miércoles, agosto 16, 2006

Acercamiento del planeta Marte a la Tierra



Desde la pasada semana ha corrido por Internet un email según el cual, supuestamente el 27 de agosto de 2006 el planeta Marte se acercará tanto a la Tierra que podría ser observado del tamaño de la Luna. La realidad es que este avistamiento y cercanía de los dos planetas se dio en el año 2003. Lo sé a ciencia cierta porque aquella vez lo celebré con un cuento y una participación en un certamen literario de Argentina.

Desafortunadamente desde aquel año 2003, cada vez que se acerca el 27 de agosto, todo el mundo empieza a enviarse el mismo email indicando que en el año corriente es que ocurrirá. Sin embargo, la próxima vez que Marte se acerque a la Tierra como lo hizo en el 2003 será en el 2287.

Este es el link que explica un poco mejor todo el asunto: Leer el cielo: una ciencia de estrellas desempolvadas



Además les incluyo un fragmento del cuento de mi autoría titulado Alguna vez seré Marte.



Nunca antes había descubierto yo un amor así y quise hacerlos míos. Eran una pareja sin principio y sin fin. No alfa, ni omega. Distintiva, digna de cualquier planeta, y yo, siendo una simple luna la quería adquirir. Ello me ganó algunos contrincantes, entre estos a mi hermana, pero Deimos nunca fue buena rival así que fue fácil y ampliamente descartada por mis estratagemas. El resto se retiró temiendo la furia y represalia de mi padre, cuyo nombre provenía del dios romano de la guerra, y poseía la ventajosa posición de ser el cuarto planeta desde el Sol y el tercero en cuanto a masa en esta galaxia. Y su hija, la más preciada y la mayor había sido locamente enamorada por vez primera, por una pareja de mortales con sentimientos a la magnitud de una tormenta solar.

No soy una cursi. Mi naturaleza guerrera me imposibilita portar sentimientos ridículamente tiernos, pero lo que logré divisar en aquella unión hizo demoler todos mis cimientos. El resto de las galaxias, nebulosas y cuerpos astrales, siderales y cósmicos se enteraron de mi caída al amor. Hasta lo celebraron. Mi padre me hizo un regalo.

—Eres mi hija más grande, la mayor y más contigua, la luna más cercana a cualquier planeta del sistema solar. A partir de hoy estipularé que nuestros cuerpos celestes se acerquen aún más, cada cierta distancia por cada cierto periodo de tiempo, así que como obsequio ante este sentimiento que has descubierto te absorberé, finalmente seremos uno tú y yo (1).

Mi dicha no podía ser más extrema, me hallaba cósmicamente agradecida. Era lo que siempre había querido, anhelado. Yo, que era de Marte, sería Marte alguna vez.





Hoy es veintiséis de agosto y no están juntos.
Algo sucedió. Aún con toda la sabiduría que me otorga la supremacía y omnipotencia planetaria no logro descifrar a ciencia cierta qué ha ocurrido. Esperé poco paciente algunos tiempos, intentando comprender la ruptura. Sigue siendo para mí una desventura ilógica. Un rompimiento incoherente y sin base, puesto que la única base aceptable para mí es el desamor. Ninguna otra razón valida tal separación de la que pende mi infame tranquilidad.



Como un torbellino propulsado por agujeros negros de megatónicas explosiones, lancé mi espada homicida a través de la vía láctea con destino terrenal, y como ángel exterminador en una sola mañana acabé con millones de vidas, todas menos la de ellos. Colérico, Marte, mi padre, se acercó al planeta de oxígeno para intentar prevenirlos, pero no logró demasiado con aquella conjunción, solo captar la atención de algunos curiosos (2). Siendo que ningún cuerpo celeste puede intervenir en las acciones de otro, y siendo que entre ellos solo media la voluntad de dejarse regir por sentimientos parecidos, en este caso, a la gratitud, Marte convocó un comité judicial con los otros planetas y sus lunas. Y me tienen ahora cercada para leer el veredicto.

—Tu condena será nunca más enamorarte. — sentenció mirándome a los ojos mientras el resto asentía de acuerdo y mi hermana Deimos bajaba el mentón. Yo levanté guerrera mi barbilla.

—Acepto esta sanción. Es más que un justo dictamen. Aún así sepan que para el próximo veintiséis del siguiente mes de septiembre, borraré de la faz de la Tierra a veintiséis millones de terrestres más. En un lapso de doscientos treinta y dos meses habré exterminado a todos. Estoy dispuesta a afrontar cualquier nuevo castigo que sobrevenga. — anuncié mientras admitía este fallo en resolución.

Marte asintió insatisfecho, yo sabía que gestando en su mente un sucesivo y todavía más espeluznante castigo de próximo mes para su luna predilecta, su hija, que no daba ni daría marcha atrás.



Hoy es veintiséis como cada mes, lo mismo que el anterior y el anterior. Y esos veintiséis seguirán llegando mensual y limitadamente, con la precisión de un reloj… hasta dentro de diecinueve años y un tercio. Ese es el plazo que posee la única pareja de la que irremediablemente me enamoré para volver a estar juntos. Si no sucede así, aniquilación masiva extendida a toda la raza humana acaecerá. De ello me encargaré. Como que me llamo Fobos.


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Notas:
(1)Fobos, principal satélite de Marte, se acerca a él a una velocidad de nueve metros por siglo lo que significa que terminará colisionando con el planeta dentro de 50 millones de años, cuando finalmente será absorbida.
(2)Marte no ha estado tan cerca de la Tierra desde el año 5753 antes de nuestra era y esto no volverá a ocurrir hasta el año 2287. La llamada conjunción que será visible, comenzará el 26 y se extenderá hasta el 28 de agosto del presente año 2003. Se dice que Cancún en el estado de Quintana Roo, México será uno de los mejores lugares del mundo para disfrutar de tal espectáculo.

martes, agosto 15, 2006

Visita a un país maravilloso


lunes, agosto 14, 2006

De vuelta...

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Regreso al país con un peso menos. He dejado el saco en otra tierra. Estaba lleno hasta el tope de tus sentimientos y del remolino arenoso que formaba con los míos. Ahora vacío. Las circunstancias. La vida de allá y la de acá. Soledades que aún no están listas para dejar de estar separadas, la costumbre que arropa el flujo de obligaciones, la bienvenida de las costumbres y la rutina. Regreso sin ti. Con sorpresa me doy cuenta que ni siquiera me había ido contigo.

jueves, agosto 10, 2006

Desde mi ventana en Panamá



Invento que me das la mano y miras conmigo el horizonte desde el cuarto piso. Habitación 406. Puertas de cristales cerradas con hermetismo. ¿Será que ellas saben? Te llevo a la tina del baño, como si no me rodeara tu ausencia. Dialogas conmigo, como si pudiera escucharte. Permito que me enjabones y me acaricies el cabello humedecido. El país se cubre de neblina en las mañanas y tardes. Puedo verte entre la bruma. Nunca hay bruma si te pienso, y te pienso demasiado.

Tardes de Tertulia : Mario Vargas Llosas

Les invito a escuchar mañana viernes, 11 de agosto a las 5:00 p.m. Tardes de Tertulia. Se discutirá la vida y literatura de Mario Vargas Llosas.
Junto a Awilda Caéz, estarán José Ignacio Valenzuela y Nieves González Abreu. La compañera Maira Barbará está de vacaciones y regresa la próxima semana.

Tardes de Tertulia se emite a través de 11Q Radio (1140 a.m.)

Canal




lunes, agosto 07, 2006

Panamá

Panamá sólo existe para extrañarte
Sólo existe para anhelarte
Sólo existe para añorarte.

Dormiré con tu rostro en mis párpados.
Imaginaré que descanso en la cuenca de tu cuello; contaré las palpitaciones de esa vena que te cruza la nuca. Voy a besarla. Voy a lamerla.

Panamá sabe tanto a ti.

domingo, julio 23, 2006

Rompeolas



Cuando vivías
fuiste mi rompeolas,
mi escondite del marullo,
madriguera de la amenaza picos de roca.
Fuiste mi guardacostas,
mi andén contra el dolor del abandono,
mi soporte apaciguante
contra la mujer que puja y renuncia
que me mata
que me suicida.

Eres promontorio
construido para contener el oleaje;
de ese Mar, del Viento, del Huracán.

Eres faro,
la linterna que alumbra la calzada en el recuerdo,
llena de escollos y de arena y de dunas y humedad.
Tú, mi apoyo,
la entrada y salida de barcos mal dirigidos,
un andamio en ese puerto malherido
por la tormenta que se desata aún.

Dique fehaciente,
guarida y salvaguarda.
Estás sin vida;
una rompiente tan segura como el ya no estar.

Fue raro sentirse sin tu auxilio
cerca del escollo; lejos del resguardo
abrazada a la costa donde se acortaba mi corriente,
olas que no dejaron de golpearme.
Mar que levantó el agua y tú tan protectora, y tan estoica y tan maternal.

Mi litoral casi destruido
y tú hecha un Muro de contención para aguas salvajes;
un espacio situado justo en donde buscaría yo el abrigo
los buques entran a ti para llorar…

Carena en seco,
me reparas los párpados y las pestañas.
Obstáculo contra ventoleras,
opones tu cuerpo al progreso de fantasmales ideas.
Me amparas en tus brazos;
intentas prevenirme de mí.

Un rompeolas innombrable.
Una mujer sin sonido.
Una heroína sin ruido.
Mi voz salpica repleta de te-extraños-vuelve-a-mí.

jueves, julio 20, 2006

Biopsia

Recordar que hoy amaneció la almohada llena de sus pestañas.
Añorar ir a ver a Guillermo Dávila en concierto.
Distraerme al leer el billboard de Señora Leonela
y su lectura del tarot;
observar sus ojos violetas,
cuestionar si en serio es ella o una doble de Angelina Jolie.
Mover los brazos al conducir,
arquear la espalda apretando el guía,
sentir el espasmo causado ayer por la fuerza hecha sobre la burra.
Odiar las biopsias.
Maldecir los fibromas.
Sentir una pena inmensa al saber que mi mejor amiga
sufre de una alteración de la tiroides.
Sufrir por el tumor cerebral
que le descubrieron a la mamá de una mujer entrañable.
Reír porque mi compañera de trabajo se enteró de su preñez.
Saborear la nostalgia de saber lejos a un gran amor,
de saberlo triste, perdido, desesperanzado,
de saberlo deprimido.
Jugar con la idea de poder hacer algo
aunque no pueda hacer nada.
Fantasear con el hombre que a veces
me hace el amor platónicamente.
Acariciar a mi hija de siete años
que llora conmovida por una balada dedicada
al hombre de las pestañas.
Llorar con ella.

jueves, julio 13, 2006

Entrevista a Yolanda Arroyo Pizarro en Cadena 11Q (1140 AM)
















En la foto se encuentran, de izquierda a derecha, las panelistas del programa Tardes de Tertulia Maira Barbará y Awilda Cáez. A su lado la escritora Yolanda Arroyo Pizarro y la periodista Nieves González Abreu.

jueves, julio 06, 2006

Arde


Recuerdo haber leído lo de Indonesia, y no necesariamente lo del tsunami. Sucedió antes, en el 1997. Aquel año, el país fue arrasado por incendios forestales que causaron inmenso daño a la tierra, la salud de la gente y la economía. El humo se esparció a naciones cercanas —ocho en total—, afectando a unos 75 millones de habitantes. Hubo que atender a multitudes por afecciones como asma, enfisema y problemas del sistema cardiovascular, por condiciones de los ojos y de la piel. Lo ocurrido en Indonesia en 1997 constituye un ejemplo de la voraz furia que el fuego es capaz de desatar.

