martes, agosto 02, 2005

Opiniones sobre el arte de escribir
Por Yolanda Arroyo Pizarro

En días recientes estuve leyendo una entrevista a la escritora Ana Maria Matute donde cita lo siguiente: “El escritor es un ser solitario acompañado de sus fantasmas y obsesiones”. Es una frase que me hizo meditar muchísimo. En esa misma entrevista le hacen tres preguntas medulares que me trastocaron. Me di a la tarea de recibir las opiniones de mis colegas aprendices de literatura en esto del arte de narrar. Estas fueron las preguntas que les hice, y que muy gustosamente ellos contestaron:

1. ¿Por qué escribes?
2. ¿Qué papel juega la imaginación en la tarea y en la vida de un escritor?
3. ¿Se le pueden agotar los temas a un escritor? ¿Por qué?

Sus respuestas:

Lourdes Marie López
1. ¿Por qué escribes?
Yo soy como una olla de presión repleta de agua hirviendo. La única manera de dejar escapar las burbujas es, obviamente, plasmando en papel lo que veo en mis sueños. Pero la olla es mágica. Continuamente se llena de agua y vuelve a hervir. Hay días en que trato de ignorar las burbujas que se revientan en la tapa de la olla y entonces veo mis personajes grises y melancólicos en la carretera, esperando a que yo los lleve a cualquier sitio donde puedan recuperar el color. Claro, me dan pena, y entonces pasan a ser parte de mi colección de cuentos no publicados. Quizás se queden así, pero al menos sé que esos personajes no me molestarán más, en buen tiempo.

2. ¿Qué papel juega la imaginación en la tarea y en la vida de un escritor?
Todo depende de lo que quieras escribir, de tu estilo y tu personalidad. En mi caso, escribo de cosas fantásticas y por eso no me preocupa cuando me siento a leer a orillas del lago cerca de casa y escucho a una mamá pato regañar a sus patitos sólo porque quieren saber de qué se trata mi libro “Pato a la naranja y otras recetas”.

3. ¿Se le pueden agotar los temas a un escritor? ¿Por qué?
Yo no creo que los temas se agoten y si así fuera, pues se reciclan. Mira la historia de Harry Potter. ¿Que tiene de novedoso un chico de 11 años, huérfano, que descubre que es mago? ¿Acaso no es la misma que un chico de 11 años, huérfano, que descubre el mapa de un tesoro fantástico? Creo que lo importante no es el tema, sino como se cuenta. La misma historia es diferente dependiendo de varios factores como el tono, el punto de vista y hasta el vocabulario.

Alma Rivera Collazo
1. ¿Por qué escribes?
¿Es una opción no escribir? Si lo fuera para mí, tal vez no escribiría. Pero no lo es. Una sabia ermitaña me dijo una vez que los escritores tienen un germen que le corre por las venas y los hace ver la vida a través de otro tipo de ventanas. Creo que ese mismo germen es el que te hace levantarte de noche, del más profundo sueño y, como dice otra sabia, “tomar dictado.” Es, como dijo Cortázar, exorcizarnos. Escribo porque no hay una sensación que se parezca más a volar que escribir.

2. ¿Qué papel juega la imaginación en la tarea y en la vida de un escritor?
¿Será imaginación o será que simplemente tenemos la habilidad de crear otros mundos? A veces no se siente que te imaginas algo, porque lo vives y te deja sin dormir, o te ataca una oración y sabes que detrás de ella viene el cuento. Creo que más que imaginación es creación. Hay muchas personas con grandes destrezas para imaginar… escribir, por otro lado, conlleva tomar las piezas de lo que imaginas y formar el rompecabezas.

3. ¿Se le pueden agotar los temas a un escritor? ¿Por qué?
Creo que todo depende de las fuentes que utilice el escritor. Galeano decía que para escribir tenía que mojarse la oreja. Todo lo que vivimos, lo que vemos, lo que escuchamos, lo que gustamos, nuestras experiencias y las de los demás son temas para escribir. No creo que mientras se esté vivo se agoten los temas. Sí podemos perder el enfoque, sí podemos salirnos de frecuencia y como cuando la cámara no se ajusta, sentir que no podemos definir lo que vemos. Pero eso es práctica, me imagino yo que es como aprender a caminar. Habrán días que no nos darán ganas de volver a tratarlo porque la última vez nos dimos duro, pero si queremos llegar a algún sitio, tarde o temprano tendremos que intentarlo de nuevo. Otra vez, escribir sí pudiera ser opcional, pero creo que la magia está en que no nos da la gana de dejar de hacerlo.

José Borges
1. ¿Por qué escribo?
A veces para dar una opinión o un punto de vista. Pero en la mayoría de los casos es para sentarme frente a la computadora y ser un dios. Puedo hacer un mundo plano, sacarle una costilla a Eva y crear a Adán, hacer que Abel no muera en manos de Caín, provocar que los humanos invadan Marte… y seguir por ahí hasta volver al mundo “real”. Otras veces quiero exponer cómo veo la realidad o cómo quiero que sea. A veces los personajes o la situación me agarran por las manos y las ponen en el teclado. Me convierto en un conducto para el cuento. Pero al final, escribo porque puedo y porque quiero. No hay nada que me guste más.

2. ¿Qué papel juega la imaginación en la tarea y en la vida de un escritor?
En la tarea, todo. Si no, sería un reportero (aunque muchos tienen bastante imaginación; vea CNN). En la vida, te pueden tildar de loco, irracional, vago, etc. Es difícil explicarlo al que no lo haya al menos tratado. Se creen que es cosa fácil imaginarse algo y escribirlo. También viven vidas aburridas, donde la magia no existe, los fantasmas se explican con observaciones científicas y el dinero y las apariencias son todo. Pero el escritor sabe que los vampiros pueden ser sus vecinos, un espíritu se sabe esconder y los chavos son papeles sin cuentos. La primera vez que viajé en un avión, miré por la ventana y vi las nubes desde arriba. Parecía que me podía bajar en una de ellas y explorar ese “terreno” blanco lleno de castillos fantásticos. Mucho después aprendí que si me apeaba en una nube sólo haría un buen simulacro del vuelo de una piedra. Para mí, al escribir, esa fantasía no se ha borrado.

3. ¿Se le pueden agotar los temas a un escritor? ¿Por qué?
No sé. No me ha pasado todavía. Espero que no.

Siento simpatía por algunas de estas respuestas y hasta me identifico con ellas. Son muy interesantes todos los apuntes que compartieron estos cofrades de letras en formación. En mi opinión, considero que escribo porque tengo algo que decir, tengo algo por lo cual clamar. Para mí la escritura balancea las psicosis que me provocan las injusticias del mundo, los delitos, las dicotomías sociales. La imaginación en mi vida me ha protegido de no desfallecer ante los obstáculos, me ha salvado de no sucumbir en incontables ocasiones al pánico colectivo, o a lo que el propio José Borges ha mencionado en otro escrito como “seguir la corriente del rebaño”. A la vez, escribir me ha dado la fuerza necesaria para afrontar otro día. Sin la imaginación, los mundos que se crean en mi mente serían puro caos sin continuidad, y ése mismos caos se traduciría a mi vida de respirar aire. Afortunadamente la escritura me ayuda a canalizar y orbitar esos mundos.

¿Que si se le pueden agotar los temas a un escritor? Hay opiniones divididas, pero al final todas confluyen en que mientras haya un planeta gravitando, habrá temas dignos de ser contados. Me hago eco de esas mismas palabras.

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Acerca de mí

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"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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