lunes, septiembre 18, 2006

Noche para Poetas

Gente, regresamos con la segunda noche de poesía de este semestre, en el mismo lugar que la otra, pero con nuevas y grandes energías. Aquí les acompaño el flyer con la información de la noche. Será el próximo viernes, 22 de septiembre de 2006, En la Fundación Nacional para la Cultura Popular (Calle Fortaleza #51, Viejo San Juan, en la misma cuadra de la entrada principal de La Fortaleza, en donde vive el Gobe), desde las 8:00 PM.

Ah, el que quiera llevar una botellita de vino, no estaría nada mal. Ya yo compré la que llevaré.

Un abrazo y espero que nos veamos allá. Gracias a lo que ya han confirmado y espero que otros sigan reportándose y confirmado su presencia.



Angel



Noche de poesía sept

sábado, septiembre 16, 2006

Oriana Fallaci (29 de junio de 1929 – 14 de septiembre de 2006)


Vanessa me acaba de contar que murió la mujer de los cojones grandes, Oriana Fallaci. Supe de ella por una amiga escritora. Seguí su carrera de reportera, entrevistadora y corresponsal de guerra. Sé que le dolía Vietnam. Sé que le dolía Desert Storm. De algún modo el dolor y la crueldad se le metieron por los pechos y le crearon unos tristísimos grumos de material insobrevivible. Su voz, la voz de Oriana se ha apagado… pero intuyo que no se ha extinguido.

En una semana de terribles pérdidas, a ti también voy a extrañarte, Oriana.

Noticia completa: Fallece la escritora y periodista italiana Oriana Fallaci ...

jueves, septiembre 14, 2006

Me duele tu partida

a la memoria de Andrés Castro Ríos

(1942-2006)

Hoy ha muerto un hombre al que nunca conocí, pero de quien sé algo. Conozco su legado en las letras del país, su amor por la poesía, su contribución a nuestra cultura. Si tuviera sombrero me lo quitaba. Como no tengo, sólo diré que he llorado. Saber su partida me entristece. Me hace pensar que algún día llegará la mía, y a la mía le huyo tanto, le coqueteo tanto, me le escondo tanto, la desafío tanto…

Se me hace imposible creer con mi voz de lógica cuasiracional que hay algo después de esta carne. ¿Cómo he de creerlo, si de noche no siempre tengo sueños? ¿Es esa falta de consciencia en la inconciencia, la que anula la posibilidad de actividad mental más allá de los cerrados ojos? ¿Cómo he de creer que voy a sentir, a ver, a percibir cosas cuando mis ojos se cierren para siempre, si cuando los he cerrado para la anestesia de las amígdalas, de la extracción de los senos paranasales, de la intervención uterina, no he sentido, ni visto, ni percibido nada de nada? ¿Qué ignorante arrogancia podría hacerme creer que cuando cesen mis signos vitales sí voy a sentir cosas que ahora no me parecen posibles?

Recurrí a la magia y a la fantasía alguna vez en tantas religiones, pero ya no me trago esos cuentos. Quisiera creérmelos. Todos ellos. Cualquiera de ellos. Volver a sentir esa magia de anhelar un levantamiento de cuerpos, un revivir de lo incorpóreo con mis mismos rasgos, aquí o en otro mundo, en el paraíso o el cielo a pesar de que hayan pasado milenios, o de que sólo existan de mí cenizas, o gusanos, o tierra de abono. Creerme el cuento chino, o el de hadas pero conforme, sin que por ello se traicione mi inteligencia o razonamiento, eso quisiera. No me es posible. No se me da. Quiero creer y la mente que me ha regalado el universo no me lo permite. Desearía poner la fe en ese algún truco mágico que me asegure que regresarán a mí los recuerdos de esta vida, de aquellos a quienes perdí en ella, de aquellos a quienes cargué en el vientre, o abracé, o hice el amor.

