sábado, febrero 23, 2013

Se solicitan drapetomaníacos: una reflexión sobre la patologización de nuevas esclavitudes

Se solicitan drapetomaníacos: una reflexión sobre la patologización de nuevas esclavitudes
Conferencia dictada en University at Albany SUNY, New York
23 de abril de 2012
Por Yolanda ArroyoPizarro, Guest Lecturer

 
 

1. drapetomaníacos

La esclava Jacinta, a quien han bautizado cristianamente con ese nuevo nombre para invisibilizar sus orígenes yorubas, se escapa por cuarta vez de la hacienda cafetalera. Sus amos ofrecen, de nuevo, una recompensa por su captura.  Alegan que Jacinta padece de sus facultades mentales y que como ella, cualquier otro esclavo que escape, estará alterando el orden natural de las cosas, aquellas que gracias a la iglesia y la biblia dictan que la esclavitud es una institución bendecida y avalada por el único dios verdadero y sus seguidores. Aquellas que alegan que todo esclavo que no desee el cautiverio debe ser considerado un paciente mental. 

 

Los dueños de la hacienda siguen de este modo y con la bendición de párrocos y obispos, los preceptos de las autoridades en medicina de la época que denuncian que todo fugitivo está enfermo de “drapetomanía”.  La palabra “drapetomanía” fue creada en 1851 y acuñada por el reconocido cirujano y benemérito psicólogo del estado de Luisiana, Dr. Samuel A. Cartwright quien alegaba que los negros y negras se contagiaban de la discapacidad de querer escaparse epidémicamente.  De hecho, él y sus colegas de las ciencias entendían el padecimiento como “el deseo incontrolable de los negros y negras por la libertad” y se llegó a afirmar que la misma era una consecuencia de los dueños de esclavos que “se dieron a la tarea de comportarse con demasiada familiaridad con los cautivos, tratándolos como iguales”.

 

En la exhibición que se lleva a cabo en el Centro para las Artes Literarias del Condado de Broward en el estado de Florida, titulada “A Disease Called Freedom: An Exhibition of 18th-, 19th- and Early 20th-Century Material Culture of the African Experience in the Americas” se muestra material relevante que describe a cabalidad dicha disfunción psicológica que “inducía al negro a huir de servicio”, y que consideraba el acto como “cualquier otra especie de enajenación mental que debía ser curada para el bien de la humanidad”[1].

 

Debido a ello, muchos ancestros fueron atendidos medicamente para incitar la eliminación de los síntomas, así que además de identificar la drapetomanía, Cartwright recetó un remedio: With "proper medical advice strictly followed, this troublesome practice that many Negroes have of running away can be almost entirely prevented. In the case of slaves "sulky and dissatisfied without cause" — a warning sign of imminent flight — Cartwright prescribed "whipping the devil out of them" as a "preventative measure".  As a remedy for this disease, doctors also made running a physical impossibility by prescribing the removal of both big toes[2].

 

En la actualidad la drapetomanía se considera un ejemplo de pseudociencia, o una ciencia fatula y ha sido catalogada como el ejercicio prejuiciado del racismo científico. Sin duda una falacia que en su momento fue muy novedosa y que gozó de mucha popularidad sustentada por expertos.

 

 

 

2. histéricas

Para la década de 1980 fue eliminada de los libros de neuropsiquiatría la condición de “histeria femenina”, que por decenios se estuvo diagnosticando a mujeres insatisfechas sexualmente. La histeria femenina fue diagnosticada en la era victoriana de manera muy habitual debido al puritanismo de la sociedad y la iglesia, y al dato comprobado “científica y bíblicamente” de que la mujer solo servía para procrear y no para obtener placer de la relación sexual.  Solo a las prostitutas se les permitía tener emisiones parecidas a las eyaculaciones masculinas por lo que se cree razón suficiente para que ninguna de ellas padeciera nunca de histeria. La definición de este término tan creativo fue responsabilidad directa de los médicos y peritos de la época e incluía los siguientes síntomas: desfallecimientos, insomnio, retención de fluidos, pesadez abdominal, espasmos musculares, respiración entrecortada, irritabilidad, pérdida de apetito y “tendencia a causar problemas”.

Para tratar la histeria, se recomendaba como tratamiento en 1860, masajes pélvicos únicamente ejercidos por doctores y masajes de agua por parte de las parteras. Las pacientes diagnosticadas debían recibir esta estimulación de los genitales hasta llegar al orgasmo, una o dos veces en semana.  Al considerar el deseo sexual reprimido de las mujeres como una enfermedad, los negocios de clínicas de frotaciones y masturbaciones que curaban el falso padecimiento estuvieron muy en boga.  Las mujeres, enfermas o astutas, tenían un presupuesto asignado de parte de sus esposos, como dote de matrimonio y en algunos casos dejados como herencia para financiar los métodos recetados, que se extendían por toda una vida con tal que la mujer no fuera declarada loca, maniática o esquizofrénica.

 

Otra solución fue la invención de aparatos para proporcionar masajes, lo que eliminaba la necesidad de recurrir a una comadrona o a la consulta. A finales del siglo XVIII ya se vendían dispositivos de hidroterapia con pulsión directa al clítoris, y a mediados del siglo XIX ya existían balnearios de lujo para mujeres en Europa y los Estados Unidos, algo así como un recinto de bidets, en donde las mujeres se reunían a descargar-desahogar sus energías. La compañía Sears incluyó en 1918 el primer consolador en su catálogo de artículos para damas, lo que coincidió milagrosamente con minimizar los diagnósticos de mujeres “afectadas”.

