jueves, mayo 17, 2012

Documental sobre el boricua Clemente Soto Vélez

Una revolución a través de la palabra: Clemente Soto Vélez



Klemente Soto Vélez con la “K” de Huang T’ing-chie, bosquejo digital. Arcadio Ruiz-Castellano. La caligrafía de Clemente Soto Vélez es cortesía de The Clemente Soto Vélez and Amanda Vélez Papers, en Archives of the Puerto Rican Diaspora, Centro de Estudios Puertorriqueños Archives, Hunter College, CUNY.

Publicado: lunes, 14 de mayo de 2012

Orlando José Hernández/Especial para En Rojo
Diez años después de la muerte del poeta habanero José Lezama Lima, otro escritor cubano, Carlos Espinosa, preparó un estupendo libro de entrevistas sobre su genio y su figura, que tituló Cercanía de Lezama. Se trata de un libro a medio camino entre el testimonio y la historia cultural, con ramalazos de crítica literaria y de humor. Creo que ha debido impactar bien y leerse con gusto porque hacía de Lezama un personaje no sólo memorable, sino también cercano y simpático. Acaba de salir el documental que realizó el director puertorriqueño Joelle González-Laguer sobre el poeta Clemente Soto Vélez que –si se me permite opinar, pues pretendo juzgar el conjunto y no mi participación– tiene la misma finalidad del libro de Espinosa. Este nuevo trabajo de Joelle, auspiciado por el Centro de Estudios Puertorriqueños, busca recuperar la imagen de Clemente en las múltiples voces y pareceres de quienes lo conocieron y dan fe de lo que significó su vida para nuestro país y para nuestra poesía. La siguiente conversación con Joelle gira en torno a su más reciente documental.

Orlando José Hernández: A juzgar por las entrevistas que recoges en este trabajo, Clemente tiene una presencia inagotable. Está bien vivo, ¿no?
Joelle González Laguer: Clemente Soto Vélez es un icono, una figura que nunca morirá. Nos dejó una importante obra en poemas y libros. Además, fue un gran puertorriqueño que marcó la vida de mucha gente, especialmente de sus amigos y colegas y de los amantes de la literatura. También su legado ha transcendido generaciones y ha sido inmortalizado con un magnífico centro cultural en el Bajo Manhattan, que lleva su nombre.

¿Cómo surge la idea del documental?
Cuando laboraba como director de “media” del Centro de Estudios Puertorriqueños en la Ciudad de Nueva York, se me encomienda la realización de un documental. Yo quería hacer algo que fuese innovador y sin precedentes. Al mismo tiempo me preparaba para celebrar mi cumpleaños, y comencé a buscar un lugar cerca de mi residencia para la fiesta. Entonces encontré el Centro Comunal Clemente Soto Vélez, a poca distancia de mi casa. Cuando lo visité, pregunté a la secretaria de turno sobre la procedencia del nombre. Ella muy parcamente me contesta: “Fue un patriota puertorriqueño” y nada más. En ese momento comienza mi inquietud: ¿quién es este patriota que yo nunca había escuchado de él? Así, por coincidencia, con la complicidad de la vida y la necesidad de un lugar para mi fiesta, comienzan mis investigaciones sobre quien para mí era entonces una enigmática figura. Lo primero que encuentro es un pietaje de archivo, una entrevista hecha en vida a Clemente. Luego de verla, inmediatamente decidí: a este hombre hay que sacarlo de la oscuridad y darle voz, rostro y un homenaje póstumo.

¿Es tu primer trabajo como documentalista? ¿Cómo fue la experiencia al tratar de rescatar la memoria de la poesía? ¿Qué intentaste lograr?
Una revolución a través de la palabra, la historia de Clemente Soto Vélez, es mi primer documental de largo metraje. Pero antes de esta pieza yo había hecho algunos documentales cortos: Guys, Gays and Gratification y Boricua en tres ritmos, y una película corta, Adiós Christopher, además de haber participado como productor asociado en innumerables producciones. En definitiva la historia de Soto Vélez me catapulta a otro nivel, pues tuve que hacer el trabajo de investigador, productor ejecutivo, director y editor en jefe. La experiencia de rescatar no tan sólo la poesía de Clemente sino al “hombre” detrás del genio, fue sumamente difícil. Primero, Clemente es un poeta complejo, con un verbo florido. Segundo, Clemente practica una escritura fonética, consolida sonidos, cambia letras y hace una narrativa poética muy provocadora. Tercero, su historia es fascinante y merece ser contada. Fue poeta, revolucionario, bohemio, artista, pero sobre todo, un gran educador que tuvo sus discípulos, como el gran poeta nuyorican Tato Laviera. Mi objetivo primordial era rendirle tributo a Soto Vélez, un hombre que la historia ha pretendido borrar, hacer un homenaje póstumo a Clemente Soto Vélez.