Salinas se me presentó también casi devorada. No fue un incendio forestal exagerado, pero vi cómo familias corrían cerro abajo cuando el fuego, que comenzó de manera incidental, intentó tragarse sus hogares. El humo quiso entrarles al cuerpo, quiso dominarles la epidermis, quiso arroparlos indiscriminadamente. ¡Salinas se veía tan indefensa desde el borde del camino! Estacioné mi auto en el paseo. Observé la llegada de ambulancias, carros bombas y vecinos dispuestos a colaborar aunque fuera echando un candunguito de agua sobre alguna lengua de llama azarosa. Los pulmones se me llenaron de aire pesado, el aire a mi alrededor se impregnó de hollín y el cabello se me embadurnó de cenizas. Observé el tizne que se me apareció en el pedacito de muñeca con cicatriz y se me aguaron los ojos.


miércoles, julio 05, 2006

Ruinas


Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego.
Jorge Luis Borges en Las ruinas circulares.



La Corco en el sur de mi Isla. Ruinas perfectas para mostrar
las ruinas del fondo de mi cavidad pectoral. Ruinas.

“we fall on our knees, crushed, humble, in despair because we realize that the pain will never leave...”

martes, julio 04, 2006

Presentando a Neftalí Cruz Negrón en Café Berlín


El escritor puertorriqueño Neftalí Cruz Negrón es sin duda una promesa de letras. El pasado viernes 30 de junio nos leyó una de sus creaciones en Café Berlín de Viejo San Juan. Con gusto exponemos aquí el relato que nos leyera.

Marta, la levantadora de cuerpos
Por Neftalí Cruz Negrón

Buscando la manera de cómo se ganaría la vida, a la pobre Marta se le ocurrió un día: ‘Seré una levantadora de cuerpos’. Al principio fue tildada de loca; mas, poco a poco, se fue ganando la admiración de todos, excepto de uno: el político representante. El trabajo de Marta consistía en levantar el cuerpo muerto de todo tipo de animales.

Lo que maravillaba a la gente del pueblo era cómo ella realizaba su labor. Se la veía llegar orgullosa, bien peinada y maquillada en su motorita, a la que tenía conectada un pequeño vagón. Se bajaba y saludaba con mucha cortesía. Se vestía de guantes, mascarilla y bata, todos de color azul menta. Al terminar, Marta chocaba las manos y decía ‘¡Lista! Por favor, que alguien me diga dónde se encuentra el cuerpo’.

Era un espectáculo ver con qué destreza, delicadeza y amor levantaba el cuerpo del piso, y lo cargaba a paso lastimero hasta el vagón de la motorita. Luego, Marta se llevaba el mortecino animal para su casa con el fin de bañarlo, perfumarlo y ponerlo en el más adecuado féretro.

Sólo el político representante detestaba a Marta. Entendía que su presencia afeaba y ridiculizaba a todos (especialmente a él). La noticia corrió y de inmediato el pueblo supo que el descarado representante buscaba la forma de obstruir el sustento y el noble oficio de la pobre mujer. Hasta llegó a circular un documento, cuyo recogido de firmas adelantaría su intención de ingresar a Marta en el Hospital de Salud Mental.

Poco tiempo después, inesperadamente, durante un discurso público, el político representante se desplomó en el piso. Cuando se constató su muerte, por instinto, el pueblo sugirió gritando: ‘¡No lo toquen! Déjenlo ahí y llamen a Marta, la levantadora de cuerpos’.

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Para ver una foto en detalle, hacer clic en la misma.

viernes, junio 23, 2006

Mayra Santos-Febres nos enamoró en el Museo


La escritora carolinense Mayra Santos-Febres convirtió el atrio del Museo de Arte de Puerto Rico (MAPR) en el “Elizabeth's Dancing Place”, ese lugar, donde la madama ponceña Isabel La Negra erigió el imperio que retrata la autora en su más reciente novela Nuestra Señora de la Noche.

El miércoles pasado, el público recibió oficialmente la obra. Los presentes no iban en busca de placeres de la carne -como los que asistían al bar de Isabel La Negra- sino para “celebrar que Mayra Santos haya sido finalista del Premio Primavera de Novela 2006 que organiza la Editorial Espasa Calpe”, según explicó la maestra de ceremonias, Melanie Pérez.

Fragmento de cobertura por Pablo Arroyo León en Endi.com






jueves, junio 22, 2006

Me hiciste el amor con las manos

El evento es multitudinario y allí estamos. Encontrados; rodeados de gente. Mientras dialogo con los seres que habitan el salón, aparece tu mano que roza mi brazo y lo reclama. Reclama mi atención, pero el decoro y las reglas que dictan ser mujer interesante me impiden saludarte de momento. Acuesto mi mano sobre la hamaca de tus dedos y tenso la espalda. Debo terminar de hablar con el resto de la gente, debo, si fuera posible, intentar tratarte con serenidad. Te miro. Te sonrío. La serenidad se va de paseo y desde las pulsativas entrañas se me va formando una percusión que amenaza con secarme la garganta para pedirte que me la humedezcas. Sístole, y recorro sin mapa, una vez más, la curvatura de tu barba canosa. Diástole, y prometo esta noche masturbarme en tu nombre. Saludo tus ojos con mis ojos; sonrío mi boca tragando con la mirada tu boca. Labios finitos, blancos, curvos, justo como me encantan. Me encantas. Aún con mi brazo en tu cautiverio regreso a mi conversación trivial con los otros, mientras la piel que se muere por adoptarte, empieza a dar muestras de sucumbir a tus atenciones. Los dedos besan tus dedos, contestan tus caricias, se dejan provocar por las rotaciones de tu dedo corazón, las uñas raspan suavecito la piel de tu muñeca. Sigo de espaldas y las venas del envés de la palma de tu mano laten aceleradas junto a las mías. Palpitan juntas, unas contra otras. La yema de tu índice acaricia la cicatriz que tengo cerca del pulgar. La habitación nos ve hacernos el amor con las manos, aplaude el evento de nuestros latidos incoloros y cobija los deseos que se quedan a flor de piel y que se provocan a flor de piel, y que desean e intentan traspasarnos la piel.

sábado, junio 17, 2006

Deliciosa velada de letras
con Luis López Nieves

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Deliciosa. Así fue la velada que diseñó para nosotros el Director de la Maestría en Creación Literaria, Luis López Nieves y su colaboradora, la Profesora Consuelo Martínez Justiniano la pasada noche del 15 de junio de 2006 en La Tertulia del Viejo San Juan. La lectura de los cuentos comenzó a las ocho y se extendió hacia cerca de las diez. La maestra de ceremonias del evento lo fue Awilda Cáez, una escritora en ciernes con muchísimo talento que se ha caracterizado en los últimos tiempos por su gesta cultural en programas radiales y en eventos de envergadura literaria como Proyecto Barrigas.

Entre los asistentes que siempre dicen presente en estas actividades tan medulares se encontraban la activista cultural Bárbara Forestier y el profesor y escritor Mario R. Cancel.

Los cuentos que nos leyeron los talentosos escribientes se gestaron a raíz de el nuevo Programa de Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón. Este programa es el único de su tipo en la historia de la educación puertorriqueña. Su objetivo es formar escritores bajo la dirección de prominentes autores y profesores.

La página de Internet de la universidad nos dice: “Por primera vez se ofrece en Puerto Rico un grado universitario que otorga crédito académico por el trabajo creativo literario. El estudio de la literatura se realiza como disciplina artística, como oficio, y no como un mero objeto de análisis histórico. Los egresados serán escritores. Asimismo, estarán capacitados para trabajar como profesores universitarios. Se podrán desempeñar, además, como maestros preuniversitarios o en cualquier otra profesión que requiera escritura original y atractiva, como la redacción para los medios y la publicidad, entre otros.”

Los cursos de maestría son nocturnos. Se reúnen una vez a la semana durante tres horas, de 6PM a 9PM, en el campus de la Universidad del Sagrado Corazón, en Santurce, Puerto Rico.

Para solicitudes, información sobre ayuda económica o cualquier otra pregunta, se pude comunicar con la propia Prof. Consuelo Martínez Justiniano, en cmartinez@sagrado.edu o en el teléfono 787-728-1515, extensiones 2333, 2314 y 2150. Para información adicional puede visitar http://graduado.sagrado.edu/secuencial_CLT.htm.htm

Disfruten del vídeo que resume la actividad en donde un grupo de primigenios escritores compartieron sus lecturas con el público. Entre ellos se encontraban Maribel Ortíz, Irma Rivera, Maximiliano Charriez, José Rabelo, Myriam García, Maribel Rivera, Jaime Marzan, Damarys Reyes, Rubis Camacho y Eduardo Vera. Además, Emilio del Carril nos leyó el cuento erótico “El misterio de la cruz”, Maira Barbará leyó “Envidia”, José Borges leyó “El contrato” (blog http://elblogdeborges.blogspot.com), Jorge Valentine leyó “A dónde vamos” (blog http://ernestodarien.blogspot.com), y Neftalí Cruz Negrón leyó “Dedico un poco de tiempo para aplastar tu rostro” (blog http://thetalios.blogspot.com) entre otros.

jueves, junio 15, 2006

Nuestro árbol




Me enseñaste a recorrer la Isla recostada de tu hombro, frotándote los muslos y acunando la palma de la mano completa entre ellos. A veces el juego de mis dedos, que iba de tu ombligo a las aureolas de tus pechos, nos desconcentraba y el vehículo de al lado saludaba curioso, indagador, cuestionando nuestros jadeos y rostros de gemidos, de mordidas de labios propios y compartidos, tuyos y míos, a sesenta millas por hora. Después de Salinas, las curvas no nos mareaban aunque por ocasiones, nos dejaban en blanco los ojos, quizás por alguna otra cosa. El cerro que nos tragaba cómplice con el secreto de nuestros amoríos, poseía un arbolito en el tope que era tuyo, o al menos eso me habías dicho siempre. Ése es mi árbol—decías—, es muy mío, me saluda, me entiende, me sonríe desde que estás en mi vida, será nuestro algún día. Haremos allí una casita, o al menos cerca, nos tiraremos por la loma y nos quitaremos la ropa sobre el pasto, seco o mojado. Ya lo verás.

