miércoles, mayo 06, 2015

Un éxito el 1er Encuentro de Literatura Queer escrita por Mujeres LGTBQ Puertorriqueñas 2015

En el marco del Primer Congreso de Literatura Queer en Puerto Rico 2015, realizamos un 1er Encuentro de Literatura Queer Escrita por Mujeres LGTBQ Puertorriqueñas. Participamos: Amárilis Pagán Jiménez, Ana Irma Rivera Lassen, Chenoa Ochoa, Ivette Rivera Morales, Liliana Ramos Collado, Mayda Colón, Valentina Marealta, Yolanda Arroyo Pizarro, Zayra Taranto, Zulma Oliveras y Ana Lidia Vega Serova, escritora cubana-rusa.


El texto que leí es un fragmento de la novela 'Violeta':

El día de tu boda con el presidente de la empresa de publicidad para la que trabajas, Vita aparece. Entra como un bólido al salón de belleza en el que te maquillan. Han pasado algunos años.

Pide que la atiendas en privado, so pena de hacerte un escándalo de dimensiones insospechadas, así que consigues que la dueña del salón, amiga tuya, te preste una de las habitaciones en las que se brindan varios servicios de estética, faciales y pedicuras. A ella entras, con el rostro a medio maquillar y con rulos en el cabello para peinarlo de forma alaciada. Esperas una explicación de parte de Vita. Cómo te ha conseguido, cómo sabe de tus planes de boda, quién se lo dijo, desde cuándo lo sabe, y qué hace allí.

Pero antes de recibir todas aquellas respuestas se besan. Se abrazan. Se desnudan, se caen los rulos, se despinta el maquillaje, y ella echa tus oscuros pezones a su boca, que lame de manera ansiosa. Y tú la tumbas sobre el camastro de los masajes para hacer con ella lo que nunca antes hiciste o te permitieron: besar sus labios vaginales, chupar su clítoris, ensalivar toda su vulva desposeída de temores. Subes a besarla en los labios, la abrazas, lloran juntas, prometen no volver a dejarse ir.


El día de tu boda terminas casada con Teodoro, presidente de la empresa de publicidad para la que trabajas, y Vita asiste. Desde una esquina en la iglesia observa todo y todo lo permite, radiante, sabiéndose dueña y señora de algo todavía mayor, más imperioso, verdaderamente eterno.






El texto que leyó Zulma Oliveras Vega:

RAMERA

Buscona infiel
prostituta de las religiones
que se sumerge en las entrañas
de la matrona de los mares Yemayá
cortejo a Eleguá para que abra mis caminos
felación para Shangó calma al gran guerrero
demando que sus rayos y truenos
destruyan la casa del gobierno
danzando en su fuego llego al orgasmo cósmico de Oshún
dejo el sufrimiento del deseo y la perfección
a mi raquítico Buda
mientras me clavo a la atea con amor incondicional
grajeo la compasión y ternura de Kwan Yin
respeto
aguanto
resisto al corrupto
soy de nadie, solo mía
y del universo: soy ser galáctico bellaco
me entrego con cualquiera para meditar
me baño con Itzel bajo su luz
Alá lava mi cara en el río
depende cómo me sienta
me cago en dios
en la virgen
y en la misma hostia que sabe a turrón
soy la escorpiona gitana
ven para leer tu fortuna
visitemos a Pacha Mama con ayahuasca
Caguana y Yuquiyú me obsequian orden y paz
la herbología es mi única religión
y el monte mi templo
marginada como la gente sin hogar
voy sin rumbo
por resistir el control de una sola deidad
puta fina con elegancia, esa soy
porque al final somos la misma luz
el mismo universo
salgo de este cuerpo
escapo este mundo asesino
planeta sangrado por la avaricia
como Karl Wallenda balanceo mi pensamiento crítico
a mi niña interior protejo con machete afilao
huelo el sonido de los que controlan mi ser
respeto el ateísmo, a los santos
al cristiano honrado
respétame como la puta que soy
de las fantasías religiosas
cuando seamos polvo comprenderás
que solo eso fuimos
un buen polvo  
disfrutémoslo
Creo en la justicia,
en la armoniosa paz de las Oriónidas
no puedo ser lo que tú quieres que sea
soy la ramera que se estruja con Magdalena
la rebelde que destruye el mercado israelita con Jesús
la que fuma sinsemilla con los discípulos
la bruja que queman viva y maldice al fanático
Veo el futuro en mis sueños de un Cristo
que viene en una cruz voladora
envuelta de nubes de gas pimienta
con sus guerras y enfermedades
raptan a los pobres del mundo
arresto mental.
Soy la milonguera, la cualquiera, la zorra de las religiones

aunque no comprendan que soy la hija del ojalá.