¿Quiénes fueron los técnicos?
Un grupo de estudiantes del Colegio Hunter en New York City. Ellos tenían una pasantía con el Centro y sirvieron como el grupo de apoyo en el ensamblaje de este andamio que fue la pre-producción y la producción de un documental de esta magnitud. Además, el documental incorpora un concierto en vivo del cantante de música de protesta Roy Brown, que musicalizó poemas de Clemente.

¿Tuviste alguna dificultad u obstáculo en la realización?
Yo considero que todo lo que vale la pena en la vida no es camino fácil; fue un camino arduo con muchas horas de trabajo, que incluyó 18 entrevistados y una banda sonora que incorpora los poemas de nuestro personaje. Esta encomienda requiere de mucha preparación, hay que conocer al personaje para poder contar una historia fluida.

Entonces yo, como director, utilicé los ojos de amigos, colegas, expertos como Marithelma Costa y la nieta del poeta, Anyta Soto Canino, para pintar una imagen justa, fidedigna y humana del Archipámpano de Zíntar, como solía llamarse a sí mismo en tiempos del Atalayismo. Posiblemente un obstáculo fue no haber contado con más capital para entrevistar más amigos y conocedores de la obra y de la vida de Soto Vélez.

¿Cómo escogiste el título? Sin duda privilegia su quehacer poético y la fuerza verbal que definían a Clemente. Me parece un acierto.
A mi estudiante Frank D’Stefano, de ascendencia italiana y puertorriqueña (por la línea materna,) se le ocurrió en una reunión en la que escogimos el título provisionalmente y fue como un descubrimiento. A mí me pareció muy justo porque compagina perfectamente nuestras intenciones con esta magnífica historia. La audiencia descubrirá, por medio de fuentes primarias, la vida íntima de un gran puertorriqueño. También se expondrá a otras de sus experiencias, como su participación en El Atalayismo y en las luchas de nuestra gente. La finalidad es que la audiencia, por medio de amigos y colegas, conozca la trayectoria de Clemente, desde sus luchas y triunfos hasta sus desaciertos. También a su esposa Amanda y los entornos del poeta. Entonces luego que se analiza el conjunto de experiencias, el ser humano, el hombre, se puede apreciar el significado de la metáfora que propone el título de “Una revolución a través de la palabra: Clemente Soto Vélez”.

Clemente fue una de las figuras más cálidas en la historia de nuestras luchas y en nuestras letras. Tenía una extraordinaria apertura hacia los jóvenes, hacia las mujeres y hacia los gays. Eso se transparentaba en su afecto y en su trato. Víctor Fragoso y Manuel Ramos Otero fueron sus amigos muy cercanos. Escritoras feministas como Chiqui Vicioso o Janice Gordils o Marithelma Costa encontraban fácilmente el aprecio o la querencia de Clemente. Muy pocos hombres de su generación estuvieron interesados en discutir o dispuestos a plantear en su trabajo cuestiones de género. En él la inteligencia se libera del peso de la tradición, ¿no te parece?

Clemente era un líder carismático, inteligente, locuaz y reconocido; él es un hombre de vanguardia, un gran hombre con unas vivencias únicas y un gran orador. Él comprende que solamente siendo inclusivo se consiguen adeptos y en la unidad está el triunfo.

Además, importa también señalar que Clemente era de una estupenda franqueza, de una inmensa sensibilidad y de una gran fuerza de carácter. Pero todo eso lo sazonaba con una indescriptible simpatía, un gran don de gentes. Es posible que ese carisma le salvara la vida. En una ocasión me contó que cuando lo encarcelaron la segunda vez y lo enviaron a la Penitenciería de Lewisburg, en Pensilvania, a principios de los 40, por violar las normas de la libertad condicional al viajar a Puerto Rico, contrajo una severa pulmonía. Fue con la ayuda de un carcelero de ascendencia alemana, con quien había hecho migas, que logró superar la enfermedad. ¿No percibes algo de esa alquimia clementina en las entrevistas que realizaste?
Definitivamente, luego de escuchar tantos relatos personales es como haber conocido a Soto Vélez. Al final de cada entrevista (cuando el entrevistado salía), yo le decía a mi equipo: “Por aquí pasó Clemente hoy”. Definitivamente se sentía su presencia encarnada en sus amigos y en la gente que lo recordaba, como en la magistral remembranza de la escritora Marithelma Costa: “el señor de la melena blanca con una aureola”.

