martes, enero 30, 2007

Suicido (Y mi retirada de este espacio por un tiempo)

No creía en las premoniciones, pero anoche escribí sobre la muerte, y el día antes de eso, de lo perdida que a veces me siento. No encuentro propósito aparente para seguir aquí entre los mortales. Y duele. Y una se acostumbra al dolor.

Entonces una noticia se suma a las estadísticas de suicidios del país, que ya ascienden a 13 en lo que va de año, y mi compañera de oficina corre a anunciarla: Un hombre, ataviado en mahones y con aparente calma, le pide a la secretaria de una iglesia que lo deje entrar para orar. La iglesia está cerrada, pero ella le ve la cara de tranquila tristeza y se lo permite. Le abre el portón y lo deja a solas con sus rezos y penitencias. Minutos más tarde se escucha una detonación y la secretaria halla al hombre tirado en el altar, con un tiro en la cabeza, una nota ensangrentada y un teléfono celular que con la caída del cuerpo, se ha despedazado. El hombre llamó a alguien para despedirse. En la nota, le deja un mensaje a sus hijos.

Lloré a este desconocido toda la tarde, al salir de mi trabajo y mientras me dirigía a la universidad. Lo lloré entre los semáforos y las curvas del expreso hacia Guaynabo. Lo lloré porque no sé si lo envidiaba o me daba pena. Porque pensaba en su desolación, en su egoísmo, en su valentía. No encontró otra manera de resolver.

Al llegar a mi hogar en la noche, lo lloré más. Era de la familia. Me enteré cuando mi esposo me pidió que me sentara con calma, y que con calma le escuchara. Tenía algo muy serio e importante que decirme.

Le apodábamos Chino. Recuerdo su rostro redondeado y jovial, risueño. Recuerdo su barba llena de canas y sus ojos de chiste. Me había abrazado tantas veces, a mí, a mi hija, a todos los que componían su núcleo.

Creen que dejó esta vida por problemas económicos, pero también se dice que fue porque no soportó vivir sin su mamá. Imagínense, todo un hombre sesentón, hecho y derecho, padeciendo una mamitis desesperada después de grande. Su madre había muerto de viejita unas semanas atrás. La verdad es que su partida, la de Chino, la del hombre de la barba risueña y la pistola en la boca, es toda una incógnita. Es algo con lo que tendré que aprender a vivir. Es algo con lo que no sé cómo volver a vivir a partir de ahora.

Estaré alejada por un ratito, mi gente. Necesito paz.

17 comentarios:

Lord Picis dijo...

Hola Yoly:
Hay ocasiones en las que uno quisiera tener toda la sabiduría del universo, para saber que decir, para llegar a ese mundo interno, donde nos refugiamos desnudos, en posición fetal, deseando estar solo chupándonos el dedo y flotando en un cálido néctar.
Esta, hermoso chocolate caribeño, es una de esas.
Te abrazo desde el infinito, desde el amor cósmico que nos dio a luz y nos dejo de tarea la magia del sentir, se que se siente imposible de escalar, pero que hermoso camino nos espera. Anda Yoly, descansa un tantito, que la tarea nos espera. Va ha ser de luces, carajo que si!!!. Al final nos meceremos, y las risas tronaran por milenios.

Anónimo dijo...

Yola, entiendo.

Mi padre entró a un pequeño negocio en Arecibo, pidió pollo asado y guineitos verdes, los acompañó con una cerveza, se paró un momento, fue al baño y se disparó.

La sencillez del último acto puede ser impactante, pero, imagína cuanto terror se debe tener a la vida para resurrir a la muerte.

Hace seis años tuve un amago. Tenía las pastillas necesarías y ese vacío imprescindible que caracteriza a los suicidas. Sólo fue un amago.

Mamota, un abrazo.


E

Anónimo dijo...

Siempre me ha sorprendido tu capacidad de huir...

Anónimo dijo...

Niña, tu eres mucho mejor que todas esas cosillas. Mira, que no te he podido conocer en persona y de pensarlo ya te extañaría. Además, piensa en tu hija, siempre en ella.

Anónimo dijo...

Me converti en una sombra de ti. A donde vamos?

Ana María Fuster dijo...

Querida Yolanda, es duro, porque tenemos que vivir con nuestros muertos, pesadillas, dolores, fracasos, pero también vivimos con nuestras ilusiones, sueños, seres queridos, y los que te queremos sólo porque sí, porque nos has brindado dones maravillosos, como tu sonrisa, solidaridad, creatividad, apoyo, inteligencia.

Pronto se cumple un año (el 17 de marzo) de la muerte de mi hija Elena, y aunque sólo vivió lo necesario para inhalar y exhalar, sus seis meses dentro de mi, con sus brinquitos y sonrisas sonográficas, la extraño tanto...
Tú fuiste una de las personas que me consoló...

Ahora en vez de retirarte, es el mejor momento para crear y poner el dedo en la reflexión.

Necesitamos tanto... y podemos hacer mucho más. Podemos llorar juntos así como reír y gritar!!!

Te queremos mucho con la sensibilidad a flor de piel
no nos abandones.

Amigo del Web dijo...

