jueves, diciembre 10, 2015

Lee las primeras páginas de la novela 'Violeta' de Yolanda Arroyo Pizarro aquí...

I wish I knew how to quit you.
— Jack Twist in Brokeback Mountain 




Un color. Una mujer. Una flor. Una tía cómplice. La traducción de un nombre desde el idioma griego. Un primer beso, sentadas ambas en los asientos del auto prestado que ha facilitado el padre. El padre violador. El progenitor culpable que lo presta todo, que lo permite todo, que lo facilita todo con tal que no se entere la esposa, los otros hijos, la familia; con tal que la sospecha no vuelva a llegar a los oídos de la tía encubridora, cómplice por permanecer en silencio. Eso es lo que significa ‘violeta’. Un color. Una mujer. Una flor. Una tía cómplice. La variación de un nombre desde el calco idiomático griego del latín.
Toda la historia es contenida en ese segundo en que la mirada retadora de Violeta me observa. Violeta levanta la ceja, advirtiéndome. Somos contrincantes, parece decir. Y lo que es peor, parecemos decir ambas yo voy a ganar.
Aquí estamos. Una frente a la otra, gladiadoras. Dos muecas antipáticas que retozan en el juego de poder. Dos estelas, acaso devastadas, siendo perseguidas por la cola de un cometa y sus escombros. Vita Santiago es el escombro, es el asteroide que colisiona, es lo que nos mantiene conectadas a un odio ancestral.


Los pedazos de antimateria flotan y Vita es la mujer en el medio, botín de guerra. Ruinas que sobrenadan el espacio inaprensible de nuestros ojos rivales. ¿Será demasiado pretencioso pedirle a ella, a esa otra, que se levante y se marche? ¿Será demasiado jactancioso levantarme y largarme yo? ¿Seremos un cliché peleando por una mujer a la que se pretende amar, quien a su vez pretende o suponemos que solo ama a una de nosotras?
Vita Santiago es la manzana de la discordia, y allí estamos sentadas su mujer y yo, frente al escaparate de un restaurante en Condado.


Respiro y mitigo la tentación de llevarme la mano al cuello para tomarme el pulso desde la vena de la nuca. Estoy afectada. Ella también lo está. A mí me encabrona su pelo lacio, largo, como el de las Miss Universe, y el tatuaje en su hombro derecho adornado con pétalos de orquídeas que asemeja una W, porque es el símbolo de la unión de la primera letra del nombre de ambas: Vita-Violeta. V y V. Un binomio que no puede ni debe permitirse. A ella es obvio que le molesta mi afro, los rizos despeinados que sobresalen del mismo y la intensidad de mi color de piel, negra bien negra, casi brillosa, y de seguro hasta mis libras de más. Es posible que eso último sea lo peor, lo que más la saca de quicio, dado el mantenimiento intensivo de abdominales pronunciados y piernas torneadas por el ejercicio cardio-pulmonar al que semanalmente se somete ella.
Más de una vez se habrá convencido de lo imposible de mi superioridad sobre sus ventajas. Gracias a mi no-esbeltez piensa que soy fácilmente desechable. Piensa o pensaba, porque si está aquí, frente a mí, luego de haberme pedido esta audiencia, es obvio que duda. Es obvio que no está segura de ella ni de sus tretas para mantener a su lado a Vita Santiago.
A pesar de mi visible voluptuosidad, de mis carnes grandes de mujer grande, de mis caderas y amplios glúteos cual venus de hotentote, y de las estrías que ella no puede ver gracias a las telas de mi atuendo, la esposa de Vita Santiago me teme.
Teme a mi seducción. Teme a mi astucia. Teme a los años de relación intermitente que me dan delantera. Porque ella, la doncella de la perfección estética llegó ayer, como quien dice. Son dos años de estar juntas, a lo sumo, si mal no recuerdo. Pero yo he estado aquí por más de veinte. Queriendo y sin querer. Jugando incluso el papel que ahora ostenta ella, el de esposa oficial. Y jugando el rol de amante pasajera, o de querida exótica, y hasta el de concubina geisha.  
Y para Violeta no es nuevo este asunto. Este asunto que tiene que ver conmigo. Vita Santiago le habló de mí tan pronto se conocieron. 



Tengo una situación complicada con una mujer que vive en Puerto Rico, te dijo durante la segunda cita. Y tú, Violeta, no te habías quedado atrás. Le dijiste que estabas casada con un piloto comercial. Casada y con un hijo. Un hijo que era de la primera esposa fallecida de él, y al cual tú habías casi criado, convirtiéndose aquello en una situación perfecta para ti que siempre habías deseado hijos, pero que no estabas dispuesta a embarazarte porque eso te dañaba la figura.
Ahora de seguro estarás comparando tu belleza refinada de tez morena clara, “trigueña” como la llaman tantos, con mi ordinaria piel prieta, con mi papada, con mis cachetes. Y de seguro te preguntarás qué ve Vita en mí. Qué sigue buscando aquí, entre estos muslos de textura de naranja. Al parecer es algo que tú no puedes darle. O si se lo das, se cansa de manera facilona y regresa a mi pulpa de parcha granulada. No lo entiendes, Violeta. Te miro con intensidad mientras pides el vino de la casa y me doy perfecta cuenta de que no lo entiendes. Ni lo entenderás.
Pienso que la conversación que nos disponemos a tener esta mujer y yo es un ejercicio fatuo, irremediable, que no nos llevará a ningún lado. Pero igual he accedido a encontrarme con ella por dos razones.
La primera es el desosirio  que siento en su voz cuando llama a mi oficina a principios de semana. Suplica que nos veamos. Dice que viajará desde el hogar que comparte con Vita en Estados Unidos porque le urge que hablemos de una buena vez. Mentirá sobre las razones de su viaje; dirá que se encuentra obligada a ver a alguien de la familia en Ponce. Tiene parientes en el sur de la Isla. Enfermará o matará a alguna tía abuela o prima segunda lejana.
Llora al teléfono. No puedo evitar decir que sí, levemente conmovida. La segunda razón por la que acepto, con algo de perturbación, es que tengo curiosidad por saber detalles del proceso de gestación de ambas, al que se expusieron el año pasado para tener a sus dos hijas. Siento morbosidad por descubrir algunos detalles. Vita no los menciona todos durante algunos de nuestros encuentros.
Viajo a verla en tres ocasiones: justo después de que se insemina, cuando cumple el primer trimestre de embarazada y luego a sus seis meses. En todas las ocasiones hemos hecho el amor, pero no he podido obtener de ella una confesión honesta sobre por qué ha accedido a dejar a un lado su estereotipada y por demás consabida actitud masculina para gestar vida en su vientre. Y eso me intriga. Quizás algo que diga su mujercita me lo aclare.


