viernes, diciembre 19, 2014

Serie narradoras puertorriqueñas: Tere Dávila y la criatura hecha de pus


Serie narradoras puertorriqueñas: Tere Dávila y la criatura hecha de pus
Cómo escribí mi cuento favorito
Especial para Boreales de Yolanda Arroyo Pizarro

“Mis criaturas nacen de un largo rechazo.”  El verso de Pablo Neruda describe al protagonista de mi cuento, Lego,  mejor de lo que yo puedo hacerlo. Y confieso que a ese ser, hecho de lo más despreciable, le he cogido cariño.

Un hombre hecho de pus. Muchos amigos me han preguntado por qué escogí un personaje tan asquerosito.
Podría ser para causar impresión. O porque, tras una imagen femenina y hasta delicada, devengo placer en ciertos rituales no tan pulcros.  O probablemente porque me pareció, además de una premisa divertida, una imagen fuerte que me daba la oportunidad de explorar la naturaleza de la creatividad y del ego. (Por cierto:  eL ego… ¿Lego?) Y como nunca he sido filósofa ni ensayista, se me hace más fácil  descubrir lo que no sé que sé a través de escribir un cuento. Esa es la ventaja de la ficción: no hay que ser directa ni lógica. Se permiten los saltos mortales.  Según el escritor Neil Gaiman: "la ficción es la mentira que dice la verdad”
Tan pronto empecé, me di cuenta de que había desempolvado un libro de mitología que tenía guardado en el disco duro cerebral y que incluía el mito de Pigmalión  (dicen que solo hay seis o siete historias verdaderamente originales en toda la literatura y que el resto es rescritura),  del cual Lego hace eco:

“Mandé a buscar las bolas de los ojos y una caja de dientes a una compañía china que vende prótesis. Rechacé las fibras sintéticas y opté por ponerle una peluca y cejas de cabello humano. Vestí a mi muñeco con una polo blanca y pantalones caqui y, a pesar del tono amarillento de la piel y sus cualidad legamosa, estuve satisfecho con mi obra….Lo bauticé con el nombre de Lego, inspirándome en los bloques con los que yo, de niño, construía ciudades y puentes. Esas estructuras infantiles no habían sido para mí pedazos de plástico, sino verdaderos edificios y hasta ciudades que albergaban vida.“

Lego es la creación que toma vida propia y que, al hacerlo, siente la necesidad de crear a partir de sí misma  Siempre me ha parecido irónico como se habla de la creatividad humana como una empresa elevada, pura, noble… y sin embargo tiende a ser un proceso tan sucio y desordenado, para nada bonito. Es, en fin,  sacarse algo de adentro. A veces parecería pus.




El relato titulado Lego es uno de trece cuentos que componen el libro Lego y otros pájaros raros de Tere Dávila (Isla Negra Editores, 2013). 

Lego y otros pájaros raros es un libro importante, entre otras razones debido a su humor saleroso y a su visión mitigante de la excentricidad humana”
-Luis López Nieves

miércoles, diciembre 17, 2014

Serie narradoras puertorriqueñas: Sandra Beatriz Valentín Medina sobre inventar la muerte


            Serie narradoras puertorriqueñas: Sandra Beatriz Valentín Medina sobre inventar la muerte
Cómo escribí mi cuento favorito
Especial para Boreales de Yolanda Arroyo Pizarro

Casi pierdo la cordura en el entierro. Mientras bajan la caja, internalizo que cuando comiencen a arrojarle tierra encima, será todo. Nunca más voy a volver a verlo, a reírme con él, a enviarle un capítulo recién terminado o editar uno de sus cuentos. Él está encerrado en esa caja, siendo abrazado por Gaia Madre y yo, encerrada en un mundo donde él no está.
Ahí entendí la manía de viudas de arrojarse al suelo gritando a los cielos «Llévame contigo». Es porque lo que aterra no es la muerte o la vida, sino la soledad. Mi cialeña interna y mi puertorriqueñidad intravenosa me dictan como instinto milenario que me arroje al piso yo también. El pensamiento no procede. Él es capaz de volver de la muerte para castigarme si llego a hacer una escena en su entierro.
Me quedé hasta que todo el mundo se fue. De un segundo a otro oiré su risilla diabólica diciéndome que esto es una broma. Pienso en la muerte, la risa, la literatura y la negación. Por último, pienso en el suicidio. Pero no hay nada de qué preocuparse, eso es solo algo que me pasa los últimos martes del mes.