Catorce años más tarde nuestro árbol se ha robustecido, ha florecido, ha engordado por el capricho de los vientos alisios y las tormentas de temporada. No estás conmigo. Haces tu vida en otro lugar, en otro país. Yo igual te extraño y te pienso. Ahora es a mí a quien saluda tu árbol, me entiende, me sonríe y me ha prometido esta mañana que en el futuro nos tiraremos por la loma y nos quitaremos la ropa sobre el pasto, seco o mojado. Se ha vuelto un soñador nuestro árbol.

lunes, junio 12, 2006

Una verdad nada conveniente

Fui el sábado a ver el documental An Inconvenient Thruth y quedé de una pieza. Tanto así que decidí hacer algo. Quizás no es mucho, pero al menos deseo pedirle a todos mis amigos y conocidos que vayan a verlo. La están dando en Fine Arts, en Santurce. Este documental presenta los efectos devastadores del cambio climático. El ex-vicepresidente norteamericano Al Gore muestra un contundente y preocupante retrato de la situación de nuestro planeta, amenazado por el calentamiento global provocado por las ingentes emisiones de CO2 por parte de la acción del hombre.

En el site de Univisión comentan: “Con criticas excelentes y un primer fin de semana muy impresionante (recaudó casi $2 millones en menos de 100 salas), AN INCONVENIENT TRUTH se ha colocado como el "must see documentary" del verano. Intentará lograr lo que FAHRENHEIT 9/11 y MARCH OF THE PENGUINS lograron en 2004 y 2005 respectivamente: colocarse como opción para los que se cansan de tantos blockbusters veraniegos. Los expertos especializados ya la nombran como una de las candidatas en la terna de mejor documental y si logra el crossover con audiencias más mainstream, también puede llegar a la terna de mejor película.”

Por otro lado, Luis Trelles escribió en estos días el artículo “Denuncia fílmica de crisis ambiental” para el periódico El Nuevo Día. Puedes leerlo aquí.





Para ver el trailer ir www.climatecrisis.net

viernes, junio 09, 2006

Primer Capítulo: Nuestra Señora De La Noche
De Mayra Santos-Febres


Revelación

El cadillac del licenciado Caggiano paró en la rotonda del casino. Un botones abrió la puerta y ofreció la mano para ayudar a la elegante dama que de seguro se bajaría de aquel carruaje lujoso. No se esperaba la mano enguantada que en su muñeca llevaba un semanario de oro maciso al que le colgaba una medallita de la Virgen de la Caridad. Tampoco se esperaba que aquel guante dejara ver, ya a la altura del codo, un brazo duro, negro, que brillaba contra la noche cerrada, los reflectores del baile, el traje en seda cruda. Una gargantilla de brillantes adornaba el cuello de la dama, también negro. Una cascada de bucles caía a ras de aquel cuello. Los ojos del botones se posaron en el mentón y en la cara. Del cadillac se bajó Isabel Luberza Oppenheimer. La Negra Luberza. La Madama de Maragüez. El botones no pudo hacer otra cosa sino tragar.

En esos mismo momentos el representante de Distrito Pedro Nevárez entraba al baile de la Cruz Roja. También entraba el magistrado Hernández, el senador Villanueva y esposa. El obispo MacManus.

Todos la miraron espantados. Espantados vieron cómo el licenciado Caggiano le brindaba el brazo y la convidaba a pasar por la puerta ancha del casino. En la entrada, un mozo confundido tomó de manos de La Negra la invitación impresa en papel dorado con la insignia de la cruz. Cotejaba listas de invitados y encontraba su nombre entre ellos. Paso firme a la entrada del casino. Mano firme sobre el brazo de Caggiano. Sólo él notaba un el leve temblor de sus dedos, el pulso que le brincaba.

—No se apure Doña Isabel. Ya pasó lo peor.
—No esté tan seguro, Caggiano.

A la derecha, el representante Nevárez y esposa la miran de reojo. Hace una semana hablaba con ella. «Paso el sábado Isabelita, para que hablemos de la donación a la campaña.» Ella ya le tiene su carne preparada. Lisandra, la niña. Se la trajo de Colombia. «No llores niña, no te asustes. No llores más. Si todo sale bien ésta es la última vez que tienes que acostarte con el representante.» Unos pasos más adelante el secretario de Obras Públicas hablaba con el ingeniero Valenzuela. «Doña Isabel, pero qué elegancia. Me gustaría ir a visitarla para hablarle de un asunto que quizás pudiera interesarle.» Que fueran a verla a su mansión del Barrio Bélgica la semana entrante. «Yo siempre ando muy interesada en oir propuestas.» Al fondo del pasillo de entradas tertuliaban los tres hermanos Ferráns, Juan Isidro, Valentín, Esteban. Le regalaron una sonrisa lisonjera. Sus mujeres permanecieron calladas e inasibles agarrándolos fuertemente del antebrazo. La felicitaron por tan gran corazón. Por darse tanto a los necesitados.

—Cómo no voy a ayudar, si en carne propia sé lo que es la necesidad.

Caggiano le servía de Lazarillo. Los Colomé, los Tommei, los Valle. Allí estaban las familias más selectas del pueblo. En cada estación se paraba con el licenciado, quien conducía las introducciones como si ella nunca los hubiera visto, como si el día anterior, la semana pasada, no tuviera a muchos de esos hombres en su bar. Pero hacía su debut en el casino, al otro lado del río, vestida de seda y brillantes. Entraba por la puerta grande. Nadie osó detenerla. Casi paraba de temblar.

Entonces lo vio, al peor de todos. Esmoquin, barbilla cerrada, ojos verdes contra una piel pecosa, blanca, enmarcada en el negrísimo de su pelo engominado hacia atrás.
Tenía un brazo acodado contra la barra, un trago en una mano, probablemente un whisky. Fumaba. Su mujer lo acompañaba, nívea, parloteando sin parar en una tertulia que la llevaba a posar la mano sobre el hombro del Amado «¿Verdad querido?», intentando atraer su aprobación. Allí estaba el licenciado Fornarís con su esposa legítima del brazo. Las miradas hasta entonces lisonjeras se le hicieron inversas, revelaron su mueca escarnecida. «Aunque te vistas de seda…» Los ojos del licenciado la traspasaron, sin más, sin anunciarse, como si una fuerza extraña los hiciera gravitar hasta donde estaba ella, del otro lado del salón. Fernando se le quedó mirando y las conversaciones se evaporaron en el aire. Isabel tuvo que detenerse, fingir. Apretó duro el antebrazo de Caggiano, quien se detuvo en seco.

Contuvo la respiración, uno… dos… tres …cuatro… cinco, pero no caía de nuevo en ella misma. Fernando Fornarís hizo ademán de caminar pero también se contuvo. Cristina siguió el gesto con su vista hasta la misma dirección. Los dos la vieron, aparición detenida. «Asísteme en la zozobra, protégeme, Madre.» Isabel, con sus dedos enguantados, restregó la medalla de la Cachita, para siempre colgada de su muñeca. Su cara se deshizo queriendo sostenerse del aire.

El licenciado Caggiano la supo leer. «Con su permiso caballeros, que aún no he bailado ni una sola pieza con la señora.» Hizo una venia ante sus comensales y condujo suavemente a Isabel hasta la pista. De espaldas aún quemaban las miradas de Fernando Fornarís y esposa, aunque menos. Así de espaldas ya comenzaba a sobrevivir a aquella aparición.

—Ahora sí está pasando lo peor, Caggiano.
—Si no se siente bien me avisa y nos vamos ahora mismo.
—No me puedo dar ese lujo, me sienta como me sienta. Usted sujéteme fuerte, hasta que se vayan ellos.

Fuente: El Sitio de los libros
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Novela Finalista Premio Primavera Espasa Calpe 2006
Doña Isabel Luberza Oppenheimer es una de las mujeres más poderosas, respetadas y temidas de su ciudad. Pero no siempre ha sido así, Isabel La Negra, Isabelita, fue una niña abandonada por su madre, que trabajaba de lavandera, y a los ocho años ya servía como criada en una casa noble de la ciudad hasta que, en su pubertad, el señor quiso meterse en su cama y se vio obligada a trabajar como costurera primero y vendedora de licor ilegal después. La historia de Isabel es la historia de una lucha descarnada por ascender socialmente, sobreponerse a la desgracia y obtener el respeto de los suyos y la independencia y libertad que da el dinero. Pero

Nuestra Señora de la Noche, ambientada en el Puerto Rico de los años 40, es también la historia de su renuncia al amor de un hombre de ojos verdes de muy diferente clase social a la suya.

Con su prosa sensual, plástica, llena de color y poesía, Mayra Santos-Febres narra la crónica del ascenso social de una mujer en una novela que nos habla de pasión y ambición pero, también, de la desigualdad entre una burguesía acomodada y la pobreza de los desfavorecidos, del choque de culturas entre la sensorialidad tropical y el muy pragmático american way of life, de lucha social, de hipocresía y doble moral y, sobre todo, de la necesidad esencial de todo ser humano: el amor. Un amor que no puede suplir el dinero ni el poder y que, contra lo que se pudiera pensar a veces, nos hace, siempre, mucho más fuertes.