Mientras ordeno una copa de champaña al mesero, noto con el rabillo del ojo que Violeta me estudia. Pienso en todas las ocasiones en que ha debido descartar mi presencia como amenaza sintiéndose superior, con total ventaja, y sin embargo… sin embargo aquí está ahora, citándose conmigo, demostrándome sus inseguridades y dejándome saber cuánto teme. Porque teme. Teme perder a Vita Santiago. Por eso me ha citado aquí. Por eso ha viajado desde Castro, San Francisco. Por eso ha dejado la comodidad de su hogar amplio, de cuatro cuartos, aire acondicionado, calefacción  y piscina. Ha dejado a sus hijas bajo el cuidado de la niñera, la propia Vita, sus padres, abuelos consentidores, para volar y venir a verme. Quiere mirarme a la cara. Quiere decírmelo a los ojos. Ella. La mujer cuyo nombre es Violeta. Un color. Esta mujer sentada frente a mí. Una flor.  Como la primera que me regaló alguna vez Vita.
Pienso además en que Violeta es también el nombre de la tía cómplice que guardó silencio durante nuestra adolescencia cuando se enteró de lo que le hacía el padre de Vita Santiago a esta. ¡Cuánta coincidencia! Violeta es también la traducción al español de un nombre de raíz grecolatina: Iolante.
Mi nombre es Iolante. Esa soy yo. Ion significa violeta, ante, anthos significa flor. Pareciera que Vita Santiago colecciona todo tipo de violetas a su paso.
Y pensar en Vita Santiago, es pensar en nuestro primer beso, sentadas ambas en los asientos del auto prestado que ha facilitado el padre. Tenemos diecisiete años y salimos de la discoteca.






El primer beso lésbico de tu vida, te lo da tu mejor amiga. Aquella que sabe que eres heterosexual, que te asegura que respeta eso y que no cruzará líneas, aunque te aclara en cada oportunidad que te encuentra extremadamente atractiva.
Tu mejor amiga es aquella que te abraza y te permite llorar por el novio que te ha sido infiel. Es la que promete convencer a su padre de que te pague el colegio privado, para que no tengas que regresar a la escuela pública en el último año de high school debido a que en tu casa no les da el dinero para tu educación privada del año entrante. Es la que sabe de tu curiosidad hacia las chicas— ya se lo has confesado antes— pero te dice, con cierta astucia emocional que ni te avientes, que no vale la pena. Las mujeres son muy complicadas de por sí, y si encima entra una en relación amorosa con otra, la complicación es exponencial. Demasiado lío, te aclara.
Tu mejor amiga es también la que te acerca un ramo de lirios cala, de violetas africanas, de orquídeas de vainilla —que de seguro no ha podido comprar ella— la tarde en que celebran tu cumpleaños número diecisiete. La misma tarde en que se van a Viejo San Juan a celebrar, y la noche las encuentra metidas en una discoteca en la que bailan juntas, seductoras, para sorpresa de muchos presentes moralistas que se quejan con el manager porque entienden que ese tipo de comportamiento pertenece a otros lugares con una demografía más open. Y las echan. Caminan abrazadas, adoquines abajo, por las calles de la ciudad amurallada.
Esa es tu mejor amiga. La que responde en la afirmativa cuando suplicas, cerca de uno de los callejones, que te bese, que ya no soportas más. Es la que te dice, aquí no, puede pasarnos algo. Y te lleva hasta el auto prestado. Allí sella la promesa que desde hace tiempo y en silencio, se vienen haciendo.
Es la que se dedica a adorar tu cuerpo adolescente toda la noche, a abrir las cuencas con sus manos, esa nueva y desconocida genitalia que ahora se convierte en tu vicio. Vita Santiago te dice a toda hora, desafiando todo pronóstico, que eres la mujer más bella del mundo, y que portas el color violeta más adorable del planeta. El negro más negro y más aceitoso; el afro avoraginado más deseable, más mullido; el pubis más terso y acolchonado.

Vita se esmera además en encontrar similitudes de tu nombre en otros referentes y eso te endiosa. Para ella Eres la guardiana de Hércules, el subplot de Iolante y Calypso, un poema de Phillip Massinger. Hitopadesha, el folclor bengalí, un fragmento del Decamerón de Boccaccio, la ópera de un acto de Tchaikovski. Eres el personaje de La revuelta de Afrodita, tres especies de insectos, un ancestro de Poseidón y la mutante del universo X-men. Eres el prodigio lila, te dice al final de todos y cada uno de estos hallazgos, la jugosidad violeta.

La continuidad electrizante de nuestros discursos literarios en la FIL Guadalajara 2015


Pienso en la FIL Guadalajara y en la continuidad electrizante de los discursos literarios de todos nosotros, los escritores, esta especie de “ser humano” que no es feliz sino escribiendo, leyendo, metido entre libros todo el tiempo. Somos una criatura extraña, exótica, cautivante. Somos eso que una vez describiera Salman Rushdie y que desde 2010 se convirtiera en la cita que inicia mi novela ‘Caparazones’: “The human being is a storytelling animal, or, actually, the storytelling animal; the only creature on Earth that tells itself stories in order to understand what sort of creature it is.”



Una criatura que cuenta historias: Por Yolanda Arroyo Pizarro, novelista afropuertorriqueña


Autores del País narran sus experiencias durante su estadía en la FIL- Guadalajara

sábado, 5 de diciembre de 2015 - 12:00 AM


La fotógrafa de escritores Lisbeth Salas, como ya es reconocida en este recinto literario de la FIL Guadalajara, me pide que pose así o asá. Me invita a que me acerque o me retire, a que alce el mentón o despeine con mis dedos el afro que hace las veces de mi cabello. ‘Coloca tu mano derecha cerca del rostro’, me invita. ‘Ahora con tu mirada, búscame’, añade. Salas sabe manejarse en su oficio. Lo sabe a la perfección.

Lo que no sabe es que mis ojos la han abandonado para encontrarse con los de Salman Rushdie, que viene caminando a lo largo de la terraza del Salón de Autores de la FIL. Rushdie camina en medio de una caravana de guardaespaldas, pero eso no lo detiene para regalarme unas palabras: ‘Great photo’, pronuncia y me guiña un ojo, mientras sigue su andar hasta llegar tras bastidores a la sala en donde presentará su más reciente novela.

Aquella frase bastará para que Lisbeth y yo, entre risas, nos disputemos de manera generosa la atención del autor de “Los versos satánicos”. ‘Que le gustan las morenas y por eso te encuentra tan fotogénica’ —dice ella. ‘Que le encanta tu trabajo fotográfico’—alego yo e insisto que en realidad lo que Salman ha querido decir es: ‘Great photo… grapher’, pero que se ha comido las últimas sílabas sin querer y por la prisa.



Antes de ese encuentro, ya he visto y disfrutado de Rushdie durante su conferencia magistral sobre Scherezada, y hemos compartido algunas frases tomando tequila en el Salón de Autores, mientras muy amablemente ha accedido a firmarme dos de sus libros. El tequila es el agasajo popular a toda hora en la FIL. Los mozos te lo sirven en el desayuno, el almuerzo, la cena y los entremedios. Se te acercan amistosos y en vez de café, te preguntan: “¿Un tequilita?”.



