lunes, junio 08, 2015

LO QUEER BORICUA por Ana Teresa Toro para El nuevo día, lunes 8 de junio de 2015



Se comentaba en el cóctel. Era casi un asunto de justicia poética el que el Congreso de Literatura Queer se celebrara precisamente en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Carolina. En el mismo lugar en el que algunos de los presentes contaban haber experimentado la homofobia en más de una ocasión, y sí, para qué negarlo, en ese pueblo, generoso, intenso y complejo que lo mismo nos regaló a Julia de Burgos que al reguetón. Con todo lo que ello implica en nuestra cultura.

Y fue en uno de los salones de la institución donde el pasado martes se realizó el homenaje y dedicatoria de este congreso, gestado por el escritor Max Chárriez en colaboración estrecha con la profesora de dicha institución y conocedora de la literatura queer puertorriqueña -por sus investigaciones en Manuel Ramos Otero-, Mónica Lladó. Los aplausos fueron todos para la señora Luis Felipe Díaz, como dice gustarle que le llamen, y a quien muchos conocen como Liza Fernanda , una dama elegante de pantallas llamativas, pestañas postizas, vestido ceñido, tacón alto y dos rosas en la cabeza que simplemente adornan la feminidad que ya se asoma en su gestualidad y su manera de mirar. Por ese juego dual con sus nombres la dedicatoria fue para Luis/Liza y en distintos momentos se refirieron a la homenajeada como el profesor, ejemplificando así la diversidad de posibilidades que existen a la hora de hablar de identidad de género, tema tan en boga durante la pasada semana, entre muchas cosas, por la extravagante presentación en sociedad de la mujer transgénero Caitlyn Jenner (antes conocida como el exatleta olímpico Bruce Jenner) en una extensa entrevista en la revista Vanity Fair.

OTRA REALIDAD. Pero a decir verdad, si bien se trata de un momento de inflexión dentro de la cultura estadounidense y con salpicaduras hacia lo global, que comenzó hace casi un año con la aparición en la portada de la revista Time de la actriz transgénero Laverne Cox, lo cierto es que la realidad puertorriqueña es muy distinta y eso quedó evidenciado en los ciclos de conferencias del congreso. Pues, como siempre, la literatura y las artes, suelen ser un pretexto para hablar de lo que se respira en una sociedad. Son sus grandes pulmones.

Esa noche estos temas fueron evidentes, a través de la conferencia magistral que impartió Liza Fernanda titulada Lo Queer en la literatura puertorriqueña, a través de la cual realizó un recorrido por su experiencia abordando el tema desde la crítica literaria e insertándose como integrante de la escena queer boricua. Su presentador lo fue el doctor Lawrence La Fountain, quien con generosas y cándidas palabras, recordó a los presentes la importancia de la obra del doctor Luis Felipe Díaz por su incursión en la crítica literaria desde una mirada queer. Para ello utilizó un ejemplo de una lectura queer del clásico puertorriqueño Felices Días Tío Sergio de Magali García Ramis, en el que Díaz argumentó que no sólo podía interpretarse que el Tío Sergio era un hombre gay, sino que también su sobrina Lidia era una niña lesbiana. “Validó mi intuición de lector queer”, apuntó La Fountain destacando así la importancia de leer a través de las distintas ópticas que nos proveen las formas de ejercer nuestra humanidad.

Asimismo, celebró “su contribución a nuestro conocimiento de la literatura caribeña y latinoamericana”, y finalmente pidió los aplausos para quien llamó “la doctora draga, diva maestra de las discotecas”, haciendo referencia al tipo de espectáculo que Liza Fernanda ofrece en la escena nocturna de San Juan en el que integra la fonomímica con acentos de su sapiensia literaria.

LO QUE DIJO LIZA. Cuando llegó el turno de Liza Fernanda, no hubo textos leídos. Se escuchó de inmediato la canción Bla, bla, bla, cha, cha, cha del dúo japonés Petty Booka. Se puso de pie y bailó ante la concurrencia, cantando las canciones con sensualidad y juego, lo que provocó los gritos y aplausos de los presentes. Culminada la introducción musical, Liza Fernanda tomó el micrófono y repasó su vida de manera paralela al desarrollo de la escena queer en Puerto Rico. Al saludar dijo: “Pedreira nunca habría comenzado una conferencia en tacos y bailando”.

Recordó cómo llegó en el 1983 de Chicago vistiendo guayabera y con bigote importante. Venía de esa ciudad en la que usar la palabra “queer” o “faggot” tenía connotaciones insultantes, como en tantas otras ciudades estadounidenses. “Pero con el tiempo perdió esa connotación demoníaca, se le devolvió al establishment y es un poco lo que está pasando con nosotros ahora”, argumentó para continuar recordando su llegada a un Puerto Rico en el que “no había una comunidad gay, había un montón de gente gay esparcida por toda la Isla”. O las visitas a las discotecas Bachelor y Bocaccio, donde iba mucha gente y se celebraba y disfrutaba de la diva Iris Chacón. “Y a donde iba todo el mundo, mucha gente de gobierno pero todos escondidos”, dijo.

“Yo era políticamente correcto como Luis Felipe y hacía shows no a escondidas, eran dos vidas paralelas porque luego era bien varonil, no era afeminado nunca pero me vestía de mujer y parecía una señora y de día un señor... y enseñaba la ironía en La Regenta, Madame Bovary y Ana Karenina porque eso eran hombres, esa es la visión de la cultura masculina de las mujeres, mujeres trágicas, fatales, que representan toda la frustración de esos sujetos. Por eso había hecho tesis en esas mujeres tan fracasadas y pisoteadas por los hombres como yo que era un hombre pisoteado por los hombres y por mí mismo que era lo peor, porque eso es lo que enseña la sociedad a la gente gay pero eso ya no es así, no nos pisoteamos”, enfatizó entremezclando siempre su vida con su labor académica y el Puerto Rico que vivió a su llegada.

Liza Fernanda continuó recordando el saldo de la aparición del SIDA en los 80 y el recrudecimiento de la homofobia, a su vez, celebró la aparición de nuevas voces que escriben literatura desde la experiencia y el filtro para el mundo que es el pertenecer a la comunidad LGBTT y finalizó con una nota optimista ante lo que se percibe como una mayor presencia en el mundo literario. No que no hayan estado ahí siempre, sino que ahora se hacen sentir mucho más y sobre todo de frente. 

Fuente: Periódico EL NUEVO DÍA lunes 8 de junio de 2015, Versión impresa página 3, 40 y 41. Fotografía suministradas tomadas por esta servidora.


 



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"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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