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sábado, diciembre 30, 2006

Las Bondades de Edgardo

El amigo Edgardo Vera nos brindó su hogar anoche para compartir. Además de escritores, descubrimos compañeros para el talento kareokense, coreográfico y hasta hadas madrinas que realizaron actos de magia. Fue una hermosa noche llena de sorpresas y promesas. El nuevo año 2007 se augura difícil, pero no indescifrable. Enhorabuena.























jueves, diciembre 28, 2006

Dar gracias

La ganga de los escribas me acogió en su vientre de abrazos y apoyo moral, y promesas de mejores vientos, de nuevos bríos e intentos renovados. Dimos gracias. Yo agradezco a la vida por haberlos puesto a cada uno de ellos en mi camino. En especial a… muy en especial.

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miércoles, diciembre 27, 2006

Invitada del Blog del PEN Club


El PEN Club de Puerto Rico me ha integrado como escritora invitada en su Blog. Allí incluyen el cuento de mi autoría Fatigarse.

Gracias a Miguel A. Ayala por honrarme dando difusión a mi narrativa al lado de otros compañeros escritores premiados. Es todo un regocijo.

martes, diciembre 26, 2006

Será la lune


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El nene cantaba “será, será, será…, será la lune” y apuntaba con el dedo hacia arriba. No sabía pronunciar “luna”. Miraba al cielo, de noche, y gritaba el nombre del astro en su dialecto tresañero. Notaba que yo era tan oscura como ese manto que cubría la “lune” y que mi amado era tan claro como la dichosa “lune”. El nene me decía baby; así me decía mi amor y él lo imitaba. El nene se abrazaba a mí si se caía, si tenía fiebre, si deseaba un cuento de hadas para acostarse a dormir. El nene reía cuando yo lo recogía en el prekinder, si lo vestía de gallo para Halloween, de marinerito para su graduación con honores y alborotaba en los pasillos de la Yupi cuando yo carreteaba con él intentando terminar un bachillerato infinito. La profesora de finanzas nos detestaba. Nos veía llegar a Osuna y poco le importaba que yo le tuviera el biberón listo y la promesa de quedarse calladito en una esquina sin molestar. El nene sigue siendo mío, muy mío. Él fue mi primer simulacro de vida en el vientre fuera de mi vientre. Yo fui su primera mamá, su primera nana, su primera consentidora. El nene mide hoy más que yo. Está lejos. Y es tan guapo. Trae los genes de su primera madre y el amado de antaño.


El video es una viejera...

lunes, diciembre 25, 2006

ANTESALA
Por Mairym Cruz-Bernall

Gracias Mairym, por regalarnos estas letras...


ANTESALA

Como una flor renacida en la cuna de la tierra
Como el ardor de las lágrimas
Como despedir por fin al amor
Como sentir que alguien al fin descubra
que eres una poeta maldita
que alguien por fin se dé cuenta que lo que tenías era hambre

He bebido las últimas gotas de una cantimplora
Estoy hecha de sed no de urgencias
Sólo el que ha visto el desierto puede entender de qué estoy hablando
Una década viendo lo sin vida
Millas y millas de montañas de arena
Solamente se siente en los oídos el propio corazón

Ahora voy a empezar el poema
Tocar el lugar del dolor
No puedo
He perdido la línea divisoria
El huevo en el horizonte
Soy la mujer que va a atravesar el desierto
Que nadie hable
No quiero oír la voz humana
Esta libertad tan abundante me resulta abominable
Si hablas voy a saber la medida de mi ignorancia
Todo me humilla y me avergüenza
Se paga tan cara la vida que hasta hay que morirse

Esposo, perdona por haberte sobrevivido

Hoy es otro día
A quien le tengo que pedir que en mi vida
Se repita la felicidad
Morir es el paraíso
Tengo hambre de infiernos

domingo, diciembre 24, 2006

Gracias por el regalo

Es como si me lo hubiesen dado tus propias manos, como si me hubieses besado las comisuras, lamido los entornos y abrazado fuertemente al entregármelo. Es como si hubieses tarareado The Space Between en mi oído mientras me desvestías, como si hubieses mordido mi oreja mientras reías. Así se ha sentido. Así fue.