Pienso en la FIL Guadalajara y en la continuidad electrizante de los discursos literarios de todos nosotros, los escritores, esta especie de “ser humano” que no es feliz sino escribiendo, leyendo, metido entre libros todo el tiempo. Somos una criatura extraña, exótica, cautivante. Somos eso que una vez describiera Salman Rushdie y que desde 2010 se convirtiera en la cita que inicia mi novela ‘Caparazones’: “The human being is a storytelling animal, or, actually, the storytelling animal; the only creature on Earth that tells itself stories in order to understand what sort of creature it is.”

Pienso en la frase y en el día 29 de noviembre de 2015, el día en que nadie se salvó del cuerpo. La literatura puertorriqueña fue la protagonista de la conferencia “Del cuerpo nadie se salva: erotismo y literatura en el Puerto Rico actual”. El junte se llevó a cabo en horario estelar, 7:00 pm, en el Salón Alfredo Placencia, planta alta de la Expo. Pienso en todo lo que dijimos Roxana Matienzo, David Caleb Acevedo, Ana Teresa Toro, el moderador Alejandro Álvarez Nieves y yo. Pienso en que por más de dos horas, entre nuestras intervenciones y las inteligentísimas preguntas de los lectores que nos acompañaban, intentamos definir qué tipo de criatura somos.



Escribir literatura en Puerto Rico en 2015, es un acto continuo de rebeldía y definición. Somos criaturas escribas, somos criaturas apasionadas, criaturas eróticas. Inventamos, conformamos y creamos personajes y mundos que nos identifican. Ana Teresa Toro, por ejemplo, destacó el hecho de cómo la literatura erótica es un reflejo de la situación colonial que se vive en nuestra Isla. “El cuerpo erotizado es un filtro para entender otras cosas que tienen que ver con el lugar de dónde venimos”, puntualizó.

David Caleb Acevedo conversó acerca de cómo en su literatura erótica se coloniza el cuerpo (se colonizan patológicamente los cuerpos) y cómo se ataca de forma infecciosa a las criaturas que sobreviven esa colonización isleña, desde el cuerpo explorado e inexplorado. Alejandro Álvarez Nieves dominó muy democráticamente la moderación de la mesa y fue aplaudido cuando hizo énfasis en el idioma, acaso los idiomas que se hablan en Puerto Rico, y los variados intentos de subsistencia lingüística que se masacran o no diariamente en la colonia.




Roxana Matienzo destacó en su ponencia el rescate del erotismo sugerido, más bien que abiertamente descrito, en un directo contrapunto a las propuestas de Acevedo, Toro y mías incluso. Habló además de cómo un escritor tiene la responsabilidad de seducir al lector constantemente, acaso definiendo la identidad de la criatura que es o no es.

Pienso además en lo que a viva voz dije yo, y que sacó en principio algunas carcajadas, pero también una reflexión profunda entre los asistentes: “¡Estoy tan buena; yo estoy tan rica que nadie se me puede resistir!... Hablo acerca del cuerpo de la mujer colonizada; hablo de las mujeres nativas que fueron erotizadas sin permiso por los conquistadores, de las taínas y esclavas negras violadas. Eso es lo que parece pensar el opresor, el conquistador abusador macho, incluso el machista violador de la actualidad: "No puedo resistirme, ese cuerpo de mujer me provoca, ella es la culpable, ella y sus curvas, ella y sus pechos, y su entrepierna...". Lo sucedido durante la época de la conquista, no es nada distinto a lo que sucede hoy día. Y esto es lo que hay que denunciar. Esto es lo que denuncio en mis libros”.


Pienso en las criaturas escribientes que somos aquellos que asistimos en plan de autor a una actividad tan inmensa y tan intensa como lo es la Feria Internacional de Libro de Guadalajara. Pienso en quién soy y en cómo soy, pero más que todo pienso en el extraordinario privilegio de coincidir con tantas mentes que desde sus literaturas gestan y cambian el mundo en el que vivo. Eso también is a great photo.

Fotos: Zulma Oliveras Vega


La gesta de Guadalajara: Por Mayra Santos-Febres


Autores del País narran sus experiencias durante su estadía en la FIL-Guadalajara 2015     
Por Mayra Santos-Febres / Especial para El Nuevo Día
Fuente original: http://www.elnuevodia.com/entretenimiento/cultura/nota/microcronicalagestadeguadalajara -2136524/

Llego como siempre llego a la FIL, electrificada. Es el 30 de noviembre. Son las 11 de la mañana y me toca sesión todo el día. El taxi me deja justo en frente del recinto ferial y se me expanden las pupilas. Sé muy bien a lo que vengo. Desde los 28 años lo sé. Esta no es la primera vez que me toca participar en la feria del libro más importante del mundo hispano. La más grande, además.
En la FIL participan más de 2,000 exhibidores, están invitados 200 autores. Las mesas de debates, actividades y congresos para profesionales, presentaciones de libros, visitas a escuelas y premios no caben en la imaginación. ¡Son tantas! El inicio de esta feria fue modesto, como suelen serlo todas las iniciativas de promoción literaria y de fomento a la lectura.

A la FIL Guadalajara le tomó 29 años convertirse en el goliat que es ahora. El año que viene celebrarán su 30 aniversario. Yo, la verdad, no sé a qué divina suerte le debo la experiencia de haber participado en este ruedo desde mis 28 años. Crecí y me hice escritora yendo y viniendo de la FIL. Esto me ha dado una perspectiva amplia de lo que es ser escritora en el siglo XXI. No basta con escribir buenos libros, estar bien preparada, hablar bien en público. Se trata de insertarse en un circuito profesional internacional. Ayuda si provienes de un país con tradición de presencia literaria. Si tu país no está presente en este circuito, no importa cuán bien escribas. Simplemente no existes. Debes estar tú y tu país. Tienes que representar una literatura. Debes estar tú, tus editoriales, otros autores que configuren un “corpus” de lo que es la “escena literaria puertorriqueña”. Si no, desapareces.





El circuito del que hablamos es inmenso. Parece que no, pero sí. El español es lengua oficial en más de 28 países y la segunda lengua más hablada en el mundo. No es el inglés, es el español. Según proyecciones, para el 2050, Estados Unidos será el 2ndo. país de mayor hispanohablantes en el mundo. Esta cifra importa. Si antes la lengua era la compañera del imperio, ahora es la del comercio en el mundo global. Se estima que el 15% del producto interior bruto de un Estado está vinculado a la lengua. Por eso, los índices macroeconómicos de un país están vinculados al peso y potencial de su lengua oficial.


