miércoles, abril 25, 2012

Herencia Afro Boricua en Las Negras de Yolanda Arroyo Pizarro


Palabras de la Dra. Carmen Centeno

Las negras nos transporta al mundo de la esclavitud paridora según algunos teóricos de la modernidad. [...] Yolanda Arroyo Pizarro, su autora, nos sumerge en la violencia que los códigos de la época validaban mediante un derecho patriarcal. Su escritura, que  es totalmente transgresora, se cuela por entre los intersticios más íntimos de lo sexual para presentar los cuerpos devaluados y atormentados.  Aquí sexo y tortura van de la mano. Lo (in) justo está justificado en función del poder económico que explota los sujetos femeninos como fuente de nuevos ingresos y de placer. El derecho está codificado en función del poder que se ejerce sobre las otras no solo como trabajadoras, también como reproductoras.

Algunos detalles del texto nos recuerdan al Alejandro Tapia que consignó en Mis memorias lo horrendo de la institución esclavista, sobre todo con su ejemplo de los latigazos a la mujer encinta para lo cual se cavaba un hoyo en la tierra en el que depositaría su barriga para poder castigarla. Las escenas de Arroyo Pizarro son igualmente crudas y en el texto desglosa sus fuentes de información.

El capitán del nao amarra las piernas a la mujer que había intentado escapar en la orilla durante el trayecto de las canoas. Respira poco.  Sus desangradas orejas y orificios nasales no le permiten gritar. Se retuerce, lucha, pero lo hace con un llanto silencioso mientras es levantada en vilo, desde el suelo, por los pies. Cabeza abajo y amarrada también de las manos, varios hombres colaboran para lanzarla al mar. (p. 57)

La escena se cambia. Ahora otra mujer es lanzada al mar. Wanwe piensa que va a ahogarse, pero su final es otro. Cuando deciden alzarla su cuerpo ya ha sido cortado a la mitad por los tiburones. Es un acto de excesiva crueldad que sirve para aterrorizar sicológicamente a las féminas.

Ante la violencia a que son  sometidas las negras la confesión de la esclava Ndizi antes de ser sometida a la horca no resulta sorprendente, sino fruto de la desesperación y acto de resistencia que nos hace cuestionar lo justo y lo injusto ante sus palabras sobre la muerte de los niños:

Los ahogo en el balde de recolectar placentas, padrecito. Presiono sus negras gargantitas con mis dedos y los sofoco. O les asfixio con su cordones umbilicales, incluso maniobrando antes que salgan del vientre. (p.  93)


Autoritarismo, gobernanza y lo (in) justo están íntimamente unidos en esta[s] obra[s], pues el autoritarismo abole la gobernanza, borra las posibilidades de la normativa de lo justo que parta de una ética de derechos humanos. Los autores puertorriqueños han ejercido su palabra para contribuir a la elaboración de una praxis que niegue el totalitarismo y que muestre los efectos del mismo en las vidas humanas, particularmente en esta isla caribeña cuyo estado huele a carroña y corrupción. El terror presentado nos recuerda las descripciones de Eduardo Galeano ante las torturas. Son siempre las mismas, ayer y hoy. Lo mismo en el estadio de Chile bajo Pinochet que en las zonas en que durante la Guerra Civil Española murieron asesinados muchos liberales, cómicos, homosexuales, mujeres valientes. La muerte es la misma en la matanza del 37 en República Dominicana que en los actos de Cerro Maravilla en Puerto Rico.

[Se] ha elegido llenar el vacío de la memoria rota de que nos hablara Arcadio Díaz Quiñones, grabar mediante la escritura el autoritarismo vivido tanto como las resistencias cotidianas; labrar otro horizonte a través de la denuncia y de la invención de otra historiografía, una que nos libere de un estado aséptico, autócrata y excluyente, una que rompa con la borradura de la historia y las trampas del olvido. En este sentido [se] han enfrentado las relaciones de poder no como entes pasivos sino con un campo entero de respuestas como ha propuesto el gran francés [...] Michel Foucault: Una relación de violencia actúa sobre un cuerpo o cosas, ella fuerza, doblega, destruye.

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Acerca de mí

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"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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