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Compartir de versos, música y amor en la palabra escrita

La escritora Mairym Cruz-Bernall convirtió sus cuarteles en estupenda velada de festejos para un nutrido grupo de amigos en la poesía, en la narrativa, en las crónicas y los testimonios de vida. Su casa se volvió festín de ingenios y talentos donde el compartir hizo un clic necesario con cada vida allí tocada.

Mairym, al brindar su atelier, no sólo brindó su fruto de manos en las letras de este país que la ha visto crecer y festejar éxitos, sino que también brinda de su don maravilloso de gente, logrando de ese modo involucrar vidas en la cotidianidad de la literatura que nos une.

Gracias pitonisa con los brazos bañados en aguas caribeñas. Gracias por acogernos, por tu trato, congenialidad y aprecio.

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sábado, diciembre 23, 2006

Diez días… ¿o ya dejé de contar?

Imagen del Sainsbury Archive Virtual Museum



Anoche sucedió algo extraño. Por extraño, creo que se incluye dentro del grupo de asuntos extraordinarios que suceden en mi vida. Por un momento, el asma amainó y por un momento, soslayado, breve pero infinito, me besaron. Fue un beso de primeras veces. Me tocaron. Fue un roce de prisas. Esas prisas que sólo da el deseo fundamentado en bases de amor del bueno, de pasión de antaño y de admiración de mirarnos los rostros por decenios. Añejado el deseo a su vez por catarsis, y rompimientos, y desgarres de corazón continuos.

Anoche volvió a frotarse en mis territorios. Anoche no me dejó sola, me cortejó, me coqueteó, me dejé llevar, y justo antes de la campanada doce, la bocanada de aire que llevaba por burbuja aguantada debajo de mi agua de “valentonías", dejó de existir. Me dejé arrasar por su tocarme, por su frotarme, por su entrar los dedos y moverlos, corazón e índice, anular y corazón, las aspas que dan vueltas a toda mi vida, y la viran de cabeza. Todas las fuckings veces.

Anoche fue otro 22. ¿Los 22 se restan o se suman? No sé si hay que dejar de contar del todo. Hoy, con la frente adolorida por los jadeos y la resaca pulsándome la nuca, todo se siente confuso. Se siente hasta bochornoso. ¿Se sienten promesas?

Mis ojos saben que no deben verlas, que es posible que no las haya, que es incluso probable que no haga sentido nada. ¿Lo saben, o lo intuyen? Puedo echarle la culpa a las copas de tinto, a la cerveza barata y al humo de esencias nada parecidas al incienso pacholí. Mis muslos, por otro lado, se abren y se cierran y piden broncodilatadores que aminoren estos refuerzos y deseos de repetir, quizás lo irrepetible.

Sigo sin saber qué hacer… con la única diferencia de que anoche me lo gocé de lo lindo. No debería ni cuestionarlo. ¿He de tomarlo como un regalo? Me duele demasiado la cabeza y han regresado los síntomas de fatiga…

viernes, diciembre 22, 2006

La Noche de Daniel Torres

La Editorial Isla Negra y su presidente Carlos Roberto Gómez Beras, dedicados por completo a difundir la literatura caribeña contemporánea, nos invitó la noche de ayer a la puesta en circulación del libro “Mariconerías: escritos desde el margen” de Daniel Torres.

La actividad tuvo lugar en la librería La Tertulia del Viejo San Juan. Los presentadores fueron Mayra Santos Febres, Moisés Agosto, y Lawrence La Fontaine Stokes. La librería La Tertulia, localizada en la calle O'Donell 204, frente a la Plaza Colón, fue testigo de todos aquellos que quisieron aplaudir al escritor Daniel Torres ante su valiente narración de prosa, crónicas y poemas interconectados con un mismo tema definitorio y de actualidad. Felicitamos al amigo Daniel por este logro.