En español es potente, va en crecimiento y crea movimiento económico. La lengua, y por ende, su literatura, es una de las mayores fuerzas vinculantes para el desarrollo de una economía. La mera presencia de Puerto Rico en la Feria del Libro de Guadalajara es importante para el futuro desarrollo económico de Puerto Rico.
Me crié como escritora enredada en los tentáculos de la FIL Guadalajara, en su radio de acción. Gozo de afectos y de complicidades muy estrechas que nacieron precisamente en esa feria. Fui por primera vez en el 1998, como parte de una delegación boricua nutrida, cuando Puerto Rico fue invitado como país de honor. Regresé en el 2002, presentada como voz potente de la comunidad latinoamericana por el gran crítico peruano Julio Ortega. Participé junto a Jorge Volpi, Santiago Gamboa, Edmundo Paz Soldán, y otros escritores de fin de milenio en mesas a partir de entonces.

En la FIL conocí y trabajé junto a Rosa Beltrán, Premio Planeta del 1998, en un sinfín de proyectos. He fungido como jurado de varios de sus certámenes. En el recinto ferial de Guadalajara me reuní y me reúno con viejos y nuevos cómplices de las letras. Por eso tengo claro, clarísimo a lo que voy. Voy a trabajar de escritora y gestora cultural. Voy a venderme a mí y a mi país, como hacen los duros del ring de la FIL Guadalajara. Empuño mi arma certera, la que siempre me ha abierto puertas en este escenario: mi cerebro. Además, después de arduos trabajos y de terquedad inquebrantable, llego bien acompañada.


Conmigo viaja una modesta comitiva compuesta por los mejores cerebros literarios de mi país. Me hubiese gustado que fueran más, porque si algo sobra en Puerto Rico es talento literario. Pero el apoyo financiero que logramos a partir del Festival de la Palabra del 2015 no dio para más. (Quizás logremos mayores auspicios para el año que viene). Somos pocos, pero representamos bien el potencial de capital social y creativo de la isla. Me esperan 5 horas corridas de entrevistas con los medios del mundo iberoamericano y luego 2 días de citas con editoriales, directores de ferias y festivales iberoamericanos. Aquí se viene a trabajar duro. Por eso llego lista para la batalla.

Mi primera entrevista fue con la Jornada de México. Luego le siguen entrevistas con Chile, Panamá, radio local de Jalisco, otros dos medios mexicanos, otra entrevista de radio. Dan las seis de la tarde. Salgo a comerme alguito y a prepararme para la presentación de mi nueva novela “La amante de Gardel” que es a las 8 de la noche. El escritor mexicano Luis Felipe Lomelí me hace la gracia de presentarme en horario estelar. El día antes y también en horario estelar, Yolanda Arroyo, Premio ICP 2015 en cuento, David Caleb Acevedo, Premio ICP del 2014 en cuento, Ana Teresa Toro, periodista y  revelación en novela del 2015 y Roxana Matienzo, con una novela que resultó tercera en ventas en Puerto Rico según encuesta de Libros AC 2015, mantuvieron embrujados a un auditorio lleno  por más de dos horas corridas. Su mesa “Del cuerpo no hay salida: literatura y erotismo en Puerto Rico” fue todo un éxito. La mesa fue moderada por el Premio de Poesía 2011 del Nuevo Día, Alejandro Álvarez Nieves.


Los días subsiguientes, la delegación boricua siguió sentando pautas de excelencia en sus presentaciones. Sergio Gutiérrez, Premio ICP de novela 2014 y  Nuevas Voces del Festival de la Palabra 2015, participó en mesas de la sección “Latinoamérica Viva” de la FIL Guadalajara, al igual que lo hizo Yolanda Arroyo. En estas mesas, la FIL presenta a su público lo más selecto de la literatura latinoamericana actual. El 1 de diciembre se presentaron los Premios Las Américas y el Premio Nuevas Voces al público mexicano. Mientras tanto, cada mañana de nuestra estadía, los escritores de la delegación puertorriqueña partían a participar de encuentros con jóvenes del programa escolar “Ecos de la FIL Guadalajara”. Este programa se dedica exclusivamente a crear nuevos públicos lectores.

Pero la estrategia de representación de la avanzada boricua se extendía más allá de presentaciones de autores. Con nosotros viajó José Luis Cedeño, productor general del Festival de la Palabra. Ni tonto ni perezoso, José Luis se ocupó de contactar periodistas y editoriales  para ofrecerles a Puerto Rico como destino editorial y, a la vez, para ofrecer a autores puertorriqueños para engrosar fondos editoriales y ferias literarias. Su agenda fue certera y rindió frutos. Como resultado de las gestiones de representación de la delegación puertorriqueña se lograron resultados que sólo se logran de manera presencial: invitaciones de autores puertorriqueños a cuatro Ferias Internacionales (Oaxaca, Yucatán, Panamá, Costa Rica), oferta de coedición de antología Panamá-Puerto Rico, oferta de publicación de un libro de crónicas, entrevistas de autores con editores internacionales.

Más importante aún, contenta con nuestro desempeño, la gerencia de la FIL Guadalajara repitió su invitación a Puerto Rico. Quieren que durante el 2016 vuelva una delegación de escritores, esta vez más amplia. Para el 2016 y de cara a su 30 aniversario, la FIL Guadalajara quiere además que regresen los quioscos editoriales durante su jornada de exposición y venta de libros, como en los viejos tiempos. Hace rato que quieren que las editoriales de Puerto Rico vuelvan a la FIL. De buena tinta sé que ya hay gente moviéndose para lograrlo. Nosotros no fuimos más que una embocadura, el entremés de ese regreso que se gesta desde las instituciones editoriales que nos representan.
De una manera vertiginosa corre el tiempo. Se multiplican las entrevistas. No cesan las citas, los cafés, las conversaciones que proponen complicidades y proyectos en conjunto. El mundo hispanohablante viene a la FIL a eso. A vender, comprar, entrevistar, confabular, imaginar nuevos libros, nuevas presentaciones, nuevas maneras de entrelazar nuestras comunidades lectoras. Casi no hemos dormido. Llega el 3 de diciembre. Es hora de regresar a la isla.


El mundo literario sólo se conoce desde adentro. Hay que estar bien adentro para entender de qué se trata este circuito. En países periféricos como el nuestro, muchos todavía piensan que escribir es un “ejercicio intelectual y académico”, una aportación a “la tradición literaria nacional” o la defensa de una “identidad lingüística”. No niego que todo esto sea cierto. Sin embargo, si algo me recuerda cada año la FIL Guadalajara es que escribir es algo muy concreto. Es insertar a un país en el mundo. Este mundo es muy particular porque mediante el embrujo que es la literatura, de repente, un país se vuelve real. Significa para el mundo. Se “devela” su ubicación geográfica, su historia política, su potencial económico.

Siempre he pensado que sin Puerto Rico el mundo (y aquí me refiero al mundo entero, hable la lengua que hable) está incompleto. Tamaño es el valor que le asigno a mi pequeña esquina de universo. Porque creo en Puerto Rico, me tiro la maroma de fabularlo y de presentarlo al mundo todas las veces que sea necesario. Insisto en que es tarea de todos instaurar a nuestro país en la cosmovisión internacional. Por eso, este año regreso a la Isla muerta de cansancio, pero contenta de haber cumplido con la tarea. Ahora es cuestión de sostenerla. Gracias al cielo que cada vez hay más boricuas con quien compartir la encomienda.