Este cuento se llama P, como el personaje muerto al que hace alusión. Es mi cuento favorito porque es, probablemente, el más personal que he escrito. La muerte es inventada, pero todo lo demás no podría ser más cierto. Cuenta la historia de dos gemelos, el hermano muerto joven y la hermana que queda desamparada de él y que es quien narra la historia. Se trata de gemelos fraternos, pero también hermanos en la tinta. Se acompañan en su meta común de convertirse en escritores. El final del cuento termina revelando que la conexión con la literatura es lo que más le va a servir a a narradora para mantener a su hermano cerca de ella, puesto que ella termina saliendo del entierro de la mano de uno de los personajes creados por su hermano. Invocado por la misma pérdida, Darwin viene a ayudar a Valentina a sobre llevar la muerte de P.
Lo más que me gusta del resultado de este cuento es lo verdadera que se siente la voz narrativa. Me gusta pensar que las lágrimas que la gente derrama llega un punto en que se une a la corriente del mismo río. El dolor nos hermana. Por eso me gusta escribir del dolor, porque siento que hermano a todos los que, como Valentina, han perdido algo que no pueden recuperar y sin lo que se sienten menos de la mitad de un todo. Nunca estamos realmente solos, es lo que esta historia me dijo a mí cuando me llegó.

Lo escribí de una sentada y me bebí las lágrimas durante todo el proceso porque en ningún momento dejé de imaginar el féretro abierto y a mi Raymond, mi mejor amigo y mi hermano en la tinta, adentro… muerto de la manera más definitiva. Este cuento me enseñó que es inútil tratar de vivir desconectado de las personas que nos rodean. Siempre nos vamos a conectar y siempre nos va a doler al desconectarnos, sea por la razón que sea. Evitar el dolor del todo no es una salida viable y si lo fuera no es una positiva. Es mejor dejarnos hermanar por el llanto que marchitar de soledad. 

sábado, diciembre 13, 2014

Celebrando el Premio PEN Club 2014 a la antología puertorriqueña Palenque

Este ha sido el saldo de un verdadero ejercicio de talento concentrado a favor de las letras, la cultura y la denuncia. ¡Estamos de celebración Palenqueros! Festejando un nuevo Premio de Literatura en 2014, Certamen del PEN Club de Puerto Rico, Categoría Antología, Mención de Honor.

Felicitamos a los 22 autores incluidos: Ana Irma Rivera Lassen, Anuchka Anu Ramos Ruíz, Christian Manuel Marrero-Pérez , Cynthia Montalvo Martínez , David Caleb Acevedo- Elijah Snow, Dinorah Marzan, Emilio del Carril, Gloriann Sacha Antonetty Lebron, H Roberto Llanos Llanos, Jesus Manuel Santiago Rosado, Johanny Vázquez Paz, José Jose E. Muratti-Toro, María Reinat Maria Reinat-Pumarejo, Marlyn Centeno, Mayra Santos Febres, Miranda Merced, Nery Gomez, Paxie Cordova Escalera, Rubis Marilia Camacho, Roberto Ramos Perea, Zulma Oliveras Vega y Yolanda Arroyo Pizarro.


jueves, diciembre 11, 2014

Serie narradoras puertorriqueñas: Marta Aponte Alsina y una broma literaria


Serie narradoras puertorriqueñas: Marta Aponte Alsina y una broma literaria
Especial para Boreales de Yolanda Arroyo Pizarro

Esta broma forma parte de un libro en proceso de escritura, abandonado por ahora, y que amenaza con quedar inconcluso y olvidado, como las ruinas del castillo en la playa de Naguabo. Es una respuesta al influjo seductor de un libro de Roberto Bolaño, La literatura nazi en América, conjugado con ciertas ideas publicitarias sobre la invisibilidad e, incluso, la inminente, profetizada, desaparición, de la literatura puertorriqueña.

A mediados del siglo 21 un filántropo legó su fortuna a la New York University con una condición: que el Departamento de Español y Portugués de NYU acogiera un inagotable archivo y se encargara de ordenarlo y difundirlo. De esa fuente se extrajo el Atlas de autores puertorriqueños inéditos, obra de referencia que destaca los lugares reales de una serie de autores desconocidos. La entrada siguiente forma parte del Atlas.
(Marta Aponte Alsina para Boreales).