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De Asma, Narices y la Ganga

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Bueno, primero lo primero. Tengo asma. Me duele el pecho, pero aún así no dejan de sentirse otras dolamas. Esta temporada es la peor para mis pulmones, nunca ha sido diferente, siempre ha sido lo mismo. El friíto borincano en épocas festivas me desbarajusta el sistema por más vitamina C y equinacea que tome. Pienso, en medio de mis pavores de falta de aire, que me sucederá igual que a Marcel Proust, prolífico escritor asesinado por un absceso en los pulmones. Proust era asmático crónico, lo cual no le impidió realizar su obra en 16 volúmenes "En busca del tiempo perdido", cumbre de la literatura universal y pionera de la novela moderna, pero el escritor francés no le ganó al sube y baja de pectorales en busca de oxigenación. A lo mejor yo tampoco. Quien sabe.

En fin, que hoy viajé para mi pueblito de antaño. Me encontré con la Ganga que organiza los eventos culturales y me puse al día con los talleres de arte, teatro y los certámenes literarios que se quieren producir y fomentar en mi bello barrio Amelia. Allí, en medio de aquella Ganga, apareció el Hombre de la Nariz, aquel jovencito enclenque que a mis trece años, besó por primera vez mis labios con pasión sublime y profunda. El hombre bailarín de Copani que me derretía y hacía que me temblaran las rodillas. De piel blanca, de labios finos, de boca suave, de nariz cosquillosa cuando me metía la lengua hasta la garganta.

Hoy porta unas canas guapísimas y ya no es tan enjuto. Se ha hecho grande, vistoso y cauteloso. Me observó toda la noche con estudiada astucia y añadió comentarios invaluables a la conversación. Se acordó de todas nuestras dulces y románticas travesuras. Me recordó de cómo las mismas, a esa tierna edad, se habían quedado inconclusas. Nos debemos cosas, nos interrumpió la vida. Reímos. Me invitó una Heneken, pero le acepté una Coors Light en vez. Luego pagamos otros “rounds”. A mí se me incrementaba el asma con la sonrisa, con lo sonrojado, con la canillera de las piernas. A él se le esquivaba la mirada mientras medía daños y consecuencias. Me fui con un saludo caballeroso de manos que se tocan a la mitad. Me fui con un aroma a su perfume y un tufo a mezcla de licor irlandés en las rocas con cerveza barata. Me fui con el pito de la fatiga más agudizado que cuando llegué. Me fui… pero algo me pide que vuelva. Quizás un día de estos.

miércoles, diciembre 20, 2006

Hoy, a las 9:30 de la mañana, cumplimos una semana

Una semana de no estar, de que no estés. No se siente mucha diferencia y se siente toda. Se rompe en frío, pero para hacerle honor a la verdad, tú ya no eras y yo tampoco.

Estabas y no estabas. Te escondías, y lo sabes porque me lo decías. Lo decías, lo dijiste, lo dices. Escondido detrás de “layers” y “layers” de no sé qué. Escondido. Escondido en tu locura, en tu “madness” que estuve dispuesta a consentir, yo, la única, pero que ni siquiera tú me dejaste. Quise ser especial y no me dejaste. Tú, en cambio, fuiste mi primero, mi único de la especie. Yo era una más, sin mayores consecuencias o repercusiones. Otro satélite que te rondaba y que competía por tu atención, cosa que disfrutabas. A plenitud. Cuando quise tener mi satélite o convertirte en uno, entraste en brote.

No estabas. Yo lo único que hice fue prepararme. Ponerme capas y capas de piel de reptil, respirar el chu-chu-chu que te enseñan en las clases de parto, morderme los labios, apretar los ojos, tomar grandes bocanadas de aire para cuando me tocara zambullirme. Yo sabía que la zambullida llegaría. Era cuestión de tiempo. Me preparé, te lloré media hora, no nueve días, como la vez anterior. Y me zambullí. Sigo bajo el agua. Cuando se me acabe el aire, subiré. Y dejarás de ser único. Dejarás de ser especial, para que sientas lo mismo que yo.


PD: dejaste esto en mi voicemail. Very sweet indeed.



Tu Recuerdo
Ricky Martin


Tu recuerdo sigue aquí
como un aguacero
rompe fuerte sobre mí
ay pero a fuego lento
quema y moja por igual
ya no sé lo que pensar
si tu recuerdo me hace bien o me hace mal.

Un beso gris, un beso blanco
todo depende del lugar
que yo me fui, eso está claro,
pero tu recuerdo no se va
siento tus labios en las noches de verano
ahí están cuidando de mi soledad,
pero a veces me quiere matar.