Agradecemos muy en especial la participación de la escritora cubano-rusa Ana Lidia Vega Serova por acompañarnos.


La poeta Chenoa Ochoa leyó:

Tomboy* © 2014 por Chenoa Ochoa **
Dedicado a G. G.
**se tomó libertades artísticas en la redacción de esta obra, no está basada totalmente en la película

Querida,
Luego del oscurecer, vi una película francesa única, llamada  Tomboy  y me hizo pensar mucho en ti, y en nosotras.  Mickäel es un tomboy con ojos del color del cielo claro diurno reflejado en un lago tranquilo en verano. El pobre Mickäel a sus 10 años de edad quería expresar su llama honda y brillar verdaderamente como es el interior del sótano de su alma. Jugaba con los niños y quería ser aceptada entre ellos y se vestía para eso. Un día intentó formar un pene de play- dough color rojo y lo metió en su bikini bottom, antes de salir con sus amigos a nadar en un lago cerca del bosque donde jugaban.

Mickäel sabía que era Laure también y que le encantaba cuidar a su hermanita chiquita, y tocar el piano mientras ella improvisaba ballet en su tutú rosado. Mickäel/Laure tenía claro quién era; tejido con hilos vibrantes entre una manta de mil cuadritos de todos los colores que pudieras imaginar.   Pero estos cuadritos no estaban delimitados por líneas, sino sus bordes sangraban uno entre otro, un poco como un Tye-dye, pero mucho más profundo y luminoso.  En Mickäel no había un género encarcelado, ni siquiera dos encarcelados aparte, había algo mucho más allá, como una estrella multicolor que existe en la distancia, que existe a pesar que es casi invisible, y a pesar de la división entre la luna y el sol.  Quizás por eso se enamoró Lisa; la chica que se atraía hacía Mickäel, como la N en una brújula y la estrella del norte. De esa manera se enamoraron; como un velero antiguo, velas blancas abiertas cogiendo brisa cálida y las olas sedosas de un mar turquesa tranquilo y profundo.

Mickäel llegó a conocer por un tiempo una hermosura de vida, y brevemente podría brillar su llama sin mucho viento.  Eso duró hasta que un día encontraron a Mickäel escondido en el bosque orinando detrás de un arbusto de cranberries.  El secreto que Mickäel guardaba únicamente debido a una rigidez social, un secreto que hasta su hermanita guardó; fue violentamente  descubierto.  Su madre obligó a Mickäel a ir a la casa de Lisa a contar su secreto,  como si su sexo era el factor más importante para Lisa enamorase.  Lisa no sabía cómo reaccionar, y Mickäel salió corriendo.  El resto del verano seguía deshielando intensidades, Mickäel lo pasó pasmad@ dentro de su casa, desilusionad@ con su vida, hasta el fin de sus vacaciones. El día antes que empezaba la escuela, salió un momento para el balcón a respirar, y allí enfrente estaba Lisa mirándole desde abajo con sus ojos de canela tiernos. Mickäel bajó corriendo y cuando se encontraron, Lisa le preguntó sonriendo, “¿Y tú como  te llamas?”  “Me llamo Laure” contestó Mickäel, como si daba igual si era Laure o Mickäel, porque ambos formaban parte de su hermoso ser. Lisa sonrió y se veía ese mismo reflejo de luz que había cuando se enamoraron por primera vez, el reflejo de una estrella multicolor casi invisible, pero una estrella más hermosa, que brilla más al ser admirada y abrazada.

Yo no sé si importaría, o si estarías conmigo si fuera hombre o mujer, o si simplemente temes lo desconocido y no cedes a aquello que no conforme lo suficiente, o tal vez temes lo que actúa como espejo. Lo que si sé es que yo te amo, y ese amor no se limita por tiempo ni espacio.  Hay estrellas que vemos en el cielo que han muerto hace años, pero mi amor es como una estrella multicolor, casi invisible, pero siempre estará allí y brilla más cuando es admirada y abrazada.

Mickäel/Laure pudiese ser tú, pudiera ser yo. Yo sé tu secreto, pero conmigo no hay que esconder nada, porque yo sueño ser una estrella multi-colorada junta a otra multi-colorada en el espacio de infinitas posibilidades; en un espacio donde el amor real que brilla es lo único que importa.