Bronx, N.Y.-Naguabo P.R.
Nacho Valdes; Ignatz Bertz-del Corral; Nachiángel

Nacho Valdés no nació en el Bronx. Tampoco es seguro que haya muerto en el Bronx. Ni siquiera es indiscutible que haya muerto. No obstante, con clara intención imperialista, una de sus críticas (Blanco de Pierce) lo sitúa como exponente de la literatura bronxiana o bronxista (“Bronx-based literature”). Error contumaz: los documentos que encontramos en el sótano de una de las residencias del autor, en la playa de Naguabo, dan fe de su nacimiento en Puerto Rico. Desde luego, siempre cabe la posibilidad del engaño. Tal vez quiso presentarse como naguabeño ausente, es decir, como encarnación suprema de una literatura invisible, con algún fin propagandístico cuyo sentido se nos escapa.
Las novelas valdesianas no vieron la luz ni en el Bronx ni en Naguabo ni en lugar alguno. Sí se publicaron sendas reseñas de las mismas, además del artículo firmado por Perla Blanco de Pierce. La explicación es casi banal. En la colección Charles Scribner's de la Princeton University Library se conservan los contratos de cesión de derechos y las maquetas de las portadas. A partir de maquetas semejantes y de las pruebas de imprenta, los publicistas del editor pagaron reseñas (anuncios mal disimulados) en la revista dominical de El Nuevo Día. El artículo de Blanco de Pierce se basó en esas reseñas, y no en el libro, porque este quedó en galeras.  
La misma foto de autor adorna las solapas de Las  muelas de tía Jovita, Cantares del castillo de los cataclismos y Juracán y Yayael: un señor muy triste, de cráneo afeitado al ras, posa sentado en una mecedora de enea, junto a un niño negro, una niña blanca y un(a) niño(a) latino(a) transexual.  
En 1985 salió de imprenta en Nueva York una novela corta. No se trataba del original escrito en español, que, como se ha dicho, permaneció inédito y sigue extraviado, sino de una traducción titulada Jovita´s Teeth. Booker´s registra por primera y única vez el nombre de Ignatz Bertz-del Corral, nacido en el Bronx, de padre alemán y madre puertorriqueña. La foto de contraportada es inconfundible, a pesar del pelo blanco, torcido en una espiral de helado de vainilla: se trata de quien fuera Nacho Valdés, a juzgar por las mencionadas fotos de solapa del original inédito. Jovita´s Teeth fue bien recibida por Juan Mejías en una nota breve (The Village Voice) y despedazada, en otra más breve aún, por el crítico James Wood, feroz antagonista de la escritura delirante (en la sección “Briefly Noted “de The New Yorker).
En aquel tiempo no era extraño que se transformara un autor entregado a la búsqueda, no ya de una voz o de un brand, sino de un no sé qué perdidamente incalificable. Conocidas son las reflexiones críticas sobre las mutaciones del escritor y el auge de la tecno-literatura en los albores del siglo 21 (Carrión). No debe sorprender, entonces, que Nacho cambiara de nicho. Ni siquiera merecería una entrada en este Atlas de autores puertorriqueños inéditos el escritor de un texto híbrido que, tras el choque de las dos opiniones encontradas que le dispensó la crítica, cayó en un silencio de moribundo asediado por ratas en una ciudad bombardeada. Abruma, desde luego, el misterio de una sola persona en varios autores distintos, para no hablar de la invisibilidad de un hombre nacido en un pueblito de las sínsoras puertorriqueñas, en una colonia insular ninguneada por la crítica canónica autoritaria (Cancel). Dicho esto, ahí quedaría el asunto, rumbo al cementerio de los miles de autores que no pasan al olvido, pues jamás llegaron al recuerdo. Pero el caso es más complejo: sobran razones para sospechar que Valdés-Bertz-del Corral no calló para siempre. En la segunda década del sigo 21, con motivo de la premiación de los Latin Grammys irrumpió en “the culture” un compositor con nombre de escultor mestizo del barroco colonial latinoamericano: Nachiángel. Del cerebro de un investigador desesperado salió la teoría de que Valdés, Bertz-del Corral y Nachiángel eran la misma persona. Argumentaba el estudioso que las letras de Nachiángel insisten (con agotamiento manierista) en el tropo de las muelas de su tía abuela, transformada en tiradora de drogas o seteadora (no queda clara la diferencia).
La anómala figura de Valdés-Bertz-Del Corral-Nachiángel (en adelante VBDN), sus artefactos claramente posmodernos, no han pasado desapercibidos en el actual revival de las literaturas transversales vintage. Los post-trans más militantes aseguran que se acerca el momento de su dilatado reconocimiento. Incluso apuestan a que no dejará de advertirse la epifanía de ese momento en el caótico vértigo de nuestra simultaneidad antijerárquica. Solo así se leerá con justicia a este simpático autor puertorriqueño, pionero de algunas tendencias permu-performáticas del arte post-productivo de entre siglos: los splices, el plagio, el sampling, el jamming, las voces en off, el zapping, los jams, los voice-overs, los remakes, los trasplantes de cara o facings (Carrión).
El barrunto provoca ansiedad. Cualquier alteración en la poética de VBDN podría pulverizar el nicho donde al fin reposa, y dar al traste con el nada despreciable interés que su obra comienza a suscitar –al fin- en los diez departamentos estadounidenses de Latin American Studies.
En atención a rumores de fuentes especiosas, pero abundantes; a que con dedicarle una entrada a VBDN quedan incluidas dos de las ciudades de este Atlas (el Bronx, New York y Naguabo, Puerto Rico); y a que, ya en las postrimerías de la tercera tardo posmodernidad nos adentramos en un quinto cambio de época–para desazón de unos cuantos reaccionarios cegados por el hábito de la periodización a base de generaciones– nuestro equipo editorial en pleno se trasladó a Naguabo, Puerto Rico.

