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jueves, octubre 29, 2015

Entrevista a Yolanda Arroyo Pizarro para Fundación Nacional para la Cultura Popular


Una voz en palabras para muchos


Por Gabriela Ortiz Díaz
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular


Empoderarse de la pluma para crear una historia radica en un proceso de introspección que, a veces, y más cuando la narración se basa en algo vivido por el escritor, se extiende por años. No hay duda de que las palabras pueden demorar en salir expulsadas hacia el papel en el vuelo póstumo rumbo a la transmigración.

Escribir también es un ejercicio que puede contrarrestar las diferentes crisis, postulado que bien insinúa el lema de la sexta edición del Festival de la Palabra: “Escribir en tiempos de crisis”. En ese sentido y ante la transformación de las maneras de escribir y leer que propicia la internet – hecho que para muchos representa una amenaza para estas prácticas – un escritor ejerce su deseo de hilvanar ideas en textos en respuesta a la crisis social de la época, además, para concienciar sobre algún tema, destruir estigmas y estereotipos, visibilizar y denunciar un mal social, incitar el cambio de palabras por acciones, o desahogar el ser.

Para la escritora puertorriqueña Yolanda Arroyo Pizarro, la escritura significa todo lo mencionado anteriormente y más: es un rescate de nuestra afroidentidad perdida, la que nos han negado al ponerle un velo a esa parte de la historia de nuestra formación racial. Esta prolífera autora de la actualidad de nuestras letras se destaca por su constante producción narrativa sobre la afrodescendencia y la diversidad sexual.
En una entrevista amena para la Fundación Nacional para la Cultura Popular, la ganadora en la categoría de cuento (con el manuscrito “Menorragia”) del Premio Nacional de Literatura 2015 del Instituto de Cultura Puertorriqueña, conversó sobre su proceso de creación.

El lector palpa el hilo conductor de las historias de Arroyo Pizarro al chocar con la viva representación que esta crea de las comunidades marginadas de nuestra sociedad: “A mí no me interesa escribir de los capitalistas, burgueses que se enamoran de otros capitalistas burgueses, de la gente millonaria que las tiene bien fácil”.

“El tema que repito en mis libros es el de la ancestría. Siento que a nosotros (los puertorriqueños) nos arrebataron el derecho de sentirnos orgullosos de los ancestros, más que nada de nuestras antepasadas. ¿Dónde están las mujeres que me formaron? Yo soy una mujer fuerte, pero es porque lo heredé de abuelas y tatarabuelas fuertes. ¿Dónde está esa gente? Esa ausencia me da coraje, me mueve a la denuncia, a querer escribir para que aquellos que padezcan esas mismas preocupaciones tengan una voz”, puntualizó tajantemente la escritora.

“¿Cómo haces para ser voz de tantos, de tantos sectores marginales de la sociedad?”, increpamos de inicio en la entrevista.

“De buenas a primera pienso en el asunto de la locura porque cuando un individuo dice ‘tengo más de una voz en la cabeza’, le adjudican características de loco”. De ser así, Yolanda vive la locura de tener tantas voces disidentes, esas que reflejan gente sufrida, pero combativa.
Aunque dice haber llorado mucho en el proceso de personificar esas voces a través de su personajes, en la actualidad ha logrado un balance emocional, lo que le ha permitido producir tantas historias y así “hacer algo por el mundo en miras de que haya un poquito más de justicia”.

Para lograr una conexión entre los reclamos de esas numerosas voces y las estructuras que amerita la literatura, ha estudiado y leído enfáticamente a escritores que tienen qué decir y saben cómo hacerlo: las estadounidenses Toni Morrison y Susan Sontag y los puertorriqueños Ana Lydia Vega, Magali García Ramis, Luis Rafael Sánchez, Mayra Santos Febres, Luis López Nieves. Además, ha tomado cuantiosos talleres de escritura y está terminando una maestría en Creación Literaria en la Universidad del Sagrado Corazón.

Otro factor que le ha permitido ser altoparlante de voces disidentes es que ha optado por humanizar a los personajes, por hacer pregoneros y eco de muchos, por ejemplo, a Viti el de “Capitán Cataño y las trenzas mágicas” (2015), a todas las mujeres de “Negras” (2013), a Alexia la de “Caparazones” (2013), al abuelo Saturnino el que está de dentro “Animales de apariencia inofensiva” (2015).