Fotos: Zulma Oliveras Vega

lunes, noviembre 23, 2015

Reseña a 'Los locos mueren de viejos', novela de Vanessa Núñez (La Pereza, 2015)



Me gusta leer sobre mujeres asesinas. Estoy consciente de que mi naturaleza de mujer que por mucho tiempo fue oprimida por el machismo, sexismo, el racismo y la violencia de género me han llevado a preferir esas lecturas y esos personajes. Me encantan las mujeres que dejan de ser víctimas en la vida real, y me disfruto las que desde la ficción cometen actos de venganza en contra de aquellos quienes las maltrataron. Por eso disfruté tanto 'Los locos mueren de viejos', novela de Vanessa Núñez, publicada por La Pereza Editores.

No arruinaré el final diciendo quién, de todos los personajes femeninos, es la asesina. Bastará saber que el texto explora la relación disfuncional entre una joven y el mundo que la rodea, ese que a veces no entiende. Ese que ha sido colocado hermosamente por la escritora para que desde su talento y su artesanía diestra se no revele poco a poco. Está ella, la protagonista, está la vecina, está la madre, está la amiga de la madre-esposa a su vez del amante de la madre, en fin. Mujeres que deben decidir entre ser solidarias o traicionarse. Mujeres que se contradicen, que ganan y que pierden. Los hombres también los hay, y bien delineados; personajes complejos muy bien estructurados. Recordé a Ray Bradbury cuando dijo: “Hago los personajes para que vivan su propia vida dentro de la historia”.  

La novela de Núñez entabla reflexiones con el devenir de una hija y su madre, acaso la relación más influyente de nuestras vidas y en algunos casos, la más jodida. El método de construcción de la historia es tipo rompecabezas, lo cual fascina ya que el lector participa activamente armando lo que se va conformando como el corpus. La lectura clandestina de un diario y las interacciones sociales alrededor de amigas, vecinos, novios, tíos y un sutil personaje incorpóreo ajustan y desajustan a la protagonista hasta el punto de llevarla al límite. 'Los locos mueren de viejos' es lectura recomendada para el lector sin prisa y que disfruta de los sorbos. Sus capítulos son cortos y las secuencias fragmentadas y sin embargo, no deja cabos sueltos. El libro puede adquirirse en Librería Mágica, Rio Piedras, Puerto Rico. 

viernes, noviembre 20, 2015

Reseña a "Fuga de cerebros” de Juan Pablo Rivera




En la “Fuga de cerebros” de Juan Pablo Rivera hay también cantar del gallo. Lo queer viene a ser la menarquía como día inaugural de la tristeza planetaria, metáfora que aparece muy bien trabajada en el poema ‘Cardenales de verano’. En él, los árboles producen el primer episodio de sangrado vaginal de origen menstrual. Entre los versos se nos recuerda que todos, absolutamente todos, hemos venido de ser mujer, de ser hembra y luego hemos mutado, dentro o fuera del útero desde la voz de una abuela y los recuerdos hospitalarios de Arecibo, desde Hatillo, desde la nieve y nos encontramos reflexionando sobre lo materno, lo matriarcal, y por qué no, sobre esa primera hemorragia menstrual de la mujer.

El poeta también nos asegura que es beneficioso escaparse de nuestro encierro. La cajita. El cerebro. Fuguémonos de esa cárcel y vayamos a la página 28 en la rebelión de los sapos, en donde se nos insta a alcanzar la victoria dejando de ser renacuajos. Y se nos toma de la mano para que visitemos el zoológico que el autor nos muestra en un bestiario de criaturas acaso inciertas: serpientes, vacas, águilas, orangutanes, perros, peces. Especies de aquí y de allá que remozan la idea melancólica del inmigrante, del que visita New Orleans, del que celebra San Valentin en el invierno y azuza las memorias de una Habana distante. Hombres abrazados a hombres. Hombres siendo abandonados por hombres.

‘Saldo de muertos’ y ‘La fe de los ateos’ son ideogramas lúdicos que componen un microcosmos por donde se derraman lágrimas de ironía. La complejidad de la humanidad y sus contradicciones no dan espacio a respirar eficientemente, pero el poeta espacia las ideas, las atrae con astucia, nos estrangula pocamente y suspiramos mejor.

El tema más logrado del libro desde mi visión, es el conflicto irresuelto del mito de la madre adúltera o adulterada en las menciones juglares de Crisótemis. Se trabajan otros mitos como el de Penélope, Perséfone, el Coloso, Antígona y el apocatástasis entre símiles del derrumbe planetario y nuestra incapacidad de cambiar ciertos designios. Cuando el poeta se extasía en el romance y construye los poemas ‘Journey’, ‘Lo que aprendiste de la rosa’, ‘Al amante dormido’, y ‘Así tú y yo nos queremos’ las palabras transgreden la sensatez y nos recuerdan que están ahí y que han sido construidas para que el sujeto las perpetúe.

Enhorabuena por este poemario “Fuga de cerebros” de Juan Pablo Rivera publicado por Isla Negra Editores.


jueves, noviembre 19, 2015

Yolanda Arroyo Pizarro camino a FIL Guadalajara 2015

29 autores de catorce países de la región animarán la cuarta edición de ‪#‎LatinoaméricaViva‬. Programa que este año contará con seis mesas en las que los escritores discutirán sobre su literatura y compartirán experiencias con el público. Micrositio http://buff.ly/1M4jEm0 Comunicado http://buff.ly/1O1WTzX Programa http://buff.ly/1Hvduwz ‪#‎SomosLectores


El Post Antillano reseña la Cátedra de Afrodescendientes: Mujeres Negras Ancestrales, iniciativa de Yolanda Arroyo Pizarro


Finalmente, ser negro o negra en Puerto Rico, ha asumido un elemento presencial.  Es decir, se inicia un reconocimiento, y de acuerdo al Censo Federal del 2010, que el 11 por ciento de la población se asume como afro-descendiente. De igual, forma, un 40 a 50 por ciento de la población se asume en cualquiera de las tonalidades negras que se puedan definir, desde el ser trigueño hasta la mulatería.

Desde esta mirada, y lejos de lo que se ve como todo opresión, represión e invisibilidad, la presencia de lo afro-descendiente en Puerto Rico, se sigue expresando desde tantas formas y miradas, que posiblemente en cuanto a este tema hoy en la isla, se atraviesa por un momento de expansión, crecimiento y reconocimiento.

Es ante lo dicho, que ayer no nos sorprendió participar en la Cátedra de Estudios Afro-Descendientes; Mujeres Negras Ancestrales, que la destacada escritora puertorriqueña, Yolanda Arroyo Pizarro, ha iniciado en la casa Ashford de Condado.  La cátedra es una iniciativa de la escritora, bajo el principio de actuar de forma soberana, y promover el desarrollo de una literatura en torno a los afro descendientes.