Naguabo en síntesis:
Nativos con tecnología.
Naguabo literario:
Ciudad natal del escurridizo autor que motiva esta entrada, o tal vez de uno o ambos de sus progenitores. Pueblo cuya plaza se ubicó tierra adentro, al resguardo de piratas y caníbales, es decir, al margen de la Historia. Tipifica la atávica dualidad de las islas caribeñas: la disponibilidad de los barrios costeros, la ensimismada soledad del hinterland. Mientras el núcleo urbano le daba la espalda a los traqueteos del contrabando, al puerto llegaban embarcaciones –polacras, bergantines, yolas, playeras, yates– con mercancías prohibidas. Esa doble cara se materializa en una imagen poderosa: los dos castillos (Aponte Alsina).
En la playa de Naguabo se edificaron dos casas que los pueblerinos llaman castillos. La del lado de la tierra es una exquisita miniatura victoriana. No nos interesa.
La que da al mar es horripilante. No le basta con ser una ruina.


Esta monstruosidad se construyó en la primera década del siglo veinte. El arte de las manos que la edificaron se aprecia en la perfecta alineación de los mosaicos del piso de la terraza lateral. La impresión de armonía pereció sofocada por los trastornos de sucesivas remodelaciones (ahora la estructura cae libremente en el abandono). Véase el esperpento de los dos faroles plásticos de manufactura china (c. 1998) instalados en el jardín. Llama la atención la letra “B” pintada en las columnas. Podría ser, pensamos –con la esperanza del investigador que al fin se acerca a un concepto iluminador del caótico material de sus desvelos– que esa “B” mal trazada fuera la letra inicial de la palabra Bronx, o del apellido Bertz. El grafiti que profana la pared, cuya transcripción se ofrecerá en breve, multiplica los posibles sentidos de esa “B”. Está escrito en una sencilla jeringonza. Fácil de descifrar, decepciona como escritura secreta.
En el jardín descubrimos un coralillo de flores rojas, descendiente de un arbusto ancestral sembrado –¿por qué no?– en 1905. No es casual que ese año sea el mismo en que, según fuentes de entera confianza (Astol), se estableció en Puerto Rico la Sociedad Teosófica. Si así fuera, la “B” podría aludir –hipótesis no menos verosímil que las anteriores– a la inicial del apellido de casada de la fundadora de la hermandad: Madame Elena Blavatsky.
Confesión necesaria: La relación entre VBDN y la Sociedad Teosófica no se nos había ocurrido hasta el momento en que se nos ocurrió. Las claves de la misteriosa insistencia del autor mutante en enigmáticos acertijos, los giros oscuros y difíciles que tanto frustraron a James Wood, se despejan en las tinieblas del perverso castillo.  
Por la puerta de la terraza accedimos a una sala estrecha. De ahí pasamos al balcón de entrada y salida. La disposición de los mosaicos del piso del balcón nos estremeció. ¿Qué diablos representan las esvásticas? ¿El sol negro de los nazis? ¿El emblema de la Orden de la Hermandad de la Cruz Mística? ¿El símbolo del fuego (y de los arios puros) en el sello de la Sociedad Teosófica? ¿Que significa la dirección de las aspas? ¿Figuró algún nazi entre los propietarios del castillo? ¿Algún seguidor de la Sociedad Teosófica?  Y VBDN, ¿de qué pata cojeaba? Se repite en este símbolo sobrecogedor la confusión entre los dinámicos significados posibles de la “B” mayúscula: la letra inicial de la palabra Bronx, la inicial de Bertz, la “B” de Blavatsky.


