nuestra fusión de razas surge nuestra confusión” y la mirada al cuerpo de la mujer de la mujer negra en “El color de la seducción”.  Recientemente una brillante amiga me recomendó un libro que acabo de comenzar a leer titulado Reproducing Race: An Etnography of Pregnancy as a Site of Racialization de Khiara Bridges que reflexiona acerca de la concepción del cuerpo gestante de la mujer negra y que puede aportar mucho a estas reflexiones.




Catherine Marsh Kennerley es profesora del Departamento de Español de la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.  Se doctoró en Lengua y Literatura Latinoamericana en la Universidad de California-Berkeley en el 2001. Sus áreas de interés e investigación son: estudios culturales, género, literatura puertorriqueña, y más recientemente,  el bildungsroman latinoamericano y latino-estadounidense. Algunas de sus publicaciones son:

“Cultural Negotiations: Puerto Rican Intellectuals in a State-Sponsored Community Education Project, 1948–1968”, Harvard Educational Review, Volumen 73, otoño 2003.


Publicación reciente:

Negociaciones culturales: los intelectuales y el proyecto pedagógico del estado muñocista, Ediciones Callejón, San Juan, 2009.  

Serie narradoras puertorriqueñas: Vanessa Vilches Norat y la escritura maldosa




Serie narradoras puertorriqueñas: Vanessa Vilches Norat y la escritura maldosa
Cómo escribí mi cuento favorito
Especial para Boreales de Yolanda Arroyo Pizarro

Me encantaría que se dijera de mí que soy una escritora maldosa. Ni mala, ni maldita; maldosa. Confieso que me gusta escribir desde la maldosería, es decir, la maldad en función de la diablura. Nada como jugarle una trastada al lector. El cuento es una travesura del pensamiento, una forma de derrumbe desde la sorpresa.  Me entusiasma pensar que lo que escribo podría afectar mínimamente un modo de mirar, una idea preconcebida, una sensación sentida, una manera de experimentar la vida. De aquí que he tratado temas que hablan de nuestros límites humanos y la transgresión de los mismos: la monstruosidad, la locura, el crimen, el amor familiar. Creo que pongo mucho empeño en eso; lo pretendo, es más, me atrevería a decir que lo persigo con ahínco cada vez que pienso un texto, en cada ocasión que me siento a escribir.

En mi última colección de cuentos Espacios de color cerrado (San Juan:Callejón, 2012) hay un relato que escribí consciente de la maldad de su escritura: Informe de guerra.  En él enfrento al personaje histórico  Margherite Arlina Hamm, periodista norteamericana que viajó a Puerto Rico a finales del siglo XIX  durante el cambio de soberanía como inspectora de abastecimientos y corresponsal de guerra de los Estados Unidos, y a Pedro, un ficticio monstruo campesino de la isla que padece el mal de hypertrichosis lanuginosa congénita. El encuentro entre el nativo hirsuto y la periodista protestante se multiplica en otros dobles: la norteamericana/el puertorriqueño; la higiene/ la suciedad; la blanca/ el mestizo; la normalidad / la monstruosidad; y la razón/la sexualidad. Quise provocar ese choque fulminante de dos mundos tan lejanos a través de la construcción detallada de los ambientes y los paradigmas de los personajes. El exceso de la maldad, siempre es excesiva la maldad, estuvo en acercarlos en el goce, en la animalidad. Debo confesar que me divertí muchísimo escribiéndolo, burlando la "realidad" desde el apretado y fabuloso espacio del cuento.  Les propongo parte del diálogo entre los personajes:

...Arlina no sabía qué hacer. Escuchaba la voz de Pedro como si viniera de un profundo pozo. Era una sagrada melodía que la confundía. No podía conjugar bien la escena. Había exigido estar en el tablado y ahora que lo había conseguido no reconocía su papel.  Se moría por tocarlo, pero no quería ser irrespetuosa.  Se vio forzada a controlar sus manos.  Las cerró en apretado puño y las acomodó cerca de sus muslos.  Sintió la aspereza de su traje de duro algodón. Agradeció que así fuera. La voz volvió a hablarle.
- Quiere tocarme, ¿verdad?
Por supuesto.  No sólo tocarlo, daría la vida completa si pudiera enterrar las fosas nasales en su cuello, en sus axilas.  Comprendió qué hacía allí. No quedaba nada de su severa cara blanca.  Sus grandes y redondos ojos negros parecían derretirse lentamente.  Y el moño que coronaba su cabeza estaba fuera de lugar.
- ¿Puedo?
La rapidez y el nuevo tono de su propia voz la impresionaron; era una total extraña para sí. 
- Sí, pero déjeme el dinero en la mesa. (p. 88-89)

