miércoles, mayo 03, 2006
Bitácora del viento del oeste
Por Isaac Cazorla
con motivo de la presentación Los Documentados
Conquistar una tierra de riquezas es fácil si se tienen carabelas, pólvora, espadas, cascos y fuselajes en el pecho. Conquistar un pueblo es fácil si los contrincantes sólo tienen arcos y flechas, si sólo tienen lanzas y miedo a los caballos. Conquistar es un verbo demasiado grande para esas presuntas hazañas. Conquistar descalzo es otra cosa, el conquistador real es el que utiliza su ingenio desde la nada, aquel cuyo naufragio continúa más allá del mar, el conquistador es el que se repone entre los mangles, el que vuelve a casa a compartir fortunas y a convalidar ilusiones…
- ¡Junior! Acá hay uno que ya se mareó o se le ha tostado el coco con este sol… a ver si tú entiendes lo que dice…
- Tu dedícate a mirar si viene una patrulla o un helicóptero y déjate de hacerle caso a estos, dile que se duerma mejor, así no te distraes… si sigue hablando pavadas moja un trapo y pónselo en la cabeza.
- ¿Oíste? Junior manda a callarse o mejor: baja el volumen y sigue hablando, así no te mareas...
-¿Junior es tu jefe? Creí que eran socios… Me parece medio maldito, capaz de aventarnos al agua, tú en cambio pareces buena gente…
-Junior no es malo, sólo es firme, nos conocemos desde la Escuela, a los dos nos botaron al mismo tiempo, hemos estado en varios negocios diferentes, pero éste es bueno, aunque a mí no me gusta, Junior me paga bien. Yo lo veo sólo como un servicio de transporte y ya. Unos cuantos viajes más y me retiro, a mí el otro lado no me gusta. Junior sí creo que se queda allá en una de éstas, ya toda su familia está allá, dice que les ha construido una casota en Bayamón.
- Todo el mundo trabaja en construcción ¿no?, yo voy a buscar otra cosa…
- No hay otra cosa. A ver dime, ¿En qué quieres trabajar?
- En un periódico por ejemplo, a mí me gusta el periodismo, las letras…
- Ah… tú te crees que vas a ir a un periódico y vas a encontrar un cartel que diga “se necesita muchacho sin documentos para trabajo de periodista, buen sueldo”….
- Lo que pasa es que a mi me gusta escribir, quisiera escribir novelas por ejemplo, yo creo en el valor transformador de la palabra, de la narración, incluso de la fantasía como la más alta expresión de la realidad…
- Junior!, acá tenemos a Vargas Llosa en la yola, el mismito que escribió lo de Trujillo y Balaguer, se ve menor y más prieto que en la tele pero habla igualito…
- ¡Uyuyuy!, pásalo a primera clase entonces y que te firme un autógrafo antes de que se baje allá en Tereque.
- Algún día escribiré sobre este viaje, sobre la chispa del subcapitán… ¿cómo te llamas? - Ramón García para servirle señor escritor ¿y usted cómo se llama?
- Getulio. Getulio Pichardo
- ¡Uyuyuy!, mejor fírmame el autógrafo como “Vargas Llosa” no más…
6: 15 pm.
- ¿Ven las lucecitas al fondo? ¡Eso ya es Puerto Rico!, ahora todos atentos que si aparece una patrulla se acabó el viaje, recuerden que nadie debe tirarse al mar hasta que yo les diga que pueden nadar, por aquí todavía hay tiburones y estamos muy lejos, es imposible llegar nadando. Están avisados. Tenemos que esperar a que esté más oscuro para seguir avanzando...
- Junior se cree Capitán de verdad, le gusta estar al mando… oye, ¿Cómo era eso de que nosotros somos conquistadores?
- Ya lo dije, el verdadero conquistador es el que se utiliza a sí mismo como arma y defensa, el que cruza el mar desprovisto de todo. Llevar armas no es conquistar, eso es asaltar, nosotros no somos asaltantes, somos conquistadores, todos los que estamos aquí sabemos que en adelante sólo nos espera estar mejor y ¿qué tenemos para eso? Nada. Sólo nuestra mente, nuestra esperanza, hay que ser valiente para lanzarse a conquistar así, sin escudos.
- O sea que si nos coge la patrulla y nos maltratan, le decimos al guardia: “oiga usted, más respeto, que está bregando con valientes conquistadores…” pa’ mi que no nos creen, señor escritor.
- Sólo importa que tú lo creas, pero a mí no me detiene ninguna patrulla y tu mejor hazle caso a Junior y vigila la proa. Además no pueden maltratarnos, eso sí sería ilegal, además somos personas, es pura casualidad que hayamos nacido en la orilla de atrás y no en la de adelante.
- ¿Eso le dirías al guardia? Se va a reír en tu cara
- No tiene por qué reírse, es la verdad. No deberían ser naciones distintas, si al final somos la misma cosa
- Claro que somos la misma cosa pero ellos no lo ven así, y “donde manda guardacostas no manda conquistador valiente en yola….”
- Yo creo que hablando se entiende la gente, es cosa de saber explicar…
- Mejor les dices “Mire señor, yo en realidad soy boricua, lo que pasa es que recién estoy llegando porque nací en la luna….”
8:15 pm.
- No se asusten, estamos regresando un poco porque Junior ha visto unas luces hacia el Este y prefiere esperar unas horas más, si están patrullando lo mejor es esperar a que terminen, no se asusten, agáchense todos y no se olviden de no desesperarse y tirarse al mar.
- Entonces sígueme contando, ¿vas a ser periodista o escritor?
Ya se verá, yo lo que quiero es ser escritor, pero no es por eso que voy a Puerto Rico, allá voy sólo para salir pa’ lante, cuando tenga plata me pondré a escribir novelas, eso es lo que me gusta.
- ¡Uyuyuy! Entonces voy a ser famoso con esta yola, la pondremos en un museo que diga “En esta yola viajó el gran escritor dominicano Getulio Pichardo”…. Yo creo que te tienes que poner otro nombre para que te compren tus libros… si te llamaras por ejemplo García Márquez o Vargas Llosa, entonces ya la cosa cambia pues…
-Por qué Junior retrocede tanto?
- No te preocupes, ¿es tu primer viaje no?, recuerda que si nos atrapan te damos el segundo viaje gratis, eso sí, ahí se termina la garantía, Junior’s delivery sólo hace dos viajes por cabeza, el que quiera otro viaje, tiene que volver a pagar y se le renueva la garantía por dos viajes más.
- Yo no puedo hacer otro viaje, tengo que llegar esta vez
Tranquilo Vargas Llosa, pasado mañana o dentro de dos meses es lo mismo, te acordarás cuando estés escondido en Puerto Nuevo llorando porque extrañas a tu mamita.
- Yo no lloro por esas cosas, soy muy macho para las penas, pero tengo que llegar esta vez, para mi no hay otro viaje que valga.
Ah verdad, me olvidaba que eras conquistador, perdona.
10:15 pm.
- Parece un yate particular, pero está muy lejos todavía. Recuerden: ¡no se tiren al mar!, estamos muy lejos todavía y es imposible llegar nadando. La corriente los va a regresar. ¡No se tiren al mar!
- ¡Despierta escritor!, mira esas luces. Junior dice que es un yate particular, seguro que ni nos van a ver.
- Este es el servicio de Guardacostas de Puerto Rico, permanezcan tranquilos, van a ser rescatados inmediatamente. No se tiren al mar, desde aquí es imposible nadar a la costa. Permanezcan tranquilos…
- ¡Junior!, ¡estos se quieren aventar al agua!
- ¡No me llames Junior idiota!, todos, invéntense un nombre y no digan el suyo, y ya saben lo que pasa si delatan a su capitán. A los que vienen por primera vez, en cinco semanas los volvemos a traer, tranquilos.
- Nos jodimos, Vargas Llosa… ¿Vargas Llosa? ¡Vargas Llosaaaaaaaaa!... Cooño…
lunes, abril 24, 2006
Galardonada Nydia E. Chéverez

Nydia E. Chéverez ha sido galardonada con el Segundo Premio de Cuento en el certamen literario del Centro Cultural de Manatí que tuvo su celebración el pasado fin de semana. El cuento de Nydia titulado La leyenda de los príncipes y los sapos, ya había sacado aplausos y fuertes vítores en una lectura de cuentos llevada a cabo en meses pasados en Café Berlín. La autora muy amablemente nos permite incluir el cuento en este espacio:
Cuento Premiado:
La leyenda de los príncipes y los sapos
©Nydia E. Chéverez, 2005
Érase una vez una princesita a la que le repitieron muchas veces que las mujeres somos frágiles y delicadas como rosas. Que es nuestro fin máximo en la vida el encontrar un príncipe azul que nos haga feliz. Bueno, existe algo de flexibilidad con eso de los colores. No necesariamente tiene que ser azul. Lo cierto es que la princesita se hizo mujer preparándose para conquistar al príncipe que algún día la desposaría. Y así, como en el cuento de hadas en el cual es necesario que la princesa bese a un sapo para que se convierta en su príncipe, encontró muchos sapos a los que besó en su afán de que se concretara el anhelado encuentro.
Pero a pesar de los besos, sapos se quedaban, porque eso era lo que sabían ser. Y en el vano intento de trastocar su naturaleza, se hizo larga la lista de besos a su haber. Con cada nuevo cumpleaños, su desesperación aumentaba. El príncipe no aparecía. Sin embargo, pudo reconocer que en ese proceso, a algunos les tomó cariño y disfrutó de su compañía. Aparte de que descubrió que hasta el sapo más sapo sobre la Tierra, tiene algo que lo hace especial y que su aspecto resbaloso y en apariencia asqueante, esconde atributos que con el tiempo afloran y ya no resultan tan desagradables.
Sin embargo, lo esperado era que siguiera buscando al príncipe y no perdiera el tiempo con los sapos. Así que muy pronto se deshacía del sapo y seguía su inútil búsqueda de encontrar otro príncipe. Y un inesperado día apareció uno…al cual muy emocionada quiso devorar a besos. Mas sólo uno fue necesario para que, para su sorpresa y frustración, se convirtiera en sapo. Del susto, lo echó lejos de sí.
Siguió pues, besando sapos que a pesar de los conjuros de su amor, se negaban a convertirse en príncipes. Veía simultáneamente que a muchas de sus amigas y conocidas le sucedía lo mismo. Y cuando ya estaba totalmente desesperanzada, un día tuvo éxito. Por fin, apareció un sapo al que besó e inmediatamente se convirtió en príncipe. Y se sintió realizada.
