
"—Me dicen Candela.
Imanol, sin fuerzas y con frío en el alma, bajo el aguacero, se viene por segunda vez con una deuda de quinientos pesos."
La pedicurista me exfolia los pellejos del pie izquierdo y sube las cejas con curiosidad. Estudia mi reacción. Sabe que algo raro, más allá de las cosquillas en la planta del pie, le sucede a mi cuerpo. Yo espero que no descubra que me excito mientras degusto este Rey Emmanuel Andújar con sabor a Black Label y a Chivas. Ruego porque no se me note el emboque trepidante de huracanes caribeños que baten las vidas libidinosas de la negra y su ‘milagro’ revelado.
Rey ‘se pasa’ y nos incinera con este texto tan cabronamente bien escrito, tan magistralmente ensamblado, tan poéticamente intrigante. Atrajo mi atención el evento inicial de Caribe Tours y el viaje de los boricuas de Toa Baja. Me recordaron mi propia odisea en esa línea de autobuses en donde a mí también, en unas vacaciones de baratillo, una vez me vomitaron los pies por lo largo del trayecto.
En esta obra de Andújar, los truenos, las lloviznas y una mujer con estirpe haitiana, con mezcolanza de negra isleña, con un secreto y una muerte, la de Renato Castratte —caído de un quinto piso—, deja que todo a su alrededor coja fuego y arda. Una sospechosa, Sera y su futura boda, y el estríper que le bailotea, y su misterio de llevar adentro el semen de un hombre muerto, cocinan una historia feroz. Y tan antillana, carajo.
Destacan la Buela que cuenta el inicio de la creación con una mitología inventada, la bruja vaticinadora de sueños que con la lectura de hojas y borras de café afecta a todo aquel que le huele el grajo. Cruces y entrecruces, una ciudad al borde de un huracán y las disyuntivas entre haitianos y dominicanos — aquellos que llevan el ‘negro detrás de la oreja’—, logran un carnaval muy veloz. Embriagan además, el agente Aceituno, Petafunte, Gustaf y su muñón, y el escritor Lubrini.
Habrá que no perderse esta Candela y evocar el mantra etéreo de llanto sostenido que recita el Sublime Coro de las Mamasijayas. En las propias palabras del autor ‘Candela te agarra del pelo y dice “Oui, mon petit” dando golpes de cintura como si ese cuerpo no fuera de ella’ (pag. 102). Y es cierto, deja de ser su cuerpo para convertirse en el mío, y en el de todo aquel que la siga y se quiera prender por su embeleso.
Es increíble como la gente se derrama en comentarios cuando el post es un chismorreo sobre algún “poeta adúltero” (no en este, sino en otros blogs) y sin embargo, no se toman el tiempo en solidarizarse con tus reseñas u opinar sobre la extraordinaria labor que realizas, y dicho sea de paso, con los autores a quienes reseñas.
ResponderBorrarUn gran abrazo.
Bravo por "Candela". A coger fuego toel mundo!!!!!!!!!
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