Tu recuerdo sigue aquí
como un aguacero
rompe fuerte sobre mí
ay pero a fuego lento
quema y moja por igual
y ya no sé lo que pensar
si tu recuerdo me hace bien o me hace mal.

A veces gris, a veces blanco
todo depende del lugar
que tú te fuiste, eso es pasado
sé que te tengo que olvidar,
pero yo le puse una velita a to' mis santos
ahí está pa' que pienses mucho en mí
no dejes de pensar en mí.

Tu recuerdo sigue aquí
ay como un aguacero
rompe fuerte sobre mi
ay pero a fuego lento
quema y moja por igual
y ya no sé lo que pensar
si tu recuerdo me hace bien o me hace mal.

Piensa en mí
es antídoto y veneno al corazón
piensa bien
quema y moja
que viene y va
¿tú dónde estás?
atrapado entre los versos y el adiós.

Tu recuerdo sigue aquí
como aguacero de mayo
rompe fuerte sobre mi
y cae tan fuerte que hasta
me quema hasta la piel
quema y moja por igual
y ya no sé lo que pensar
si tu recuerdo me hace bien o me hace mal.


Tu recuerdo sigue aquí
leirolai lerolelo ooo
rompe fuerte sobre mi
pero que rompe, rompe el corazón
quema y moja por igual
sé que te tengo que olvidar
si tu recuerdo me hace bien o me hace mal.

martes, diciembre 19, 2006

Tablones y Paredes

Que casualidad tan preciosa. Justicia poética le llaman algunos. Estuve por los espacios virtuales de unas amigas El tercer ojo de Estela y Letras de Trapo, y descubrí que andamos en los mismos canales las chicas y yo. Recientemente, en los baños de Borders, tomé unas fotos, por aquello de retratarlo todo para ganarle al Alzheimer que algún día me arrebatará mis recuerdos más preciados. Y esto fue lo que hallé.

Ellas también reseñan paredes y tablones de expresión en sus respectivos blogs. Estela dice: "Sin lugar a dudas, las mejores filosofías de vida y frases las ha leído en las puertas de los baños de damas." Visítenlos. Disfrútenlos. Y lo más importante, descifren los hallazgos que hagan cuando se topen con alguno de ellos en el camino.



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lunes, diciembre 18, 2006

Feria del Libro de Puerto Rico 2006

Había olvidado poner las fotos de la pasada IX Feria del Libro de Puerto Rico 2006. Los amigos escritores Carlos Esteban Cana y Mariángel Díaz Bergnes fueron publicados en la Antología del ICP, Cuadernos del Taller, que dirigió Carmen Lugo Filipi como un proyecto especial para el fomento del quehacer literario. El libro posee todo un caudal de talento y es hermosamente artesanal.

Por supuesto, el detalle distintivo de la velada lo dio la jovencita pintada de gatita preciosa, quien con suerte, heredará lo de tigresa rabiosa de su madre una vez crezca y empiece a romper corazones a diestra y siniestra. Ji, ji, ji.





Carlos Esteban Cana, Carmen Lugo Filipi y Mariángel Díaz Bergnes.



Carmen Lugo Filipi realizando la presentación del Cuaderno.



El grupo del taller luego de la presentación del Cuaderno.



Mariángel Díaz Bergnes y mi gatita Aurora.

domingo, diciembre 17, 2006

Entrevistando a Maira Barbará
sobre su cuento
La doncella de Nuremberg




La Maestría de Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce, Puerto Rico, ha abierto las puertas a nuevos talentos y ha dado alas a escritores que tan sólo necesitaban un empujoncito. Conocí a Maira Barbará y quedé prendada de su prosa. Ella es una de esas estudiantes de la nueva Maestría que ven en la literatura un espacio para respirar mejor. En meses pasados el periódico El Nuevo Día en su revista literaria, le otorgó el reconocimiento de publicarle un cuento de su autoría. La contacté de inmediato y le pedí sus impresiones sobre el proceso de gestación literaria que dio origen a semejante obra. Aquí sus pareceres que muy amablemente me iluminaron el alma:


YAP: ¿Temiste en algún momento a caer en el anacronismo en este cuento, o sea en errores de tiempo y/o espacio?

