miércoles, enero 29, 2014

Belia y su espiral


Sumergiéndome en la espiral sin fondo de Confesionario de Belia Segarra


La poesía es la expresión del poeta sobre su propia existencia y la vida en general de acuerdo a su percepción, como también del mundo y la existencia de los seres y objetos a su alrededor como lo explica María Teresa Bertelloni.  Es el juego con el lenguaje para revelar o, más bien, decodificar algo de lo que no se habla; ese algo es lo que buscan el poeta y el lector formando y deformando ideas e interrogantes invisibles como en contradicción.  Todos vemos el mundo en formas diferentes porque somos personas individuales: es por eso que no está mal que ciertos poetas se queden en la primera parte de lo que es poetizar, es decir, en el yo; así todos pasamos en el tiempo y con él cambiamos compartiendo y recibiendo con palabras.
La palabra nace en el poeta, pero no llega al lector en la misma forma.  Ocurre un proceso en el que el poeta trabaja para lograr trascender sus conocimientos y llevar un mensaje sugerido, tal como lo indica Bertelloni, con infinitas posibilidades de interpretación que al final logrará una conexión entre poetas y lectores.  No sólo el poeta se ha de separar de su campo personal sino que el lector debe hacer lo mismo para llegar a “la búsqueda de la respuesta radical” (Bertelloni 13).
Belia Segarra se describe a sí misma como “figura en este momento vestida casi siempre de luto”.  Toda persona tiene una figura, Belia se ha vuelto su figura; ahora es la figura.  El luto es su compañero, lo lleva encima como una nube de tormenta que la cubre la mayoría del tiempo.  Ha escrito pedazos de su alma mezclados por la vida con las deformidades de la humanidad y los engaños de un mundo que arranca y quema las flores del jardín de la inocencia.  Crea un juego de contrastes con humo entre gritos de un susurro y lo que se ve no es; es lo que se siente.
Maribel Sánchez-Pagán señala en el Antiepílogo del texto: “¡Porque el que esté libre de sentirse identificado que arroje su primera maldición!” (63).  Aun si no se entendiere cada palabra, ni se lograre una conexión absoluta con la poeta la poesía de Belia se convierte en un espejo de cuatro dimensiones.  No sólo se ve el reflejo del rostro, también el del alma y espíritu y salen las imperfecciones.  Surgen nuevas concepciones con las que se limpia y se prende la mente como un despertar abrupto de alguien que estaba “despierto”.  Rompe lo estético y abre camino a lo no convencional.  Sus poemas no son la llave de un mal sueño: son realidades plasmadas en una plétora de metáforas intrínsecas portadoras de un surrealismo que trasciende lo irreal.  El lector siente una cercanía con la escritora como si estuvieran en el mismo lugar porque siente que ella lo ha visto y no solo lo mira como el resto del mundo.  Belia Segarra se destapa como ser humano, sin ser como algunos otros escritores que hablan al lector como si estuvieran fuera del mundo en un lugar superior instruyendo al lector con toda su sabiduría de la vida.
En el poema “Potaje” la voz lírica describe los daños de la violencia doméstica.  La poeta crea una conexión en sus versos con el término padre al cual le otorga doble (si no más) significado: lo utiliza para describir el purgante que a su vez describe la tristeza indicando que es de gran magnitud, /cada nueva tristeza es un purgante de padre/ (37).  Luego lo personifica al describirlo donde procede a introducir otra figura con una perífrasis, /siempre dirá que es culpa de ella /de esa a la que yo llamo amada madre/ (37).  Utiliza la prosopopeya para crear un efecto en el que, en ocasiones, la controlan las lágrimas y el miedo, /… el llorar provisional de árboles infectados por gusanos / /… todo mi asustado aire/ (37).  Con palabras de origen religioso compara el distraerse con la perdición del alma, formando una símil, /donde me distraigo /y es como la perdición/ (37), y lo contrasta con una fuerte voluntad en una hipérbole, /de la corpulenta sotana de un tío de acero/ (37). 
En “Time Out” la voz lírica expone el tedio y la hostilidad que siente una víctima de violencia doméstica hacia el agresor.  Las arrugas de la /arrugada camisa/ (40) son una representación de un estado mental que ha quedado maltrecho tras los sucesos indeseables que ha tenido que presenciar.  Presenta la /alfombra de ternura/ (40) como una ironía; la alfombra es en verdad una red o una trampa en la que ya ha caído.  Su memoria es todo un mundo que no logra entender en su totalidad pero no vale la pena intentarlo, eso sólo desataría más caos en su interior.  Es un lugar del cual todavía tiene cierto control y que nadie puede visitar y distinguir todo el renglón de colores nunca antes vistos aunque sean expertos.
otra ola de sombras    
tropieza en las puertas
me recorre dormida    
cuando todavía soy dueña     
de este remoto lugar   
por donde sólo pudo asomarse          
el faro de Alejandría  
o el mismo Dr. Freud en persona        (40 – 41)
El no ansiar nada es no querer saber más de lo mismo que ha conocido hasta el presente; es el cansancio de esperar algo mejor y recibir algo peor, ahora nada suena como algo ideal: /es más díganle/ que ya no ansío nada/ (41).
            En el poema “Objeciones” la voz lírica narra cómo se interrumpió el orden natural de una vida por el desorden a su alrededor.  Sus agrios recuerdos son como una mezcla de sombras que en efecto están ahí pero no se ven bien, /tampoco puedo recordar agravios en las pupilas/ (55).  Desde temprana edad su vida ha sido pintada a la fuerza con una realidad cruda llena de hostilidad, /desde mi pequeñez he sido calle y boquiabierto coraje/ (55).  Indica en una paradoja que sus sueños y alguna que otra esperanza la han mantenido pero que nunca pasaron de ser fantasía, /al saltar a mundos nuevos anclada al vacío/ más allá de aquí y de allá me sostengo/ (55).  Expresa anhelo por afecto que se ha convertido en deseo erótico y a su vez, sentimiento de rechazo, /son casi las doce/ no soy de nadie ¿por qué? si he sido de tod@s/ al hervidero erótico de la noche/ (55).  Cuando se atreve a aferrarse a esperanzas, la realidad le da un golpe doloroso y se las quita, /cada vez que me acerco a los rosales/ alguna espina hace moretones en mis renuncias/ (55).   Siguen llegando los desbalances emocionales y no hay luz sino sólo la apariencia de luz, / […] que fantasmal sol cargara tanta tristeza/ y ansiedad de estrellas en porfía?/ (56).
            En resumen Belia Segarra logra la yoidad y la universalidad que se encuentran entrelazadas en cada poema.  Lleva al lector en un viaje de penas, sombras con rayos de luz, rabia, críticas, ilustraciones inesperadas, encuentro de emociones y búsqueda de sentidos.  Este viaje es uno que se repite y cada experiencia se siente igual de intensa que la anterior; no pierde envergadura.  No vende un mundo fantástico ni utópico pero hace dejar salir un suspiro que significa más de mil cosas al terminar la lectura que nunca en realidad acaba.

Bibliografía
Bertelloni, María Teresa. Prólogo. Poesía en el tiempo --: Antología: homenaje a la poesía latinoamericana dedicado a Josefina Rivera de Álvarez Nazario y editada por Leticia Ruiz Rosado. Mayagüez, P.R.: Colectivo Identidad, 2006.

Segarra, Belia. Confesionario. Puerto Rico: Editorial Identidad, 2012.

Publicado originalmente en Revista Identidad de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Aguadilla

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Acerca de mí

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"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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