Ante una  sala llena, donde participaban de forma gratuita y voluntaria sobre 15 estudiantes, la profesora Arroyo Pizarro inició un diálogo en torno a negras ancestrales, en particular mujeres esclavas del Siglo 19. Se trata de un importante proyecto de recrear la micro-historia, en la cual los escritores y escritoras potenciales asume la responsabilidad de estudiar el perfil de una mujer esclavizada y convertir su historia en un trabajo literario. Es posiblemente de una de las inicitiavas más revolucionarias en el quehacer de la historia, que hemos visto en muchos años.

En el día de ayer la crítica literaria Marie Ramos Rosado, y el escritor Daniel Nina, fueron invitados a participar en el taller y compartir con los estudiantes sus experiencias en el proceso de la escritura creativa y de integrar a esta la contribución de los afro-descendientes en Puerto Rico.




Un dato importante de la contribución social que hace la escritora Yolanda Arroyo Pizarro, es el hecho de retomar la casa Ashford y reescribir su memoria histórica.  En particular la de su propietario Bailey Ashford, quien fue un médico militar parte del ejército de invasión de los EE.UU. a la isla, y quien desde el 1899 se mudó a vivir a Puerto Rico. Este se casó con una mujer de Mayagüez, y vivieron toda su vida, hasta que Ashford falleció en el 1934 en dicha casa en Condado.

Ahora bien, Ashford se dedicó a curar la “anemia”,  de los boricuas. No sin controversias médico éticas, desarrolló campañas, que lo llevan a fundar el instituto de Medicina Tropical, aún existente en el Viejo San Juan.  A dicho instituto se integró en el 1931, Cornelius Rhodes P. Rhodes, quien como denunció en su momento Pedro Albizu Campos, se distinguió por hacer experimentos práctica médica racista en Puerto Rico.

Los experimentos que realizó Rhodes en Puerto Rico en la década de 1930, negados por él como actos racistas, hicieron que se estableciera un premio de investigación a su nombre en el Instituto de Investigación del Cáncer de los EE.UU.  No obstante, y a partir del 2002, dicho premio no lleva el nombre de Rhodes, pues se entendió que pese a no violar ninguna norma en Puerto Rico, era una práctica médica racista.

Pese a las figuras de Rhodes y de Ashford, la Cátedra de los estudios Afro-descendientes está, literalmente hablando “dictando cátedra”. Adelante Yolanda Arroyo Pizarro. Adelante.

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Golpes de gracia distribuido en España, Puerto Rico, Estados Unidos, Guatemala y Panamá




"El catálogo de La Pereza nuclea lo más representativo de las tendencias literarias contemporáneas en la lengua hispana y ha sido distribuido por España, Puerto Rico, Estados Unidos, Guatemala, Panamá y otros países. Autores experimentados como Luis Eduardo Aute (España),Marta Sanz (España), Carlos Cortés (Costa Rica), Claudia Amengual (Uruguay), Yolanda Arroyo Pizarro (Puerto Rico), Sergio Ramírez (Nicaragua), Luis Felipe Lomelí (México) y Gumersindo Pacheco (Cuba), integran la lista de más de 70 libros publicados hasta el momento en géneros como novela, cuento, poesía, ensayo y literatura infanto-juvenil. A la vez, trabajan por avistar las grandezas del futuro e incluyen a excelentes autores jóvenes como Emanuel Franco de México o Rubén Varona de Colombia, por mencionar solo dos."


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domingo, noviembre 08, 2015

Un vistazo a 'Catálogo de cuerpos' de Melanie Pérez Ortiz



El poemario Catálogo de cuerpos de Melanie Pérez Ortiz juega con el lector y es, a su vez, una jugada atinada. La poeta-jugadora ha concebido un documento sutil, entretenido y reflexivo. 

Su catálogo me provoca y me pide que a conciencia mire al mundo desde ese análisis tan profundo que a veces puede ser desolador. Mi sección favorita es Vintage. Aquí los cuerpos se trastocan y nos piden a gritos que nos sentemos a escucharles el romance anaranjado del atardecer. Ese poema que dedica a Federico García Lorca nos pinta más que estampas de un derrotado intentando no serlo, acaso metáfora de un país que se muda, como tantos.

Hay piel y colores y cosquillas en la glosa libre que dedica a Nicolás Guillén. La glosa dedicada a Manuel Ramos Otero titulada También yo, Manuel es una de mis favoritas, sobre todo aquellos primeros verso que con delicadeza susurran: Te gloso aquí Manuel/ mi bien amado/ poeta de tus bichos, tus orgías/ Resplandecen/ no faltan tus poesías /pues al lector el culo has manoseado. Más juego, más jugo lúdico por parte de la habilidosa poeta.

Cuando Pérez habla de Huidobro nos recuerda ese tiempo que se acaba, ese tiempo que no hay que perder; el tiempo que brilla como un cometa celeste. Podemos oler el miedos en este poema, entre verso y verso, y a pesar de ello se nos invita a que nos dejemos caer en ese miedo, al vacío. La artesana construye unas imágenes desde las luciérnagas centellantes, desde los epitafios, desde los árboles y las semillas. Nos invita a caminar y es ahí que comienza el baile lúdico de nombrar. Nos hace la historia del origen y la epistemología de una mujer llamada Eva, de una mujer llamada Ariadna, una mujer llamada Lilian — acaso la misma, acaso diferente —, y entonces llegamos a Melanie, miel de anís, melón, liana fresca, molusco anillo cerrado en sí mismo. La autora nos está amenazando. Y nos reta a que aceptemos que no somos lo que creemos ser. Como si pintara una puerta, un autorretrato, mientras en medio de ese espejo descubierto se sigue perdiendo la existencia sin dejarnos lejos para que no nos perdamos.

Hay una invitación a conquistar, para que nos lancemos con la voz poética en el poema número 38, 'Poema borracho'. Aquí el homenaje se queda en mí, toda vez que me habla de un río que se hace mar, toda vez que presagia a una piel de alguien en la piel de un otro salado. Piel pesada y un "tú" que se hunde borracha y que por supuesto, ostenta un epígrafe de Julia de Burgos.

Hay otros poemas que me seducen. 'Caníbal' y ese mordisqueo de cadáveres que nos pasan por la garganta, esos muertos vivos y andantes que trivializan las lágrimas, esos ojos de pez sin agua que respiran. Este libro es una agradable y maravillosa gesta que explica los interrogantes más agudos de la poeta.

¿Cómo se alimenta uno de 10 muertos? ¿Cómo la luna es nueva y el sol es sangrante? ¿Cómo hay que comer de los Espíritus vivos de los difuntos? La respuesta es volverse caníbal en este mar de resistencia que a veces no entendemos, precisamente porque es la muerte la que nos arrebata todo.