Nuestra informante más confiable, una maestra jubilada, asegura que en el castillo pernoctan vivos y muertos. Los restos de comida, las jeringuillas abandonadas, los espejos empañados, las escaleras gastadas, son indicios de que los delirantes no le tienen miedo a los bramidos del mar.
El grafiti de la terraza, traducido, lee:
“Tía abuela no se cansaba de fugarse. Cada vez que los negreros la capturaban, le arrancaban un diente. Ella conservaba esos huesos sangrientos. Eran sus trofeos. Con el tiempo se cansaron de perseguirla. Me asustaban sus carcajadas vacías. Murió con las muelas puestas. Lo de arriba es lo de abajo. Como en el cielo, así en la tierra. Lo que fue, será. ”
Habrá quien lea en este acertijo una inquietante ausencia, un obituario escrito en el lenguaje lapidario de la prehistoria. Habrá quien interprete lo opuesto; que su hallazgo supone una resurrección. Habrá quien decida quemar las ruinas del castillo. Habrá quien resuelva dejarlo en paz, invisible en el reino de la naturaleza, como se dejan a sus anchas los monstruos indescifrables.

Bibliografía:
Sobre Nacho Valdés:
Blanco de Pierce, Perla. “The Dilemma of a National Puerto Rican Identity; A Non-essentialist Vision of the Spanish-Language Works of Nacho Valdés ”. The Bulletin of the Center for Children´s Books  96 (1980). 10-15.
Sobre Ignatz Bertz-del Corral; Nachi Angel:
Cancel, Mario. Bertz-Del Corral: un fugitivo de la generación soterrada de los ochenta del siglo veinte en la tardo post-modernidad. Puerto Rico-República Dominicana: Isla Negra Editores, sf.
Carrión, J. Bertz-del Corral o las mutaciones del escritor. Madrid: Errata Naturae,  sf.
Mejías, Juan. “Bertz- Del Corral, a story teller to sink your teeth into”. The Village Voice, 55 (1985). 25.  
Wood, James. “What´s the Story: The Cacophonous and Chaotic Caribbean of Bertz-del Corral”. The New Yorker, 75 (1985). 55.
De interés general:
Aponte Alsina, Marta. Entre la montaña y la costa: tradiciones y leyendas de la gran familia puertorriqueña. Cayey, Puerto Rico, Sopa de Letras (edición de autora, s.f.)
Arendt, Hannah: “Of Swastikas, Stupidity and Imperialism: A Castle in the Preposterous Tropics”. Manuscrito inédito,  División de Manuscritos, Biblioteca del Congreso, Washington D.C.
Astol, Eugenio. “Historia de la teosofía en las Antillas” (manuscrito inédito, Colección Puertorriqueña, Biblioteca de la Universidad de Puerto Rico).
Duchesne Winter, Juan. El eterno retorno de una literatura que no acaba de largarse. Puerto Rico: Ediciones Callejón, sf.
“Naguabo: Las bellezas del pueblo de los enchumbados”. Oficina de Cultura del Municipio de Naguabo. Folleto sf.
“Entrevista con doña Mary Igartúa Natal, maestra jubilada, 120 años”.