Pero su satisfacción duró muy poco. El príncipe que había creado era exageradamente atento y complaciente, y, pasado un tiempo, hasta eso llegó a cansarle. Además percibió que su conducta era una táctica sutil con la cual, en verdad reafirmaba que era su dueño. Aún más, se percató de que era aburrido y predecible. Y un día, para sorpresa de aquellas amigas que envidiaban su suerte, abandonó al príncipe. Lo que más les sorprendió a éstas, que hasta llegaron a pensar que se había vuelto loca, fue la explicación que ofreció para justificar su conducta. Incrédulas expresaron:
—¿Sabes cuántas quisieran tener la suerte que tuviste de encontrar un príncipe?
¿Por qué lo hiciste?
—Porque me amaba demasiado. Me cansé de tanta atención.
De manera que no pasó mucho tiempo para que se encontrara nuevamente en la búsqueda de sapos a los que convertir en príncipes. Hasta que cansada de besar sapos que se convertían en desabridos y predecibles príncipes, decidió casarse con su soledad. Y cuando ya no tuvo afán de encontrar su príncipe, se encontró a sí misma. Descubrió que en el proceso de buscar una leyenda había descuidado su propio ser. Y se sintió feliz.
Mas se percató de que el haber besado tantos sapos intentando trastocar su esencia para hacer de uno de ellos el príncipe de su necesidad inventada, la transformó en lo que ahora era. Y vio que no era necesariamente dañino el estar con sapos, de hecho, podía ser bueno y placentero. Y extrañamente, comenzó a añorar los sapos que, sin darse cuenta, habían llenado su vida. Así que se lanzó a la calle, firmemente decidida a encontrar un sapo con quien compartir su felicidad.
Pero llegó tarde. Ella y todas las que como ella creyeron el cuento de la indispensable presencia de un príncipe, habían besado tantos sapos que se convirtieron en príncipes, que los sapos, eran ahora, una codiciada espécie en peligro de extinción. Para colmo descubrieron que raras veces el conjuro funcionaba al revés. Los sapos convertidos en príncipes, no necesariamente volvían a ser sapos.
¡Qué injusta es la vida! Cuando buscas príncipes sólo encuentras sapos y cuando aprendes a amar a los sapos, sólo abundan los príncipes! Lo cual nos deja sólo dos opciones: o compites por los escasos sapos o te conformas con un simple príncipe. Y el conjuro de amor se transmutó en una especie de maldición infinita. Es por eso que desde entonces, las que nos creemos princesas exhibimos esa afinidad morbosa por los sapos. Y la solidaridad entre mujeres existe, mientras no ansiemos ambas al mismo sapo.
martes, abril 11, 2006
Texto de presentación de Los Documentados
por el admirado colega José Borges

El escritor y colega José Borges dio lectura a un pergamino de presentación sobre la novela de mi autoría, Los Documentados el pasado 6 de abril. Fue un verdadero honor que este joven escribano representara tal acto inaugural a través de una lectura iniciatoria, a modo de inmersión bautismal literaria. Esto lo hizo frente a un sustancioso y convidado grupo que unido por las letras se dio lugar en La Tertulia de Río Piedras, la pasada semana. Antes que él, la afamada escritora Mayra Santos Febres tuvo la deferencia de presentar datos literarios de ésta servidora en una entusiasta ceremonia a su vez dirigida por la célebre gestora cultural Bárbara Forestier.
A continuación, se ha incluido en este espacio, el texto al que dio lectura Borges.
Para ver el original visitar http://elblogdeborges.blogspot.com/
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Buenas noches.
Mi nombre es José Borges, y tengo el honor de presentar la novela de Yolanda, Los Documentados.
Cuando uno considera que la señora Arroyo Pizarro pudo conseguir a un autor reconocido, como Luis López Nieves o Mayra Santos, para hacer esto, el honor es aún mayor.
Es una presentación tardía, ya que el libro salió el año pasado. Como si hubieran realizado una fiesta y la novela estuviese escondida en una esquina, mirando todo lo que pasaba. Entonces, pasan las horas y te la presentan, y te preguntas cómo pudieron llamar esto una fiesta sin su presencia.
Así que, esto es más celebración que presentación; pero no creo que nadie objete el hecho.
Dicho esto, quiero tomar un momento para hacer una confesión pública: estoy muerto de envidia. Sí: envidia.
No sólo porque haya publicado su libro (algo que muchos aquí quisieran poder decir), sino también porque te hace pensar, reflexionar, considerar otros puntos de vista, sentimientos o acciones que muchos narradores no logran.
No sólo lo hace con su primera novela, sino que, ¡lo hace desde el título de su primera novela!
Recuerdo que, cuando escuché el título por primera vez, por alguna razón (tal vez porque soy malísimo con esto de nombres y títulos… apenas recuerdo los títulos de mis cuentos), por alguna razón la llamaba Los indocumentados. Peor, cuando se la mencionaba a la autora, lo hacía con el título incorrecto.
Todavía me pregunto por qué no nunca me corrigió… a lo mejor porque no fui el único que cometió el error.
Pero, dado el tema de la trama, es un error fácil de comprender. Gran parte gira entorno a los inmigrantes dominicanos que llegan a nuestra isla. Palabra denigrante, ¿no? Indocumentado. No tendrán documentos, pero, gracias en parte a esta novela, no se puede decir que no han sido documentados.
Un juego de palabras desde el título. Envidia: 1 José: 0.
Tal vez esté equivocado, pero creo que es la primera obra de narrativa que trabaja el tema desde ese punto de vista. Hay varios autores que han jugado con el tema del inmigrante a otro país, o del puertorriqueño como inmigrante. Sin embargo, no recuerdo ninguna en la que nosotros seamos el país destinatario.
Tema fértil, aunque difícil; posiblemente controversial. Envidia: 2 José: 0.
Entonces, gracias a una gran labor investigativa, la autora nos presenta varias facetas de este fenómeno. Incluye desde el racismo ignorante que creamos, hasta el mercado negro que se forma no sólo al transportar gente a Puerto Rico, sino al transportarlos por la Isla y, en ocasiones, convertirlos en documentados.
Todo entorno a la vida cotidiana de Kapuc, su hermano Vito y su madre, Karen; una familia que se enfrenta a los problemas de la cotidianidad, tan conocidos para nosotros; la lucha de la madre sola; el descenso del hijo al bajo mundo… todo documentado por Kapuc, la protagonista de la obra. Hacen de esta novela un reflejo interesante y bien logrado sobre la realidad de esta sociedad.
Investigación relevante: Envidia: 3 José:0.
Yolanda crea una protagonista adorable, especial. Utiliza un punto de vista casi mágico cuando narra desde la perspectiva de Kapuc. Logra transmitir la falta del sentido de la audición en la niña de manera convincente.
Envidia: 4 José: 0.
Crea un pueblo ficticio tan verosímil, que me hizo dudar sobre su inexistencia.
Envidia: 5 José: 0.
Podría seguir el resto de la noche enumerando las razones por las cuales me causa envidia esta novela. Pero es envidia de la buena, de la que nos inspira a nosotros, la nueva generación de autores puertorriqueños, a aceptar el reto y buscar cómo darnos a conocer... y a respetar.
En verdad no es envidia lo que siento; es admiración.
Hay un hecho que me aterroriza: Sólo 10% de los autores publicados pueden subsistir escribiendo exclusivamente. Y sospecho que el porcentaje de autores puertorriqueños que viven de la escritura es mucho menor. Trabajan como profesores, abogados, educadores, estudiantes, coordinadores… lo que sea. Esto les indica que autores como Yolanda no escriben para vivir… vivimos para escribir.
Requiere valentía, confianza, esfuerzo, dedicación y talento para escribir una obra como ésta. Así que, le doy las gracias a Yolanda por compartir su novela con nosotros. Espero que algún día también podamos vivir de la escritura. Así podrás agraciarnos con más novelas. Espero que de ahora en adelante utilices el título de Escritora donde quiera que vayas. Eso de Instructora Educativa es tu trabajo a tiempo parcial, si acaso.
Aunque dije que esto era más celebración que presentación, vale la pena seguir al menos un protocolo: Novela de Yolanda Arroyo Pizarro, te presento al resto del mundo; querido público, les presento a Los Documentados.
Muchas gracias.
lunes, abril 10, 2006
viernes, abril 07, 2006
domingo, marzo 19, 2006
Actividad Barrigas
17 de marzo de 2006
Al evento fueron cerca de 300 personas. Nunca habían visto mis ojos tanta gente en una actividad literaria. Hubo mucha solidaridad y armonía entre el público barrigón y las barrigonas que leímos. Las risas y los llantos testificaron cada experiencia con la emotividad que se perseguía y pretendía. Al finalizar, la gente se acercó a nosotras para abrazarnos y dar testimonio sobre lo que sus barrigas también han pasado. Nacieron mil historias dignas de ser contadas. Intuyo que habrá secuela. Por lo pronto, mis agradecimientos a todos lo que apoyaron esta iniciativa y a los que han dejado escrita para la posteridad la reseña en sus diarios bloguianos:
Para más fotos e información recuerda visitar el blog
www.lasbarrigas.blogspot.com o escribir al email lasbarrigas@gmail.com.
sábado, marzo 11, 2006
Barrigas
visita el blog lasbarrigas.blogspot.com ¿Qué es el Proyecto "Barrigas"?
“BARRIGAS” es una vigilia y un acto artístico público, libre de costo, que narra la historia cotidiana de las mujeres puertorriqueñas. Lo hace a través de una reflexión escrita de la relación de las mujeres con su barriga. Constará de la lectura pública de varios textos escritos por 12 mujeres que revelan su batalla contra la violencia doméstica, el abuso sexual, la preñez, la maternidad adolescente, la soltería y las imágenes de belleza.
Además “BARRIGAS” cuenta con una proyección expositiva a manera de fotoensayo. La fotógrafa y artista gráfica Migdalia Nieves proyectará un fotoensayo que constará de una serie de retratos de barrigas. Dichas barrigas serán las de mujeres de toda edad, de toda raza y extracción social, exponiendo lo que nunca se expone, la verdadera “cara” de las mujeres de nuestra sociedad, jóvenes y viejas, madres y solteras, preñadas y sin parir, pobres y ricas, gordas y flacas, en fin; mujeres de carne y hueso en su diaria batalla con la sociedad que las compone y, con la violencia que las expone y con el cuerpo que las acoge.