En el poema número 15, titulado 'Caer', la voz versada vuelve a Vicente Huidobro y a Ura quién se lo leyó un día. Lo importante es caer sin vértigo, — insiste — caer o dejarse caer, defender con gracia o con estrépito, caer en cunetas o jardines floridos, de espaldas y mirando el cielo y sus nubes, las estrellas que sonríen y saludan. El poemario tiene gracia, de esas agrias, porque la vida es en sí misma, una sonrisa vertical. El libro provoca sonrisas, nos provoca hasta carcajadas en el muy buen sentido autoreflexivo. La piel de Melanie Pérez Ortiz ya ha sido catalogada, ya ha sido coleccionada en estas páginas en la que los cuerpos son simplemente una excusa.

Enhorabuena por esta ópera prima.

Subversivas: mujeres puertorriqueñas en la lucha

"Todas las desgracias del mundo provienen del olvido y desprecio que hasta hoy se ha hecho de los derechos naturales e imprescriptibles del ser mujer"
—Flora Tristán

Este proyecto se formuló y forjó por casi una década. Nació, como nacen tantos proyectos, por necesidad. Es extraño pensar en la historia o las historias como necesidad, pero en innumerables ocasiones es así. La falta de documentación de las vidas y participación de las mujeres en varias luchas es un vacío que urge atención. Conocer la historia nos permite acceso al legado de esas mujeres de manera más tangible. El interés era conocer sobre las vidas y acciones de mujeres que participaron en varias luchas: el movimiento estudiantil universitario, la lucha por sacar a la marina de guerra de Estados Unidos de Vieques, la lucha feminista y la lucha por la descolonización de Puerto Rico, entre ellas la lucha armada. En ‘la lucha’ (término que usamos para referirnos a los movimientos antes mencionados) hay una historia oral y escrita sobre algunas mujeres. Se conoce de figuras prominentes como Lolita Lebrón, Blanca Canales, Isabel Rosado, y Luisa Capetillo. Sin embargo, de otras compañeras que laboran cotidiana y continuamente no conocemos casi nada. Todas trabajan incansablemente en el anonimato. Muchas desean mantener ese anonimato y expresan que el trabajo que realizan no es con motivo de obtener reconocimiento.

Con esta humildad increíble, que demuestra su tesón y ética de militancia, se ha creado un vacío en la historia. Cada generación de mujeres en la lucha vive un grado de aislamiento, sobre todo con la incertidumbre de saber si sus experiencias son cosa nueva o un ciclo que se adhiere a estereotipos de mujeres y roles de género. En la cotidianidad comenzamos a compartir nuestras historias, las barreras que se experimentan por ser mujeres, o simplemente las anécdotas de los roles que se asignan en los movimientos sociales; como por ejemplo tomar apuntes y hacerse cargo de la cocina. A través de estas anécdotas que aparecen una y otra vez, logramos sentir solidaridad porque lo hemos experimentado como compañeras de lucha. También reconocemos que hay patrones y tendencias que surgen porque las organizaciones están enmarcadas en la sociedad patriarcal que vivimos. Cuando se está inmersa en movimientos de transformación social que en cierto grado promueven patrones de desigualdad, no se puede permanecer calladas ante las inequidades que sufren las mujeres luchadoras. Toda lucha reivindicativa tiene que considerar el asunto de género en su génesis. 




Compiladoras: Raquel Delgado Valentín e Isa Rodríguez Soto
Colaboradoras: Yolanda Arroyo Pizarro y Zulma Oliveras Vega
Paperback 6x9, 162 páginas
Fecha de lanzamiento: 19 de noviembre de 2015

lunes, noviembre 02, 2015

Departamento de Estudios Afropuertorriqueños: gesta, existencia y aportación de mujeres negras durante el auge de la época esclavista


El Archivo General de Puerto Rico alberga tesoros incalculables que deben ser rescatados. En mi trabajo investigativo para el Departamento de Estudios Afropuertorriqueños, proyecto performático de Escritura Creativa, he hallado el espacio necesario para dedicar tiempo y pasión a documentos de primera fuente que evidencian la gesta, existencia y aportación de mujeres negras de gran valía durante el auge de la época esclavista en Puerto Rico (1790 - 1890). El Departamento de Estudios Afropuertorriqueños es una iniciativa interdisciplinaria, intercultural e interuniversitaria cuya sede colaborativa lo son librería Libros AC en Santurce, la Casa Ashford de San Juan, EDP University y el programa Sinestesia de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Carolina. Me honra dirigir un proyecto performático de esta magnitud.





jueves, octubre 29, 2015

Entrevista a Yolanda Arroyo Pizarro para Fundación Nacional para la Cultura Popular


Una voz en palabras para muchos


Por Gabriela Ortiz Díaz
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular


Empoderarse de la pluma para crear una historia radica en un proceso de introspección que, a veces, y más cuando la narración se basa en algo vivido por el escritor, se extiende por años. No hay duda de que las palabras pueden demorar en salir expulsadas hacia el papel en el vuelo póstumo rumbo a la transmigración.

Escribir también es un ejercicio que puede contrarrestar las diferentes crisis, postulado que bien insinúa el lema de la sexta edición del Festival de la Palabra: “Escribir en tiempos de crisis”. En ese sentido y ante la transformación de las maneras de escribir y leer que propicia la internet – hecho que para muchos representa una amenaza para estas prácticas – un escritor ejerce su deseo de hilvanar ideas en textos en respuesta a la crisis social de la época, además, para concienciar sobre algún tema, destruir estigmas y estereotipos, visibilizar y denunciar un mal social, incitar el cambio de palabras por acciones, o desahogar el ser.

Para la escritora puertorriqueña Yolanda Arroyo Pizarro, la escritura significa todo lo mencionado anteriormente y más: es un rescate de nuestra afroidentidad perdida, la que nos han negado al ponerle un velo a esa parte de la historia de nuestra formación racial. Esta prolífera autora de la actualidad de nuestras letras se destaca por su constante producción narrativa sobre la afrodescendencia y la diversidad sexual.
En una entrevista amena para la Fundación Nacional para la Cultura Popular, la ganadora en la categoría de cuento (con el manuscrito “Menorragia”) del Premio Nacional de Literatura 2015 del Instituto de Cultura Puertorriqueña, conversó sobre su proceso de creación.

El lector palpa el hilo conductor de las historias de Arroyo Pizarro al chocar con la viva representación que esta crea de las comunidades marginadas de nuestra sociedad: “A mí no me interesa escribir de los capitalistas, burgueses que se enamoran de otros capitalistas burgueses, de la gente millonaria que las tiene bien fácil”.

“El tema que repito en mis libros es el de la ancestría. Siento que a nosotros (los puertorriqueños) nos arrebataron el derecho de sentirnos orgullosos de los ancestros, más que nada de nuestras antepasadas. ¿Dónde están las mujeres que me formaron? Yo soy una mujer fuerte, pero es porque lo heredé de abuelas y tatarabuelas fuertes. ¿Dónde está esa gente? Esa ausencia me da coraje, me mueve a la denuncia, a querer escribir para que aquellos que padezcan esas mismas preocupaciones tengan una voz”, puntualizó tajantemente la escritora.