Me duele tu partida, gran poeta. Me duele porque me recuerda lo inminente de la mía.

Conversatorio con Mayra




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Anoche la deliciosa escritora Mayra Santos Febres sedujo a toda su audiencia en un conversatorio para la historia sobre la novela Finalista del Premio Espasa Calpe “Nuestra Señora de la Noche”. La actividad se llevó a cabo en La Tertulia, en Río Piedras.

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martes, septiembre 12, 2006

Clases de baile...

tango




Gracias por regalarme cosas nuevas todos los días. Gracias por presentarme a Gotan Project y a esta maravillosa música. Gracias por la promesa…

lunes, septiembre 11, 2006

sábado, septiembre 09, 2006

Fascinante teoría

Buitre
Por Alma Rivera


El miedo era un buitre. Yo lo veía, como de lejos. Hechizada, atada a aquellos ojos vidriosos, unida a la bestia que cargaba mis entrañas, recién cortadas, quirúrgicamente cortadas, colgadas de su pico. Aguanté la respiración. Si respiraba, me tragaría. Y, aún así, extendí los brazos y cubrí aquel torso que una vez sentí, lloré, llamé como mi casa. Sus brazos me cubrieron, sus manos jugaron con mi cabello, como antes. Sentí su beso sobre mi cabeza que se escondía en ese espacio que queda guardado entre su barbilla y su pecho y que tan bien me acomodaba.

No quise abrir los ojos; vería al buitre. Quise convencerme. No necesitaba mis entrañas, podría vivir sin ellas. Al menos así me pareció al sentirme escondida entre sus brazos, acunada en un pecho que siempre había sido mío. Con el último buche de aire, quise separarme de aquella piel sobre la cual se derretía la mía. La cocina parecía un infierno. Sus brazos recorrían mi espalda, levantando la camisa, sus manos me acariciaban. Sus labios tragaban mi cuello; con cada beso me arrancaba la piel. Una piel dura que se comenzó a formar desde el día que creí que no lo vería más.

Me dolían los ojos, no quería abrirlos, pero si no lo hacía me ahogaría. Mis poros se habían cerrado, todos. Era la ausencia de vísceras, la ausencia de lo que me formaba, todo lo que había escondido de él y de todos. En ese momento, supe que tenía que irme, pero mis brazos no respondían. Subían y bajaban por su pecho, bailaban un exótico y desconocido baile, contorsionándose hasta llegar a su espalda, recorriendo su cuello, escondiéndose entre sus tímidos cabellos.

Fue entonces cuando supe que tendría que mirarlo, la falta de oxígeno me mataba. Podía vivir sin entrañas, pero no sin oxígeno. Mis manos se detuvieron autómatas en su cara. Arranqué sus labios de entre mis pechos, levanté su cara, alta, muy alta sobre mí. Cuando logré separar mis párpados, sus ojos chiquitos me miraban derretidos. En ellos pude leer todo lo que él nunca me diría. Siempre hemos sido muy claros, demasiado claros, más ahora que nunca. Mi mirada atravesó la suya y se postró sobre el buitre. Pude ver como su pico se abría lento, parecía disfrutar cada pedazo de mi carne que tragaba. No sabía, hasta ese momento, que un pico podía sonreír. Su sombra se postró sobre mi rostro, que dibujó una mímica de aquella cuasi-sonrisa. Mis labios se acercaron lentamente a los suyos, el calor hacía que corrieran como un río de lava que yo sabía más temprano que tarde se convertiría en piedra.

De la cocina, dando tumbos, volteretas, siguiendo aquella danza demente que causa haber perdido lo que se escondía, llegamos a la cama. Ahora me arropaba el frío, pero nuestra piel se había quedado unida. Yo sabía que llegaría el momento de despegarla y sabía que se rompería. Pedazos de él se quedarían conmigo, ¿cómo podría él despegarse los míos? Todos los no, que mi mente creaba, se atoraron en mi garganta mientras sus manos deshacían botones y mi ropa se derramaba de mi cuerpo, empapando el suelo del frío cuarto. Fue entonces que me deshice, por dentro. Él quiso llenarme, y yo sabía que no sería suficiente. Todo lo mío se había ido con el buitre. Las olas tomaron control de dos cuerpos que volvían a ser uno. Mi boca se abrió queriendo tragar sus labios.