Desde agosto del año pasado, la autora y escritora Mayra Santos-Febres reúne a un grupo de mujeres con el propósito de dirigir un taller de escritura creativa. Este taller ha sido matriz para la inserción de nuevas voces femeninas en la narrativa del país. La activista cultural, escritora y directora de derechos de autor Bárbara Forestier ha organizado un ciclo de lecturas en el Café Berlín del Viejo San Juan donde se da foro a los trabajos de muchas de éstas mujeres. De ahí nació la idea de “Barrigas.” Las participantes en pleno del taller de Escritura Creativa de Mayra Santos-Febres han decidido ampliar las lecturas de cuento de “Café Berlín” durante este mes de marzo- Mes Internacional de la Mujer. Las participantes s6n:
Mayra Santos-Febres (escritora)
Yolanda Arroyo Pizarro (tecnóloga educativa)
Linda Backiel (abogada)
Maqui Benítez (profesora universitaria)
Indira Allende (médico)
Mariana Benítez (tutora)
Neeltje Van Marissing Méndez (editora)
Bárbara Forestier (activista cultural)
Awilda Cáez (administradora empresarial)
Maria Isabel Dátiz (abogada)
Mayté Bayolo (profesora)
Gloribel Delgado (periodista)
Se inivita a todo el público a compartir con las "Barrigonas" el próximo viernes,17 de marzo de 2006 desde las 6:30pm a la lectura de textos "Barrigas" en la Plaza Colón del Viejo San Juan, frente a Café Berlín.
jueves, marzo 09, 2006
aspas
sábado, febrero 18, 2006
Laura Esquivel en la Universidad del Sagrado Corazón, Puerto Rico
Laura Esquivel
Video creado por Yolanda Arroyo Pizarro
Laura Esquivel inicia la gira en Puerto Rico de su nueva novela Malinche. Visitó la pasada semana la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce y habló sobre el proceso creador que la condujo hasta esta nueva saga histórica. Para ver el video, hacer clic sobre la imagen.
domingo, febrero 05, 2006
El aquelarre de palabras
Escritora Invitada: Ana María Fuster Lavín

Boceto para el amanecer de un libro
El susurro de la sangre llenaba la habitación de palabras; él persiste en su infame intento de recordar todas las contradicciones de sus instintos. Los espíritus de sus víctimas rugen acompasados con la tenue brisa que anuncia la madrugada, capturan su silencio y tratan de confundir al hombre en su misión, aunque trastoquen su guarida, él es ya un semidiós obsceno, perverso, las voces van in crescendo, pero ha logrado dejar sordos a sus personajes… Pasan las horas, la soledad es tanta que la sangre rondante es un vapor denso y las palabras fluyen sincopadas; por fin, él se ha mirado sus manos, y a pesar de estar cansadas, los espíritus temen. Él lo sabe y sólo así puede capturar sus contradicciones. Sangre y voces, sombras y palabras, comienzan a gritar, pero ya no se escuchan. En la habitación comienza un aquelarre invocado por la lujuria de un reloj de arena que confunde el principio y el fin de los personajes, pero el hombre sigue su misión sin divagar, controlando los deseos de olvidar su trabajo. Mira su reloj digital y sonríe, le ganó a las horas. El flujo de palabras ha logrado su epílogo, logró terminar su libro de cuentos, el editor lo espera cuando los rayos del sol dancen en el cenit. Comienza a amanecer, la sangre se coagula, los espíritus fueron vencidos. Las palabras, entretanto, siguen con su vuelo de regreso a la sangre y el escritor apaga la computadora.
Del libro de cuentos inédito Bocetos de una ciudad silente
viernes, enero 27, 2006
5 Extraños hábitos
1. Me quito los zapatos en casi cualquier lugar; no importa si es una casa que visite o un lugar público o privado.
2. Me juego con la planta de los pies hasta sacarme los pellejitos con demasiada frecuencia. Luego me da cargo de conciencia porque no es bonito ver las extremidades inferiores de una mujer que casi siempre se quita los zapatos en cualquier lugar del mundo, y cuyas plantas de los pies andan siempre despellejadas y feas.
3. Hago preguntas indiscretas sobre las menstruaciones de mis congéneres, aunque acabe de conocerlas y me gusta tocar a la gente. Es mi forma de saber que sigo aquí, en este planeta, y que lo que veo no es una invención de mi escape creativo.
4. No presto mis libros. Si por casualidad me encuentro en una encrucijada en donde alguien me pide uno prestado y me tiene contra la espada y la pared, “simulo” que se lo presto, y voy y me compro otro.
5. Nunca recuerdo si cerré el portón de mi casa, así que TODAS las veces que salgo, debo regresar a ver si lo he cerrado. El 99% de las veces está cerrado.
Mis 5 victimas:
Jesús Ramos Soodhoo-ramj
Ana Maria Fuster Lavin
Manuel Clavell-Carrasquillo
Joel Feliciano
Isaac Cazorla
jueves, enero 19, 2006
Iluminación
Escritor Invitado: Carlos Esteban Cana
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Carlos Esteban Cana ( Bayamón, Puerto Rico 1971) Escritor, comunicador y coordinador editorial. Fundador de la revista y colectivo Taller Literario. Sus cuentos y poesías han sido publicados en revistas como El Sótano 00931, Borinquen Literario, Cultura y Cundiamor, entre otras. Algunos de sus ensayos y reflexiones sobre la cultura editorial puertorriqueña han llegado al lector a través de periódicos como El Nuevo Día y el mensuario Diálogo. Tiene varios libros inéditos: Novo vía crucis (poesía), Versos apócrifos para la innombrable (poesía) y Fragmentos del mosaico humano vol. 1, vol. 2 y vol. 3 (cuentos).
viernes, enero 13, 2006
Del corazón de Voltaire
Demasiada gente se emociona al leerla. Se ha convertido en la novela histórica favorita de los boricuas, escrita por un boricua. Se ha disparado a otros países hispanohablantes en una gesta que le hace justo mérito al esfuerzo genuino del autor. Un autor que, por años de años, ha creado huellas indelebles en su largo camino por fomentar el quehacer literario del patio.
Que tanta gente la halague no debería extrañar; los libreros del país, los empleados de piso que trabajan en las librerías, los bohemios del café vegetariano, los morcilleros de cafetín, los tertulianos riopedrenses, los viejosanjuanenses, los gestores culturales, las amas de casa, los maestros de escuela, los periodistas, los talleristas literarios, los estudiantes y catedráticos con y sin ínfulas de posmodernismo en las venas, los abogados, los nutricionistas, los poetas. Que toda esta plétora versátil y polifacética de lectores estén dispuestos a sugerirla hasta de regalo de octavitas, lo mismo que para referencia de tesis e investigaciones literarias es todo un fenómeno. Y hablo desde la experiencia. Si me preguntan a mí, es todo un fenómeno como hace años no se ve en las letras de la Isla.
miércoles, enero 11, 2006
necia soy
martes, enero 03, 2006
Fallopian Kiss
Menstruation, collage by Vicky Steptoe Hoy se acabaron los cinco días de mi sangre mensual. ¿Qué culpa tuve de que mi reconciliación con el príncipe se diera durante el segundo día? Por cierto, el más incómodo de los días. Estaba más hinchada que nunca, más adolorida que nunca. Palpitaban las caderas a ritmo de quistes que se derramarán durante la futura ovulación. Desgarre uterino, punzadas viscerales. Pero no podía dejar pasar esta oportunidad de abrazarlo de nuevo, ¡por fin!, de permitir que me acariciara otra vez. Nada de intromisiones a un cuerpo que despide líquidos oscuros acompañados de coágulos; no señor, nada de eso. Pero sí coqueteamos con frotaciones por encima y por debajo de la ropa, dedos entre la blusa y su camisa, agarres de espalda y más abajo; el corazón y el índice en giratorios por el monte Venus. Movibles, volubles, rotatorios. Orgasmos que no conocen de etiqueta de mesa y a los que poco les importa que el segundo día sea el más doloroso. Me acordé después, luego de las emanaciones, cuando terminaron las convulsiones y la ingle continuó temblando en su recorrido por alcanzar pacíficamente un punto indoloro. Me acordé del malestar más tarde. Y mientras los cólicos se aferraban al movimiento telúrico sobre la cama, quise gritar. Acaso la dolencia era apaciguada por su presencia abrazada a mi cintura. Acaso era ignorada por el sabor de su “tratemos de nuevo”.
domingo, enero 01, 2006
Mientras, escribes.
Escritor Invitado: Daniel Navarro
Vino, vio y venció. Lo vieron. Lo vimos. Lo viste. Caminó con su corona de olivos, su espada de roca iridiscente. Nos tomó a todos por sorpresa, se instaló a sus anchas entre nuestros aparejos, discurrió maneras de hacernos creer que era infinito. Y justo cuando ya no pensábamos en él, nos recuerda que ya no está, que se fue ayer. En diferentes tiempos, sin descanso. Levanté el mantel, casi vi la totalidad de tus piernas. Empujé la puerta, te vi desnuda. En el espejo tu mirada de cerca removiendo una pestaña. Desde el patio, vi la cama con las sábanas revueltas. Dormía contigo, conmigo, con todos. Hoy no está. Terminas de pintar tus labios, se escucha que alguien toca a la puerta. Ladra el perro. Me miras. "Alguien llama." Entiendo. Abro la puerta. Tiene corona de olivos. Es él, pero no es. No pide permiso. Sólo entra. Se instala. Sonríe. Un aire de distancia le inunda la vista. Un velo de misterio le rodea. El periódico de mañana todavía no se imprime, mas ya lo trae bajo el brazo. Se instala. Sonríe contigo, te saluda. Hay tonalidad de complicidad. Respiras con alivio. Le das la bienvenida. Mientras, escribo.
martes, diciembre 27, 2005
Anoche
Escritora Invitada: Alma Rivera

Anoche me quedé dormida en el balcón
el rocío cubrió mi piel
y bañó de f'río mis lágrimas secas
las revivió, las cubrió, las besó...
uno de esos besos largos
que borran arrugas y reviven la piel muerta
Me quedé dormida
Soñando con el príncipe que no llegó
con aquel que me había acostumbrado
a fingir que no lo esperaba
aquel que siempre se sentaba
al pie de mi balcón
anhelando escuchar su nombre
despierto
en vela...
Anoche no llegó
Anoche la penumbra me cubrió
ausente de la voz del viejo sabio
anoche fui yo la causa
fui yo la excusa
La guerra no se pierde sin muertos
la batalla no se gana sin sangre
Anoche el silencio abrió mi piel
deslizó lentamente su afilada lengua
anoche sangré,
morí
Anoche el príncipe se acostó
anegado en llanto
no dormía,
no podía
Si cerraba los ojos
el reflejo de mi negrura lo inundaba
y... yo era la sangre,
yo era la muerte
Anoche el príncipe se esforzaba
por recordar respirar
por ganar la batalla
por olvidar
que nadie estaría hoy al pie de mi balcón
que yo no podría fingir
que era é l
quien no llegaba.