Serie narradoras puertorriqueñas: Janette Becerra en Doce versiones de soledad




Serie narradoras puertorriqueñas: Janette Becerra en Doce versiones de soledad
Cómo escribí mi cuento favorito
Especial para Boreales de Yolanda Arroyo Pizarro

Con “Afición por los terrarios” me pasa lo que seguramente experimentan los científicos cuando se topan accidentalmente con un descubrimiento radical. Creo que el cuento tuvo para mí más de revelación que de hazaña, porque al releerlo me enfrento a una síntesis de la vastedad del universo de la que yo, francamente, no soy capaz. Su protagonista, un ser solitario y obsesivo, lleva años construyendo un terrario porque aspira a ser imagen de su padre. Pero ese teatro natural que entretiene sus días y noches, que ha sido incluso objeto de sus caprichos perversos, termina por convertirse en un pequeño cosmos cuyas implicaciones nunca sospechó. Comencé a escribirlo en homenaje al Frankenstein de Shelley por la forma insuperable en que esa obra retrata el abandono inmisericorde al que queda condenado el engendro. Pero para cuando lo concluí, comprendí que el cuento había querido revelarme mucho más: era yo el Dr. Frankenstein que abandonaba aterrorizado a su engendro, eran míos tanto el descubrimiento inesperado de su protagonista como el horror de la humillación. El terrario es la literatura misma. De alguna extraña forma, los escritores somos esos dioses perversos y solitarios que vengamos nuestro dolor replicando el mundo imperfecto en que otro dios, también dolido, nos condenó a existir. 

He aquí un fragmento del relato: su primer párrafo.

Soy dueño de un terrario muy bonito, que he cultivado con esmero desde pequeño. Ser retraído y algo carente de destrezas sociales puede traducirse en un inconveniente grave, a menos que se descubra alguna pasión que nos ocupe y justifique la soledad, y entonces el tedio se transforma en una feria de pequeñas alegrías. En mi caso fue sin duda la devoción al terrario la que me mantuvo a flote. Mi padre, quien también sabía bastante del tema, me regaló un tarro de cristal y me mostró algunas ilustraciones básicas, que yo pronto superé con creces hasta obtener esta joya que se convirtió en mi orgullo, como si fuera un hijo tierno, un cachorrito de pelusa y hoyuelos cuya foto enmarcamos con candidez.


El cuento está incluido en el libro de relatos Doce versiones de soledad (San Juan: Ediciones Callejón, 2011), que recibió el Premio Nacional de Cuento del Pen Club de Puerto Rico, el Segundo Premio en Creación Literaria del Instituto de Literatura Puertorriqueña y fue incluido en la lista de los diez mejores libros del 2011 por la sección de crítica literaria del periódico puertorriqueño El Nuevo Día.


