domingo, noviembre 27, 2011

Macacoa Inicial

Durante los pasados cinco años he impartido talleres de narrativa, novela, poesía, autoficción, memoria y géneros híbridos a más de un millar de participantes que, a través de la creación literaria, encuentran respuesta a su mundo.  He estudiado con ellos las diferentes técnicas de creación, un puñado dentro de la gran variedad de escuelas de pensamiento literario existentes, la integración de diferentes disciplinas del arte a la literatura, el desmenuzamiento de varios decálogos de escritores emblemáticos, la investigación de temas generadores, la correlación de tecnologías de publicación y difusión, las preferencias de los lectores, entre otros. Mis grupos han sido muy heterogéneos.  Se han centrado en trabajar temáticas totalmente dispares enfocadas en la transgresión, en la sobrevivencia, en lo clásico, en la confesión, en la ficción, en la no-ficción, en lo moderno, en el exilio, en lo heteronormativo, en lo LGTB, en  lo femenino, en lo masculino, en lo policial, en lo fantástico, en la ciencia especulativa, en lo infantil.  
En realidad, lo que nunca les he dicho a mis grupos, y ahora me sincero y comparto, es que yo misma recibo respuestas a mi mundo en estos talleres.  De hecho, es esta la única manera que tengo para hacerme sentir terrestre o planetaria, trabajando el ejercicio de incluirme en la dinámica con ellos, como una alumna más.  Abrazarme a sus energías, recibir su savia, sus experiencias.  Los textos forjados a partir de nuestras reuniones, a partir de la publicación de los mismos a mi blog, o a sus blogs, o en online con herramientas como Issuu.com. Lulu.com o Shutterfly.com, en el Twitter, en Facebook o incluso aquellos que pasan el cedazo editorial y llegan a formar parte de difusiones más formales como Revista Boreales, son esencias que dan sentido a mi día a día, a mi vida, a mi respiración. Me siento con ello, por primera vez, acompañada.   
Cada sesión revela un nuevo texto, una nueva opinión, una nueva manera de pensar y pensarse, entender al de afuera y entenderse uno adentro.  Se redactan las historias bajo la presión de traer la tarea terminada a la siguiente clase, o de traer la asignación fragmentada, iniciada o incluso a medias.  Cada escrito es provocado por un ejercicio.  Cada ejercicio ha sido diseñado por una regla de escritura de mi autoría, o en algunos casos heredada de un escritor fundacional: José Saramago, Andrés Neuman,  Mario Bellatin, Doris Lessing, Virginia Woolf, Julio Cortázar, Cristina Peri Rossy, Cristina Rivera Garza, Fernando Iwasaki,  Jorge Volpi, Karla Suarez, Andrea Jeftanovic, Magali García Ramis, Luis Rafael Sánchez, Mairym Cruz Bernal, Mayra Santos Febres, Luis López Nieves. 
El poeta Javier Febo hace un tiempo me dijo: Quiero leer agrupados tus ensayos de opinión, tus posteos, las columnas de flash fiction que no han podido ser parte, hasta ahora, de alguno de tus libros.  Ese conjunto de reglas que te hace seguir escribiendo y que me serviría a mí y a otros, como brújula y atalaya. 
Entonces, aquí va Febo.  Estas son las reglas que han sobrevivido con el tiempo, que han sido privilegiadas por ser las favoritas de los grupos de tallereo, que han perdurado y se han repetido a lo largo de nuestra huella dactilar escrita.  Por eso las comparto.  Han demostrado ser de beneficio para la génesis de algún escrito más amplio (cuento, novela, poemario); han participado en certámenes y concursos, ganado o no premios e inclusive varias, la gran mayoría, son inéditas en papel, pero acaso una que otra ha visitado las virtuales miradas de lectores de internet.
Si algún iniciado en la escritura literaria me preguntara sobre qué debe escribir, cómo debe hacerlo, qué ejercicios recomiendo para practicar arduamente y hacernos menos principiantes, yo recomendaría seguir estas reglas a continuación. No están en orden cronológico, ni en orden alfabético, ni en orden relevante, solamente han sido dispuestas a la sazón para su uso y disfrute, para que puedan ser combinadas según el gusto de cada cual.  Se puede escoger una sola, o diez, o veinte o todas. Si se quiere tener éxito real, de vez en cuando, preferiblemente cada veintiséis días, deberán ser puestas en práctica, de algún convencional  modo, observando el cielo raso y festejando la llegada del asteroide B612, con background noise del grupo musical Calle 13.  Y habrá que recordar solemnemente que escribir a diario y con disciplina, es lo único que puede salvarnos del tedio y de caer en las garras de los fundamentalistas, machistas y demás ístas.
Espero que alguna de estas reglas sea de vuestro agrado, y las que no, que al menos sirvan para abrir la discusión, la crítica o el debate.

Yolanda Arroyo Pizarro
29 de octubre de 2011
Escrito entre París, Ciudad de Panamá, Madrid, Carolina  y Cataño

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Acerca de mí

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"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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