Mayra Santos-Febres nació en Carolina, Puerto Rico en 1966. Poeta, narradora y crítica, ha publicado tres libros de poemas, Anamú y manigua, seleccionado como uno de los diez mejores del año por la crítica puertorriqueña; El orden escapado, ganador del primer premio para poesía de la revista Tríptico (ambos publicados en 1991), y Tercer Mundo (2000). Como cuentista, su colección de relatos Pez de vidrio (EE.UU, 1994) obtuvo el Premio Letras de Oro y su siguiente volumen de relatos, Oso blanco (París, 1996), resultó ganador del Premio Juan Rulfo de cuento. Como novelista ha publicado Sirena Selena vestida de pena (2000), finalista del Premio Rómulo Gallegos de Novela en 2001) y Cualquier miércoles soy tuya (2002). Recientemente ha publicado un volumen compilatorio de ensayos cortos, conferencias y artículos titulado Sobre piel y papel (2005). Sus obras han sido traducidas al inglés, francés, alemán e italiano.

sábado, junio 03, 2006

Seda


Crítica literaria por Yolanda Arroyo Pizarro

¿Será cierto que la literatura termina regalándonos momentos de vida que nunca tendremos, aunque rocemos de a poco esos momentos mientras se nos escurren de las manos? Alessandro Baricco ha creado a Hervé Joncour, uno de esos hombres que regala momentos, que los aprisiona y los comparte mientras asiste a un estadio o dimensión de existencia allá en el 1861, año en que Flaubert escribía Salambó, y época en que el comercio de huevos del gusano de seda se ve amenazado por una epidemia. Hervé Joncour, que especula sobre Louis Pasteur y viaja a Japón buscando huevos sanos para su seda, se encuentra en esa expedición arrebatado de pronto por un amor sin palabras, apenas sostenido de una mirada y algunos ideogramas incomprensibles escritos en tinta negra.

Es un amor que no es exclusivo, un amor que comparte la misma dimensión de sangre, latidos y respiraciones con otros amores declarados y dedicados en cuerpo y alma. Otra vez las dimensiones. ¿Se ama en dimensiones? ¿Se ama en vidas paralelas con la ferviente intención de no alterar el orden establecido ni las expectativas fijadas? ¿Se ama todo cuanto se puede amar sin dañar todo cuanto se puede amar?

Alessandro Baricco, autor de la Seda que no solo envuelve a Hervé Joncour, sino a todo aquel que se viste de su existencia, es uno de los mejores escritores contemporáneos que puede hacer con las palabras lo que le da la gana. Y lo logra conciso, y lo logra enfático, que no es lo mismo que repetitivo. Y lo logra con sencillez y brevedad.

Seda es un libro que ha vendido ya más de 700 mil ejemplares y que puede leerse en un día. Su lección nos durará un buen rato; su lección nos transformará. Leerlo es como “morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca”.



Seda (fragmento)
59.
"Permanece así, te quiero mirar, yo te he mirado tanto pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate como estás, tenemos una noche para nosotros, y quiero mirarte, nunca te había visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos y acaríciate, te lo ruego, no abras los ojos si puedes, y acaríciate, son tan bellas tus manos, las he soñado tanto que ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, sigue, te lo ruego, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate señor amado mío, acaricia tu sexo, te lo ruego despacio, es bella tu mano sobre tu sexo, no te detengas, me gusta mirarla y mirarte, señor amado mío, no abras los ojos, no todavía, no debes tener miedo estoy cerca de ti, ¿me oyes?, estoy aquí, puedo rozarte, y esta seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel, tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, en cierto momento sentirás el calor de mis labios, encima, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de improviso, tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las cejas, sentirás el calor entrar en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea sobre tu sexo, apoyaré mis labios allí y los abriré bajando poco a poco, dejaré que tu sexo cierre a medias mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva bajará por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, porque te quiero, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero, y con el corazón entre mis labios tú serás mío, de verdad, con mi boca en tu corazón tú serás mío, para siempre, y si no me crees abre los ojos señor amado mío y mírame, soy yo, quién podrá borrar jamás este instante que pasa, y este mi cuerpo sin más seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran, tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que resbalas debajo de mí, tomas mis flancos, me levantas, me dejas deslizar sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote con lentitud, tus manos sobre mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves con lentitud, pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz, mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me levanta, tus brazos que no me dejan ir, los golpes dentro de mí, es dulce violencia, veo tus ojos buscar en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño, hasta donde tú quieras, señor amado mío, no hay fin, no finalizará, ¿lo ves?, nadie podrá cancelar este instante que pasa, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos soltando las lágrimas de mis ojos, mi voz dentro de la tuya, tu violencia teniéndome apretada, ya no hay tiempo para huir ni fuerza para resistir, tenía que ser este instante, y este instante es, créeme, señor amado mío, este instante será, de ahora en adelante, será, hasta el fin."

-Alessandro Baricco

miércoles, mayo 31, 2006

Fatigarse
Por Yolanda Arroyo Pizarro




8:10 am
El vapor le hace pestañear. Algunas gotas se le caen por entre los grandes ojos verdes. Se fatiga. La dificultad de respirar le hace querer moverse, pero no sabe cómo. Ve a través de los cristales. Tantos cristales. El rostro de su madre acostumbraba hacerle muecas a través de unos cristales. Reconocía siempre el rostro y el olor de su madre. Su padre, por otro lado, acostumbraba también sonreírle y hacerlo sonreír a través de unos cristales. Ahora está tan solo que no sabe. No lo entiende. El calor le hace pestañear.

9:45 am
Tiene hambre. Se ha cansado de las excusas de la gente, de las promesas incumplidas, de los trabajos que nunca llegaron. Se rasca las venas del antebrazo y sin querer, la uña le arranca una llaga mal cicatrizada. Se rasca la cabeza. No pueden ser piojos otra vez. Es el calor. Mira hacia arriba y su mirada gris divisa las esferas transparentes que nacen de los rayos del sol. Traga el polvo del desierto del Sahara que llega a la Isla. Está a punto de desfallecer si no hace algo. Quiere dejar la droga. Quiere dejarla pero también quiere meterse más. Su mujer no lo volverá a aceptar en la casa y sus hijos continuarán sin mirarlo a la cara. El sudor le baja en gotas por la espalda. Necesita algo de comer. Camina hasta el centro comercial.

10:20 am
Todos los días su mamá lo lleva al cuido. Hoy no lo ha llevado nadie. Su papá condujo, pero luego se detuvo y se bajó. Nunca antes los cristales se habían empañado de aquel modo, ni el calor le daba tantas ganas de llorar. Cree que de tanto llorar la respiración se le ha acabado. La garganta la siente reseca y dolorosa. Quiere teta y no hay. Quiere que su mamá le juegue con sus ojos esmeralda. Pestañea y las esmeraldas se le llenan de agua. Desea más agua, pero no encuentra y sus manos y piernas están atrapados en el asiento. El sudor lo hace fatigarse. Sigue llorando.

11:36 am
Recuerda que su padre le decía que coger lo ajeno era malo. Recuerda las bofetadas y los puñetazos que le daba el padre. Recuerda también las bofetadas y los puñetazos de los padrastros. Las peleas de borrachos, las apuestas de caballos, el andar con gentuza, el robar en las casas. Le gustaban las casas abiertas, con los portones de par en par y las puertas de escrines sin el pestillo. Odiaba tener que forzar hogares. Nunca abría una puerta cerrada con seguro. Lo que sí le gustaba forzar eran autos. Los forzaba con la pandilla luego de trasladarse a Brooklyn. Cómo disfrutaba portarse mal. Cómo le gustaba usar drogas. Usarlas lo hacía sentir poderoso. Lo malo era lo caro que le costaban. Cuando regresó a la isla como parte de un acuerdo con Fiscalía, intentó dejar las drogas. Su mujer lo había tratado de ayudar. Pero claro, se había cansado en el intento número mil. El calor lo hizo volver a sudar y para evitar una gota que se le resbalaba por la frente, se llevó la mano a ésta. Al hacerlo, el sol de mediodía se tapó con la visera improvisada de sus dedos. La sombra le permitió a sus ojos grises enfocarse en un auto en el parking que no tenía puesto el seguro en una de las puertas. La puerta era la del asiento del frente del pasajero.

12:15 pm
Se mueve poco. Las manos ya no se levantan y el pecho tampoco. Toda su ropa está empapada. Le parece que ha vivido escaso tiempo, demasiado escaso. Ya no le duele la cabeza, los latidos de sus extremidades ya no le arden, y ha dejado de soñar con sus padres. Ya no quiere la teta. Ya no vuelve a abrir las esmeraldas. Todo se ha convertido en fuego.

12:40 pm
Sigue caminando en el parking del centro comercial, dando vueltas. Esperando a que no lo vean acercarse. La gente le pasa alrededor y lo esquiva, y él, emocionado porque ya pronto robará y venderá su botín, y tendrá dinero para comprar sustancias, sonríe y olvida el maldito calor isleño. Cuando se da cuenta que no hay nadie cerca, se aproxima al vehículo y abre la puerta de un solo movimiento. Un imbécil olvidadizo le ha hecho el trabajo fácil. El vaporizo le da en la cara y juraría que un humentín inicial no lo deja ver bien. Mira el dash y se encuentra con un maravilloso radio digital con CD. Está seguro que puede arrancarlo en un abrir y cerrar de ojos. Está a punto de hacerlo cuando siente una tenue tos. Estira el cuello. Sus ojos estudian el cuerpecito ahogado en sudores que apenas se mueve en la parte de atrás. No respira, o eso parece. La mente se le nubla. De pronto el bebé abre los ojos. Aquella mirada esmeralda se le clava en las esferas grises como pidiendo que lo carguen.

jueves, mayo 18, 2006

Otro Sitio
por Joel Feliciano
con motivo de la presentación Los Documentados

Prólogo

Antes de llegar a Nueva York, el avión se cayó.

Fotografía Ancil Nance



Antes

Ayer metí las cajas en la parte de atrás del carro. Ya me iba. Bueno, me voy hoy.


A todas les había puesto la nueva dirección, las había empaquetado con masking tape, solamente necesitaban el sello del shipping y pa fuera. Mandarlas era lo único que faltaba por hacer. Ya había pagado el primer mes de la renta allá, así que no había necesidad de quedarse. Y pues... puse las cajas en la parte de atrás del carro. No las quise poner el baúl. No. O sea, ¿cómo poner la vida entera en un lugar tan oscuro y tan caliente?


No tengo mucho; sólo una pequeña colección de juguetes invaluables. Action figures de esos. Que si Ninja Turtles, Batman o Thundercats. No creo que vaya a engancharlos en ninguna parte del apartamento nuevo,; creo que se quedarán metidos en las cajas, adentro del clóset. Pero, aún así, son míos y, por alguna razón, no puedo partir de ellos.


También me llevo una vajilla de mi mamá. Siempre le dije que la botaría. ¡Pues si nunca la usaba! Pero entonces, cuando se murió, no pude. No pude. Esa noche comí arroz con habichuelas en la vajilla, y comí una ensalada con repollo, zanahoria y brócoli. La podía escuchar preguntándome si eso na más iba a comer; que si nada de carne. Y yo le hubiese contestado: "yo puedo vivir sin la carne". Entonces ella me hubiese dicho, o se hubiese dicho a sí misma: "lo que es la vagancia, todo por no cocinarla". Y hubiese sido verdad, la carne siempre es una chavienda para cocinar. Hay que adobarla. Cortarla. Sacarla le grasa. Hay que cocinarla a fuego lento para que quede blandita. A veces hay que virarla en el sartén y velarla. Mucho trabajo. No.