sábado, noviembre 29, 2014

Rubis Camacho sobre Mercenaria, poemario de Zulma Oliveras Vega


Breves notas sobre Mercenaria, poemario de Zulma Oliveras Vega

Por Rubis Camacho
Escritora puertorriqueña

I
“¿Quién dijo que todo está perdido?  Yo vengo a ofrecer mi corazón… Como un documento inalterable, yo vengo a ofrecer mi corazón. Cuando no haya nadie, cerca o lejos; yo vengo a ofrecer mi corazón… Cuando los satélites no alcancen, yo vengo a ofrecer mi corazón.”
Imposible leer Mercenaria de Zulma Oliveras Vega, sin recordar la gran pregunta que nos hace Fito Páez en su imperecedera canción Yo Vengo A Ofrecer Mi Corazón. Imposible leer Mercenaria y no regodearse en la letra de Sueño Imposible: “Llegar donde nadie llegó, vencer un invicto rival, tratar de alcanzar una estrella, seguir un ferviente ideal. Errar por caminos de azar, arder con el más vivo ardor, tratar de alcanzar una estrella, amar con el más puro amor… Ese es mi fin, ese es mi afán, más alto que el cielo, más limpio que el sol; y la vida perder si me falta el valor… Y tal vez, vuelva el mundo a encontrar una aurora de luz…” 
Sí, este aluvión de emociones lo provoca el libro “que reúne los escritos de una diosa guerrera reencarnada”, como se asegura en la página titular.
 Mercenaria  es una palabra que el Diccionario de la Real Academia Española define de la siguiente manera: “persona que por estipendio sirve en la guerra a un poder extranjero”. Posiblemente a esta definición se deba el que, por generaciones, el mercenario o mercenaria (personaje enigmático, figura de la sombra) arrastre  dudas sobre los postulados que sostienen su lucha. Se impone la pregunta: ¿Cuán honorables son los motivos que te impulsan a luchar en una guerra? ¿Cuánto vale un hombre o una mujer que toma la guerra como oficio?

 Zulma Oliveras Vega redefine el concepto. Bautiza las cosas con un nombre nuevo. Se enseñorea sobre la palabra como diosa reencarnada, y nos enseña que una mercenaria es: “Una mujer guerrera, guerrillera, soldada, descendiente taína que combate por convicciones amorosas en defensa de la patria y la amada. Guerrera que ha protestado en Palestina y ha sido encarcelada por la lucha en desobediencia civil de Vieques/ lesbiana y denunciadora de las inequidades del sistema, la sociedad y la falsa moral de los fundamentalistas.”
 A esta mercenaria la mueven los mismos ideales que al Quijote: “Porque Dulcinea, por mi tierra y por vos estoy empeñado en dar la vida…”  Desde esta nueva y maravillosa definición  hablaremos, de ahora en adelante, de la Mercenaria. Vamos a la forma.