Coordenadas espaciales:
Bronx: latitud: 40° 42' 51"; longitud: 74° 0' 23"
Atracciones: Un zoológico, el lecho mortuorio de Annabel Lee, arroz con habichuelas.
Naguabo: latitud: 18° 12'  49"; longitud: 65° 44' 7.01"
Atracciones: dos castillos, un muelle, fantasmas, fritangas.




lunes, diciembre 08, 2014

Serie narradoras puertorriqueñas: Miranda Merced y la pérdida de la memoria


Serie narradoras puertorriqueñas: Miranda Merced y la pérdida de la memoria
Cómo escribí mi cuento favorito
Especial para Boreales de Yolanda Arroyo Pizarro

 “Al tratar de recortarla encontraron hebillas mohosas dentro de la enorme madeja solidificada…
Medusa Rivera del Río, ex reina de belleza, ex política influyente en decisiones municipales, soltera, venida a menos tras sus episodios de confusión, imperdonables olvidos y repetidos descuidos, había decidido cortar su cabello, el cual no peinaba desde que la despidieron por no tener nada en el cerebro. No se preocupe, nosotras vamos a su casa. Tras un ligero baño se recostó en un diván mientras las estilistas llegaban a arreglar su cabello. No quisieron despertarla, le darían la sorpresa.
            Cuando las mejores tijeras fracasaron, las mujeres convocaron a un selecto grupo de profesionales. Llegó el alcalde, el médico, un ingeniero mecánico y dos obreros, los más fuertes de la construcción aledaña. Intentaron con afilados escalpelos, seguidos por seguetas  manufacturadas con el mejor acero. Alguien sugirió un serrucho inventado por un sueco a las órdenes del gobierno. El alcalde mandó por la herramienta. Tuvieron que registrar cuatro almacenes y dos sótanos. Aunque dieron con el aparato, el esfuerzo resultó inútil. Se procedió a usar una sierra eléctrica, la vibración sólo consiguió que tres ratas desalojaran lo que consideraban su madriguera. La masa continuaba siendo empero, un apretado nudo imposible de manejar. La niñita del pirulí en la boca repitió por enésima vez, mami usa aceite caliente. Con las gotas de sudor chorreando desde la coronilla, el ingeniero mecánico añadió, se me ocurre ablandarlo con aceite caliente.”
                                        
A mis oídos llegó la historia acerca de la triste situación de una mujer brillante venida a menos. Se trataba de una profesional muy respetada en su rama, quién al envejecer desarrolló una de esas afecciones que tienen que ver con la pérdida de la memoria.  Vivía sola y no tenia quién se ocupara de su salud y rutina. Algunos amigos la fueron a visitar y al conocer la situación en la que vivía decidieron ayudarla. Uno de los pasos fue llevarla a recortar el cabello a un salón de belleza. La frase “Al tratar de recortarla encontraron hebillas mohosas” dentro del cuento es literal y, aunque sorprendente en la vida real, es menos extraño de lo que puede parecer a simple vista, por lo que entendí debía ser mirada con mayor profundidad.
Son varios los factores que juegan simultáneos en el cuento corto “La cabeza de Medusa”, como varios los que en la vida permiten que una mujer que en un momento fuera productiva, admirada y hasta envidiada, llegue a la obsolescencia una vez no pueda ser más útil. Es una de las más directas declaraciones de cosificación, a la cual puede llegar una sociedad. Un atleta es vitoreado, mimado y celebrado mientras sorprende con sus logros a los fanáticos, lo mismo un profesional exitoso dentro de una organización o una mujer hermosa en un concurso de belleza. Y como todos desean estar con los que ganan, siempre está el buscón de carrera, esperando un aventón con el triunfador, el político que encuentra la forma de sacar provecho de cualquier situación: positiva o negativa, el curioso que se une a los incidentes, pasando a formar parte de ellos aunque se trate de situaciones y personas ajenas. Así mismo, cuando las personas dejan de ser utilizables para los que le rodean pueden suceder dos cosas: pasar al olvido hasta que abandonan este plano o convertirse, de repente, en la razón para una buena obra, que de paso convenga a los intereses particulares de cada cual.
En este cuento la mujer, dormida o inconsciente, se pone en manos de toda la comunidad que, ante la fascinación del espectáculo, trata de resolver la incógnita, al punto en que ya la mujer no es lo importante, nada importa si fue de gran servicio para la sociedad, si nutrió con sus conocimientos las vidas y carreras de cientos, ni siquiera si la vida misma está en riesgo; solo el proceso consigue protagonismo, la conquista, la excitación que provocan los asuntos que logran sacarles de la cotidianidad. A la gente ya no le importa la mujer con la enorme madeja de cabello, lo que importa es todo lo que se puede sacar de esa madeja, y la celebración que seguirá una vez se llegue a la conclusión.
A pesar de estar aparentemente ausente durante casi toda la trama, la figura de la protagonista es poderosa, ya que logra poner en acción a todos los demás personajes a su alrededor. Ninguno de los actantes, ni siquiera (y ojalá que) el lector, queda impávido ante el caos ocasionado por una cabeza que, para no tener nada dentro de ella, provocó un impacto considerable.
Decidí manejar el tema con un tono algo ligero y eché mano al sarcasmo, palabra derivada del griego que sugiere algo así como una mordedura de labios, por ser el sarcasmo una de las herramientas más útiles para la crítica efectiva. Al no ser un juicio directo, el interlocutor no está tan a la defensiva y se siente dispuesto a prestar  sus sentidos con mayor facilidad al que expone. Acepto que no siempre es posible  entender este tipo de lenguaje, el sarcasmo, pero cuando el ser humano lo logra, la comunicación logra marcar al individuo de por vida.

