sábado, agosto 04, 2012

Crear Caparazones o cómo escribir literatura lésbica en Puerto Rico

Crear Caparazones o cómo escribir literatura lésbica en Puerto Rico

por: Yolanda Arroyo Pizarro
Soy ajedrecista, dominocista, rompecabecista, crucigramera, sudokuísta, jugadora de damas chinas, solucionadora de sopa de letras, jugadora de scrabble y de vez en cuando, descifradora de acertijos MENSA. Es decir, trabajo todo el tiempo con incógnitas y enigmas, y el diseño de la estrategia adecuada para resolverlos en mi cabeza, o en vivo y en directo. En la calle la gente me pregunta por qué escribo, por qué escribo tanto, por qué no duermo, o duermo poco, por qué publico tanto, viajo tanto, hablo tanto, me meneo tanto, qué se yo… y me da miedo dar esta respuesta que ahora daré, pero que es la pura verdad: estoy enferma. Estoy enferma, lo admito. Soy una obsesionada. I’m sick and I need help! Mi OCD responde a la creación, a la invención de textos, de palabras, de historias. Es como único logro calmarlo. Así que ya, solventado ese obstáculo, iré a lo próximo: ¿por qué escribí la novela Caparazones?

Pues, por lo mismo.

Caparazones se me presentó como un jeroglífico que necesitaba ser descifrado. Casi siempre mis textos los concibo en fragmentos regados y difusos. En ocasiones, incluso, así los escribo, reguereteados. Luego les voy dando claridad, forma consecutiva y le asigno un orden de capítulos, resultando que quizás, el primero que redacto es el de en medio y el último uno de los primeros. Entonces, para mí también es un disfrute, porque me voy dando cuenta, mientras escribo, de la historia. Frente a mí se va develando el big picture. Y es tan placentero.


De buenas a primeras quise escribir una historia que no se hubiera contado ya, sabiendo muy a mi pesar, lo difícil del entuerto. Y es que como escritora de carrera parto de la premisa de que ya todo se ha dicho y escrito. Es la manera en que se aborda un tema, lo que lo convierte en novedoso, o hasta memorable. Sé incluso cómo lograr que un texto parezca inaugural, aunque su tratamiento ya lo hayan discutido otros colegas antes de mi. Entonces, con esta novela, ese era el objetivo. Quise diseñar un juego de enigmas que deconstruyeran un paradigma que fuera familiar a mis referentes, a mi entorno, a mi realidad de mundo que al final, es la de muchos. Por suerte, el margen (lo marginal, lo tabú, lo transgresor) casi siempre me brinda ese salvoconducto.

Hice un focus group. Entrevisté a compañeros de trabajo, a amigos, a familiares, a gente del ambiente, a talleristas. Tomé notas, leí muchísimo, escribí bosquejos y los eché a la basura; salvé uno que otro. Establecí una situación control y una experimental. Les pedí a mis increpados que resolvieran ambos enigmas, utilizando todas las soluciones creativas que se les ocurrieran. Concluí que la derivación exitosa sería utilizar la única solución que a ellos no se les hubiera ocurrido. Supuse que ese sería el corte de cinta, que dicha intrepidez en la que los lectores no habían pensado era la que me ayudaría a esbozar una historia verosímil y sorpresiva al mismo tiempo. Decidí hacerle caso a mi intuición. La tesis era: cómo se sale con la suya una mujer que desee tener dos familias a escondidas una de la otra.

Aquello era un lugar exclusivamente resguardado y explotado por los hombres. Un hombre preña a Mujer A y tiene hijos con ella, se relaciona con esa familia y muy fácilmente se desplaza a Mujer B (hijos, familia nueva) y repite lo mismo, infinitesimalmente, cuantas veces lo quiera y lo pueda sostener paralelamente, o sea, al mismo tiempo. Ha sido la historia de la humanidad desde que el mundo es mundo. Pero, ¿qué había de nuevo en el mundo, que me permitiera transpolar dicha situación al papel de la mujer? ¿Cómo hacer que fuera ella la player, la jugadora de sudoku o de scrabble, con intenciones de salirse con la suya? ¿Cómo iba a lograrlo si deseaba que la mujer de mi novela fuera negra, puertorriqueña y lesbiana?

La respuesta la obtuve escribiendo Caparazones, la primera novela puertorriqueña abiertamente lésbica, escrita en la isla, en español y distribuida en España, México y dentro de poco en toda Latinoamérica. Quedo agradecida de todos los maravillosos lectores que hasta la fecha se han sumado al tablero de juego, permitiendo que Caparazones vaya por una tercera edición, con planes futuros de ser traducida al inglés y al francés[1].


[1] La traducción al inglés ya se encuentra disponible a la venta en Amazon en este enlace Carapace.

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Yolanda Arroyo Pizarro es escritora. También ha publicado Cachaperismos 2010, Antología de narrativa y poesía lesboerótica, y los libros de cuento Ojos de luna y Avalancha. Es editora en Jefe y Fundadora de Revista Boreales, además de haber sido Jurado del Puerto Rico Queer Film Festival 2010, del Premio de Novela Las Américas 2011 y del Premio Sor Juana Inés FIL Guadalajara 2011 en México. Ha ofrecido talleres de creación literaria para Purdue University en Indiana, Universidad de Puerto Rico en Mayagüez (Coloquio del Otro La’o) y la Universidad Interamericana (Coloquio de la Mujer). En la actualidad dicta talleres en Poets Passage en Viejo San Juan, Puerto Rico y publica en el blog Boreales en http://narrativadeyolanda.blogspot.com/. Para contactar a la autora puede hacerlo a través de yolanda.arroyo@gmail.com .

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Acerca de mí

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Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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