II

Un híbrido  es un todo compuesto por elementos de distinta naturaleza. Mercenaria, como texto, coquetea con lo híbrido. Es un poemario y también es un diario de viaje que comienza en octubre de 1970. Estas páginas recrean la formación de una familia militante en San Germán. La Mercenaria  sale de las aguas de Puerto Rico, pasa por California, aterriza en Palestina, África y otras partes del mundo. Un viaje al estilo de Ulises, rey de Ítaca, personaje llamado a sobrevivir  las pruebas de un mundo injusto y sus devaneos. Un diario de viaje al estilo de Fray Servando Teresa de Mier, el fraile agónico que rescata el gran escritor cubano Reinaldo Arenas en  su libro El mundo alucinante. Al final de la novela el fraile afirma: “Y heme aquí, tropezando constantemente contra los edificios y la gente a causa de esta continua neblina que envuelve todo este brumoso Londres… A lo único que no podré acostumbrarme es a vivir entre la mezquindad y el engaño…” Zulma Oliveras Vega se niega a la neblina, a la mezquindad y al engaño. La autora “quijotea”, lucha por enderezar entuertos. Por eso este libro es también una lista de tareas, un álbum de recuerdos, una sucesión de promesas, una canasta de símbolos, un canto a la esperanza, una reflexión ética sobre los poderes temporales que gobiernan, lo que llamó Carpentier “El reino de este mundo”,  pero sobre todo, este libro es un proyecto de vida. La voz poética viene con mochila, y trae el alma como trae el rostro, limpia de maquillaje. No hay máscara, ni pose, no hay grandilocuencia ni verbo reticente. No hace falta. Viene con la ilusión de la palabra. Se detiene a decirnos  que el mundo es un absurdo largo. cito de su poema Mercenaria: “Vengo  de la tortura, del silencio y la mordaza…Yo, que estoy limitada por mi espejo, además de por mi cama, veo causas en el color, además de en el sexo, y me siento aquí preguntándome cuál de mis yo sobrevivirá a todas estas liberaciones”. Cierro la cita.  En el siglo de las comunicaciones, la globalización, la cientificidad desbordada, la voz lírica confiesa “vengo del silencio, de la tortura y la mordaza. De golpe nos pone frente a lo obtuso del orden establecido.
III
Contenido
Abre el poemario  con una confesión (formulación que se hace  de la propia vida), pero esta confesión es una especie de soliloquio íntimo donde la voz poética revela las fisuras que el caos del mundo esculpen en su espíritu: “Confieso no creer en un solo padre todopoderoso. Mi inventora es Pachamama. Confieso, mi mejor razón para vivir es en armonía y rebelión.” La religión institucionalizada no le ha servido a la Mercenaria. Se nutre del vínculo sagrado con la tierra. Vive en armonía y rebelión. Parece una antítesis, pero no olvidemos la máxima de Sun Tzu en El arte de la Guerra, texto escrito para el último tercio del siglo cuarto antes de Cristo, “Quién quiera la paz, debe prepararse para la guerra.” Por eso no es extraño el lenguaje bélico del poema: “Y me entrego como bomba suicida, si tan solo pudiera renacer y explotar otra vez en el siguiente centro de corrupción”. No hay ingenuidad en la voz poética. Sabe que los sistemas son implacables; por eso afirma “Renacer, explotar, Renacer, Libertar.” Expresa la lucha cíclica, es decir, la continuidad del mal requiere la continuidad del bien.
Los poemas que siguen abordan los siguientes temas: la inconformidad con el estado de cosas que deben ser redimidas, entre ellas el maltrato a la niñez (“Prometo no besar de lengua a nadie de cinco años); un reclamo de pulcritud y decencia en los órdenes gubernamentales (“Los gobiernos son payasos, nosotros sus espectadores, se ríen burlándose de la ironía, mientras succionan el jugo hasta el gajo como bufones.”), la necesidad de gritar lo turbio desde la experiencia de la vida limpia y honesta (“Prometo echar ácido en el rostro a quien me confiese haberlo hecho.”), el redescubrimiento de los grandes modelos de nuestra historia (“Defiendo la patria junto a Albizu, ¿dónde están mis camaradas?”), abierta alusión a Julia de Burgos y su papel definitorio en la lucha por la libertad de Puerto Rico, la defensa de los derechos amatorios y sexuales que implica dar al traste con la doble moralidad de los santurrones, de los encapsulados y de los perdidos en el amor (“Confieso que me gusta una negra, descendiente  cimarrona, que me hierve la sangre y me amarra con sus pestañas.”), lo erótico explicito (“Los autos continúan pasando durante el rush hour, y me pregunto si alguien asumirá que somos las del viernes de chillería… Esta vez llueve tan fuerte que la tarde parece noche, nadie se fija en nuestro carro, ni la policía se baja a investigar. Todos quieren llegar a sus hogares y salir de estas lluvias, menos nosotras. Aprovechas para abrir tus piernas. Me las ingenio para meter mi mano en tu falda. Tu cueva se desborda como represa del Carraízo. Los gritos de éxtasis se pierden con los truenos de la tarde en la curvita del grajeo.”), el cuerpo como habitáculo sagrado (“Yo soy mi cuerpo, mi templo, mi escudo, mi prostíbulo”), y la verdad como bandera ( “Soy mercenaria y disparo las verdades de mi historia escondida”).
Mercenaria es un texto autobiográfico, auto referencial, objeto y sujeto del amor a la humanidad, a la vida, al sueño de una sociedad justa para todos y todas. Mercenaria es un evangelio, porque es una buena noticia.
Nelson Mandela, Nilda Medina, Ernesto Che Guevara, Mahatma Gandhi, Marilyn Buck, Rafael Cancel Miranda, Jesús de Nazaret, Oscar López Rivera, Teresa de Calcuta,  Pedro Albizu Campos, Juan Antonio Corretjer, entre muchos, han afirmado que un mundo mejor es posible, que la utopía de una  aurora nueva es alcanzable. A esta lista, añádase el nombre de la Mercenaria Zulma Oliveras Vega.


miércoles, noviembre 26, 2014

Mi corazón para Ayotzinapa

En la foto: Marlyn Centeno lee en honor a los 43 estudiantes desaparecidos en México. La lectura se llevó a cabo el viernes 21 de noviembre de 2014, en Plaza de Armas, San Juan, Puerto Rico, organizada por Mayda Colón y Zayra Taranto. No pude estar presente, pero aquí reverencio el trabajo de mis colegas y me desbordo por los 43 hermanos desaparecidos. Créditos fotográficos: Iam Rod.