__________________________________
Alma Rivera (Santurce, 1967) reside en Caguas. Trabaja coordinando programas de prevención de violencia y ofreciendo talleres de competencia emocional. En la actualidad completa un grado en Estudios Caribeños en la UPR, escribe para una editorial educativa y atiende a tres hijos, un esposo, dos perros, tres gatos (una con tres gatitos), un pez y un hámster. Su cuento “La Réplica” recibió el Primer Premio en la categoría de cuento del 49no Certamen Literario del Departamento de Español de la Facultad de Estudios Generales, Universidad de Puerto Rico. En dicho certamen recibió una mención honorífica en la categoría de poesía, por su poema “Tal vez.” Su cuento “All but the flies” recibió una mención honorífica en la categoría de cuento en el 38vo Certamen Literario del Departamento de Inglés de la misma facultad. Publica en varias páginas y foros: Derivas, LaLupe, Literatosis, Ultraversal y en Borinquen Literario.
sábado, diciembre 24, 2005
domingo, diciembre 18, 2005
Caballos en el desierto
Escritor Invitado: Daniel Navarro

Nunca había escrito algo como esto. Lo hice por ti, odalisca.
El espectáculo era imposible de entender. “El mar no puede desaparecer” me repetía una y mil veces. Inmediatamente supe que la odalisca me había dicho la verdad...
Corrí a las caballerizas. Seguí sus instrucciones. Tomé los animales y traté de salvar la mayor cantidad de agua... escasearía... el pozo estaba casi seco cuando terminé de llenar bolsas de cuero para cada caballo y una para mí... Estaba frenético...
Cuarenta bestias me forjaron caravana. El sombrero me servía de sombra, almohada, plato, vaso, brisa y espejo.
Caballos en fila. Fuimos los únicos sobrevivientes. Por semanas mantuvimos el paso lento amargado de la prolongada búsqueda. Yo los arreé desde el último lugar, al final de la línea, a veces caminando aunque las más de las veces montado. Mi hilera se movía en dirección sur, hacia el ecuador. Había desaparecido el mar y lo único que quedó en Uqbar fueron estas inmensas montañas de sal y arena. Mi pueblo completo un fantasma.
No lo supe entonces, pero el rumbo de mi existencia había sido marcado desde que una odalisca apareciera en mi vida. Ella marcó una esperanza para el cataclismo.
Mi oficio de vaquero en esa hacienda costera, me daba un aire de distancia. Hasta allá llegó. Era bella la árabe. Cada tarde su grupo formaba un círculo donde bailaba. Una diosa. Las mil y una noches sobre la alfombra. Recorrí desiertos imaginarios sobre su cabellera, admirando su mirada entre velos. Entre los tambores y sus movimientos escuché que me repetía una palabra: “Yilan”
No sé qué vio en mí pero yo sí supe que me cautivaba profundamente esa mujer, sus movimientos de la cadera me recorrían las arterias, me exacerbaba la respiración, en cada golpe de pelvis hacia monstruos imaginarios de la nada.
“Yilan” me repetía... ¡qué voz tan poderosa! gritándome entre el estruendo del baile, los movimientos seductores, manteniendo la mirada en mí. Ella era una mujer hermosa y mi piel se erizaba, indudablemente estaba embrujado.
Una noche la busqué.
Ella me esperaba, descubrí con sorpresa.
Trenzadas las manos, me amó como nunca lo había sentido. Fui hombre al sentir un vaivén sobre mi abdomen.
Al conocerla, al amarla, me confesó entre la paz de la tienda que el grupo de nómadas buscaba un lugar donde refugiarse. “¡El mar desaparecerá!” me reveló.
Yo besé su frente. Me pareció un temor ingenuo propio de esa cultura de espiritualistas. Me pidió que no la olvidara y que cuando llegara el día, la fuera a buscar, para recuperar el horizonte, buscar juntos una esperanza.
Nos hundimos en la soledad de muchas noches y en cada una de ella me repetía la misma historia... “El mar desaparecerá”
Mas ese día llegó. Un día, con mi rebaño casi en el corral, había terminado mis labores del día. La noche llegó precedida de un eclipse la noche anterior; un halo la séptima noche anterior; una coloración rojiza en cuarenta noches anteriores...El mar se retrajo con rapidez. No me había dado cuenta, pero el ruido del tropel, los aullidos de los animales, el vuelo insospechado de las aves. Busqué la razón y cuando vi el oleaje retraerse, la mar se alejaba de la línea costera... el agua se movía como en desesperada huída.
Con mis caballos en la arena seguía el rastro de un mar que se había hundido en un punto ecuatorial que la arabesca me había revelado una noche cuando la estrella Altair estuvo en el cenit.
Miraba a la distancia, entre el espejismo lo único discernible era la carne en descomposición de animales y hombres. El hedor insoportable, descubrí una nueva función para mi sombrero: filtro de aire. Rústicamente amarrado en mi cara, con la cabellera de sudor, avancé con mis caballos, hasta que el esfuerzo se acumuló a tal punto que uno de ellos sucumbió, el que punteaba.
El que le siguió ocupó su lugar, hasta que reventó. Eso sucedió tres días después. Con mis nervios destrozados, decidí que cada caballo ocuparía el primer lugar, hasta que cayeran todos. Y cuando cayeran (lo que era previsible), yo seguiría avanzando hasta encontrar ese misterioso punto donde podría entender la catástrofe.
No había ninguna otra alternativa.
Todo había desaparecido. No había otra cosa que un poderoso desierto. Ningún animal en los cielos, sólo cadáveres, osamentas...
Durante una tormenta de arena perdí el resto de mi caravana. Me quedé sólo con mi montura. Resistimos el embate de la arena salada, sin lluvia... sin agua. Se nos terminó cualquier resto de agua y desfallecíamos. Enloquecí... consideré la idea de matar a mi caballo para beber de su sangre... mas no podía, no tenía cómo hacerlo... liberé de riendas y montura al noble animal, moriríamos juntos...
El andar era ya casi imposible. Ensordecido tras la tormenta, todo se hizo silencio repentino.
No escuché nada por un largo trecho.
Mi propio caminar era silencio.
Todo se apagó.
Mi caballo cayó fulminado por un portentoso rayo. Yo perdí el conocimiento ahora que la razón se me escapaba. Moría. Caí cuan largo era, debilitado...
Antes de perder por completo el conocimiento, me alcancé a tocar el brazo porque una sensación me recorrió inesperadamente... era una mordida.
No sé cuanto tiempo pasó. Se hizo de noche.
El silencio se interrumpió por un creciente sonido de tambores y un ritmo repetitivo y energético. Un poder que sentía provenía del ombligo. En mi agonía me pareció ver una visión: Una mujer bailaba, moviendo su vientre y su rostro cubierto de velos. “Es ella”, pensé cuando el sonido se hizo ensordecedor. Al principio con rapidez, posteriormente en forma más lenta, con cada latido, el veneno me recorría cada parte de mi cuerpo, adormeciéndola dolorosamente.
Los oídos me dolían. El ruido de los tambores eran como cascos de caballos en tropel sobre discos de metal.
“Yilan” escuché cada vez con mayor claridad la voz de ella. Me gritaba. Entre su voz femenina, unos cantos de hombres me recordaron aquellas noches de ronda en la caravana de nómadas del desierto. La miré. Me levantó en vilo y me llevó al campamento.
Cuando amaneció, me encontraba en un espacio encerrado, sin embargo era bastante oscuro, alto y esférico, como si estuviera tejido. Ella venía y me curaba, me tocaba la frente. La caravana seguía moviéndose. Yo sentía el movimiento.
Tras días nos detuvimos.
En las noches se encendían fogatas. Parecía cada noche motivo de algarabía. Cuando descubrí el motivo, descubrí que estábamos en un oasis.
“Yilan --me llamó--: Estamos en el lugar donde el mar se concentra” me dijo la odalisca con felicidad, acariciando mi piel. Desde entonces hemos permanecido aquí. El oasis es hermoso, y es como un cuenco gigantesco, o al menos así me lo parece a mí.
Ella me ha dado el mar de regreso. Este es el horizonte marino que ahora nos pertenece.
Soy feliz en el cesto sintiendo la voz, las caricias de mi odalisca. Baila para mí, se menea como serpiente... estoy hipnotizado en su mirada, en su ombligo.
“¿Volverá el otro mar?” No lo sé. Mi condición de Yilan no me permite preocuparme demasiado por asuntos humanos.
Nota.- Yilan es una palabra árabe que significa “Cobra”.
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Daniel Navarro (México, 1953). Posee una Licenciatura en Biología de la UNAM, Maestría en Ciencias (TAMUK), y candidatura a Ph. D. de Florida University. Interesado en la preservación de la naturaleza, particularmente de gatos salvajes, murciélagos y árboles tropicales. Escribe cuento, novela y ensayo.
sábado, diciembre 17, 2005
Desdecir
Amenaza con no beberme hasta secar todos los labios de mi cuerpo.
Amenaza con no quererme; dice que no puede, que no se le antoja y que si aún el cuerpo se lo provocara, no sería justo. Que no puedo desearlo tan sólo por el placer de tenerlo. Que no puedo saciarme de su corriente seminal si no voy a abjurar. Tengo que confesar, y dejar de ser hereje… y dejar esta apostasía que lo hace llorar manantiales.
miércoles, diciembre 14, 2005
Premio “Pepe Fuera de Borda” para Yolanda Arroyo Pizarro
La escritora puertorriqueña Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970) acaba de ser reconocida con el primer premio del concurso “Pepe Fuera de Borda”, en su segunda edición, por su cuento “El coleccionista de latidos”, según dio a conocer este 27 de noviembre la página homónima de Internet que concede este reconocimiento.
Escritora y docente puertorriqueña, Arroyo Pizarro es instructora educativa de tecnología en la Universidad del Turabo. Ha escrito ensayos para la página de literatura Ciudad Seva y columnas para los periódicos El Vocero y La Expresión. Es autora de un libro de cuentos, Origami de letras, y una novela, Los documentados. Su cuento “Rapiña” fue publicado en la edición 132 de Letralia.com.
El concurso “Pepe Fuera de Borda” fue creado en 2004 para premiar relatos inéditos, escritos en español, con argumentos relacionados con la navegación, el mar y otros temas afines.
En esta segunda edición el jurado estuvo constituido por el uruguayo Luis Nin Estévez, los argentinos Corcho Daroqui, Héctor M. Wrublewski, Juan Carlos Domínguez Yela, Roberto Cimadevila y Fernando López Albarellos, y los españoles Íñigo Sainz de Baranda y Juanjo Palacios. Además se contó con la asesoría técnica literaria del escritor, dramaturgo y compositor argentino Eduardo Goldman.