En las cajas también empaqué las gorras de mi papá. Son tres o cuatro. Él tampoco las usaba. Nunca le pregunté por qué las tenía. Pero las mantenía enganchadas en el borde del espejo del gavetero. Ochentoso él. Yo tampoco las uso. Pero las guardé. Las metí en una caja y las guardé.


Y puse las cajas en la parte de atrás del carro. No me quiero ir. O sí, sí quiero. Pero no quiero. Pero ya me gradué y ando pajareando y trabajando para pagar la condená hipoteca de mis padres, que ya saldé.


Me va a doler dejar a mis pocos amigos. Me despidieron antier por la noche. Salimos a comer y me desearon lo mejor. No pueden venir al aeropuerto porque trabajan. Y no los culpo, porque tienen unos trabajos brutales, mejores que yo. Pero me hubiese gustado que estuvieran aquí conmigo hasta que el avión me llevara. Hubiese sido chévere.


Llevé las cajas al correo. Me cobraron un dineral por el envío. Le pusieron los sellos. Las poncharon. Me dijeron que les pusiera tape del USPS para que fuesen más seguras. Hice todo. La muchacha que me atendió era jovencita. Cuando le di la última caja se quedó quieta, mirándome con la cabeza un poquito de lado. No me quitó los ojos de encima y yo no la quería mirar. Estuvo un rato largo. Entonces como que apretó los labios y haló la caja. Me preguntó si quería asegurar los paquetes, yo le dije que sí, sin preguntar cuánto costaba. Me cobró y cuando me vino a dar el cambio se recostó del counter pa decirme:


-Mudarse siempre duele un poquito.

¿Como sabía que me estaba mudando?

Tuve que apretar los dientes para no llorarle allí mismo.

El cuarto donde viví casi toda mi vida estaba vacío. Mis cosas estaban de camino en un avión sobre el mar. Jamás había visto el clóset así de libre y desocupado. Nunca había visto la pared de atrás tan... plain.

¡Qué cosas! Lo que uno descubre. Lo que uno descubre que siempre estuvo allí. En la pared del fondo del clóset no había nada. Pero en una esquina, una esquina que nunca recordé, había escondido un corazón pintado con magic marker negro, un corazón bien descuadrao, bien de nene chiquito, que al lado decía: "Carina", con C. Me acuerdo de Karina. Su nombre era con K, creo, y yo estaba enamorao de ella como en tercer grado. Ya ni me acuerdo de su cara, solamente de su idea, de su nombre y del corazón que le dibujé.


Las paredes desnudas. La computadora en el avión. El escritorio baldío. Ni televisor. Solamente el abanico. Y el gavetero destripado de la ropa. Nunca estuve tan solo, pensé, y la tristeza me durmió.




Durante

Mi tía me trajo al aeropuerto. Me abrazó y me dijo con miedo que el otro día se había caído un avión en Japón y otro en España. Entonces me entró un miedo enorme.

Pero olvidé el miedo inmediatamente, cuando vi a mi amiga. Vino a despedirme. Dijo que me iba a visitar. Que le consiguiera un matress de los de aire que ella se tiraba en el en el piso. Que me iba a extrañar un montón. Agrandé los ojos para que el aire entrara y los secara antes de que se vieran llorosos. Pero no funcionó. Me abrazó fuerte. Y no le pude decir nada. Cada vez que traté de hablar las palabras se me atragantaban. La miré. Le dije adiós con la mano. Me alejé. Y me monté en el avión.




Es la segunda vez que me monto en un avión. Bueno, la tercera, si contamos el viaje de regreso del primero. Igual que la primera vez, las nubes me dan una alegría que no puedo explicar. Más que ello es el hecho de estar más arriba que ellas. Ellas que son tan inalcanzables.


El vuelo salió como a las 5, y resulta que pude ver el amanecer. La primera vez vi al atardecer y ahora el amanecer. Por encima de las nubes. Ya no me falta nada más qué ver, pensé, (estuve equivocado, claro). La diferencia es enorme. Cuando amanece esperas el sol. Lo vez llegar poco a poco, y uno se asombra de ver que el mundo de verdad se mueve. Allá arriba vi a la tierra moverse. Las nubes tenían una formación gigantesca, era una llanura blanca, una pradera acogedora, un desierto de algodón, y al fondo un destello dorado fue surgiendo, pintando el algodón del color del sol, pero también de un púrpura leve, que por alguna razón me hace pensar en yogur.


Desde el avión vi la ciudad. los edificios apiñados en un cantito de tierra, bañada por el mar, y rodeados de una seca neblina que gravitaba entre ellos (de contaminación, debe ser). Mi nueva casa me espera, me dije. Lo único malo es que me acordé que antes de que mi tía me diera un beso, me dijo con miedo:


-Cuídate, mira que cuando se cae un avión, se caen tres

La señora con la que estaba hablando me miró de una forma... Y no me habló más. Y mucho menos cuando el avión empezó a temblar descontroladamente. La señora comenzó a gemir agarrándose de la silla. Yo también, claro, más cobarde no hay nadie. El capitán del avión habló por las bocinas diciendo que aquello era sólo unas fuertes turbulencias que atravesarían en unos minutos, que el aeropuerto JFK estaba a la vista. Pero el avión se quedaba sin sostén en el aire y caía como caen los trenes en las montañas rusas. Algunas personas gritaron, otros lloraron de lo horrible que era soportar turbulencias. Algunos nenes chiquitos se rieron de aquellas cosquillas que daban en el estómago. Si tan solo hubiesen sabido lo que les esperaba. Lo peor era que nuestro destino estaba a la vista.




Después

El avión se cayó. Justo antes de llegar a Nueva York. De punta. Por lo menos nos salvamos de la maldición de "cuando cae uno, caen tres"...


El avión que se cayó fue el del correo. Con mis cajas, Con la mitad de mi ropa. Con mis recuerdos. Y con mi vida.


De alguna forma el apartamento nuevo se sentía aún más vacío que mi cuarto en Puerto Rico. Pero, ¿qué le iba a hacer? No había forma de rescatar mis cosas. El mar se las está tragando entre las olas. No me acordé para nada del seguro que les puse. Miré por las ventanas. Un montón de ruidos, un montón de gente. Me tiré en el piso. Ahora sí que tenía que empezar desde cero. Ahora sí que me chavé.


Me quedé dormido. Dormí como por dos días. En el piso. Al tercer día me levanté con la decisión de montarme en el próximo avión de regreso. No sin antes comer algo. La barriga me mataba.


Compré bistec. Lo cociné en la veintiúnica olla que había en el apartamento; alguien aparentemente la había dejado, y con razón, si parece que la usaban para martillar.


Antes de subir al apartamento a cocinar, cogí unas cartas. Todas eran recordatorios para activar el teléfono, el gas, el cable y el agua... Todas menos una. Era una postal con la bahía de San Juan iluminada en la noche. Decía:



Mudarse siempre duele un poquito, pero vas a salir ganando.

Att.: La muchacha del correo

¿Te acuerdas de mi? Espero que hallas ido al correo a cobrar el seguro que le pusiste a tus cosas. Sé que se perdieron, pero ahora vas a empezar una nueva vida. Será como nacer de nuevo. Lo sé, porque yo lo hice, hice mi bachillerato allá y volví.


Espero que estés bien, y que te acuerdes del tercer grado.

Con cariño:

Carina






Lo primero que dije al leer la carta fue: "¿quién rayos será...?", un segundo después dije: "¡diaaaaatre!" La muchacha del correo era Carina. ¡Y Carina con C!


El bistec estaba malo. Soooso. Pero me lo comí y me dio fuerza. Me fui por ahí a caminar, entre el tumulto de gente. Cobré el seguro del correo. Pasé por los kioscos turísticos de Times Square y compré postales. Entonces fue que empezaron los nuevos recuerdos a acumularse. Postales de aquí para allá, de allá para acá. Le pregunté si su nombre era de verdad con C, (todavía no lo creía), nunca me contestó. Le conté de la turbulencia, de la vajilla, de las gorras, de los juguetes, de que seguramente todos murieron en el acto cuando se cayó el avión. Le conté de la señora que me miró mal. Carina solamente me contestaba con un montón de "jajajas".


Después de unos meses sin saber de ella, me llegaron dos postales. La primera era una foto tomada de un avión, donde aparecía un prado de nubes, y por atrás decía: "Sí, Carina es con C", aunque ya lo sabía, pues todas sus firmas eran con C. En la segunda postal, había una foto de Nueva York con las Torres Gemelas dibujadas a mano, ella le escribió por atrás: "La vida empieza muchas veces". Me frisé en la calle. La gente chocó conmigo y me miraron mal. Me congelé allí, porque estas eran las primeras postales que no eran de Puerto Rico, ni del faro de Rincón, ni de la playa Flamenco, eran de un viaje sobre las nubes, y de un Nueva York diferente... Carina estaba cerca. Carina con C estaba muy cerca. Me puse mi gorra ochentosa y fui al supermercado a comprar bistec, dispuesto a empezar más que en otro sitio, a empezar otro momento.

sábado, mayo 13, 2006

Taller para guionistas y cineastas


Anoche, 12 de mayo de 2006, se llevó a cabo un evento para aspirantes a guionistas y cineastas en la Universidad del Sagrado Corazón. La Asociación Puertorriqueña de Guionistas y Dramaturgos (APGD) auspició la actividad que se realizó en el Salón BN-323 del edificio Barat. El taller estuvo a cargo del experimentado guionista hispanoamericano Miguel Tejada-Flores, conocido por sus guiones de comedia como Revenge of the Nerds, y por los de terror como Screamers.

Acudieron grandes figuras de las tablas y las letras del patio, entre ellas, Von Marie Méndez, que presidió el acto, y los actores Walter Rodríguez y Johanna Rosaly.

Miguel Tejada-Flores también ha escrito películas y series televisivas para Showtime, USA Networks y el Sci-Fi Channel. Además, ha trabajado en el análisis, desarrollo y producción de guiones para los estudios Paramount, MGM y Fox.