*Película Tomboy © 2011 por: Céline Sciamma


La narradora Valentina Marealta (Sandra Beatriz) leyó el siguiente cuento:

La casa de la miseria
«Un suicidio por favor, papas con queso y bacon, sí refresco Pepsi.» Pago y me voy a sentar. Todas las horcas están llenas. No hay cloro en el baño como para acabar esto por la boca. Me siento en la fila que se forma junto a la guillotina. La fila para la ruleta rusa es mucho más corta, pero prefiero esperar. Igual llevo esperando toda mi vida, ¿no? Ese juego es demasiado largo y torturoso y al final puede haber un ganador. Prefiero irme a la segura. Es más romántico morirse como los nobles durante la revolución.

Las papas están inundadas de queso y no saben a nada. La casa de la miseria está llena de sorpresas. Por un dólar con cincuenta pueden conseguir una foto de la persona que más te admira para que la mires mientras ocurre. La Pepsi ya se acaba y todavía no puedo lavar de mi boca el salado del… «¡Pum!» La ganadora de la ruleta rusa va a tener que volver mañana. Llora como runner-up de concurso de Miss Mundo. Junto a la fuente de sodas, hay una máquina que vende razones para suicidas principiantes. Buena adquisición. Mi última vez aquí vuelvo viva a mi casa porque se me quedan los motivos en la gaveta.

Sé que fue en la gaveta porque ahí es donde mi madre guardaba el suyo. Me lo hereda cuando se va. Es una palabra que sus compañeras de salón pasan de boca en boca, es un cartel que le pegan en la espalda, es un estigma que le clavan en la frente, es la razón por la cual se casó con mi padre. Dice «Bucha». No es por faltarle el respeto a la ironía, pero muchos de mis motivos empiezan con la misma palabra. «Bucha que se atrevió a salir del closet», «Bucha que fue abusada recién salida del closet», «Bucha que no pudo hacer como su madre y casarse, y tragar, y tener hijos, y disimular.»

Sacudo la cabeza, suficiente de ese recuerdo. Todos mis motivos están el mi bolsillo ahora. Me pregunto; ¿qué foto pondrían si hubiera pagado el dólar cincuenta? De seguro la de mi hermanita. No quiero pensar en ella tampoco. Hace dos semanas vine y tuve que salir porque recibí una llamada suya. Quería decirme que me amaba. La silla donde espero está pegajosa. Fantaseo con que llega mi turno y no me puedo parar porque me quedo pegada o que el verdugo decide irse temprano; me ha pasado también. Faltan tres turnos para el mío y el verdugo pone en la entrada un letrero que dice: «Afilando.»

No hago contacto visual con nadie. Eso hace que mi madre casi se arrepienta. La primera vez que vengo, mi madre sostiene mi mano. Estamos en el servicarro. Ella comete el error de mirar alrededor tropieza con la mirada compasiva de una mujer que ordenaba comida en el servicarro de al lado. Mami casi da vuelta en U. Pero no. Acelera. Me deja huérfana. Aprendo a conducir ese día, a mis ocho años, porque mi hermanita está en el carsit sin idea de por qué tiene ganas de llorar.

Justo afuera, junto a la entrada, hay una máquina nueva, violeta y azul turquesa. Por cincuenta centavos, venden razones para quedarse vivos. Las dos pesetas saltan de mi bolsillo como si tuvieron voluntad propia. El verdugo deja de afilar y quita el letrero. Yo me paré de la silla por culpa de una mezcla entre curiosidad y casualidad: violeta y turquesa eran los colores favoritos de mi madre. Las luces de la máquina prenden mientras giro la palanca y por un tobogán de espirales baja una esfera translúcida de plástico amarillo. Dentro hay un espejo.


No sé si es por mis mejillas sonrojadas, o por mis ojos almendrados, o porque mi nariz no está torcida por una paliza, pero mientras más me miro menos me parezco a mi madre y más me parezco a la mujer de la mirada compasiva que ordena comida preguntándose qué hace la fila de la casa de la miseria tan llena todo el tiempo. No puedo verlo, pero puedo oírlo, tengo un bebé en las manos. Sé que es mi hermanita.





Nota importante: Las colaboraciones enviadas de manera voluntaria para que formen parte de este archivo histórico-antológico pertenecen a sus autoras. Ellas se reservan los derechos.

Cobertura:

http://www.quepasagaypr.com/2015/04/cliq-muestra-de-la-diversidad-en-la.html

Acceda al programa con este enlace: http://www.editoriallatuerca.org/congreso-de-literatura-queer-2015.html


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Acerca de mí

Mi foto
"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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