En ese mismo proceso se ha dejado educar por los propios personajes, sobre todo en la etapa de investigación previa a la escritura: “me divierto y me entretengo (escribiendo), pero no pierdo de perspectiva que es un acto de educación para mí y para los lectores”.

Tus libros se han difundido por Latinoamérica. ¿Cómo se percibe la literatura escrita por mujeres en América del Sur?”, continúo la entrevista.

Yolanda Arroyo Pizarro, nacida en Guaynabo, pero criada en el barrio Amelia de Cataño, acepta que en América Latina todavía hay prejuicios contra la literatura hecha por mujeres. Sin embargo, su propuesta ha gustado en el Sur porque, a juzgar por ella, “en Latinoamérica ocurre algo ventajoso que en Puerto Rico no. Ellos tienen memoria escrita de esa época que yo siento que me han arrebatado: archivos, libros, documentos sobre la época de la esclavitud. En cambio en este País, como ha sido botín de guerra de alguna metrópoli, se han perdido esos archivos. No están, punto”.

“El escritor ejerce una profesión que está al margen de las corrientes laborales normativas de la sociedad. ¿Esa posición te permite identificarte más con los sectores marginales?”, le cuestionamos.
“Sí, porque observo el dolor desde adentro. Esa observación se ha nutrido con la lectura. El que lee bien y se entera de lo que pasa en el mundo, es bien poco probable que se quede del lado del que oprime”. La destacada narradora de historias utilizar la escritura como herramienta para denunciar la opresión porque “cuando uno ha visto el dolor de cerca, uno quiere hacer algo”.

“¿Cómo has podido posicionarte en el renglón en el que te encuentras dentro de la literatura puertorriqueña y latinoamericana?”, prosiguió la conversación.
“No sé cómo ha pasado. Lo que sí sé es que vivimos en un momento en que la cultura se ha democratizado por la internet. Antes, la mayoría de los textos que se escribían no salían de la academia, no bajaban al burgo. Eso ha cambiado y ha posibilitado que la literatura llegue a más gente”.

De hecho, Arroyo Pizarro fue de las primeras escritoras en Puerto Rico que abrió un ‘blog’ en el ciberespacio y que desde 2005 lo mantiene muy al día. Su éxito también se desprende de que además de su constante producción, vende sus libros en físico y digitalmente.

Entre otros galardones, Yolanda Arroyo Pizarro, recibió el Premio Nacional del Instituto de Literatura Puertorriqueña 2008 y el Premio Nacional de Cuento PEN Club 2013 con su libro “Negras”. Fue seleccionada en 2007 como una de las escritoras latinoamericanas más importantes por el Hay Festival en el Bogotá 39 de Colombia. Ha sido traducida al inglés, italiano, francés, alemán y húngaro. En 2013, participó en el congreso literario OWWA, Organization of Women Writers of África en Accra, Ghana.

Esta, novelista, poeta y ensayista, representante de la literatura puertorriqueña de la actualidad en las afueras del País, escribe por un propósito: “Todo lo que yo publico es una pregunta que le hago al mundo. O sea, yo no escribo porque tengo unas certezas, sino porque tengo unas preguntas”.
Precisamente, logra conseguir las respuestas a esas preguntas con las mismas experiencias que tiene en el transcurso de la redacción o “las que a raíz de la escritura me provee la vida”. Dedicarse de lleno a la escritura le ha permitido encontrarse y “tomarles el listado” a todas esas voces que encarnan sus personajes.

Luego de todo lo alcanzado hasta el momento, la apuesta de la escritora es continuar apelando a las emociones de los lectores mediante las líneas escritas, tal como hacen todos los autores que han sido un modelo para ella y para su trabajo creativo.

Enlace originalL https://prpop.org/2015/10/una-voz-en-palabras-para-muchos/ 

Departamento de Estudios Afropuertorriqueños, proyecto performático de Escritura Creativa dirigido por Yolanda Arroyo Pizarro



¡Estamos de celebración! Acaba de nacer el Departamento de Estudios Afropuertorriqueños, proyecto performático de Escritura Creativa dirigido por Yolanda Arroyo Pizarro, luego de muchos meses de planificación.