MB: No, porque me documenté lo suficiente para conocer el período del cual iba a escribir. Traté de mantenerme fiel a la época y a las circunstancias durante la Inquisición. Claro, me tomé ciertas licencias como todo escritor.

YAP: ¿Cuál fue la parte más difícil de escribirlo?

MB: Cuando tuve que describir las torturas a las que sometían a las víctimas, me sentí profundamente conmovida porque me resultó casi imposible sentir lo que ella y sus victimarios estaban sintiendo. No pude evitar cierta repugnancia ante lo que escribía. Espero haber transmitido al lector la misma sensación.

YAP: ¿Cómo te sientes escribiendo cuento histórico?

MB: Me fascina la historia porque creo que los sucesos no siempre nos los cuentan como sucedieron, sino con la óptica que convino en ese momento. Me gusta jugar a dar otros giros al asunto, a imaginar otras circunstancias, otros protagonistas, otros finales. Es muy divertido. Por supuesto que, para lograr un buen relato, hay que documentarse mucho sobre el tema que se va a escribir para adentrarse en la historia tradicional escrita. La "nueva historia" tiene que reflejar situaciones conocidas para que resulte convincente al lector.

YAP: ¿Posees otros cuentos de esa misma vertiente? ¿Cuáles?

MB: Escribí una trilogía que titulé Urdimbre. Los cuentos son Novo Ordo Seclorum, Habemus Mortem y La sombra. Trata de supuestas conspiraciones masónicas, de sociedades secretas y de intrigas de gobiernos. Tengo otros cuentos inspirados en la historia de Cuba y en la Segunda Guerra Mundial, un tema que me apasiona, en el que se basa mi primera novela.

YAP: ¿Cuál es tu vertiente favorita a la hora de escribir cuentos?

MB: Los grandes maestros del género cuentístico opinan que éste debe ser breve, conciso, certero y con un final impactante. Eso es lo verdaderamente importante y lo que me gusta hacer. La novela es otra cosa. El tema es, en definitiva, lo de menos. Lo importante es cómo se cuente, que el lector se sienta atrapado y luego sorprendido con el final, que la trama se le quede dando vueltas en la cabeza.

YAP: ¿Cómo defines tu experiencia en el último Taller Avanzado de Cuentos de la Maestría? ¿Y en la Maestría como tal?

MB: Te voy a confesar algo... Nunca había escrito un cuento hasta agosto de 2004. Solicité ingreso al primer grupo de la Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón porque siempre me gustó escribir, pero lo que había hecho era poesía hasta ese momento. Soy autodidacta en ese campo y las guardo en una gaveta. Cuando descubrí lo maravilloso que es dar rienda suelta a las ideas a través de la prosa, supe qué era lo que más me gustaba en la vida. Mi primer y último Taller de Cuentos lo tomé con el doctor Luis López Nieves, quien es también el Director de la Maestría, y fue una experiencia maravillosa, un verdadero lujo. Nos exigía mucho, pero le debo mis primeros pasos en las letras. También tuve otros profesores maravillosos, cada uno con su estilo, pero todos muy preparados. Me siento feliz de haber terminado mi Maestría y de haber sacado A en todas las clases. Ahora estoy escribiendo mi tesis, mi primera novela.

YAP: ¿Quién es tu mayor influencia literaria y por qué?

MB: Maupassant, Poe y Chejov son mis referentes mayores. Por supuesto, una recibe influencias de muchos maestros hasta que logra depurar su propio estilo. Este se mantiene evolucionando, refinándose. Es un círculo infinito, se sigue leyendo y se siguen recibiendo nuevas corrientes.

YAP: ¿Qué estás leyendo ahora mismo?

MB: Soy una lectora voraz, siempre lo he sido. Mis padres eran profesores (mi mamá de español y mi papá de matemáticas), así que en mi casa siempre había libros a la mano. Puedo leer dos o tres libros a la semana, leo rápido y, si me gusta, me lo devoro literalmente aunque tenga que robar horas al sueño. Acabo de leer Las travesuras de la niña mala de Vargas Llosa, que me encantó porque Vargas Llosa es un genio de la literatura. Y también leí esta semana La hija de Cuba, de María Elena Cruz Varela, sobre la historia de Gertrudis Gómez de Avellaneda, una ilustre escritora cubana del siglo 19. También muy interesante. Le comentaba a un amigo no hace mucho que siento que no voy a tener vida suficiente para leer todo lo que me falta.