El jurado otorgó el segundo premio a “El cofre de hielo”, de Héctor Daniel Rodríguez, y compartió el tercero entre “No sé qué contar”, de Bernardo Rusquellas, y “Sobre el viento en la noche”, de Jorge Eduardo Lacuadra, todos autores argentinos.
Además se concedió menciones de honor a “Más allá del miedo”, del español Marcelo González; “Mar de Mercurio”, del argentino Sergio Turovetzky; “El mascarón de proa”, de la chilena María Luisa Landman Rodríguez; “Vértigo”, del panameño David C. Róbinson O.; “Carta a Cecilia”, del uruguayo Juan Martín Giansanti, y “La calavera de cristal”, del argentino Germán Gustavo Diograzia.
Tanto el cuento de Arroyo Pizarro como los que recibieron los demás reconocimientos, están publicados en la página Pepe Fuera de Borda.
Fuente: Pepe Fuera de Borda
Enlace en Letralia: Letralia Tierra de Letras Año 10 No. 135
sábado, noviembre 26, 2005
El risco
De Cervantes Saavedra
Ya somos como parientes el risco y yo. Todos los días lo diviso, inamovible, imperturbable. Esperando mi fallo en el freno, para verme irme tras él, sobre él, resbalándome inconsecuente, accidentada. Todos los días lo mismo. Me perturba y me hipnotiza. Carraízo, marea desamparada, deriva. La locura de saberse una tan sola, tan de nadie. Arrecife en la marejada, peñasco en el oleaje; hay un dios pero no logro verlo. No logro entenderlo. Hay una multitud que como yo sufre. Desorbitar los pesares, despojar la vida que no lo es. El risco es un soplo de viento, como partículas de incienso, como cráter lunar en la penumbra. Perdido, pero perenne, siempre allí. Esperándome todos los días. Todo un señor barranco, todo un aborigen que me observa.
Hoy me le (h)echo encima; hoy piso el acelerador y lo encaro, valiente, de frente cual rambla hondonada. Hoy (h)echo por la borda, o por el risco, mis miedos y cobardías y me doy a la tarea de enfrentarlo de una vez.
sábado, noviembre 19, 2005
13er Microrelato Certamen EL ESCRITOR Y LA HOJA EN BLANCO
Por Raquel Albarrán
I
— ¿Trajiste el cuento?
— No.
— ¿Por qué?
— Porque no.
— Has de estar haciendo algo genial, ¿no?
— No.
— ¿Como que no?
— No me sale nada...
— Ay, ¡mira que modesta la nena!
II
Word. A velocidad constante, la luminosidad del cursor oscila unas 66 veces por minuto. Que es lo mismo que unas 3,960 veces por hora. Ó, 570, 240, el silencio de casi una semana.
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Raquel Albarrán (San Juan, 1983) es estudiante de Nutrición y Estudios Hispánicos en la iupi de Río Piedras, aunque cada semestre contempla un cambio de carrera. Está tan ajorada en la Universidad, que ya ni salsa baila. Colabora cuando puede en el blog literario Derivas. Sufre con asiduidad del síndrome de la página en blanco.
viernes, noviembre 18, 2005
12mo Microrelato Certamen EL ESCRITOR Y LA HOJA EN BLANCO
Por Pedro Rodiz
-¡Qué mierda, no me sale nada! Tres horas frente a este jodió papel blanco, tratando de que me salga alguna idea de mierda, para nada.
Se levantó de la mesa el afamado ganador del premio de poesía nacional, y se dirigió al inodoro.
-¡Me cago en nada! Perdí otras tres horas de mi vida de mierda pujando y ni la mierda me sale.
Se incorporó.
-¡Qué mierda! No hay papel de baño.
Se dirigió hacia la mesa de trabajo, buscó un papel en blanco y se limpió.
-Para esto es que sirve la mierda de papel en blanco, para limpiarme el culo.
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Pedro Rodiz (San Lorenzo, 1970) Es director teatral y dramaturgo. No ha terminado su maestría en Redacción para los medios de la Universidad del Sagrado Corazón porque no se acaba de sentar a escribir su tesis.
jueves, noviembre 17, 2005
11mo Microrelato Certamen EL ESCRITOR Y LA HOJA EN BLANCO
Título: El bloqueo del periodista o el placer retentivo antes de manchar la página con sangre
Por Manuel Clavell Carrasquillo
"y las gotas salpicadas por todo su cuerpo frente al espejo
un mero instante antes de mirarse."
—Guillermo Rebollo Gil
Después del qué, el dónde. Luego el cuándo y el por qué. ¿Quiénes? Tomás de Jesús Mangual, una mujer asesinada por su marido -más tarde lanzada al abismo prieto-, la emperatriz Hora de Cierre y una pantalla de ordenador con 3 rayos de luz. RGB les llaman. Los tres chorros chocan contra esa pared de fósforo perforada por puntitos pitch a medida que teclea. MATA ESPOSA Y LA LANZA A POZOMURO. No hubo pausas, culpas ni tampoco páginas en blanco: escribe por vocación profesional y contrato. Nada de escrúpulos de escritorcillo consagrado, sólo hay espacios imperceptibles por el ojo humano y su ética hipócrita entre la propulsión de electrones que al otro día forman titular de portada con letras rojo sangre.
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Manuel Clavell Carrasquillo (San Juan, 1975). Crítico literario de la revista Letras: Creación y Análisis Cultural, del periódico El Nuevo Día. Ha publicado reseñas literarias, cartas, crónicas, ensayos y disparates a través de la Internet. Tiene un libro epistolar inédito titulado Cursi, kitsch y queer: Correspondencia cibernética (1999-2005) y un poemario —también inédito— titulado Lírica postcolonial: Instrucciones para destruir panfletos. Además de postear en Derivas, es artífice de la Redacción del blog Estruendomudo.
10mo Microrelato Certamen EL ESCRITOR Y LA HOJA EN BLANCO
Por Angelo Negrón Falcón
— Cayó en coma desde hace dos semanas — explicaba la mujer en el teléfono — no sé, simplemente se desplomó de su silla. Estaba frente a su vieja maquinilla. Diez minutos antes comenzó a transpirar. Fue algo muy rara su actitud. Sacaba el papel de la maquina, lo observaba, arrugaba y luego lanzaba al bote de la basura sin siquiera haber escrito algo. Si, si casi llenó el zafacón de papeles en blanco. ¿Cómo? Ah: El doctor dice que es un estado muy raro. En los estudios que le realizaron la semana pasada encontraron una gigantesca actividad cerebral y sin embargo no es capaz de mover un dedo. Sólo está ahí, tendido en la cama; con todas esas mangas y maquinas que parecen, más bien, extensiones de su cuerpo. Bueno; hecho un vegetal: con los ojos abiertos y una mueca de felicidad que no acabo de entender. Nunca lo había visto tan feliz —sollozó — Ni siquiera cuando ganó el premio nacional de literatura. Si, si. Te espero. Ven y charlamos un rato, ahora no puedo porque la enfermera me esta haciendo señas de que apague el celular. Hasta entonces…
—Ahora es el momento — mencionó la editora en jefe a su asistente — Nada más oportuno — prosiguió — Llama a todos; reunión en cinco minutos…
—¿Qué sucede? — cuestionó él.
—¿No me escuchaste en esa llamada? El viejo está en coma. Este es el momento para una magna conferencia de prensa y avisar que la antología de sus cuentos está lista…haremos billetes de verdad…
Vaqueros, prostitutas, políticos, asesinos en serie, naves espaciales, hadas y monstruos. Todos juntos correteaban, convergiendo, por el cerebro despierto del viejo escritor. Cada historia lograba tener desenlace y final, pero lo que más le fascinaba es que por fin, tras meses de intentarlo, cada relato tenía un comienzo…
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Angelo Negrón Falcón (New Jersey, 1969) Cursa estudios conducentes a bachillerato en mercadeo de la Universidad de Puerto Rico. Sus cuentos han sido publicados en la revista y colectivo Taller Literario.
miércoles, noviembre 16, 2005
9no Microrelato Certamen EL ESCRITOR Y LA HOJA EN BLANCO
Por Joel Feliciano
Primera parte
Y cuando el papel en blanco se levantó y flexionó sus esquinas superiores con pose de karateca, el escritor supo que no escribiría ni siquiera una palabra hoy.
Segunda parte
Y cuando el escritor blandió su bolígrafo de tinta china como una espada de esgrima contra el papel, pero el papel se arqueó por el medio y con un zarpazo le tumbó el arma; el escritor supo que no escribiría ni una palabra más.
Tercera parte
Y cuando la cara del escritor ardía con heridas rasgadas por las sus filosas esquinas del papel, el escritor supo que las siguientes palabras de su vida estarán escritas en su epitafio.
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Joel Feliciano (Bayamón, 1981) Graduado en Comunicación, de la Universidad de Puerto Rico. Trata de filmar cortometrajes cortos junto a la organización Séptimo Arte de dicha universidad. Fue editor de la revista Tonguas, donde aparecen algunos de sus escritos publicados. Puede visitar su página: www.joelbuki.blogspot.com
8vo Microrelato Certamen EL ESCRITOR Y LA HOJA EN BLANCO
Por Isaac Cazorla
Esteban se despidió apurado cuando comenzaron a hablar del fantasma de la página en blanco. Estos amigos suyos sufrían para escribir la primera palabra del día y hacían de ello un drama. Sonrió consigo mismo mientras se dirigía a su estudio sintiendo que por alguna razón lo habían llamado a él, justo a él y sólo a él para encargarle una columna en la nueva revista literaria. Era momento de tomar distancia del montón, que se queden hablando de sus fantasmas, yo me voy a escribir la columna ahora mismo.
Se instaló en su escritorio y escribió frenéticamente durante un rato, cuando terminó volvió a sonreír. ¿Página en blanco? ¡Ja! Había escrito todo de un tirón, como siempre, ¡las ideas son lo que me sobra! Mañana mismo entrego esto para la primera edición.
Al día siguiente se levantó temprano y antes de imprimir le dio una lectura orgullosa a su escrito ¡Ja! Se me había escapado esta frase en otro tiempo –se corrigió a sí mismo- y se puso a editar delante del monitor. Ajá, así está mejor. Espérate que esto parece en rima jajaja, volvió a revisar, todo este párrafo no va con el resto, lo arreglo en un santiamén. Listo. Ahora se ve mejor pero es muy largo, en realidad debería economizar algo el lenguaje, vamos a ver... creo que está muy académico, vamos a cambiar algunos términos, veamos... ¿cómo se puede decir “metatexto” de una manera más vulgar? Espera vamos con calma, puedo cambiar el enfoque mejor para que todos entiendan, bien, este párrafo se va, esto... estaba conectado con lo otro, bueno, también se va y ya.