Ciudad de las Gárgolas
ESPECIAL PARA EN ROJO
Periódico Claridad


















Por Yolanda Arroyo Pizarro
Literatura Urbana
Fuente: Periódico Claridad Publicado el 11 de mayo de 2006


Los he visto correteando por mis edificios, deambulando entre mis calles. Se toman de la mano o se abrazan, y a veces se detienen a encender algún farol. Se iluminan todas mis lumbreras, aún sin que sea la hora para ello. Se siente todo el calor de la urbe, justo en el centro de lo que acontece, justo como el calentamiento de pieles, entre un sol y un planeta, entre unos troncos y la chimenea. Mi diócesis abandona todo frío, aun cuando es tiempo de tempestad o invierno, y se calienta por sus bríos, por sus ahogos, por sus gemidos. Desde arriba, muy arriba, la galaxia observa todas mis edificaciones; acaloradas, calcinadas.

Tras casi dos mil años, el hombre más odiado de la historia ha regresado y el planeta convulsa. El traidor por excelencia ha dejado en la perpetuidad de las letras un testimonio. Los códices no lo callaron, los papiros no desaparecieron, el moho no desintegró su lengua ahorcada. El mundo duele, el mundo no calla y gime. La ciudad que mira el mundo igual palpita, igual late, igual se derrama. Yo soy la ciudad y soy verbo, y mientras se desatan pertinencias mayores, los amantes corretean.

Irrumpen abrazados a un parque. Se sientan en un banquillo y comienza un ritual conocido. Sus besos vuelven a encender la madrugada, aun ya prendida, aun ya nublada por la aurora boreal, aun ya iluminada por el alba como ave fénix. Besos que logran levantar las astas de mis banderas colocadas en las construcciones. Besos que logran elevar con tornasoles mis pararrayos, las antenas radiales, los satélites de canales de televisión. Todas mis parabólicas erectas, erectas por ellos, por su embrujo, por el jugo que derraman en mis callejas, en los adoquines de mis esquinas, en el fluvial de los alcantarillados.

Ella roza su espalda sobre una de las paredes de algún callejón y yo transpiro, y comienza a lloviznar. Él moldea su torso para embestirla pegado a alguna vitrina y entonces comienza a nevar. Yo suspiro. Suspiro hervida, suspiro inflamada, a veces convertida en un pedestal delirante y febril, o en busto sudado por tantas emociones, o en basílica gimiente. En gárgola.

Soy famosa. Jóvenes sicarios y un elevado índice de homicidios se vuelven mi ombligo con pruebas de carbono. También me ha dado a conocer algún cartel. Austeras y anodinas, mis localidades se han convertido en lugares desagradables para vivir, que aún destilan esperanza entre maderas y cementos. Las residencias que predominan han sido construidas con poca o ninguna consideración. Desbordo robos callejeros, desbordo éxodo y migración, plétora de crisis fiscales. Reboso pobreza, miseria, hambre. Derramo promesas, abundancia, sueños. El desempleo galopante, el creciente índice de delincuencia y la animosidad étnica me hacen sede del progreso. El delito ha desmoralizado a mis vecinos. ¿Cómo preocuparme por un nuevo testamento? ¿Cómo interesarme en Dios? No hay quien murmure Judas.

El verdadero evangelio se encuentra entre mis personajes de piedra y respira sobre cada centímetro de la metrópoli: en los escaparates, en el tren urbano, en los postes alambrados, en los artículos que se venden en las calles, en los semáforos, los carritos de hot dog. Los apóstoles de la urbe son los mercenarios de mis avenidas. Se cruzan los crímenes y sus caricias; se cruzan los hallazgos de arqueología que iluminan a la humanidad y sus jadeos, en especial porque ella se coloca a horcajadas sobre sus piernas, mientras él evita mirar el tráfico y se concentra, y vuelve a experimentar un fuego infinitesimal que lo carcome. Le jura estarla amando como nunca, como a nadie. Ella devuelve el mantra vez tras vez. Yo me derramo, salpico, enciendo nuevamente los faroles y se llenan de vapor las aceras. El vapor es de cigarrillos, es de mate humeando. El humo sabe a aguamiel, sabe a pulque de poblado artesanal, sabe a maví.

Se ven a escondidas; ella huye de una mujer con la que comparte su cama hace decenios, y él escapa de un matrimonio con dos hijos que hace mucho dejó de llamar su razón de ser. “Superarás a todos, sacrificarás la sangre que me cubre”, le dice el Maestro a su mejor Amigo, y lo descubren siglos después en un pergamino egipcio. La ciudad está supuesta a desmoronarse. Está supuesta a hundirse, a ocultarse bajo un moderno Vesubio dosmilenario. A ellos les importa poco. Pasean atrapados durante lapsos enteros con el tapón vehicular, la contaminación del aire y el excremento de perro. Se adentran en alguna zona de recreo, cobijados en los desérticos cajones de arena para los niños, y dentro de ellos, sobre la arenisca que les sirve de almohada, otra vez copulan. Se encienden las bombillas, las lámparas, los candiles, y todos los postes de luz. Se calienta la urbe. Vuelvo a ser gárgola y permanezco erecta en la cúspide de la catedral, vistosamente adornada, prendida del caño por donde se vierte el agua de los tejados. Asida del canal de la fuente que me ata a voluntad convulso. Casi nunca me despego del cemento, pero cuando es necesario vuelo por las inmediaciones.

Vibro, y ocasiono un movimiento telúrico que puede ser medido en varias escalas. No dejo ruinas, pero sí resacas. Soy ciudad. No hay Egipto. Soy un Kremlin que hoy se eriza ante el dúo de amantes bandidos. Lloro con ellos cada despedida. Odio cuando se alejan así. Regreso al pináculo de la cumbre ortodoxa, vuelvo a ser pedregal que ya no vuela, vuelvo a ser estampa de piedra que no se mueve. Una estatua de grafito dibujada en un papel gris. Dibujo murales en griego, en copto, en arcano. Llueve, tiembla, se enciende la cartografía, nieva de nuevo.

Tras casi dos mil años, el hombre más odiado de la historia ha regresado y ni a ellos, ni a mi ciudad les interesa.

viernes, mayo 05, 2006

Escribo...

Me ve escribir. Pasea. Las teclas son ahora mi dueño, pero él reclama atención y se pasea. Estira su mano y descubre un pezón. Alega que debo de escribir así siempre. Alega que es una perfecta pose, una perfecta imagen. Dejo el pezón a la vista. De vez en cuando lo pellizco. De vez en cuando lo aprieto. Le sigo dando a las teclas. Creo que no estaré escribiendo por mucho rato. Me parece que la musa no bastará para mantenerme al margen de su piel.

Emilio en Área



El pasado martes 2 de mayo tuve el honor de asistir a la lectura de cuentos del talentoso Emilio del Carril en Área, lugar de Proyectos en Caguas. Escuché a un Emilio irreverente y apócrifo que despunta como una gran promesa de letras del patio. Sus temas visitan lo místico y herético de un modo novedoso. Su propuesta de reescribir la Biblia en sus propios términos promete. Al menos tiene el espíritu dispuesto y un gran entusiasmo. Esperamos poder volver a leerle pronto.

miércoles, mayo 03, 2006

Bitácora del viento del oeste
Por Isaac Cazorla
con motivo de la presentación Los Documentados

4:15 pm.
Conquistar una tierra de riquezas es fácil si se tienen carabelas, pólvora, espadas, cascos y fuselajes en el pecho. Conquistar un pueblo es fácil si los contrincantes sólo tienen arcos y flechas, si sólo tienen lanzas y miedo a los caballos. Conquistar es un verbo demasiado grande para esas presuntas hazañas. Conquistar descalzo es otra cosa, el conquistador real es el que utiliza su ingenio desde la nada, aquel cuyo naufragio continúa más allá del mar, el conquistador es el que se repone entre los mangles, el que vuelve a casa a compartir fortunas y a convalidar ilusiones…

- ¡Junior! Acá hay uno que ya se mareó o se le ha tostado el coco con este sol… a ver si tú entiendes lo que dice…
- Tu dedícate a mirar si viene una patrulla o un helicóptero y déjate de hacerle caso a estos, dile que se duerma mejor, así no te distraes… si sigue hablando pavadas moja un trapo y pónselo en la cabeza.
- ¿Oíste? Junior manda a callarse o mejor: baja el volumen y sigue hablando, así no te mareas...

-¿Junior es tu jefe? Creí que eran socios… Me parece medio maldito, capaz de aventarnos al agua, tú en cambio pareces buena gente…
-Junior no es malo, sólo es firme, nos conocemos desde la Escuela, a los dos nos botaron al mismo tiempo, hemos estado en varios negocios diferentes, pero éste es bueno, aunque a mí no me gusta, Junior me paga bien. Yo lo veo sólo como un servicio de transporte y ya. Unos cuantos viajes más y me retiro, a mí el otro lado no me gusta. Junior sí creo que se queda allá en una de éstas, ya toda su familia está allá, dice que les ha construido una casota en Bayamón.

- Todo el mundo trabaja en construcción ¿no?, yo voy a buscar otra cosa…
- No hay otra cosa. A ver dime, ¿En qué quieres trabajar?
- En un periódico por ejemplo, a mí me gusta el periodismo, las letras…
- Ah… tú te crees que vas a ir a un periódico y vas a encontrar un cartel que diga “se necesita muchacho sin documentos para trabajo de periodista, buen sueldo”….
- Lo que pasa es que a mi me gusta escribir, quisiera escribir novelas por ejemplo, yo creo en el valor transformador de la palabra, de la narración, incluso de la fantasía como la más alta expresión de la realidad…

- Junior!, acá tenemos a Vargas Llosa en la yola, el mismito que escribió lo de Trujillo y Balaguer, se ve menor y más prieto que en la tele pero habla igualito…
- ¡Uyuyuy!, pásalo a primera clase entonces y que te firme un autógrafo antes de que se baje allá en Tereque.