Cuarenta y tres nubes
por Yolanda Arroyo Pizarro

En Ayotzinapa siguen las dudas
no hay certezas
cuarenta y tres latidos
la probabilidad de un luto profundo ante un crimen obsceno

pero las madres
a esas les duele el músculo que tirita en el pecho
que se contrae amorfo
de tanto arrumaco desperdiciado
caído en la tierra
borrado en el verter de gasolina
y los quejidos

a esas les duele la certeza
del terreno que ya sabe de formación fetal
de la dignidad intercambiada por las súplicas
lo saben las nubes
cuarenta y tres pedazos de lana de borrego
algodones destetados
que navegan entre una humedad de ojos devastadora

a las madres siempre les dolerá el útero
las contorsiones se hilarán de una tela carmesí
como si hubiese un dolor vacío
una orfandad palpable
ante la nueva posibilidad de la no llegada
de la ausencia
de tantos hijos desgajados
tanto grito que alguien ignorará

ya no abrazos
ya sin nanas nocturnas
hay cuarenta y tres clamores que desentonan
un ritmo que recrea la guirnalda de sangre pura
cuarenta y tres lenguas
que no volverán a probar el sabor leche de teta

y las rodillas se doblan y se crispan
y para qué negar la tortura
y el destruir de mandíbulas
o la retirada de dientes a sangre fría
triturar los huesos de los dedos de los pies
cortes con navajas sobre la boca amordazada
la mano pulverizada
doblada hasta atrás
vendados los ojos y obligadas las rodillas
y unos niños vuelven a ser adultos que sueñan que serán maestros
los salones de clase se quedarán vacíos
llenos de fantasmas
llenos de manos levantadas sin elegidos
el griterío en el recreo
y uno de las cuatro decenas más tres
hijo tuyo
o el hijo nuestro
rodará cabeza abajo por el risco
se inundará algún puente
esconderán los cuerpos
abrirán como urna el fondo del lago
lleno de rocas y extremidades

o quizás será la costra que deje el fuego cuando se apaga
después de quemar los restos
serán carniceros los tantos narcos-estados
los verdaderos responsables
y el acelerado desarrollo de tantas naciones
que se compran al mejor postor
no tendrán tiempo para detenerse en una plegaria
mucho menos en cuarenta y tantas

En Ayotzinapa, en Guerrero, en México ya no hay dudas
hay certezas
cuarenta y tres latidos
y la monstruosidad de un luto profundo
ante el crimen más obsceno


Puerto Rico por Ayotzinapa

    #‎Centroamérica‬ Por Ayotzinapa - Puerto Rico

    Un grupo de poetas puertorriqueños liderados por Mayda Colón y Zayra Taranto, se reunieron el pasado viernes 21 de noviembre a protestar desde sus letras por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa (Iguala, Guerrero) en México.

    Gracias a todxs. A Bordados por la Paz Puerto Rico, poetas puertorriqueñxs, comunidad mejicana en Puerto Rico, Telesur, Revista Radio de las Artes, a todxs lxs que les acompañaron.

    Su mensaje es este:
    "La poesía nos convocó, la hermandad y solidaridad lationoamericana nos convocó, y los poetas puertorriqueños levantamos nuestra voz en La Plaza de Armas, el pasado 21 de noviembre de 2014. Gracias a todxs por su solidaridad y decirle que sí a la vida, a la paz, a la justicia. Nuestra lucha no termina. Necesitamos que aparezcan estos 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa."
    Fotografías por : Iam Rod