Fue en ese momento que una gota de sudor resbaló desde su frente y sintió una ligera angustia, pero esto lo resuelvo en un ratito, vamos a volver a escribir todo, pero voy a usar algunas partes ya escritas, a ver, esto mejor que se quede como idea central, bien, pero más reducido, aquí hay mucho adjetivo, hay que ir al punto, bien, voy a dejar sólo las ideas básicas y luego les pongo el relleno, hoy no sonreía como ayer, esto de la bienvenida a la revista me parece muy folklórico sale también... mejor borro esto también y uso sólo el principio.
De pronto vio que sólo quedaba un párrafo escuálido y triste, y por primera vez temió al vacío. Mientras tanto el fantasma comenzaba a vestirse de blanco y a sonreír consigo mismo.
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Isaac Cazorla (Ica-Perú, 1970) es Bachiller en Humanidades con mención en Historia por la Pontificia Universidad Católica del Perú y Magíster en Educación y Multimedia por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha publicado libros de Historia del Perú y artículos de historia y gestión cultural en diversas publicaciones periódicas. Vive en Puerto Rico desde el año 2000.
7mo Microrelato Certamen EL ESCRITOR Y LA HOJA EN BLANCO
Por Lourdes López
La hoja en blanco, todavía careciente de palabras, se retuerce de dolor mientras el lápiz de punta afilada la rasguña con frenesí.
-¡Sólo una palabra! - Implora al lápiz la hoja ya mutilada con borrones, tachones y símbolos sin significado.
-Una palabra es suficiente para escribir un cuento.-
El lápiz comprende su misión y escribe una palabra. Luego dos. Luego cien. La hoja ya no está en blanco; sobre ella yace un cuento.
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Lourdes López (San Juan, 1967) Posee una maestría en comunicaciones de la Universidad del Sagrado Corazón. Actualmente se desempeña como coordinadora de mercadeo y relaciones públicas y reside en Florida, USA. Sueña con liberar sus cuentos de la tiranía de su computadora.
6to Microrelato Certamen EL ESCRITOR Y LA HOJA EN BLANCO
Por Jocelyn Pimentel Rodríguez
Escribió. Pensó que entre dos palabras, si no te pierdes, te encuentras.
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Jocelyn Pimentel Rodríguez (Santurce, 1980) Posee una Maestría en Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico. Aspirante a poeta. Figuró como finalista en el Certamen de Poesía Olga Nolla 2005 del periódico El Nuevo Día. Colaboró en la elaboración de numerosas publicaciones y exhibiciones como parte de su trabajo en el Archivo de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico. En la actualidad se inicia como arquitecta en entrenamiento en el mundo real y el de las palabras. Su página personal la puede visitar en http://ojitosdemar.blogspot.com/
martes, noviembre 15, 2005
5to Microrelato Certamen EL ESCRITOR Y LA HOJA EN BLANCO
Por Luis N. Saldaña
Cuando el hombre se cansó de rascarse la cabeza y abandonó el ordenador con la pantalla en blanco, el lagartijo brincó sobre el teclado y comenzó a bailar.
Aún escribe cuentos maravillosos. De vez en cuando usa la cola para poner los acentos.
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Luis N. Saldaña (España, 1967). Sueña con dejar de ser abogado para convertirse en lagartijo. Estudia en la actualidad una Maestría en creación Literaria. Participa activamente de certámenes literarios nacionales e internacionales.
lunes, noviembre 14, 2005
4to Microrelato Certamen EL ESCRITOR Y LA HOJA EN BLANCO
Por Nydia E. Chéverez Rodríguez
Imploro a la diosa de las palabras. La que pare las ideas que se cuajan en creaciones sobre el papel. Al principio no escucha mis ruegos. Será que le divierte la desesperación de mis manos truncas que anhelan deslizarse con agilidad sobre el teclado y exorcizar los demonios del “no se me ocurre nada”. Dispuesta a humillarme con tal de que me bendiga con el don de la expresión; con sincera devoción y fe, oro: creadora del lenguaje, patrona de las más inefables emociones y sentimientos que a través del decir, del canto o la poesía nos hace trascender la fugacidad de la vida y vivir eternamente en aquellos que nos incorporan a sus recuerdos; aquellos que viajan por las neuronas y se almacenan en el cerebro o los de los sentidos que estimulados por algún delicioso aroma, un suave roce o caricia, una visión hermosa, o, un halago o susurro seductor que se desliza suavemente por los oídos , se traducen en un borboteo de palabras, de sonrisas... o de gemidos. Por el poder creador que me concedes, me alientas a creer en ocasiones, que estoy hecha a tu imagen y semejanza. Me creo un pequeño dios cada vez que, como si fuera barro, amasijo las palabras que me regalas y que sobre el papel en blanco, fecundan y se convierten en nuevas criaturas: cuentos, cartas, poemas, discursos, y un sinfin de hijos e hijas que con orgullo muestro a los demás. Aunque como dijo Gibrán, sé que han venido a través de mí, pero no me pertenecen. A través del internet, la grabadora, la televisión, la radio y todas las maneras de difusión posibles, se van regalando a todo el que los necesita o quiere recibir.
Diosa de las palabras: eres la madre eterna. Yo, a través del intelecto y la emoción, soy la hija: el papel en blanco es el espíritu que completa esta santísima trinidad que llamaremos literatura. A través de ella muchos se salvarán de la apatía y la incultura. Aquellos que estén dispuestos a recibirla, serán liberados del pecado de la ignorancia. Los convertidos serán un ejército poderoso. Sus infalibles armas serán las palabras. Y la palabra nos hará libres...
Diosa de las palabras; aquí estoy, dispuesta a ser una de tus fieles apóstolas. Intenta intimidarme y frustrar mis intenciones la página en blanco. Me siento tentada a rendirme, a huir y no escuchar el llamado de tu voz... Estoy enferma de inacción, me siento débil e indefensa. Sin embargo, como el mantra de un rosario, repito sin cesar: señora, tal vez no soy digna de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Y se hizo la luz en mi consciencia. La diosa se reveló y me hizo ver que mi petición ya estaba concedida.
- ¿Pero qué pides hija mía, que no tengas ya en tu poder? ¿Acaso no ves que has vencido a la página en blanco, que dejó de serlo porque, precisamente, la has llenado con tu plegaria?
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Nydia E. Chéverez Rodríguez (Morovis, 1957). Profesión: Educadora en Salud Pública. Aspirante a escritora. Publicó el libro de poemas: De soledad, desamores(¿adicciones?), y otras pasiones(1997).
domingo, noviembre 13, 2005
3er Microrelato Certamen EL ESCRITOR Y LA HOJA EN BLANCO
Por Manolo Coss
La retó con su mirada amanecida por minutos, por horas, mas no respondía. La insultó y culpó por su extravío creativo y hasta le sonrió implorante mientras caminaba en desganados círculos viciosos… Pero ahí seguía, indiferente, pálida, fría.
Como tantas veces esa noche, el escritor estranguló a su más adorada enemiga. La comprimió en una mano, se despidió de ella con frustración y la lanzó al zafacón que ya desbordaba bolitas blancas de papel.
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Manolo Coss (Santurce, 1953) Periodista de vocación y profesión. Ha publicado reportajes, crónicas y ensayos en varias publicaciones del país. Se inició en el Taller de Cuentos en marzo de 2005.
sábado, noviembre 12, 2005
2do Microrelato Certamen EL ESCRITOR Y LA HOJA EN BLANCO
Por Jennifer Pagán Colón
Hubo una vez un hombre que deseaba ser escritor. Los dioses escucharon su plegaria y le dieron de regalo mil ideas. El hombre examinó las ideas, una por una, y se dijo que ninguna servía. Ofendidos, los dioses le enviaron cien mil ideas, todas a la misma vez, que halaron la mente del hombre en infinitas direcciones hasta que al fin su cabeza explotó. La detonación hizo un hueco en la realidad que creó el primer hoyo negro.
Los dioses examinaron el hoyo negro y vieron que era bueno. De vez en cuando escogen un escritor y repiten el experimento.
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Jennifer Pagán Colón (Guayama, 1983) Graduada de periodismo de la Universidad del Sagrado Corazón, donde actualmente cursa su maestría en Creación Literaria. Ha escrito artículos para Diálogo, Tecnetico.com y El Nuevo Día.
viernes, noviembre 11, 2005
1er Microrelato Certamen EL ESCRITOR Y LA HOJA EN BLANCO
Por Ramonita Irizarry
-Ahora sí que es verdad.- me dije, sentada frente a la pantalla... perdón, frente a la hoja de papel en blanco.
-No te asustes, es sólo un cuento. Es verdad que hace mucho que no escribes, pero ya verás como te fluye la creatividad. Además, lo tuyo son los relatos cortos. No te gusta abundar mucho. ¿Verdad?
-Ujúm.- Balbuceé, y sentí como el pecho me quiso reventar.
-¡Ajá! Ahora resulta que tienes miedo. ¿No te da vergüenza?
Me levanté de la silla y me fui a la cama, pero no pude dormir. Me resigné. Aproveché para leer algo de la novela de Vincent que había dejado en la mesita de noche.
Ya amanecía. Regresé a la biblioteca con la esperanza de producir algo. Me senté a escribir. Frida, mi perra, se acostó cerca. Siempre me acompaña.
La hoja en blanco seguía allí, esperando a que comenzara mi relato. Se burlaba de mí. Su risa me dolía como un aguijón.
-Qué frustrante. ¿A cuántos les habrá sucedido lo mismo? ¿A ninguno? ¿A todos?
Agarré la hoja de papel, la rompí y la eché al canasto. Saqué una nueva.
-Ahora sí, volveré a intentar.
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Ramonita Irizarry (Santurce, 1962) Posee un bachillerato en publicidad y acaba de completar una maestría en redacción para los medios, con especialidad en relaciones públicas, de la Universidad del Sagrado Corazón. Es madre de una joven de 18 años y esposa de un profesor universitario
jueves, noviembre 10, 2005
1era Convocatoria Certamen Boreales: EL ESCRITOR Y LA HOJA EN BLANCO
Los microrrelatos deberán ser sometidos a yolanda.arroyo@gmail.com antes del 19 de noviembre de 2005 y deben tratar sobre asuntos relacionados con lo que sucede cuando el escritor se enfrenta a esta situación de modo directo o indirecto.
Los microrelatos, inéditos y originales, o sea, creados para propósito de este certamen, serán publicados en la página de literatura “Boreales… Escritos de Yolanda Arroyo Pizarro” (http://narrativadeyolanda.blogspot.com/) a medida que vayan llegando, y desde allí podrán ser leídos y comentados por los visitantes.