- Algún día escribiré sobre este viaje, sobre la chispa del subcapitán… ¿cómo te llamas? - Ramón García para servirle señor escritor ¿y usted cómo se llama?
- Getulio. Getulio Pichardo
- ¡Uyuyuy!, mejor fírmame el autógrafo como “Vargas Llosa” no más…


6: 15 pm.
- ¿Ven las lucecitas al fondo? ¡Eso ya es Puerto Rico!, ahora todos atentos que si aparece una patrulla se acabó el viaje, recuerden que nadie debe tirarse al mar hasta que yo les diga que pueden nadar, por aquí todavía hay tiburones y estamos muy lejos, es imposible llegar nadando. Están avisados. Tenemos que esperar a que esté más oscuro para seguir avanzando...
- Junior se cree Capitán de verdad, le gusta estar al mando… oye, ¿Cómo era eso de que nosotros somos conquistadores?
- Ya lo dije, el verdadero conquistador es el que se utiliza a sí mismo como arma y defensa, el que cruza el mar desprovisto de todo. Llevar armas no es conquistar, eso es asaltar, nosotros no somos asaltantes, somos conquistadores, todos los que estamos aquí sabemos que en adelante sólo nos espera estar mejor y ¿qué tenemos para eso? Nada. Sólo nuestra mente, nuestra esperanza, hay que ser valiente para lanzarse a conquistar así, sin escudos.
- O sea que si nos coge la patrulla y nos maltratan, le decimos al guardia: “oiga usted, más respeto, que está bregando con valientes conquistadores…” pa’ mi que no nos creen, señor escritor.
- Sólo importa que tú lo creas, pero a mí no me detiene ninguna patrulla y tu mejor hazle caso a Junior y vigila la proa. Además no pueden maltratarnos, eso sí sería ilegal, además somos personas, es pura casualidad que hayamos nacido en la orilla de atrás y no en la de adelante.
- ¿Eso le dirías al guardia? Se va a reír en tu cara
- No tiene por qué reírse, es la verdad. No deberían ser naciones distintas, si al final somos la misma cosa
- Claro que somos la misma cosa pero ellos no lo ven así, y “donde manda guardacostas no manda conquistador valiente en yola….”
- Yo creo que hablando se entiende la gente, es cosa de saber explicar…
- Mejor les dices “Mire señor, yo en realidad soy boricua, lo que pasa es que recién estoy llegando porque nací en la luna….”


8:15 pm.
- No se asusten, estamos regresando un poco porque Junior ha visto unas luces hacia el Este y prefiere esperar unas horas más, si están patrullando lo mejor es esperar a que terminen, no se asusten, agáchense todos y no se olviden de no desesperarse y tirarse al mar.
- Entonces sígueme contando, ¿vas a ser periodista o escritor?
Ya se verá, yo lo que quiero es ser escritor, pero no es por eso que voy a Puerto Rico, allá voy sólo para salir pa’ lante, cuando tenga plata me pondré a escribir novelas, eso es lo que me gusta.
- ¡Uyuyuy! Entonces voy a ser famoso con esta yola, la pondremos en un museo que diga “En esta yola viajó el gran escritor dominicano Getulio Pichardo”…. Yo creo que te tienes que poner otro nombre para que te compren tus libros… si te llamaras por ejemplo García Márquez o Vargas Llosa, entonces ya la cosa cambia pues…
-Por qué Junior retrocede tanto?
- No te preocupes, ¿es tu primer viaje no?, recuerda que si nos atrapan te damos el segundo viaje gratis, eso sí, ahí se termina la garantía, Junior’s delivery sólo hace dos viajes por cabeza, el que quiera otro viaje, tiene que volver a pagar y se le renueva la garantía por dos viajes más.
- Yo no puedo hacer otro viaje, tengo que llegar esta vez
Tranquilo Vargas Llosa, pasado mañana o dentro de dos meses es lo mismo, te acordarás cuando estés escondido en Puerto Nuevo llorando porque extrañas a tu mamita.
- Yo no lloro por esas cosas, soy muy macho para las penas, pero tengo que llegar esta vez, para mi no hay otro viaje que valga.
Ah verdad, me olvidaba que eras conquistador, perdona.


10:15 pm.
- Parece un yate particular, pero está muy lejos todavía. Recuerden: ¡no se tiren al mar!, estamos muy lejos todavía y es imposible llegar nadando. La corriente los va a regresar. ¡No se tiren al mar!
- ¡Despierta escritor!, mira esas luces. Junior dice que es un yate particular, seguro que ni nos van a ver.

- Este es el servicio de Guardacostas de Puerto Rico, permanezcan tranquilos, van a ser rescatados inmediatamente. No se tiren al mar, desde aquí es imposible nadar a la costa. Permanezcan tranquilos…

- ¡Junior!, ¡estos se quieren aventar al agua!
- ¡No me llames Junior idiota!, todos, invéntense un nombre y no digan el suyo, y ya saben lo que pasa si delatan a su capitán. A los que vienen por primera vez, en cinco semanas los volvemos a traer, tranquilos.

- Nos jodimos, Vargas Llosa… ¿Vargas Llosa? ¡Vargas Llosaaaaaaaaa!... Cooño…

lunes, abril 24, 2006

Galardonada Nydia E. Chéverez


Nydia E. Chéverez ha sido galardonada con el Segundo Premio de Cuento en el certamen literario del Centro Cultural de Manatí que tuvo su celebración el pasado fin de semana. El cuento de Nydia titulado La leyenda de los príncipes y los sapos, ya había sacado aplausos y fuertes vítores en una lectura de cuentos llevada a cabo en meses pasados en Café Berlín. La autora muy amablemente nos permite incluir el cuento en este espacio:


Cuento Premiado:
La leyenda de los príncipes y los sapos
©Nydia E. Chéverez, 2005

Érase una vez una princesita a la que le repitieron muchas veces que las mujeres somos frágiles y delicadas como rosas. Que es nuestro fin máximo en la vida el encontrar un príncipe azul que nos haga feliz. Bueno, existe algo de flexibilidad con eso de los colores. No necesariamente tiene que ser azul. Lo cierto es que la princesita se hizo mujer preparándose para conquistar al príncipe que algún día la desposaría. Y así, como en el cuento de hadas en el cual es necesario que la princesa bese a un sapo para que se convierta en su príncipe, encontró muchos sapos a los que besó en su afán de que se concretara el anhelado encuentro.

Pero a pesar de los besos, sapos se quedaban, porque eso era lo que sabían ser. Y en el vano intento de trastocar su naturaleza, se hizo larga la lista de besos a su haber. Con cada nuevo cumpleaños, su desesperación aumentaba. El príncipe no aparecía. Sin embargo, pudo reconocer que en ese proceso, a algunos les tomó cariño y disfrutó de su compañía. Aparte de que descubrió que hasta el sapo más sapo sobre la Tierra, tiene algo que lo hace especial y que su aspecto resbaloso y en apariencia asqueante, esconde atributos que con el tiempo afloran y ya no resultan tan desagradables.

Sin embargo, lo esperado era que siguiera buscando al príncipe y no perdiera el tiempo con los sapos. Así que muy pronto se deshacía del sapo y seguía su inútil búsqueda de encontrar otro príncipe. Y un inesperado día apareció uno…al cual muy emocionada quiso devorar a besos. Mas sólo uno fue necesario para que, para su sorpresa y frustración, se convirtiera en sapo. Del susto, lo echó lejos de sí.

Siguió pues, besando sapos que a pesar de los conjuros de su amor, se negaban a convertirse en príncipes. Veía simultáneamente que a muchas de sus amigas y conocidas le sucedía lo mismo. Y cuando ya estaba totalmente desesperanzada, un día tuvo éxito. Por fin, apareció un sapo al que besó e inmediatamente se convirtió en príncipe. Y se sintió realizada.

Pero su satisfacción duró muy poco. El príncipe que había creado era exageradamente atento y complaciente, y, pasado un tiempo, hasta eso llegó a cansarle. Además percibió que su conducta era una táctica sutil con la cual, en verdad reafirmaba que era su dueño. Aún más, se percató de que era aburrido y predecible. Y un día, para sorpresa de aquellas amigas que envidiaban su suerte, abandonó al príncipe. Lo que más les sorprendió a éstas, que hasta llegaron a pensar que se había vuelto loca, fue la explicación que ofreció para justificar su conducta. Incrédulas expresaron:
—¿Sabes cuántas quisieran tener la suerte que tuviste de encontrar un príncipe?
¿Por qué lo hiciste?
—Porque me amaba demasiado. Me cansé de tanta atención.

De manera que no pasó mucho tiempo para que se encontrara nuevamente en la búsqueda de sapos a los que convertir en príncipes. Hasta que cansada de besar sapos que se convertían en desabridos y predecibles príncipes, decidió casarse con su soledad. Y cuando ya no tuvo afán de encontrar su príncipe, se encontró a sí misma. Descubrió que en el proceso de buscar una leyenda había descuidado su propio ser. Y se sintió feliz.

Mas se percató de que el haber besado tantos sapos intentando trastocar su esencia para hacer de uno de ellos el príncipe de su necesidad inventada, la transformó en lo que ahora era. Y vio que no era necesariamente dañino el estar con sapos, de hecho, podía ser bueno y placentero. Y extrañamente, comenzó a añorar los sapos que, sin darse cuenta, habían llenado su vida. Así que se lanzó a la calle, firmemente decidida a encontrar un sapo con quien compartir su felicidad.

Pero llegó tarde. Ella y todas las que como ella creyeron el cuento de la indispensable presencia de un príncipe, habían besado tantos sapos que se convirtieron en príncipes, que los sapos, eran ahora, una codiciada espécie en peligro de extinción. Para colmo descubrieron que raras veces el conjuro funcionaba al revés. Los sapos convertidos en príncipes, no necesariamente volvían a ser sapos.

¡Qué injusta es la vida! Cuando buscas príncipes sólo encuentras sapos y cuando aprendes a amar a los sapos, sólo abundan los príncipes! Lo cual nos deja sólo dos opciones: o compites por los escasos sapos o te conformas con un simple príncipe. Y el conjuro de amor se transmutó en una especie de maldición infinita. Es por eso que desde entonces, las que nos creemos princesas exhibimos esa afinidad morbosa por los sapos. Y la solidaridad entre mujeres existe, mientras no ansiemos ambas al mismo sapo.

martes, abril 11, 2006

Texto de presentación de Los Documentados
por el admirado colega José Borges


El escritor y colega José Borges dio lectura a un pergamino de presentación sobre la novela de mi autoría, Los Documentados el pasado 6 de abril. Fue un verdadero honor que este joven escribano representara tal acto inaugural a través de una lectura iniciatoria, a modo de inmersión bautismal literaria. Esto lo hizo frente a un sustancioso y convidado grupo que unido por las letras se dio lugar en La Tertulia de Río Piedras, la pasada semana. Antes que él, la afamada escritora Mayra Santos Febres tuvo la deferencia de presentar datos literarios de ésta servidora en una entusiasta ceremonia a su vez dirigida por la célebre gestora cultural Bárbara Forestier.

A continuación, se ha incluido en este espacio, el texto al que dio lectura Borges.
Para ver el original visitar http://elblogdeborges.blogspot.com/


_________________________________________


Buenas noches.

Mi nombre es José Borges, y tengo el honor de presentar la novela de Yolanda, Los Documentados.