sábado, noviembre 22, 2014

Celebrando el centenario de Cortázar en la FIL Guadalajara 2014

Amigos, comparto con ustedes la alegría de saber que este 29 de noviembre se lanzará, en la Feria del Libro de Guadalajara, la antología iberoamericana Cortázar Sampleado, como conmemoración de los cien años del natalicio de Julio Cortázar. Me motiva mucho saber que en ella me acompañan autores a quienes admiro y respeto, entre ellos Carlos Yushimito, Diego Trelles Paz, Edmundo Paz Soldán, Andrés Neuman, Andrea Jeftanovic, Paul Brito, Alberto Chimal, Diaz Oliva, Antezana, Rosa Beltrán, Ruiz Velasco, Yolanda Arroyo Pizarro, entre otros. Gracias a Librosampleados por este estupendo proyecto y a Pablo Brescia por la magnífica compilación. Adjunto imagen con los detalles del evento.
Andrés Mauricio Muñoz Chaparro


'Violeta' ya vive en Madrid

La novela 'Violeta' de la autora Yolanda Arroyo Pizarro acaba de ser publicada en España por Editorial Egales.



Fragmento de la novela:


El primer beso lésbico de tu vida, te lo da tu mejor amiga. Aquella que sabe que eres heterosexual, que te asegura que respeta eso y que no cruzará líneas, aunque te aclara en cada oportunidad que te encuentra extremadamente atractiva.
Tu mejor amiga es aquella que te abraza y te permite llorar por el novio que te ha sido infiel. Es la que promete convencer a su padre de que te pague el colegio privado, para que no tengas que regresar a la escuela pública en el último año de high school debido a que en tu casa no les da el dinero para tu educación privada del año entrante. Es la que sabe de tu curiosidad hacia las chicas— ya se lo has confesado antes— pero te dice, con cierta astucia emocional que ni te avientes, que no vale la pena. Las mujeres son muy complicadas de por sí, y si encima entra una en relación amorosa con otra, la complicación es exponencial. Demasiado lío, te aclara.
Tu mejor amiga es también la que te acerca un ramo de lirios cala, de violetas africanas, de orquídeas de vainilla —que de seguro no ha podido comprar ella— la tarde en que celebran tu cumpleaños número diecisiete. La misma tarde en que se van a Viejo San Juan a celebrar, y la noche las encuentra metidas en una discoteca en la que bailan juntas, seductoras, para sorpresa de muchos presentes moralistas que se quejan con el manager porque entienden que ese tipo de comportamiento pertenece a otros lugares con una demografía más open. Y las echan. Caminan abrazadas, adoquines abajo, por las calles de la ciudad amurallada.
Esa es tu mejor amiga. La que responde en la afirmativa cuando suplicas, cerca de uno de los callejones, que te bese, que ya no soportas más. Es la que te dice, aquí no, puede pasarnos algo. Y te lleva hasta el auto prestado. Allí sella la promesa que desde hace tiempo y en silencio, se vienen haciendo.
Es la que se dedica a adorar tu cuerpo adolescente toda la noche, a abrir las cuencas con sus manos, esa nueva y desconocida genitalia que ahora se convierte en tu vicio. Vita Santiago te dice a toda hora, desafiando todo pronóstico, que eres la mujer más bella del mundo, y que portas el color violeta más adorable del planeta. El negro más negro y más aceitoso; el afro avoraginado más deseable, más mullido; el pubis más terso y acolchonado.

Vita se esmera además en encontrar similitudes de tu nombre en otros referentes y eso te endiosa. Para ella Eres la guardiana de Hércules, el subplot de Iolante y Calypso, un poema de Phillip Massinger. Hitopadesha, el folclor bengalí, un fragmento del Decamerón de Boccaccio, la ópera de un acto de Tchaikovski. Eres el personaje de La revuelta de Afrodita, tres especies de insectos, un ancestro de Poseidón y la mutante del universo X-men. Eres el prodigio lila, te dice al final de todos y cada uno de estos hallazgos, la jugosidad violeta.

miércoles, noviembre 19, 2014

Lo que escriben las escritoras puertorriqueñas del siglo XXI

Como parte de la semana de la puertorriqueñidad, la Universidad Metropolitana de Bayamón celebró el Foro: Lo que escriben las escritoras puertorriqueñas del siglo XXI. El mismo fue dirigido por la Profesora Consuelo Martinez Justiniano y participamos Yolanda Arroyo Pizarro, Janette Becerra, Awilda Cáez y Tere Dávila