En el documental se destaca la importancia del poemario Caballo de palo, una obra fundamental para nuestra poesía. Ese libro se configura como una zona de confluencias: es el lugar donde se juntan el niño, el revolucionario y el poeta. Se publica, además, en 1959, a raíz de la influencia de la Revolución Cubana, como bien ha señalado el escritor y crítico Juan Manuel Rivera. Es el producto maduro de la vanguardia, del Atalayismo, de la rebelión a través la palabra y desde la palabra. Por otra parte, ese libro propone uno de los más audaces desdoblamientos de la literatura latinoamericana. Borges hace otro tanto en “Borges y yo”. Sin duda, son dos instancias distintas, pero ambas de gran audacia. En el texto de Borges el desdoblamiento se da empleando una cierta objetividad elocutiva. En el poema de Clemente, hay una intensidad emotiva que se produce a partir de la memoria. Es el hombre que recuerda las imágenes claves de su existencia, cómo ha llegado a ser lo que es. Pero Clemente no se quedaba fijo en ninguna parte, es un poeta del movimiento continuo, un marxista heracliteano que instala su poética en el oxímoron del cambio constante. La vanguardia, para él, no es epidérmica; se sostiene como actitud y como estética. En los 50 retoma la poesía con dos cuadernos: Árboles y Abrazo interno. Entonces en los años 60, en sus 60, el poeta otra vez evoluciona, como dicen por ahí ahora. Trueca la C por la K de Klemente y se convierte en uno de los más ávidos practicantes de la dialéctica desde la poesía misma. Lo hace en sus propios versos como método de creación. Un río de imágenes que busca su contra-río, o lo contrario de su río. El poeta dice lo indecible y contradice lo dicho a fin de transformar el entendimiento. (Esta última palabra la saboreaba con cierta frecuencia.) Poetiza las oposiciones. Esa dicción de lo contrario se hace patente en el libro La tierra prometida, que es el canto a Lares, el homenaje a la Revolución, la libertad, la concreción de nuestra nacionalidad, que surge de una oposición fundacional. Pero no para ahí. Su compromiso intelectual alimenta un dinamismo poético que desemboca en el tema de los géneros y nos propone una toma de conciencia sobre la situación de la mujer en su último poemario Ombre o mujer, mujer u ombre. Amanda, su entrañable compañera, sin duda ejerció en él una gran influencia. Todo esto ha sido recogido de forma muy perceptiva mediante la hilación y armado que haces de las entrevistas.
El cineasta Joelle Gonz'ález Laguer

¿Lograste lo que te proponías en el documental?
Yo quería humanizar la leyenda y pienso que lo logré.

¿Crees que la experiencia de Nueva York fue importante en la manera de pensar del poeta?
Creo que expandió sus horizontes. Nueva York es Soto Vélez. La ciudad que se convirtió en una morada forzada para el poeta, él la convertía en su tribuna. Y con su tesón logra ayudar a muchos de los puertorriqueños de la diáspora. Crea la Asociación de Mercaderes Puertorriqueños, trabaja como educador, se convierte en un líder comunitario y eso lo lleva a que su legado sea reconocido con un honor máximo: la creación del Centro Comunitario Clemente Soto Vélez, en el Bajo Manhattan. Un vecindario de vanguardia, de mezclas, de avanzada y muy popular, el Lower East Side o Loisaida, se engalana con un centro de cinco pisos dedicado a todo lo que Clemente apoyó en vida: las artes, la literatura y el activismo comunitario.

¿Cuál es tu próximo proyecto? ¿Vas a seguir filmando versos y poemas?
Actualmente estoy residiendo en Evanston, Illinois. Estoy en plena post-producción de mi próximo documental, La Guagua Aérea de aquí y de allá, que es una obra del maestro Antonio Martorell y que es parte de la colección permanente de El Museo del Barrio. Un documental de media hora que incluye pietaje desde el estudio de Martorell en Ponce hasta el ensamblaje de un avión dentro de un museo y una narración por el Maestro Martorell. Ésta ha sido una experiencia diferente porque el trasfondo es la Operación Manos a la Obra, una parte de la historia que también ha sido tergiversada, como la vida de Clemente. Mi objetivo primordial es que la audiencia se monte en esa guagua aérea y viaje imaginariamente con este éxodo de puertorriqueños hacia Nueva York. Esta ciudad ha significado mucho para mí, pues residí en ella dos décadas y ofrece otras historias que contar. Me encantaría contar la historia de los poetas de la diáspora, los nuyoricans, los de acá. Incluyendo un homenaje póstumo a otros poetas como Julia de Burgos, Clemente y Louis Reyes Rivera. La poesía es verso, ritmo, belleza, realidad, hechos y fábulas. Así mismo son los documentales: unas historias pintadas con personajes para que la audiencia se eduque y se entretenga a la misma vez.
Fuente: http://www.claridadpuertorico.com/content.html?news=4D71731EDB92F84EC1045B62DBD843F5

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"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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