





En la Parguera aprendí que extrañar es un verbo imperativo en progresivo, conjugado en el pretérito imperfecto de tu ausencia. Que echar de menos a alguien o sentir su falta es una dimensión que se completa con la nostalgia de soñarte, con la pesadilla del no verte. Extrañar es la metodología extrema de la privación de tu corporeidad, recordar la visita pasada, la navegación en lancha que me mareó, no por las olas, sino por la hecatombe de corazón causada por tu estadía. Extrañarte es un cauce sin río que me extravía, que me rehúye, que me extirpa de las sonrisas lisonjeras. Te extraño así, en infinitivo, con varios gerundios y sin participio. Eres el pluscuamperfecto de mi futuro porque sospecho, y me duele, que por acá siempre se te estará extrañando.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario