domingo, marzo 10, 2013

Nuestro Arango Interior / Our Inner Arango


Nuestro Arango Interior / Our  Inner Arango
Por Yolanda Arroyo Pizarro
Publicación original de 9 de febrero de 2012
 

“Como todo, las palabras tienen sus qués, sus cómos, sus porqués.  Algunas, solemnes, nos interpelan con aire pomposo, dándose importancia, como si estuviesen destinas a grandes cosas (…), otras, de las más habituales, de las de todos los días, acabarán teniendo consecuencias que nadie se atrevería a pronosticar, no habían nacido para eso y, sin embargo, sacudieron el mundo” – José Saramago, Caín

 

 

 

No puedo olvidar que Arango apoyó la resolución 99, aquella que pretendía elevar a rango constitucional el matrimonio heterosexual como medida para obstaculizar alguna futura ley que permitiera el matrimonio igualitario en Puerto Rico. No puedo olvidar que Arango se opuso por mucho tiempo a las uniones de hecho, no solamente a las que incluían parejas del mismo sexo, sino también a las formadas por un hombre y una mujer que se unen para coexistir.  Tampoco olvido que Arango llegó a decirle "pato" al senador Bhatia y me parece que hasta le lanzó un patito de hule, para empeorar las cosas. Así que todo esto me imposibilita darle mi simpatía a Arango.
Entonces expresé y ahora reitero: la homofobia internalizada puede inducir a muchas personas a atentar en contra de sí mism@s y de la comunidad LGBTT. Por reconocer que el discrimen, la marginación y la exclusión obligan a muchas personas a vivir en el clóset, les recordamos que estamos aquí para que sepan que no están sol@s y que podemos ayudar en su proceso de autodeterminación.
Por otro lado, desde hace dos días he estado observando el desfile de las fotos de Arango y su supuesto novio publicadas por la prensa: en la playa abrazando y dejándose abrazar, acostados en la arena besándolo y dejándose besar.  Se ven muy enamorados.  Un amigo me dijo que se identificaba con Arango, porque entendía que sus acciones del pasado respondían a la fase de confusión y a que cuando queremos pelear con algo tan arraigado como un deseo carnal que no es bien visto, buscamos esos escapes: joder a los otros, hacer shut down de nuestros sentimientos, obstaculizar cualquier cosa que implique reflexionar sobre lo que estamos sintiendo.  Para mal de males, muchos están toda la vida en esas.

La mayoría de nosotros los gays y lesbianas tenemos ese asunto resuelto y asumido.  Por ello cuando vemos una actitud y opinión tan férrea respecto a eliminar derechos o privilegios, sospechamos enseguida de la persona que no quiere dar su brazo a torcer, porque alguna vez tuvimos esos sentimientos dentro y batallamos, mucho o poco, suave o más fuerte, contra ellos.  Hasta que al final abrazamos nuestra circunstancia y lo que somos.   

No sé ustedes, pero yo veo a muchos amigos y colegas gays y lesbianas como personas altamente maduras, entes totalmente trascendidos, elevados no solo en las posturas de la comunidad LGTBQ, sino en asuntos universales.  Se instruyen, llevan diálogos de altura, coargumentan con intrépida lucidez y astucia y una se pregunta de dónde habrán sacado el temple.  Claro, lo han sacado de años de entrenamiento para permitirle al cerebro funcionar a cabalidad, abiertamente, balanceadamente.  Se han permitido eliminar argumentos apasionados de ira, y han dado cabida al análisis inteligente.  Han transcendido el Arango Interior.  O sea, saben, como bien lo sé yo, que todos nacemos siendo cuerpos, y que ser hombre, mujer, un híbrido, una mezcla, un mejunje o alternalidades de eso mismo, se va develando en el camino. 

Vamos descubriendo que somos un constructo.  Un constructo que se ha inventado leyes, religiones y dioses para poder funcionar en sociedad, y que va corrigiendo las anomalías o erráticas decisiones tomadas a priori.  Eso es lo que hacemos con la visibilidad.  Somos seres humanas y seres humanos que hemos asumido el error de haber diseñado un mundos heteronormativo, cuando hemos debido haber creado uno con base en la diferencia y en la felicidad que esa diferencia permite.  Sabemos ya, a estas alturas, que somos cuerpos que algunas vez besamos a un hombre y luego a una mujer (o viceversa) para probar suertes en esto de cohabitar el planeta con algo de prosperidad en las manos.  Y si nos gustó el beso al hombre, o el beso a la mujer, hemos decidido sobre ello.

Nosotros sabemos de ese Inner Arango, esa extraña y pasajera posesión que nos habita a unos más tarde, y a otros más temprano.  Cuando jóvenes criticábamos a la muchacha de nuestra edad, valerosa y blanco perfecto para los bullies, porque vestía como niño, sabiéndonos en secreto con el mismo deseo, anhelando besar y abrazar a una mujer, como Arango abraza y besa ahora a su pareja en la playa. Por eso desconfiamos de todo aquel que tan duramente se opone a ciegas a nuestra lucha, salivándole la boca con argumentos rabiosos.  Sospechamos lo que les pasa por la mente cada vez que se toca el tema de la equidad y la tolerancia.  Los ponemos a pensar A TODOS sobre besar, acariciar o hacer el amor a alguien de nuestro mismo sexo. Algunos descartan el pensamiento sacudiendo la cabeza.  Otros, sacudiéndose otras partes del cuerpo. Y desearían regresar sin consecuencias a ese matrimonio infeliz o a esa vida mediocre.  Pero con nuestra visibilidad los sacamos de su zona de confort cada vez que sugerimos que examinen su mente y su corazón.  Ellos creen que les estamos diciendo: “Pregúntense si pueden relacionarse románticamente con alguien de su mismo sexo”.  La realidad es que les estamos diciendo: “Prueben si pueden relacionarse románticamente con alguien de su mismo sexo”.  Y es que ellos no quieren enfrentarse a esa invitación.  Sería tan sencillo como decir: ya probé el brócoli y no me gusta. O sí me gusta.

El asunto es mucho más complejo.  Existen estudios desde la época de Kingsey (1894) que demuestran que hemos nacido cuerpo y que todos sin distinción pensamos alguna vez en probar. Pero nadie quiere decirlo, o nadie quiere que se lo recordemos.  Lo desean hacer en silencio, en sueños, en el anonimato.  Y si alguno de nosotros se atreve a sugerirlo, se niega sin más, con dolor de pecho y negación telenovelística incluida.  Y es que en medio de este constructo de mundo, nos hemos armado del juego de la moralidad, de los mandamientos y veinte otras construcciones que respaldan la negativa a la invitación.  Dicen: “Eso no se puede probar, porque tal libro, o tal creencia inventada por la humanidad, pero que ahora nos controla nos lo impide.” Obvian que el impedimento mismo, es un constructo, nace de nuestro ingenio. Ha sido adoptado por nuestro imaginario.

Los que sí hemos infringido el orden, hemos aceptado probar la vainilla y el chocolate.  A lo mejor uno nos gusta más que otro, a lo mejor uno no nos gusta y el otro sí, a lo mejor ninguno nos gusta o nos gustan los dos.  Y no pasa nada.  Los trascendidos saben que así es la sexualidad, la sensualidad, el principio de querer compartir algo con otro alguien.  ¿Lograremos sobrepasar el Arango Interior sin demasiados daños a terceros?  Without casualties of war?  ¿Sin dejar matrimonios rotos, familias rotas, vidas desmenuzadas, gente desosiriada con la noticia de un frustrado intento? 

Estoy segura que nos encantaría ser más abiertos de mente y permitir y concebir la exploración responsable entre adultos que consienten.  Quizás mi mentalidad de ficcionaria me hace pensar en una clase de Salud Sexual a mayores de edad, en la que se permita o se asigne besar a un hombre y a una mujer, y escribir un ensayo sobre los hallazgos, alejados totalmente de preconcepciones fundamentalistas.  Y que luego con una decisión informada de lo que anhelan tu cuerpo y tu mente, te permitan una vida plena con lo que has escogido, siendo aplaudido por tus compañeros de clase, tus maestros y tu sociedad.  Y que hasta graduemos a estos seres con altos honores, permitiéndoles ser recibidos por un aparato judicial y legislativo que le otorgue igualdad a cualquiera de esas decisiones.  Sería bueno darnos cuenta que como todo es un constructo, ya no hay que construir como sociedad circunstancias que nos hostigan, nos cercenan, nos laceran.  Sería bueno darnos cuenta que todo cuanto existe, todo cuanto está a nuestro alrededor, cuanto vemos, admiramos y sufrimos, lo hemos hecho con nuestra propias acciones. Que somos los últimos responsables.  Que deberíamos sacar de nuestro vocabulario frases huecas tales como “Si dios quiere” y sustituirlas por “Si quiero yo”.   Con esa responsabilidad en mente pudiéramos permitirnos el constructo de una sociedad más justa. Una sociedad en donde nuestro Inner Arango sea tan solo un mal chiste, o un recuerdo oscurantista ya superado.
 

 

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Acerca de mí

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"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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