Poemario: "maneras de quererse" (2014) por Yolanda Arroyo Pizarro

I. asma

entre la tarde que se obstina
y la noche que se acumula
hay la mirada de una niña
—Octavio Paz, Días hábiles (1958)

la mano de nena negrísima
los negros ojos
pestañas como alas de pichón
tiempo que entreabre los párpados
y se deja mirar y nos mira
mareado cielo
que alguna vez fue yoruba
que se encaja zulu
y hoy es isla caribe poblada de ancestras
en las tonadas de una aurora austral
en el silencio de una madre que dice no quererte
tableta tras tableta

las picas de caballos en una fiesta patronal
y los tesoros de tus partes
y un padrastro que te ignora accidentado
paciente y enfermo
en una esquina asilenciada
hombre que usa yeso en la pierna
y murmulla
se queja

una curiosidad que nace
que quiere hacer contigo

lo que la primavera hace con los cerezos




hay una veta
un ribete vetusto de colores en las paredes pobres
lo rancio de tragedias en Trastalleres
Maelo que canta en los altavoces
la lancha que lleva a la capital
musicalizada en las dolamas de la bahía
y te pasea por Cataño
y ojalá no hubiese soledad desbordada
ni tantos lagartos arrastrados en los setos
tragando mosquitos

tiempo para mirar el yeso, la pierna, los bultos de piel
hambre para esperar que alguien duerma
que nadie mire

estudiar la barba
caminar a tientas
la noche boca arriba
y a navajazos los amantes del piso de abajo
que se escuchan gemir
las azoteas de los ecos
los truenos empachados de savia
vibrato desconocido entre los muslos

contarás mariposas monarcas
rodeando alborotadas los ombligos
y a nadie te pareces desde que yo te amo
la madrugada boscosa
posa tu mano negrísima sobre el aleteo
los vacíos que pregonan decadencias
lejos del catecismo
un padrastro que ya no te ignora accidentado
paciente y enfermizo
en una esquina asilenciada




todo oráculo es un labio presionado
un secreto que crees nadie averiguará
el espejo que te enseña a besar
para practicar en su lengua
el deseo con hambruna de latir en la piel

las bembas feas
dos cejas irredentas y acomplejadas
lo prieto
la peste
pómulos abanderados con el sol
y la respiración sentenciosa
inhalación de salamandras




déjame tenderte entre guirnaldas amarillas
quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur
¿acaso Neruda resucitado?
¿cómo sabes eso de memoria, si eres tan chica?

él se queda quieto
así lo besas




un parque de las palomas que bate plumas
soleado y húmedo
en la refrescante muralla sanjuanera
que se vislumbra desde Isla de Cabras
un volcán de alérgenos timoratos
que expulsa lava
y arrasan estornudos
cual aliento de las preguntas inocentes
¿estoy creciendo?
¿mis pechos a qué saben?
¿es esta la fruta de mi centro?

te dejas tender como una guirnalda amarilla
un cuerpo desvirgado en la playa
un bulto de carne por primera vez
varias garitas
otro beso
quien escribe tu nombre te lanza humo de cannabis al rostro
los labios de la herida
la boca de la sangre
y la primicia
plumas en forma de girasoles
contrapuestas unas y otras
en el sendero desmemoriado
de hermosura prístina

corsarios que desgarran botines
aparecen y se van
grito en garganta como la opera Ofelia
y nada importan las fracturas
ni las edades
o las diferencias aparenteladas
crece la noche y se agrandan los escondites que resoplan

cuello
templos
rotonda
jaranas

una isla sin invierno
que nada penetra
y a la que nada duele
todo es barba suave
todo es soliloquio

una abeja sin aguijón
y el primer ataque
el primer jadeo
la inicial respiración iracunda
marea ceñuda
débil la herida
acunada en la espiga que oxigena desde el tanque
aquel hombre con yeso se recupera

¿quieres ser mi novio?

Acerca de mí

Mi foto
"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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