viernes, abril 13, 2012

Hacia una lectura de Caparazones de Yolanda Arroyo Pizarro

II Congreso Internacional sobre el Caribe: Cartografías de género(s)
Universidad Carlos III, Madrid 26-29 de marzo de 2012

Deseo homoerótico, violencias identitarias, transgresiones espaciales: hacia una lectura de Caparazones de Yolanda Arroyo Pizarro
María Teresa Vera Rojas
(Universitat de Barcelona)


“No soy yo la que se viene. Es su boca. La boca de Alexia se me viene en la entrepierna” (11), así comienza la novela Caparazones de Yolanda Arroyo Pizarro. Desde el relato de este orgasmo, Nessa nos introduce a su deseo por Alexia y a su maternidad, a las luchas del activismo ecológico, al recuerdo de experiencias de abuso infantil y a diferentes expresiones de infidelidad y engaño amorosos. Porque, como veremos, Caparazones es una historia de amor que narra el desamor, el abandono y la ausencia y, desde estas emociones y desde la violencia que les rodea, Caparazones desmitifica la idea del amor romántico, la idea de “completud” y dependencia que éste supone y, en su lugar, apuesta por la disidencia del sujeto lesbiano que ama y desea desde su lugar de diferencia, gesto que no sólo desarticula el control heteronormativo sobre los afectos, sino que además apuesta por nuevos modos de habitar la familia y la sociedad caribeña del siglo XXI.
Aunque son muchas las posibilidades críticas que ofrece Caparazones, por razones de tiempo en esta presentación me aproximaré solamente a las estrategias a partir de las cuales Yolanda Arroyo Pizarro aborda las violencias que naturalizan las formas de sujeción del amor y del deseo normativas. Me interesan en especial las relaciones que establece en su novela entre sexualidad, deseo, violencia y vulnerabilidad de los cuerpos, todo ello orientado hacia su apuesta por la representación de una subjetividad lesbiana que desautomatiza su inscripción en el imaginario heteropatriarcal y ensaya estrategias de reconocimiento del deseo lesbiano en la literatura caribeña y puertorriqueña contemporáneas, estrategias que reescriben el cuerpo afrocaribeño para trascender las representaciones codificadas, preconcebidas y controladas de la feminidad.

(...)

Con Alexia funciona, y con casi todos. Menos con la que me parió y me dejó a expensas de otros. Las escenas de madre e hija en las películas me dan rabia, coraje, me molestan, me incomodan, me dan escozor, me provocan odio. Ya no voy al siquiatra. Me  cansé de hablar de alguien que me trajo al mundo y que no demostró jamás ningún tipo de interés en mí. En vez, tomo tequila Patrón. En vez, evoco a mi mujer mamando del mismo alimento de la cría, lamiendo las puntas y succionando todo mi pecho, comulgo con especies menos afortunadas que tienen caparazones, observo el reloj y los calendarios a ver si la madre del bebé reaparece. (164)

El erotismo con el cual Nessa construye y percibe su cuerpo va más allá de las pretensiones de reapropiación del cuerpo femenino. En Caparazones nos encontramos con un cuerpo lesbiano que se recrea en su representación, que en su monstruosidad y violencia, pero también en su vulnerabilidad y en su sexualidad se resiste a la idealización masculina, para ser accesible a una subjetividad lesbiana que desafía lo que Teresa de Lauretis llama la paradoja que desemboca en la “indiferencia sexual”, esto es, la paradoja conceptual que supone que el deseo de las lesbianas sea determinado por un tropo masculino, de acuerdo con el cual sólo es posible una única representación de la sexualidad (48-71), que cancela toda condición de posibilidad de la representación del deseo lésbico. De ahí la importancia no sólo de escenas como la anterior porque desarticulan el imaginario falocéntrico del deseo femenino, pero también porque construyen un sujeto deseante que se construye a sí mismo a partir del carácter lúdico y creativo de su sexualidad.

(...)

El final culmina con una “Catástrofe”, es decir, con lo que Roland Barthes define como una “Crisis violenta en cuyo transcurso el sujeto, al experimentar la situación amorosa como un atolladero definitivo, como una trampa de la que no podrá jamás salir, se dedica a una destrucción total de sí mismo”. (Barthes 40) Pero como he tratado de demostrar, una de las más importantes contribuciones políticas de Caparazones es justamente su apuesta por una subjetividad cuyo deseo desarticula los códigos heteronormativos del afecto, del amor de pareja y de la sexualidad. Por eso, en lugar de encontrarnos con la destrucción total de sí misma, al final de la novela Nessa redefine su posición en el mundo como sujeto sexuado que desea desde la diferencia y desde ese lugar continúa su trayecto boreal:

No me molesta el tiempo. Me siento muy cómoda con él. Muy a gusto. El tiempo hizo que el día en que comenzara la falta de Alexia, yo dejara de faltarme a mí misma. Y tiempo fue lo que necesité para convencerme que los cuerpos celestes rotan, mutan, pero no se crean ni se destruyen, como la masa. [...] El tiempo no es una línea recta, ni tampoco se traslada en paralelo. Es una extensa curva que va zigzagueando a comodidad, en espirales torcidos. (172) [1]


María T. Vera-Rojas



[1] Fragmento de ponencia dictada el 27 de marzo de 2012 en Madrid. reproducido con permiso de la autora.

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Acerca de mí

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"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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