miércoles, junio 08, 2011

Tinta de Sidario en los labios

Tinta de Sidario en los labios
Por Yolanda Arroyo Pizarro

Anoche asistí a la lectura Tinta de Sidario, en recordación de los caídos por la epidemia del HIV/SIDA, convocada por Librería Mágica y el Colectivo Literario Homoerótica. Fue muy emotiva, sobre todo porque afloran preguntas esenciales: 1)¿cómo celebro 30 años de una pandemia que se llevó a tantas queridas y queridos? 2)¿cómo no llorar entre tanta letra conmovedora? 3) ¿cómo seguir con esta nostalgia?

Parafraseando a Susan Sontag, “some questions have no future”. Es mejor no contestar. Es mejor suspirar. Es mejor escuchar la introducción de una noche memorial dirigida por Ruben Ríos Ávila y su susurro mientras nos contaba: “Es imposible ser homosexual, mayor de 50 años y no haber perdido a alguien ante la plaga del sida”.

Es mejor acunarse en su recuerdo vergonzoso de la ex amiga: “Esa tarde llegué al trabajo, saludé a mi amiga de siempre y ella me apartó diciendo: ¡Cómo te atreves! Soy madre y tengo un hijo al que defender”.

Es mejor seguir mirando a Ruben, reflexionar cuando nos confiesa: “Tardé una eternidad en hacerme la prueba, nervioso, esperando todos los días que aparecieran los síntomas. Moretones, llagas, herpes labial. Nada de eso apareció.”

El origen del Sida han querido achacárselo a Haití, a África, a los maricones, a las promiscuas. Nunca a los doble-vida fundamentalistas con esqueletos en el clóset. Nunca a los senadores, capitalistas o dirigentes parlamentarios que van a misa y se acuestan con menores. Nunca a los que fornican de espaldas y son padres de familia, esposos de mujeres de sociedad que se reúnen a mostrar sombreros raros, o esposas de hombres Opus Dei.

Ruben nos contó cuando iba al hospital a visitar a Manuel Ramos Otero. No le hablaba de su moribundez, ni le preguntaba sobre los escalosfrios ni el sarcoma de caposi. Seguía siendo un ente vivo, energético, talentoso. Le hablaba de la edición de un texto que iba a publicarle.

La ficción de Ramos Otero fue, en palabras del escritor puertorriqueño Luis Rafael Sánchez, “una revelación espléndida de capacidad y penetración (…) inauguró en las letras puertorriqueñas una nueva época literaria” que luego confirmarían críticos como José Luis Vega y Lilliana Ramos Collado. Inauguró una poesía atrevidamente transgresora feroz, desde donde ventilaba el tema homosexual como nunca antes lo había hecho un puertorriqueño, ni un caribeño, ni ningún otro ciudadno latinoamericano. Era la primera vez de una literatura puertorriqueña tan audaz, tan “sacada de su escondite”. Mayra Santos Febres ha declarado ya: “Ninguno hasta ahora, y con tal polivalencia metafórica, la ha asociado tan eficaz- y tácitamente a la desafiante reconfiguración de un canónico legado literario, a la condición de desplazado paria o forzado exilio del (e)migrante isleño, o (como en “Nobleza de sangre”) a duraderas nociones históricas coloniales de pureza de sangre, enfermedades sanguíneas, y las dolorosas, aisladoras soledades y dislocaciones de la modernidad”. Y concluye que su poética incluye “un giro militantemente homosexual, agresivamente erótico, flagrantemente insurgente, “anulador del género,” y “sedicioso”.

En efecto, recordamos anoche a Manuel, y también a José, y a Pedro y a la mamá de Peri, y a Cecilia, y a Ricardo, y a todos los caídos por el HIV y hasta a los que hemos perdido por la diabetes y la mercantilización de los servicios médicos. Duele demasiado, se nos aprieta el pecho mucho. Es mejor escuchar a Gil René, a Iliana García, y a Miguel Diffoot en lecturas emotivas y dramatizadas, leyendo textos de Ricardo Santana, Moisés Agosto Rosario, Karen Sevilla, Luis Negrón, David Caleb Acevedo, Lina Nieves, Ángel Antonio Ruiz, Julio A. García, Nemir Matos Cintrón y del mero mero Manuel Ramos Otero.

Es mejor seguir escribiendo…

Fotos de H. Roberto Llanos




Texto Nobleza de Sangre de Manuel Ramos Otero

1 comentario:

Hipocrinda dijo...

Gracias, querida Yolanda, por esa lectura tan generosa y certera de mis palabras y de la noche de anoche. Un abrazo.

Acerca de mí

Mi foto
"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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