Se exige que los microrrelatos no excedan la extensión de una página a doble espacio y que se atengan a la economía del lenguaje (ver reglas similares de microrelatos en el blog de Manuel Clavel Carrasquillo, talentoso propulsor de este tipo de iniciativas en blog, en http://estruendomudo.blogspot.com/2005/10/ier-certamen-de-microrrelatos.html ). Adicional, con el microrelato, el autor debe enviar una foto suya que lo identifique y una corta biografía de cuatro o cinco líneas.
Cuento: Hormigas de azúcar por Yolanda Arroyo Pizarro
A veces se distinguen lloriqueos, movimiento, desesperación en la cuna. En ocasiones silencios. La primera llegó a la boca comandada por la interacción química de la leche y el azúcar en el biberón. La segunda siguió el rastro de feromonas en fila india. La tercera y la cuarta le hicieron cosquillas e hizo que se echara a reír. Subió y bajó manos y piecitos, giró la cabecita y allí se encontró con la decimoquinta, con la vigésimo segunda, con la centésimo primera...
Mientras los relojes blandos de Dalí siguen marcando la hora en la desgastada y fétida copia cuarta categoría de un crepúsculo, las fosas nasales se van llenando. Lo mismo ocurre con las orejitas a medida que la estampa en estarcido de la seda, se habita por una solitaria mosca y, dicho sea de paso, las hormigas que suben hacia el reloj de bolsillo. Un resbaloso óleo derretido se observa desde el catrecito que se menea defendiéndose de los insectos. Completando una tríada de relojes aparece otro a punto de deslizarse, y este acapara miradas... atrae unos ojitos asustados. Horror, sorpresa, ante la cosquillosa sensación que poco a poco se convierte en asfixia cuando el resto, que ya lo arropa casi por completo, se dirige motivado por el rastro de dulce hacia lo que queda sin cubrir de la boca.
15-9-2003
sábado, noviembre 05, 2005
El peor crítico
Escritor Invitado: José Borges

Sale del baño. Luego, se sienta frente al computador y observa la página en blanco que ilustra la pantalla. Sabe que necesita comenzar; el resto es fácil. Escribe una oración. La lee y la borra. Piensa. Investiga diferentes páginas en la red acerca del tema, busca palabras en diccionarios y enciclopedias. Escribe un párrafo, dos. Lee lo escrito. Selecciona con el cursor los dos párrafos y hunde la tecla gris con letras negras que dice “DEL”. Va al baño. Regresa inspirado. Escribe cuatro párrafos. Espera a que el cuento se cuente. Va al baño. Regresa. Relee el texto. Borra todo. Enciende un cigarrillo, se toma un café, se pasa la mano derecha por el cabello, verifica los correos electrónicos, lee parte de un libro, se corta las uñas, se rasca el pelo… se acuesta para pensar y se duerme.
Despierta, va al baño, después a la cocina. Sirve un vaso de jugo de naranja. Se sienta frente al computador, ya caliente. Comienza a escribir. Una oración. Un párrafo, dos, tres. Una página, dos, cuatro, siete. Lee el texto. Regresa al baño. Pasan tres minutos y vuelve al computador, a las páginas, al cuento. Relee. Escucha al cuento. Borra todas las páginas y comienza a escribir otra vez. No para hasta llegar al final. Imprime el texto. Enciende otro cigarrillo mientras espera. Recoge los papeles y va al baño.
Se para frente al espejo y le enseña el cuento a su reflejo.
-Aquí está. ¿Satisfecho?
Espera con los brazos extendidos ante el espejo, aún mostrando los papeles blancos con letras, palabras, páginas…cuento. Parece enseñar un hijo.
El reflejo asiente con la cabeza, apaciguado.
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José Borges (Queens, 1972) Estudiante de Maestría de Creación Literaria en la Universidad del Sagrado Corazón. Escribe para el colectivo Derivas.net. Ha publicado en la página Narrativa Puertorriqueña del escritor Mario Cancel y es moderador del Taller Virtual de la página CiudadSeva.com
domingo, octubre 30, 2005
El Mejor Amigo
Escritor Invitado: Joel Feliciano

I
Ya era tarde, se nos acabó el tiempo. No lo pude decir. Mi mejor amigo... está por ahí, no sé dónde.
Sí, mi mejor amigo, lo supe aunque no me lo dijo.
II
Era víspera de la graduación de sexto; éramos sólo niños; hacía calor y jugábamos en un pasamanos.
-¿Sabes qué?
-¿Qué?
-Me aceptaron en aquella escuela.
-¿Ah sí? -bajó la cabeza. -¿Y vas a allí?
-Sí.
-¿Por qué?
-Porque es buena escuela.
Él estaba sentado en cuclillas jugando con la arena, yo guindaba del pasamanos. El silencio hizo gritar a la campana hasta que se cansó. Él levantó la mirada y
dijo:
-No te vayas.
En ese momento no supe lo que quería decir y entramos al salón.
III
Gran fiesta fue la graduación, jubilosa, bailamos y gozamos y reímos y brincamos hasta que su mamá lo llamó diciendo:
-Vámonos.
Nos despedimos como si ese fuese otro día más.
-Adiós. -dije.
-Nos vemos. -contestó él.
...Sin imaginar que esa sería la última vez que nos diríamos adiós.
IV
Ahora, que ya es tarde, comprendo aquellas palabras... Pero cuando fui a buscar nuevamente su amistad a la casa, ya no estaba.
-Se mudaron a qué sé yo dónde... lejos. -dijo un vecino.
Se me acabó el tiempo, no lo pude decir.
Qué no daría por saber qué ha sido de su vida: si maleante o sacerdote. Si recuerda, como yo, aquellas palabras cuando gritó la campana y él levantó la
mirada:
-No te vayas.
Pero en ese momento no supe lo que quería decir y entramos al salón...
Octubre 1997
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Joel Feliciano, (Bayamón, 1981) Graduado en Comunicación, de la Universidad de Puerto Rico. Trata de filmar cortometrajes cortos junto a la organización Séptimo Arte de dicha universidad. Fue editor de la revista Tonguas, donde aparecen algunos de sus escritos publicados.
sábado, octubre 29, 2005
Cuento: Orión por Yolanda Arroyo Pizarro
Comencé a olvidar los retazos de aquel romance importante en medio de un fatal diagnóstico: “Alzheimer-prematuro-de-mal-de-amores”. Así lo había sentenciado el médico de turno luego de descubrir que a mi tan corta edad—solamente treinta años— se desintegraban mis memorias sin remedio ni causa aparente. Los colapsos demenciales que rodeaban mi amnesia progresiva dejaban rastros y marcas imborrables de una vida que se esfumaba, que desaparecía. Comenzó a hacerme falta nuestro primer beso, las primeras caricias, los primeros poemas, su voz, mi temblar debajo de su cuerpo. Con el tiempo me hizo falta la memoria de ellos, los besos contra las puertas, los orgasmos con esencias precolombinas. Después se hizo imposible retener el dulce sabor de recordar tales reminiscencias. Luego aparecía difusa la constancia de aquello relevante que se sabe ha sucedido, pero que no se sabe cuando sucedió. Memoria maldita, ¿habrá pasado? Era como experimentar un olvido de maletas en medio de un viaje largo, sin saber específicamente el qué ni el cuando se olvidó.
Afortunadamente lamió mis mejillas la constelación, hecha toda una enjugadora de mocos de chiquilla. Tesoro celestial; tan misteriosa y a la vez tan bella. La estrella borrosa que descubrí desconsoladamente en el centro de la espada, en realidad nunca fue una estrella, sino la conocida nebulosa de sorprendente belleza. Su brillo etéreo no me fascinó de inmediato. Fue después, luego de mi llanto de dolor por la pérdida inevitable de aquello que no había recordado. Y fue porque ella misma, la propia Orión, abrió su gran espiral en forma de galaxia y vomitó a dos de sus gigantes hasta mí. Betelgeuse y Rigel se arrastraron por todo el hado celeste azabache y depositaron su paño debajo de cada uno de mis ojos.
Mientras más líquido salado caía de mis pestañas, más se acercaban los cuerpos celestiales a mis mejillas. Susurraron “Gabbar” en mis oídos; el cazador, el fuerte. Musitaron la equivalencia en hebreo: guibbóhr. Un gas resplandeciente despidió pequeños óvalos borrosos que sirvieron de fuentes recolectoras. Borrones de luz anaranjada entre mis mares, dentro de mis corrientes de ríos, no intentaron consolarme, sólo secar el océano.
Girando de la cuna a la tumba estelar, el Hacedor de las constelaciones le permitió explotar debajo de mis pupilas. “Los tiranos altivos y orgullosos serán abatidos y los cuerpos celestes dejarán de despedir luz”, dictaminó en el libro ancestral de excelsa sapiencia, por allá entre páginas de Isaías. Con la promesa alguna vez de apagarse, Orión pareció caminar hasta mí amenazante, arco en mano, en dirección a la constelación Taurus. Con un pequeño sollozo del fondo de mi pecho puede verse, cerca de la punta del cuerno meridional del toro, una tenue mancha de luz que se vuelve invisible de a poco entre cada recuerdo.
Con cada pétalo memorable caído, Rigel expande su vivero estelar azul como la neblina. El viento que sopla en cada zancada para ir a secar mi latir, congela mis pasos. Betelgeuse abriga de rojo, para evitar la hipotermia sentimental, toda mi piel, y me toma de la mano con cada pañuelo que abre para secar mi rostro.
Todavía hoy sigo olvidando. Con fortuna, después de cada matiz de lienzo pintando el horizonte como mapa tridimensional de todos los universos. Sé que en alguna ocasión deberé no recordar que olvido. Los cartógrafos cósmicos descubrirán los paños alfa y beta que han enjugado mis lágrimas, entonces un tapiz de galaxias que ha de extenderse por millones de años luz en nuestro entorno dejará de pulsar. Finalmente ese día, olvidaré tu nombre.