Maira, mil gracias por tu tiempo y dedicación. Para beneficio de todos incluyo a continuación su narración publicada en el periódico. Espero la disfruten tanto como yo.


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La doncella de Nuremberg
Cuento Por Maira Barbará
Publicado en el periódico El Nuevo Día el 22 de octubre de 2006

“Dios, como privilegio especial, ha otorgado a la Iglesia la inmunidad contra el error”
Papa León XIII

Presentía que pronto vendrían a buscarla. Lo intuyó al ver que sus vecinos la evadían luego de que pasara frente a su casa la procesión de los dominicos y apareciera una cruz amarilla pintada en su puerta. Sabía que era cuestión de tiempo, de poco tiempo. Un miedo cerval se había apoderado de todos sus sentidos.
El estruendo de unos golpes la sacó de sus cavilaciones. Ya estaban allí.

Era joven y vivía rodeada de gatos. De hábitos solitarios, no tenía muchos amigos en el pueblo. Llevaba ropa de luto por su esposo, que había muerto hacía un año. El negro resaltaba aun más su melena rojiza, de rizos alborotados. Sus ojos verdes y su tez de un luminoso rosado eran motivo de admiración en los hombres y de envidia en las mujeres. Cuidaba ancianos e iba a misa todos los domingos, como era de rigor.

Fue trasladada a unos calabozos donde apenas entraba la luz del sol. En la celda sólo cabía una persona acostada. Cuando sus ojos se acostumbraron a la penumbra, descubrió que el piso y las paredes estaban resbalosos porque los cubría una extraña mezcla de sangre, excrementos, orines y vómitos. Aquellos muros empedrados, húmedos y fríos estaban impregnados del olor de la muerte.

La hicieron desnudarse, le afeitaron todo el cuerpo, le cortaron las uñas y la obligaron a ponerse un camisón que había sido remojado en azufre y agua bendita. Después de meterle un puñado de sal en la boca, la condujeron ante el Inquisidor, un cura anciano algo jorobado, de piel cetrina y un repugnante mal aliento, quien tendría a su cargo el protocolo del Santo Oficio. Lo acompañaban varios compañeros dominicos, entre ellos un amanuense.

La mujer temblaba, mientras el Inquisidor pronunciaba las oraciones prescritas por el “Mallus Maleficarum” y daba inicio al interrogatorio.
-¿Cómo te llamas? -dijo, en tono autoritario.
-Magdelaine Michelet -contestó, con la voz entrecortada.
-¿Cuántos años tienes?
-Treinta y tres.
-¿Sabes por qué estás aquí?
-No, padre -dijo, al borde de los sollozos.
-Sabemos que has preparado hechizos y que has causado la muerte de varios ancianos de tu pueblo.
-Pero yo…
-¡No me interrumpas! Hablarás solamente cuando yo te pregunte. Dime, ¿a cuántos ancianos has asesinado? Admite que mataste a tu esposo y que recibes durante la noche a tus amantes diabólicos, que se te presentan en forma de íncubos. Dime, cuántas veces te has refocilado con el diablo en orgías y aquelarres. ¡Confiesa!
-Padre, voy todos los domingos a misa. ¡Nunca he matado a nadie!
-¡No es cierto, de nada te valdrá negarlo! Estarás aquí hasta que nos digas todo lo que has hecho. Te advierto que te arrepentirás de no haber confesado ahora.

Ante su reiterada negativa, fue llevada de regreso a su celda. Se preguntaba qué pruebas tendrían aquellos hombres. El cansancio la rindió y las pesadillas más oscuras rondaron su sueño.

Al día siguiente fue sometida a otro interrogatorio y a diversas torturas. Esta vez se encontraba también presente el Inquisidor General, Su Excelencia Ferdinand de Rocroi, Arzobispo de Cambresis, la máxima autoridad de la región. Aunque no intervenía en los procedimientos, era evidente que estaba allí para supervisar y aprobarlos.