Cuando uno considera que la señora Arroyo Pizarro pudo conseguir a un autor reconocido, como Luis López Nieves o Mayra Santos, para hacer esto, el honor es aún mayor.

Es una presentación tardía, ya que el libro salió el año pasado. Como si hubieran realizado una fiesta y la novela estuviese escondida en una esquina, mirando todo lo que pasaba. Entonces, pasan las horas y te la presentan, y te preguntas cómo pudieron llamar esto una fiesta sin su presencia.

Así que, esto es más celebración que presentación; pero no creo que nadie objete el hecho.

Dicho esto, quiero tomar un momento para hacer una confesión pública: estoy muerto de envidia. Sí: envidia.

No sólo porque haya publicado su libro (algo que muchos aquí quisieran poder decir), sino también porque te hace pensar, reflexionar, considerar otros puntos de vista, sentimientos o acciones que muchos narradores no logran.

No sólo lo hace con su primera novela, sino que, ¡lo hace desde el título de su primera novela!

Recuerdo que, cuando escuché el título por primera vez, por alguna razón (tal vez porque soy malísimo con esto de nombres y títulos… apenas recuerdo los títulos de mis cuentos), por alguna razón la llamaba Los indocumentados. Peor, cuando se la mencionaba a la autora, lo hacía con el título incorrecto.

Todavía me pregunto por qué no nunca me corrigió… a lo mejor porque no fui el único que cometió el error.

Pero, dado el tema de la trama, es un error fácil de comprender. Gran parte gira entorno a los inmigrantes dominicanos que llegan a nuestra isla. Palabra denigrante, ¿no? Indocumentado. No tendrán documentos, pero, gracias en parte a esta novela, no se puede decir que no han sido documentados.

Un juego de palabras desde el título. Envidia: 1 José: 0.

Tal vez esté equivocado, pero creo que es la primera obra de narrativa que trabaja el tema desde ese punto de vista. Hay varios autores que han jugado con el tema del inmigrante a otro país, o del puertorriqueño como inmigrante. Sin embargo, no recuerdo ninguna en la que nosotros seamos el país destinatario.

Tema fértil, aunque difícil; posiblemente controversial. Envidia: 2 José: 0.
Entonces, gracias a una gran labor investigativa, la autora nos presenta varias facetas de este fenómeno. Incluye desde el racismo ignorante que creamos, hasta el mercado negro que se forma no sólo al transportar gente a Puerto Rico, sino al transportarlos por la Isla y, en ocasiones, convertirlos en documentados.

Todo entorno a la vida cotidiana de Kapuc, su hermano Vito y su madre, Karen; una familia que se enfrenta a los problemas de la cotidianidad, tan conocidos para nosotros; la lucha de la madre sola; el descenso del hijo al bajo mundo… todo documentado por Kapuc, la protagonista de la obra. Hacen de esta novela un reflejo interesante y bien logrado sobre la realidad de esta sociedad.

Investigación relevante: Envidia: 3 José:0.

Yolanda crea una protagonista adorable, especial. Utiliza un punto de vista casi mágico cuando narra desde la perspectiva de Kapuc. Logra transmitir la falta del sentido de la audición en la niña de manera convincente.

Envidia: 4 José: 0.

Crea un pueblo ficticio tan verosímil, que me hizo dudar sobre su inexistencia.
Envidia: 5 José: 0.

Podría seguir el resto de la noche enumerando las razones por las cuales me causa envidia esta novela. Pero es envidia de la buena, de la que nos inspira a nosotros, la nueva generación de autores puertorriqueños, a aceptar el reto y buscar cómo darnos a conocer... y a respetar.

En verdad no es envidia lo que siento; es admiración.

Hay un hecho que me aterroriza: Sólo 10% de los autores publicados pueden subsistir escribiendo exclusivamente. Y sospecho que el porcentaje de autores puertorriqueños que viven de la escritura es mucho menor. Trabajan como profesores, abogados, educadores, estudiantes, coordinadores… lo que sea. Esto les indica que autores como Yolanda no escriben para vivir… vivimos para escribir.

Requiere valentía, confianza, esfuerzo, dedicación y talento para escribir una obra como ésta. Así que, le doy las gracias a Yolanda por compartir su novela con nosotros. Espero que algún día también podamos vivir de la escritura. Así podrás agraciarnos con más novelas. Espero que de ahora en adelante utilices el título de Escritora donde quiera que vayas. Eso de Instructora Educativa es tu trabajo a tiempo parcial, si acaso.

Aunque dije que esto era más celebración que presentación, vale la pena seguir al menos un protocolo: Novela de Yolanda Arroyo Pizarro, te presento al resto del mundo; querido público, les presento a Los Documentados.

Muchas gracias.

domingo, marzo 19, 2006

Actividad Barrigas
17 de marzo de 2006







Al evento fueron cerca de 300 personas. Nunca habían visto mis ojos tanta gente en una actividad literaria. Hubo mucha solidaridad y armonía entre el público barrigón y las barrigonas que leímos. Las risas y los llantos testificaron cada experiencia con la emotividad que se perseguía y pretendía. Al finalizar, la gente se acercó a nosotras para abrazarnos y dar testimonio sobre lo que sus barrigas también han pasado. Nacieron mil historias dignas de ser contadas. Intuyo que habrá secuela. Por lo pronto, mis agradecimientos a todos lo que apoyaron esta iniciativa y a los que han dejado escrita para la posteridad la reseña en sus diarios bloguianos:

lamadam.blogsopt.com

thetalios.blogspot.com

Para más fotos e información recuerda visitar el blog

www.lasbarrigas.blogspot.com o escribir al email lasbarrigas@gmail.com.

sábado, marzo 11, 2006

Barrigas

visita el blog lasbarrigas.blogspot.com

¿Qué es el Proyecto "Barrigas"?


“BARRIGAS” es una vigilia y un acto artístico público, libre de costo, que narra la historia cotidiana de las mujeres puertorriqueñas. Lo hace a través de una reflexión escrita de la relación de las mujeres con su barriga. Constará de la lectura pública de varios textos escritos por 12 mujeres que revelan su batalla contra la violencia doméstica, el abuso sexual, la preñez, la maternidad adolescente, la soltería y las imágenes de belleza.

Además “BARRIGAS” cuenta con una proyección expositiva a manera de fotoensayo. La fotógrafa y artista gráfica Migdalia Nieves proyectará un fotoensayo que constará de una serie de retratos de barrigas. Dichas barrigas serán las de mujeres de toda edad, de toda raza y extracción social, exponiendo lo que nunca se expone, la verdadera “cara” de las mujeres de nuestra sociedad, jóvenes y viejas, madres y solteras, preñadas y sin parir, pobres y ricas, gordas y flacas, en fin; mujeres de carne y hueso en su diaria batalla con la sociedad que las compone y, con la violencia que las expone y con el cuerpo que las acoge.

Desde agosto del año pasado, la autora y escritora Mayra Santos-Febres reúne a un grupo de mujeres con el propósito de dirigir un taller de escritura creativa. Este taller ha sido matriz para la inserción de nuevas voces femeninas en la narrativa del país. La activista cultural, escritora y directora de derechos de autor Bárbara Forestier ha organizado un ciclo de lecturas en el Café Berlín del Viejo San Juan donde se da foro a los trabajos de muchas de éstas mujeres. De ahí nació la idea de “Barrigas.” Las participantes en pleno del taller de Escritura Creativa de Mayra Santos-Febres han decidido ampliar las lecturas de cuento de “Café Berlín” durante este mes de marzo- Mes Internacional de la Mujer. Las participantes s6n:

Mayra Santos-Febres (escritora)
Yolanda Arroyo Pizarro (tecnóloga educativa)
Linda Backiel (abogada)
Maqui Benítez (profesora universitaria)
Indira Allende (médico)
Mariana Benítez (tutora)
Neeltje Van Marissing Méndez (editora)
Bárbara Forestier (activista cultural)
Awilda Cáez (administradora empresarial)
Maria Isabel Dátiz (abogada)
Mayté Bayolo (profesora)
Gloribel Delgado (periodista)

Se inivita a todo el público a compartir con las "Barrigonas" el próximo viernes,17 de marzo de 2006 desde las 6:30pm a la lectura de textos "Barrigas" en la Plaza Colón del Viejo San Juan, frente a Café Berlín.

Presentación libro Mario R. Cancel
USC : 10 de marzo de 2006

jueves, marzo 09, 2006

aspas



cuatro aspas
giran... no-separadas
juntas [girando]
cuento las vueltas
apunto con el dedo el estucado

se mueve la base
va a caerse
no se cae
te vienes...

sábado, febrero 18, 2006

Laura Esquivel en la Universidad del Sagrado Corazón, Puerto Rico

View this video montage created at One True Media
Laura Esquivel


Video creado por Yolanda Arroyo Pizarro

Laura Esquivel inicia la gira en Puerto Rico de su nueva novela Malinche. Visitó la pasada semana la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce y habló sobre el proceso creador que la condujo hasta esta nueva saga histórica. Para ver el video, hacer clic sobre la imagen.

domingo, febrero 05, 2006

El aquelarre de palabras
Escritora Invitada: Ana María Fuster Lavín


Boceto para el amanecer de un libro

El susurro de la sangre llenaba la habitación de palabras; él persiste en su infame intento de recordar todas las contradicciones de sus instintos. Los espíritus de sus víctimas rugen acompasados con la tenue brisa que anuncia la madrugada, capturan su silencio y tratan de confundir al hombre en su misión, aunque trastoquen su guarida, él es ya un semidiós obsceno, perverso, las voces van in crescendo, pero ha logrado dejar sordos a sus personajes… Pasan las horas, la soledad es tanta que la sangre rondante es un vapor denso y las palabras fluyen sincopadas; por fin, él se ha mirado sus manos, y a pesar de estar cansadas, los espíritus temen. Él lo sabe y sólo así puede capturar sus contradicciones. Sangre y voces, sombras y palabras, comienzan a gritar, pero ya no se escuchan. En la habitación comienza un aquelarre invocado por la lujuria de un reloj de arena que confunde el principio y el fin de los personajes, pero el hombre sigue su misión sin divagar, controlando los deseos de olvidar su trabajo. Mira su reloj digital y sonríe, le ganó a las horas. El flujo de palabras ha logrado su epílogo, logró terminar su libro de cuentos, el editor lo espera cuando los rayos del sol dancen en el cenit. Comienza a amanecer, la sangre se coagula, los espíritus fueron vencidos. Las palabras, entretanto, siguen con su vuelo de regreso a la sangre y el escritor apaga la computadora.

Del libro de cuentos inédito Bocetos de una ciudad silente

Acerca de mí

Mi foto
Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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