El Departamento de Estudios Afropuertorriqueños es un proyecto performático continuo cuya iniciativa propone la creación de un acervo de narraciones en prosa y poesía sobre las aportaciones y vivencias durante la época esclavista en Puerto Rico, con énfasis en las experiencias de mujeres negras trasladadas desde África hasta nuestra Isla. Es una iniciativa sin precedente que responde a la convocatoria promulgada por la UNESCO de celebrar el Decenio Internacional de los Afrodescendientes desde el año 2015 hasta el 2024. Es una idea provocada por la carencia de centros, institutos, programas y facultades que a nivel nacional se concentren en los estudios afrodiaspóricos o  afrocéntricos. El Departamento de Estudios Afropuertorriqueños se concibe bajo el ala de la ficción, la imaginación, la creatividad y la memoria rescatada. Además, nace con el hambre de fomentar las artes y divulgar la necesidad de unificar voces talentosas que brinden un legado concreto y significativo a las nuevas generaciones de lectores de nuestra patria.

La primera actividad del Departamento de Estudios Afropuertorriqueños se realizará en noviembre de 2015. Ya brindaremos más información al respecto. Enhorabuena.  

La Pereza Editores publica Golpes de gracia de Yolanda Arroyo Pizarro

La Pereza Editores publica el libro de cuentos 'Golpes de gracia' de Yolanda Arroyo Pizarro y los escritores más emblemáticos de la editorial visitan la Isla. Además, se presentó la puesta en escena del cuento 'Candungos o yo también te amo', texto incluido en el libro de Arroyo Pizarro.

















Galería de fotos y videos del Festival de la Palabra 2015

La celebración del sexto año del Festival de la Palabra se coronó con el Escritor Destacado, Jacobo Morales y se dedicó póstumamente a Francisco Matos Paoli y a Ángel Dario Carrero, fallecido el pasado año.


































sábado, octubre 17, 2015

Reseña a Cielopájaro nuestro de Mairym Cruz Bernal, poeta puertorriqueña




Brujería, hechicería y magia en el Cielopájaro nuestro de Mairym Cruz Bernal
Por Yolanda Arroyo Pizarro

A lo largo de la Historia, sobre todo de la historia literaria, se viene percibiendo una presencia constante en el campo de la poesía, influenciada por los tiempos de avanzada en término de libertades y derechos. Esa presencia es la de una mujer que se apodera de la escena (los géneros literarios, los estilos escriturales, la temática ficcional y confesional, la metaliteratura) y que inspira respeto, admiración o hasta miedo. Algunos pudieran decir que es, en esencia, la poeta. Sin embargo, más que la poeta, a mí me gusta llamarle la poeta bruja, aquella que embauca, hechiza, maldice y subyuga con sus letras. Estamos frente a una poeta bruja cuando se habla del trabajo de Mairym Cruz Bernal.

La Revista Cultural Vulture de España publicó en el 2011 un artículo de la autoría de Ricard Millàs sobre la poesía de Anne Sexton. En este Millás indica: “Anne Sexton fue bruja y poeta, cocinera de sí misma, fumadora de salón. En sus poemas las palabras desfilaban hechizadas, sus hijos eran poemas confesionales, la palabra enmudecía para poder ser admirada como una escultura. Anne sonreía aun a sabiendas de la conclusión de su vida. Tras volver de la muerte participó en diferentes talleres literarios. Amante de las palabras, sabía cómo darle sentido a los besos perdidos, las balas sin dueño, las lágrimas sin sentido... describió el lado sórdido de la américa bienestante y fue hermana gemela de su tía abuela Anna Ladd Dingley. Anne Sexton lloraba notas de piano mientras escribía. Cruzaba las piernas en el jardín con un cigarrillo en los labios y se jactaba de su postura como poeta, ladrona de emociones y verdugo de los convencionalismos. Hacha de guerra en un papel en blanco quiso demostrarle al mundo su virtud como escritora y plasmar el odio de su padre hacia ella en sus poemas. Su venganza le arrancó la careta a un hombre supuestamente convencional para encontrar un asesino de emociones, un mercader de lágrimas que no tenía reparo en provocar el llanto de su hija. El premio Pulitzer le acarició la mejilla, como la muerte, que la besó directamente en los labios después de comer con su mejor amiga Maxine Kumin. Y allá queda el recuerdo de una poeta suicida, de una poeta hechicera que veía los canales educativos de Boston, que fue en el taller de Robert Lowell donde conoció a otra artífice de la palabra, Sylvia Plath, mujer, poeta y amante (…).”