“¿Cómo haces para ser voz de tantos, de tantos sectores marginales de la sociedad?”, increpamos de inicio en la entrevista.

“De buenas a primera pienso en el asunto de la locura porque cuando un individuo dice ‘tengo más de una voz en la cabeza’, le adjudican características de loco”. De ser así, Yolanda vive la locura de tener tantas voces disidentes, esas que reflejan gente sufrida, pero combativa.
Aunque dice haber llorado mucho en el proceso de personificar esas voces a través de su personajes, en la actualidad ha logrado un balance emocional, lo que le ha permitido producir tantas historias y así “hacer algo por el mundo en miras de que haya un poquito más de justicia”.

Para lograr una conexión entre los reclamos de esas numerosas voces y las estructuras que amerita la literatura, ha estudiado y leído enfáticamente a escritores que tienen qué decir y saben cómo hacerlo: las estadounidenses Toni Morrison y Susan Sontag y los puertorriqueños Ana Lydia Vega, Magali García Ramis, Luis Rafael Sánchez, Mayra Santos Febres, Luis López Nieves. Además, ha tomado cuantiosos talleres de escritura y está terminando una maestría en Creación Literaria en la Universidad del Sagrado Corazón.

Otro factor que le ha permitido ser altoparlante de voces disidentes es que ha optado por humanizar a los personajes, por hacer pregoneros y eco de muchos, por ejemplo, a Viti el de “Capitán Cataño y las trenzas mágicas” (2015), a todas las mujeres de “Negras” (2013), a Alexia la de “Caparazones” (2013), al abuelo Saturnino el que está de dentro “Animales de apariencia inofensiva” (2015).

En ese mismo proceso se ha dejado educar por los propios personajes, sobre todo en la etapa de investigación previa a la escritura: “me divierto y me entretengo (escribiendo), pero no pierdo de perspectiva que es un acto de educación para mí y para los lectores”.

Tus libros se han difundido por Latinoamérica. ¿Cómo se percibe la literatura escrita por mujeres en América del Sur?”, continúo la entrevista.

Yolanda Arroyo Pizarro, nacida en Guaynabo, pero criada en el barrio Amelia de Cataño, acepta que en América Latina todavía hay prejuicios contra la literatura hecha por mujeres. Sin embargo, su propuesta ha gustado en el Sur porque, a juzgar por ella, “en Latinoamérica ocurre algo ventajoso que en Puerto Rico no. Ellos tienen memoria escrita de esa época que yo siento que me han arrebatado: archivos, libros, documentos sobre la época de la esclavitud. En cambio en este País, como ha sido botín de guerra de alguna metrópoli, se han perdido esos archivos. No están, punto”.

“El escritor ejerce una profesión que está al margen de las corrientes laborales normativas de la sociedad. ¿Esa posición te permite identificarte más con los sectores marginales?”, le cuestionamos.
“Sí, porque observo el dolor desde adentro. Esa observación se ha nutrido con la lectura. El que lee bien y se entera de lo que pasa en el mundo, es bien poco probable que se quede del lado del que oprime”. La destacada narradora de historias utilizar la escritura como herramienta para denunciar la opresión porque “cuando uno ha visto el dolor de cerca, uno quiere hacer algo”.

“¿Cómo has podido posicionarte en el renglón en el que te encuentras dentro de la literatura puertorriqueña y latinoamericana?”, prosiguió la conversación.
“No sé cómo ha pasado. Lo que sí sé es que vivimos en un momento en que la cultura se ha democratizado por la internet. Antes, la mayoría de los textos que se escribían no salían de la academia, no bajaban al burgo. Eso ha cambiado y ha posibilitado que la literatura llegue a más gente”.

De hecho, Arroyo Pizarro fue de las primeras escritoras en Puerto Rico que abrió un ‘blog’ en el ciberespacio y que desde 2005 lo mantiene muy al día. Su éxito también se desprende de que además de su constante producción, vende sus libros en físico y digitalmente.

Entre otros galardones, Yolanda Arroyo Pizarro, recibió el Premio Nacional del Instituto de Literatura Puertorriqueña 2008 y el Premio Nacional de Cuento PEN Club 2013 con su libro “Negras”. Fue seleccionada en 2007 como una de las escritoras latinoamericanas más importantes por el Hay Festival en el Bogotá 39 de Colombia. Ha sido traducida al inglés, italiano, francés, alemán y húngaro. En 2013, participó en el congreso literario OWWA, Organization of Women Writers of África en Accra, Ghana.

Esta, novelista, poeta y ensayista, representante de la literatura puertorriqueña de la actualidad en las afueras del País, escribe por un propósito: “Todo lo que yo publico es una pregunta que le hago al mundo. O sea, yo no escribo porque tengo unas certezas, sino porque tengo unas preguntas”.
Precisamente, logra conseguir las respuestas a esas preguntas con las mismas experiencias que tiene en el transcurso de la redacción o “las que a raíz de la escritura me provee la vida”. Dedicarse de lleno a la escritura le ha permitido encontrarse y “tomarles el listado” a todas esas voces que encarnan sus personajes.

Luego de todo lo alcanzado hasta el momento, la apuesta de la escritora es continuar apelando a las emociones de los lectores mediante las líneas escritas, tal como hacen todos los autores que han sido un modelo para ella y para su trabajo creativo.

Enlace originalL https://prpop.org/2015/10/una-voz-en-palabras-para-muchos/ 

Departamento de Estudios Afropuertorriqueños, proyecto performático de Escritura Creativa dirigido por Yolanda Arroyo Pizarro



¡Estamos de celebración! Acaba de nacer el Departamento de Estudios Afropuertorriqueños, proyecto performático de Escritura Creativa dirigido por Yolanda Arroyo Pizarro, luego de muchos meses de planificación.

El Departamento de Estudios Afropuertorriqueños es un proyecto performático continuo cuya iniciativa propone la creación de un acervo de narraciones en prosa y poesía sobre las aportaciones y vivencias durante la época esclavista en Puerto Rico, con énfasis en las experiencias de mujeres negras trasladadas desde África hasta nuestra Isla. Es una iniciativa sin precedente que responde a la convocatoria promulgada por la UNESCO de celebrar el Decenio Internacional de los Afrodescendientes desde el año 2015 hasta el 2024. Es una idea provocada por la carencia de centros, institutos, programas y facultades que a nivel nacional se concentren en los estudios afrodiaspóricos o  afrocéntricos. El Departamento de Estudios Afropuertorriqueños se concibe bajo el ala de la ficción, la imaginación, la creatividad y la memoria rescatada. Además, nace con el hambre de fomentar las artes y divulgar la necesidad de unificar voces talentosas que brinden un legado concreto y significativo a las nuevas generaciones de lectores de nuestra patria.

La primera actividad del Departamento de Estudios Afropuertorriqueños se realizará en noviembre de 2015. Ya brindaremos más información al respecto. Enhorabuena.  

Acerca de mí

Mi foto
Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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