martes, abril 27, 2010

Desgracia por Yolanda Arroyo Pizarro





Ponce que llora y que llueve, Yolanda Arroyo, 2005

El libro trajo consigo una tarde silenciosa de rayos y relámpagos. Mojado por algunas gotas en los bordes y marcado en varias páginas que estaban dobladas en las esquinas, auguró lo verosímil. Afortunadamente, no se mojó en su totalidad, porque ella se lo colocó debajo de la blusa y usó un paraguas. Corrió con él pegado al cuerpo desde la oficina postal. Cuando logró guarecerse en un lugar más seco, se lo despegó de los pechos.

Al libro le acompañaba en su travesía desde Argentina, una carta a puño y letra donde él expresaba sus sentimientos. El final de la carta era una declaración hecha con sangre, una sangre oscura, púrpura, que no había sido derramada desde el pinchazo de la punta de un dedo, sino más bien, desde la profundidad de una vena abierta, palpitante y cortada para la ocasión. El arabesco del manuscrito denotaba el perfil de un letrado o de un docto profesional en su campo.

El libro era de Coetzee; su título presagiaba una desgracia. Desgracia. Como los adioses en silencio que intentan parecer indoloros, ese tipo de desgracias. Como los distanciamientos mudos, que tratan de asemejarse maduros, sensatos. Como las partidas de la gente grande que no lo es.

En la profundidad de las letras impresas por la editorial, ella descubrió un tachado escrito con sorna, como un juego, una corrección como un ornamento. Y encima, con el espiral a lápiz de la mano masculina, apareció la sustitución de “follar” por “coger”, o por “fuck”, o por “chichar”. Picardías que más de una vez adornaron promesas al oído.

Ella se llevó el libro a la casa, y subió hasta el segundo piso. Abrió de par en par los cristales de la terraza que se jamaquearon azarosos en la ventolera. Comenzó a leer su desgracia en voz alta, directamente de las páginas, conjurando y provocando a los brazos de luz que iban acercándose entre la tormenta. Se iban acercando. Se acercaron. Ella y el libro quedaron suspendidos en el centelleo.

2 comentarios:

Javier Febo Santiago dijo...

Uno y sus desgracias. Que desgracia.
-JFS

La licenciada licenciosa dijo...

Entonces los libros tienen su carimbo, su tatuaje, sus feromonas de viaje.
Siempre me ha gustado la lluvia, el mar en violencia y sus marcas.

Acerca de mí

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"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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