Cuento: La cabeza de Medusa
Libro: Almarios en alquiler
Junio del 2013


jueves, diciembre 04, 2014

Serie narradoras puertorriqueñas: Rubis Camacho, "Ningún humano me ha dado mayor muestra de amor".



Serie narradoras puertorriqueñas: Rubis Camacho, "Ningún humano me ha dado mayor muestra de amor".
Cómo escribí mi cuento favorito

Especial para Boreales de Yolanda Arroyo Pizarro

En octubre del 2011, Letra Negra Editores (Guatemala) publicó y presentó mi libro El fraile confabulado en su actividad anual “Octubre, mes de narrar”. Se trata de una serie de relatos en los que prima la figura de un fraile de alma revuelta, confrontado con su vocación, llamado, prejuicios, contradicciones y realidades (“Y te retiraste solo, como te has de ver toda la vida: siempre en busca de lo que huyes.”). De todos mis personajes, es en el fraile donde encuentro mi mayor referente biográfico, el personaje a través del cual ventilo mis ambigüedades, cuestiono y escudriño. Por esta razón prefiero este libro antes que a los primeros dos publicados (Cuentos traidores 2010, Sara: La historia cierta 2011). En cada relato de El fraile confabulado reinvento un recuerdo.

El día que escribí el cuento El telescopio del fraile, saldé una deuda con Micaela; un ser vivo con todos los signos estereotipados de la derrota: perra, sata, realenga, negra, llagosa y preñada. Llegó a mi puerta con el abatimiento del desamparo. Ningún humano me ha dado mayor muestra de amor, fidelidad y vocación sacrificial.

En este relato el fraile es el custodio del telescopio del hereje Galileo. Sucumbe a la tentación de hurgar el firmamento y queda maravillado ante la vastedad del universo. No obstante, una tarde inclina el telescopio a tierra y divisa una escena desconcertante. “La cercanía de los páramos y los manantiales amedrentaba. Las hojas tenían el tamaño de las montañas. Pude ver, cerca de la muralla que bordea el próximo pueblo, a una perra leprosa que hundía las garras con desesperación en la tierra hasta crear un hoyo profundo en el que acomodó un vientre ampuloso de tetas desbordantes. Sus ojos eran dos platos lagrimosos…bajo su rabo vi surgir, una a una, once burbujas de seda. Las lamía con delirio hasta desgarrar las paredes suaves, dejando al descubierto unas criaturas negras y húmedas de ojillos cerrados…Mientras, en el cielo una nube enorme y oscura se tendía. El torrencial asoló pueblos y aldeas. Muy temprano en la mañana subí a mirar. Todo olía a mojado. El hoyo estaba inundado de cachorros y de agua sucia…Raquítica y tambaleante se alzó once veces sobre las patas purulentas para cargar los cachorro hasta la orilla. Un domingo de otoño contemplé el movimiento de las once pelusas alrededor de un cuerpo casi podrido. Mordisqueaban, jugueteaban, trepaban, olfateaban como planetas menores…A veces, cuando me abruman las dudas, sobre todo, cuando Dios no rompe su silencio, subo al tejado y bajo los ojos a tierra buscando los astros.”

Con mi vehículo trituré accidentalmente varios cachorros de Micaela. Junté mis lágrimas a su jeta prolongada.  En este relato me reconcilié con el misterio. Soy el fraile que entendió, al fin, lo efímeras que pueden ser algunas maravillas del universo. 






Acerca de mí

Mi foto
"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

Seguidores