En la búsqueda del “punctum diaboli”, tres sacerdotes pinchadores oficiales clavaron a Magdelaine largas agujas debajo de las uñas, en los senos, en la vulva, en el ano, en todos sus lunares y cicatrices. Si sangraba o gritaba porque sentía dolor, se confirmaba su condición diabólica.

La hicieron tragar nueve litros de agua bendita y la suspendieron de cabeza, amarrada por los tobillos. Mientras le daban veinte latigazos, un dominico le mostraba los instrumentos que la esperaban: el potro, la corona de Cristo, la tortuga, los látigos con puntas, la turca, la pera de hierro, la cuna de Judas... Otro religioso calentaba unas tenazas de hierro. Mientras tanto, el Inquisidor le gritaba una y otra vez que, a toda costa, ella confesaría y él así salvaría su alma.

-Dime, ¿has preparado ungüentos o filtros con la pulpa de los huesos y carnes de tus víctimas? ¿Cuántas veces has yacido con tu amo de las tinieblas? ¿Quiénes son tus cómplices? ¡Confiesa! -gritó.
-¡Soy inocente, no puedo decir lo contrario!

El Inquisidor, cada vez más exasperado, con una sonrisa irónica, se le acercó, bajó el tono de su voz y le dijo con sorna:

-¿Ves esta hermosa caja de hierro? La llamamos “La doncella de Nuremberg”. Fíjate en las púas filosas y largas que hay en su interior. Se encajarán en tu cuerpo cuando cerremos sus puertas. Será lamentable escuchar tus gritos y cómo se apagan, cuando te mueras poco a poco. Es tu última oportunidad para admitir tu culpa...

Magdelaine, presa de la desesperación, vislumbró un pedazo de cielo a través de la única ventana del recinto, en lo alto de la pared. Sus ojos vertían lágrimas incontenibles, que rodaban por sus mejillas. Desesperada, sangrante, débil, impotente, invocó en su mente a las legiones celestes y pidió ayuda. Un rayo de sol se reflejó sobre su melena rojiza y sus ojos adquirieron un brillo intenso.

Entonces fue ella quien se acercó al Inquisidor y lo miró con fijeza. Se inclinó hacia él, como si fuera a decirle un secreto. Le dijo en voz baja, despacio, firme, arrastrando las palabras:
-¡No voy a confesar!

De inmediato, a pesar de su forcejeo, la empujaron dentro de “La doncella” y cerraron las puertas con violencia. Un grito estridente, prolongado, un eco sordo, opacado por el metal del sarcófago, resonó en la estancia. Luego, un absoluto silencio.

Los sacerdotes, extrañados por la ausencia de los quejidos constantes que solían escuchar cuando usaban ese método, abrieron sus puertas una hora más tarde. “La doncella” estaba vacía.

De su interior salió un altivo cuervo negro, que cayó sobre el Inquisidor y el Arzobispo. Les sacó los ojos a picotazos, mientras revoloteaba con fuerza y emitía graznidos disonantes. El sol había inundado toda la habitación.

El pájaro, con su pico manchado de sangre, se posó en la ventana. Desde lo alto, miró a cada uno de los presentes y alzó vuelo triunfante hacia el infinito.

Dos de la mañana


bwmi barriga
Ventana de Orlando, FL



¿Qué buscas? ¿Por qué siempre me levantas a esta misma hora? ¿Por qué me piensas, o me sueñas y haces que de un tiro quede despierta, mirando por la ventana? ¿Qué puede interesarte aún aquí adentro, donde me palpita tu olvidarte? ¿Dónde acaricias ahora primero? ¿Pecho, boca, muslos abajo, vientre arriba? ¿Qué curiosidad morbosa buscas aquí afuera, sobre mi piel declarada traidora? Vete. Déjame dormir. Déjame vivir.

sábado, diciembre 16, 2006

Anoche, mi primer White Party en ocho años

Anoche mi gran amiga, la escritora Mariángel Díaz Bergnes, me acompañó al primer White Party que tengo en años, por razones que no vienen al caso. Fue maravilloso disfrutar con ella y con todos los asistentes. Me regalaron flores, una docena de rosas peach, en homenaje a mi premio PEN Club 2006. Fue una velada inolvidable para mí. Gracias a la vida, que me regala estos momentos aún en tiempos de vicisitudes.

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