Anonimo de España (posteo de enero 30, 2007 6:10 AM): Veo que sigues visitando los espacios de Yolanda. No creas que siendo su webmaster, no me enteraré de que vienes hasta aca.

Ella no huye, y si huye, es su prerrogativa. En momentos como este, a veces le hace falta.

Ana dijo...

Yolanda, alma entrañablemente amada por el Universo, no tengo más autoridad para mirarme en estos espejos, que la que confiere la vida, su alegría o su dolor.
Recuerdo ese vacío mencionado en los ojos de un chico tan lleno de amor y pasión, tan llenas de surcos sus muñecas. La madre de una amiga, el compañero de otra (yo los presenté), me avisaron su angustia telepática muy tarde y sin motivos aparentes para el mundo. Nacieron el día que yo. Luego se vive con la interrogante si se pudo haber hecho algo, pero sólo podemos con nosotros mismos un día a la vez.
Tener premoniciones así no es bello ni glorioso, el legado se hace un estigma que duele, pero es precisamente cuando debemos más que nunca amar la vida en este instante y abrazar a quienes amamos, abrazarnos a nosotros mismos.
Como bien dice Ana, tenemos que aprender a vivir con nuestros muertos y dolores, que aunque parezcan demasiados, si desde alguna dimensión pudieran decirnos algo, sería, “aférrate a lo bello de existir, lo simple, lo que no cuesta, lo intangible. Quédate aunque estés en silencio, quédate aunque te apartes, quédate y toma agua, quédate y mira el mar, la montaña, quédate y besa una flor, quédate y acaríciate, quédate y escribe, quédate y vive, porque fue tu deseo más profundo al nacer. Quédate, siempre quédate y ama.”
Me extendí un poco... juro que resumí.
Un abrazo!

Iva dijo...

un abrazo es lo único que te puedo dejar, uno ahora y todos los que necesites en un futuro cercano.

ojitos dijo...

amiguita, me uno a tu dolor...y date el tiempo que estimes necesario, a sabiendas de que los inquilinos de esta ciudad digital esperamos tu pronto regreso.

Estela dijo...

Tómese toda la distancia que necesite. Hace falta respirar. Un abrazo, fabulosa mujer.

Awilda Caez dijo...

Querida Yoly: Hace unos meses cuando murió mi primito de 4 años a causa de un disparo accidental, me sentí con un vacío terrible y un dolor que me asustó. La muerte es un misterio para los vivos. En aquel momento recibí muchos mensajes de apoyo de los buenos amigos, entre ellos, el tuyo. Hoy te envío mi solidaridad, mi cariño y un abrazo infinito. Aunque no estés, estás. Así de eterna eres.
Te quiero mucho.

ErnestoDarien dijo...

"... y el mundo gira, mientras nuestras almas se sumen en vacios cronológicos sin sentido..."

Esperaré porque sé que volverás, cuando quieras; cuando te de la gana y desees saber del resto del mundo.

Un abrazo con alma y corazón.

no apta para la humanidad dijo...

Cuando escuché la noticia por la radio me estremeció. Cuando te escuché hablar me quedé sin palabras. Ahora te leo y me salen las lágrimas.
Alguien una vez me dijo que la persona que se suicida lo hace porque ama demasiado la vida. Almas sensibles con muchos sueños y proyectos, con muchas espectativas e ilusiones que simplemente no pueden reconciliarse con la decepcionante realidad de la vida. A veces pienso que eso sea la única diferencia entre un suicida y yo, que yo he incorporado la decepción hasta en el aire que respiro. No sé, el ser humano es tan complejo...
Toma tu tiempo. El silencio a veces también es necesario. Hay cosas que ocurren que nos sobrepasan.
un abrazo

Yiara Sofía dijo...

Divina mujer...un abrazo, un hombro para llorar,ojos para leerte y oidos para escucharte. Te lo ofrezco sin fecha de expiración. Como te dije hace unas semanas, date tiempo para llorarlo, gritarlo, maldecirlo y sacártelo del sistema (el dolor, claro está, que la última vez no lo aclaré y creo que lo malinterpretaron). No embotelles las lágrimas. Toma tu tiempo, habla si quieres, quedate en silencio si deseas...pero respira a conciencia. Los minutos pasaran lentos, pareceran eternos pero cada uno te acerca a un espacio donde el dolor es menos fuerte. Cuadno estés lista, sabes que estamos aquí. Un beso.

Yolanda Arroyo Pizarro dijo...

Amigos, gracias por esperar este ratito.

Luisalejandro dijo...

Te esperaremos siempre que sea necesario. Amiga -porque esta red nos une- a donde te pierdas por instantes, allí te seguiremos muchos. Desde este armario, donde muchas noches me la he pasado contemplando la posibilidad de encerrarme para siempre, hoy te aseguro que todo es cuestión de tiempo. No tiene que ver con "eso de que el tiempo cura todo"... no, no, no. Sólo que en momentos como los que atravesaste, uno cree que las horas dejan de pasar y que el sufrimiento se hace infinito. Pero no es así. Me alegra muchísimo que estés de vuelta... renovada, viva.

Acerca de mí

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"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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