 

 

 

 

3. lesbianas

Ser una mujer que siente atracción sexual o romántica por otra mujer, fue considerado en occidente, hasta hace muy poco, una enfermedad.  En 1973 la Asociación Americana de Psicología eliminó de su libro de enfermedades mentales el diagnóstico de la homosexualidad.  Ello, sin embargo, no eliminó de los dogmas religiosos actuales, ni de sus líderes, ni de sus feligreses el que continuara el asedio para remediar “dicha disfunción”.  En la mayoría de las iglesias católicas y protestantes existen protocolos emocionales y psicológicos para atender los casos de “torcidos y torcidas” y encaminarlos por el buen sendero. Hasta se ha logrado algún tipo de confabulación científica para medicar a gays y lesbianas, en un intento de inhibir sus deseos “contranatura”. 

 

Hace unos meses el mundo conoció a través del rotativo holandés "NRC Handelsblad" que la Iglesia católica ordenó en los años 50 castrar a menores con el objetivo de "ayudarles" a superar su "comportamiento homosexual"[3]. Se sospecha que los clérigos en complot con el personal psiquiátrico del centro en donde se encontraban los varoncitos, molestaban y sodomizaban a las víctimas.  Si mostraban algún gusto por el trato que recibían, les eran removidos sus partes genitales. Se han recopilado pruebas de estas vejaciones que incluyen documentos, grabaciones médicas, notificaciones de abogados y cartas privadas[4].

 

Tan reciente como en 2010, un prominente psiquiatra de nuestra Isla fue entrevistado bajo la protección de un seudónimo e indicó a la entrevistadora, la profesora y trabajadora social Yarissa Tolentino, que en su opinión los gays y las lesbianas padecían un cierto tipo de esquizofrenia que los hacía comportarse con la orientación sexual que demostraban.  Así se halla contenido en el libro que la Prof. Tolentino publicó en el 2011 titulado “Salir o mentir: la angustia de vivir en el clóset”[5]. 

 

De otra parte CNN, la cadena de noticias, ha dado difusión a un documental que muestra entrevistas con mujeres del Sur de África que han sido víctimas de corrective rape, un tipo de violación sexual recetada y autorizada para que la mujer lesbiana corrija su “desviación”. Y más cerca de la periferia geografía, tenemos el caso de Quito, Ecuador donde la nueva Ministra de Salud, Carina Vance, feminista y abiertamente lesbiana, acaba de lanzar en marzo de 2012 una campaña para cerrar las clínicas que por tantos años se dedicaron a 'curar' la homosexualidad y el lesbianismo por medio de torturas y las susodichas violaciones correctivas.

 

 

 

4. nuevas esclavitudes

Estas son, pues, las nuevas esclavitudes, este intento por enfermizar la otredad, esta obsesión por patologizar lo que no se parece al dominio, a la hegemonía, a los que mandan. Mientras no sepamos nuestra historia y las referencias ancestrales de estas fatales decisiones que han llevado al ser humano a la catástrofe social que vivimos, no podremos hacer mucho para erradicar los males que nos aquejan. Cada cierto tiempo, casi tan cíclico como el período caldeo de 223 lunas de Saros (18 años y 11 días), renace o resurge una nueva tendencia avalada y “demostrada” científicamente para patologizar, o endilgarle carácter de enfermedad, al invento de turno que la hegemonía dominante reconozca en la otredad como una amenaza.  El asunto raya en la peligrosidad absoluta, puesto que incluso se recogen supuestas “pruebas fidedignas, de comprobada efectividad” que corroboran con síntomas fisionómicos “reales” y que constituyen el toque de quedad pseudocientífico para erradicar a los marginados o a sus indeseadas conductas.  Ese es, a mi entender, la nueva esclavitud.  Quienes tienen la sartén agarrá [sic] por el mango, hacen y harán lo que les venga en gana con eterna y absoluta impunidad, a menos que hagamos algo.  Habrá que ir identificando a los nuevos drapetomaníacos de nuestros días y del futuro: aquellas y aquellos recién estrenados cimarrones que se opongan con fervor en contra de este juego de poderes incluso con latentes aires—ojalá y me equivoque— de holocaustos y exterminios.

 




[1] Exhibición contenida en el libro ‘Drapetomania - A Disease Called Freedom: An Exhibition of 18Th-, 19Th-, & Early 20Th-Century’. Findlay & Beard. Bienes Center for the Literary Arts 2000
[2] Cartwright, Samuel A. (1851). «Report on the Diseases and Peculiarities of the Negro Race». DeBow's Review XI. Text included in the book   Also see: The New Orleans Medical and Surgical Journal 1851:691-715 (1851). Available at Google Books and excerpted at PBS.org
[3] Ordenó la Iglesia de Holanda castrar a menores por homosexualidad. NRC Handelsblad. http://www.vanguardia.com.mx/ordenolaiglesiadeholandacastraramenoresporhomosexualidad-1243115.html
[4] Para reprimir su homosexualidad, acusan a la Iglesia holandesa de castrar menores en 1950. http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2012/03/17/religion-iglesia-holanda-castracion-menores-homosexuales-informe.shtml
[5] Tolentino, Y. “Salir o mentir: la angustia de vivir en el clóset” Publicaciones Puertorriqueñas, 2011

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Acerca de mí

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"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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