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Del libro de cuentos Origami de Letras, 2004
domingo, octubre 23, 2005
La despedida
Escritora Invitada: Ketshándrivel Bermúdez

Se me quedó la puerta de la casa abierta y ha entrado un hombre deprimido a llorar encima de mi cama. Estoy escondida en el armario, ahogando mi tos con las mangas de las ropas. El polvo me tiene fatal y los nervios me han aflojado la vejiga. No sé quién es. Nunca lo he visto. La silueta no se ve bien desde las ranuras de la madera. Tengo muchas ganas de orinar y mi tos me tiene las pantaletas húmedas y a sólo un salto de derramarme. No sé si gritar, orinarme encima y de paso toser con toda la fuerza que el malestar en la garganta me exija. Llora y cambia de tonos, tiene un brillo inusual, no sé si es un efecto de la luz. Se ha acostado para oler mis almohadas. Llora sin pausa. Llora como si le hubiesen arrancado un brazo o una pierna. Luego de varios minutos el llorón toma una de mis fotos de la mesita de noche y sufre con toda su alma al verme. Lo más que detesto es estar tan lejos del celular, lejos del baño y con el malestar de ahogarme con las cosquillas imprudentes del resfriado. Luego de cientos de gotas de lágrimas, el tipo se fue de mi cuarto. Escucho sus pasos alejarse y la puerta principal cerrarse. Ya mis piernas se bañaron de orín y lentamente abro el armario. Corro en la punta de mis pies y verifico los alrededores. Afortunadamente, no hay nadie. Corro al teléfono para llamar a mis padres. Ellos siempre me ayudan y me dicen qué hacer. Ellos son más importantes que la policía, los bomberos, la ambulancia o la unidad antibombas.
- ¡Hola mami…! ¡¡¡¡Una cosa espantosa me ha pasado!!!!
- ¡Hija! Quiero que lo tomes con calma…por favor…esto es bien difícil para todos.
- ¿Qué pasó mami? ¿Ya lo sabes? ¿Quién te lo dijo mami?
- ¿Quién te lo dijo a ti hija?
- ¿Decirme qué?
- Decirte que tu padre acaba de morir…
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Ketshándrivel Bermúdez (Mayagüez, 1974) Ganadora del Primer Lugar del Certamen de la Universidad Politécnica en 1995. Egresada del departamento de Comunicación de la Universidad del Sagrado Corazón. Cultiva el cuento y la poesía. España le ha publicado su poesía en un colectivo titulado Regalos del Alma. Finalista del Certamen de Poesía Olga Nolla 2005 del periódico El Nuevo Día.
domingo, octubre 16, 2005
Hasta en las vísceras
Escritor Invitado: Carlos Esteban Cana

Tuvimos que caminar unas cuantas horas para poder llegar hasta aquella distante cima. Los comentarios que se habían regado, durante mucho tiempo, por toda nuestra comarca, destacaban las enseñanzas del sabio que vivía en el tope de la montaña. Esos rumores fueron el detonante para que nos arrojáramos hacia tan osada empresa.
Ahora las pocas energías que me quedan las utilizo para recordar el susurro de aquel venerable anciano: “Nada impide que el río, que se alimenta de las lluvias, fluya. Nada lo empuja. No hay razón de hacer fuerza de remos para que llegue al océano. De igual manera el ser humano, ante su destino. La vida es como un río”.
Lástima que tomáramos literalmente su mensaje; queríamos sentir hasta en las vísceras el significado de aquel consejo. Fue por eso que intentamos el regreso por este caudaloso cauce.
Y ya, cuando casi se me sueltan los dedos y empiezo a ceder a la fuerza irresistible de la corriente puedo leer la advertencia (que también me hubiera gustado escuchar en la voz de aquel viejo) escrita en este letrero: ¡Cuidado con la cascada!
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Carlos Esteban Cana ( Bayamón, Puerto Rico 1971) Escritor, comunicador y coordinador editorial. Fundador de la revista y colectivo Taller Literario. Sus cuentos y poesías han sido publicados en revistas como El Sótano 00931, Borinquen Literario, Cultura y Cundiamor, entre otras. Algunos de sus ensayos y reflexiones sobre la cultura editorial puertorriqueña han llegado al lector a través de periódicos como El Nuevo Día y el mensuario Diálogo. Tiene varios libros inéditos: Novo vía crucis (poesía), Versos apócrifos para la innombrable (poesía) y Fragmentos del mosaico humano vol. 1, vol. 2 y vol. 3 (cuentos).
Cuento: Virginia por Yolanda Arroyo Pizarro
De camino a la mesa del desayuno descubres los obstáculos que te han mantenido hasta hoy alejada de tu meta, anclada a lo imposible, encadenada a lo miserable. Hay dos chiquillos devorando unas hojuelas de maíz con leche, en una vajilla de cerámica que ha sido un feliz regalo de bodas alguna vez. También hay un hombre que levanta sus ojos y trata de sonreírse levemente contigo, para que olvides, para que te mejores, para que no sospeches que le ha dolido preguntarte hace unas horas como te sentías con la única respuesta de tus labios pronunciada tan sin remordimiento: que me moriré.
Sus ojos se arrugan y te regalan otra promesa de una mejor vida, de un mejor ingreso, de mejores colegios para los niños, de mejores joyas y otro carro para ti. Sus ojos se achican con sorna inventando un mohín que ignore tus sentimientos de devoción y anhelo a otro ser humano que no es él. Ojos que con comprensión espontánea y martirizante te besan en la frente todas las noches y te ofrecen leche caliente con flores de tulipanes en un vidrio de aniversario numero quince, el cual deniegas en su propia cara, sin penitencia ni contrición. Son ojos poco acusadores, que tantas veces te han descubierto al teléfono declamando versos y prosa a alguien que no es él mismo, recitando pasajes románticos, llorando mientras cantas a Serrat cuando parpadean sus lumbreras un tanto mojadas, pero perdonando. Por inercia, como cada día, te sientas frente a esos ojos y los tragas entre las pelusas tan familiares que a estas alturas descubren los rayos del astro.
Con muy poca bitácora del cómo ha sucedido el asunto, te hallas sola en aquella cárcel que algunos de los que comparte el techo contigo llaman hogar. Cada quien ha ido a cumplir con sus responsabilidades. Es entonces cuando aún, arropada por la bata de dormir, sales a la terraza y estudias el vecindario vespertino. Con cada detalle, se acrecientan las ganas de abdicar. Cada pormenor te lleva a unos remos de los cuales te arrebataron las circunstancias, las apariencias, el bienestar de otros. Cada dato te lleva hasta una boca pintada de carmín, en donde te has derramado sin inhibiciones en el epicentro de unos brazos frágiles y delicados que han abarcado tu espalda en medio de un retozo entre pieles desnudas. Desde allí, unos ojos llenos de sol y hebras flotadoras, que observan petrificados en la puerta, les descubren ceñidas…, y lloran, y suplican.
La terraza se hace pequeña, las nubes parecen desangrarse entre la neblina que baja sobre los valles y llega hasta tu mentón. El resto urbano confabula, para con su conjunto de reglas y privaciones, gritarte al oído lo mal que te debes sentir. La censura te restriega en la cara, que mientras seas residente forastera de esta dimensión, nunca podrás ser feliz. Los ojos que despiden soles y ahora derraman neblina te imploran nuevamente que no te marches, que no los abandones; te reclaman, a la vez que te acusan de ser una madre fatal, colmada de caprichos y voluntades y egoísmos con el único fin de lograr lo que te place. Regresas al centro de la vorágine, y al centro del hogar justo en el segundo en que se cumplen ocho horas de estadía en soledad, allá dentro de las paredes de tu mente. Antes que lleguen todas las marionetas del colegio, del trabajo, de los quehaceres, de la cotidianeidad adusta, debes efectuar el plan tantas veces atrasado, tantas veces pospuesto. Hoy, esta misma noche antes que lleguen tus raptores, la maqueta será nuevamente probar el sumergir alguno de los enseres electrónicos dentro de la bañera. Las marcas en las muñecas y la hipersensibilidad del hígado te recuerdan como el corte de arterias o la sobredosis de antidepresivos no funcionaron tiempo atrás.
Se te llenan los ojos de lágrimas, y se ha gastado más el reloj; no puedes descifrar cuanto tiempo ha pasado. Lloras, no por dejar lo que tienes, sino por la emoción que te embarga el pretender saber lo que encontrarás allá. Deseas, aunque sea en la oscuridad de la inconciencia, entregarte a sus pechos nuevamente, a su abdomen en reposo por tu exploratoria, a la dulzura de su voz.
El baño de luna se apodera, esta vez, al igual que otras, de los arrugados ojos consentidores que acompañan unas extremidades llenas de toallas. Corren a apagar el grifo y a desconectar el utensilio. Te secan el cuerpo esos brazos ajenos, fornidos, que ya saben la tonada y siguen el ritmo que tocan los destellos de luna entre el cendal. Te suplican, como siempre, en la jornada, en medio de la bruma. Te comprenden, como siempre en la rutina de aquel devenir. Entonces te llevan cargando hasta el dormitorio en donde una vez te encuentres calmada y presentable, los irreconocibles duendes que has cargado en tu vientre entrarán, y te dirán “buenas noches, mamá”.
Aceptarás por hoy, otra vez, tu parte del trato. Habrás nuevamente fracasado. Sin embargo, en la alborada que se avecina, el sol entrará de modo diferente, ese preciso y nuevo día, bailando por la ventana entre las pelusas que se te escapan, con promesas de un nuevo plan que se podrá efectuar en la madrugada. Sólo, que esta vez, intuyes que tendrás éxito.
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Del libro de cuentos Origami de Letras, 2004
domingo, octubre 09, 2005
Quiero
Escritora Invitada: Alma Rivera

Quiero aprenderme de memoria
el contorno de tu cara
las laderas que esconden
el valle de tus ojos
deslizarme irremediablemente
por tus resbaladizos labios
morir en ellos, ahogarme
Quiero robar el reflejo de tu sonrisa
inmortalizarlo permanentemente
en mi recuerdo
poder contar con tus ojos fijos
que me miran
entrar por esas puertas
que me invitan
quedarme dentro
Quiero comer de tu piel
tragarte, gustarte,
dormirme arullada por tu aroma
volverme ceniza, envuelta
entre el calor que, de verte,
se me mete dentro
Quiero entrar en tu laberinto
soltar el cordel que garantiza
mi regreso
caminar entre tus paredes
perderme, sin remedio
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Alma Rivera (Santurce, 1967) reside en Caguas. Trabaja coordinando programas de prevención de violencia y ofreciendo talleres de competencia emocional. En la actualidad completa un grado en Estudios Caribeños en la UPR, escribe para una editorial educativa y atiende a tres hijos, un esposo, dos perros, tres gatos (una con tres gatitos), un pez y un hámster. Su cuento “La Réplica” recibió el Primer Premio en la categoría de cuento del 49no Certamen Literario del Departamento de Español de la Facultad de Estudios Generales, Universidad de Puerto Rico. En dicho certamen recibió una mención honorífica en la categoría de poesía, por su poema “Tal vez.” Su cuento “All but the flies” recibió una mención honorífica en la categoría de cuento en el 38vo Certamen Literario del Departamento de Inglés de la misma facultad. Publica en varias páginas y foros: Derivas, LaLupe, Literatosis, Ultraversal y en Borinquen Literario.
Acerca de mí
- Yolanda Arroyo Pizarro
- Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).