Invito a una pausa para reflexionar en las similitudes. Yo he encontrado varias, me he regocijado en la casualidad y he sospechado de la coincidencia. ¿Poeta bruja reencarnada,  poeta bruja asimilada por la intensidad artesanal que despotrica en la construcción de su entorno?  ¿Poeta bruja con una hermana gemela… a lo mejor siamesa? La poesía de Mairym Cruz Bernal mueve, regocija, aturde. Es, en efecto una poeta bruja. He sido testigo de sus maldiciones, de sus bendiciones, de su palabra enmudecida, de sus versos confesados y confesionales, que no son lo mismo.

Como la Sexton, despliega un Hacha de guerra. Yo he visto esto con mis propios ojos: una tarde la poeta bruja anunció que renunciaría a existir desde la cresta de la ola del Mar Atlántico que se apretuja frente a Casa Lola en Condado. Colocó un anuncio público en su estatus de Facebook. Allá llegué corriendo, no preocupada, sino justiciera y convencida de ser testigo de algo colosal. La vida me regaló llegar en el justo y preciso momento en que la bruja caminaba sobre las aguas. La vi, les digo, con estos ojos que se han de comer el fango. Danzó sobre algunos marullos profundos y entorpecida por sus ropajes translucidos, se despojó de los mismos. Quedó aterciopelada y brillosa frente a mí y a otros pedestres cursis que se arremolinaban ya frente al coral.  Sacudió su melena de oro y regresó a la orilla haciendo puntapiés, elucubrando pas de bourrée, pas de basque, haciendo pliés, piruetas de danza moderna y finalmente, un entrelazado de piernas. Emula a Isadora Duncan, pensé. Abrió su boca, emitió un hechizo que convirtió sus labios de piquito en fauces de bruja maléfica.

He sido testigo de sus besos perdidos, de sus balas sin dueño, de sus lágrimas inmerecidas a hombres sin digna nacionalidad, de las veces en que algunas mujeres le flirtean a ver si se nos une al clan. Es justiciera, también una ladrona de emociones y una verdugo de los convencionalismos. Cruz Bernal ha sabido identificar muy bien a los asesinos de emociones en su vida, a los mercaderes de lágrimas, a las traidoras quitamores, y mientras fue Presidenta del PEN Club de mi país, y Embajadora de congresos culturales en más de una docena de otras patrias, ha sabido denunciar la hipocresía de los penes y las vaginas amachorradas por los oportunistas, amancebadas de conveniencias y hasta desbordadas de espuma rabiosa homofóbica, chauvinista y racista. Con más de uno ha tropezado en su ir y venir. Y a más de uno a maldecido y les ha hecho frente con poemas embrujados y pócimas de versos.

Y hay algo que debo repetir, para hacer énfasis. La he visto levantarse de la muerte, cual ninfa enfrentada a alguna piedra sepulcral removida en el tercer día de pestilencia y podredumbre. He querido decirte esto siempre amor, decírtelo así Mairym, frente a tanta gente, frente a tantos nosotros y nosotras: gracias por quedarte, gracias por no irte al inframundo y quedarte aquí cerquita de esta siamesa. Te amo.

En este Cielopájaro nuestro hay otro libro, Árbol de patio que responde a poemas bien pequeñitos, muchos poemas, con espaciado aireado para que respire el verso dentro de la página. Son diálogos con la escritora Isabel Fraire que se inició en unas navidades durante el  2011. Justo un 24 de diciembre. Cruz Bernal me cuenta que esta conversación empezó para acompañar la soledad terrible que la bruja sentía, ante un abandono.

Auris Magna, pronuncia Cruz Bernal y de inmediato me explica que este hechizo sirve para escuchar a través de muros y paredes. Parecería una escena sacada de una película de Harry Potter.

Avifors, grita, y convierte objetos inanimados en aves. A cielos en pájaros y a hombres en pollitos.

Protego Poetrix, susurra y crea un escudo más fuerte que cualquier otro hechizo, protege de la magia negra, repele cualquier maldición, y garantiza vivir el último amor descubierto como si fuera el primero y más intenso de todos. Cruz Bernal, su arte, su talento, su libro Cielopájaro nuestro envicia, encadena el cuerpo de un poeta en ciernes hacia su poeta pater , hacia su poeta mater, y promete dejarnos sin aire si pasamos más de 24 horas sin leer de él. Bendito sean los cielopájaros y las poetas brujas siamesas. Amén.