De repente, el silencio. De repente, la calma. Las frases, los besos sobre los ojos, las manos cansadas. Mientras caminaba hacia el baño, sentí su piel sobre la mía y quise que no se secara, que no se cayera. Tal vez podría despegarla, poco a poco, guardarla, crearme nuevas entrañas. Mientras salía, volví a mirarlo a los ojos, quise creer su sonrisa. Bese de nuevo sus labios. El me pidió que me quedara, no tenía porque irme. Yo sabía que no me podría quedar, era parte del trato, del acuerdo. El buitre volaba sobre la casa, sobre mi carro. ¿Y mis pedazos sobre su piel?

Yo riego los suyos, día a día, para evitar que se sequen y me abandonen. O, tal vez, esperando recuperar el aire suficiente para despegarlos y, así, calmar al buitre que todavía me ronda.

viernes, septiembre 01, 2006

Naguib Mahfuz
(diciembre de 1911 - agosto de 2006)




Llegué de un viaje a Panamá y de otro a Republica Dominicana cargando con El Sendero, un libro maravilloso de este Premio Nóbel. Nunca pensé que iba a perderlo tan pronto. Acababa de descubrirlo apenas día atrás, inmersa en sus novelas de arenas, desiertos, mezquitas y callejones sobrenaturales. Leí su cuento Jardín de infancia de la Biblioteca Digital Ciudad Seva hace unos años atrás y heme aquí otra vez tendida entre las páginas de sus mundos maravillosos.

Hoy me duele. Siempre me duele un poquito cuando pierdo grandes musas, inspiraciones que caminan en dos piernas y personas que te llegan hasta la médula ósea con sus palabras escritas. Siempre duele un poco dejar ir a un Grande como Mahfuz.

Voy a extrañarte, maestro.

Galardonado el amigo Luis Saldaña Román

El amigo escritor Luis Saldaña Román acaba de ser galardonado con el Primer Premio en el Certamen de Cuento del Colegio de Abogados de Puerto Rico, celebrado este pasado mes de agosto.

Saldaña Román se hizo del galardón con un cuento titulado La lengua, el cual muy amablemente ha cedido para que publiquemos en este espacio. El autor ha participado de varios talleres de creación literaria a lo largo de los años y ahora es estudiante asiduo de la Maestría de Creación Literaria que auspicia la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce, Puerto Rico. La prosa de Saldaña Román siempre se ha caracterizado por una lucidez sorprendente y una inventiva que vas más allá del elocuente ensamblaje de sus palabras. Este escritor es todo un hallazgo y sabemos que continuaremos escuchando de él en las letras del país.

Felicidades, Luis Saldaña Román.



La lengua

A nadie sorprendió entonces que fuera la propia lengua de Juan Pablo Carvajal quien despidiera el duelo la mañana de su entierro. La consternación que causó la repentina muerte, impidió que los deudos repararan en lo insólito del fenómeno. Tampoco los ciudadanos de H se sorprendieron de que la lengua de Juan Pablo lo hubiera sobrevivido ni de que, poco a poco, lo hubiera suplantado en todos sus cargos, derechos y privilegios.

Querido y respetado en Ciudad H, además de un exitoso industrial, Juan Pablo Carvajal era mecenas, filántropo, dueño de un periódico, director de varias corporaciones, esposo y padre ejemplar. Si se cruzaba con una dama, se quitaba el sombrero y hacía una reverencia afable. Si alguien necesitaba un consejo, tenía disponible el más práctico. En fin, era el paradigma del ciudadano honorable. Por eso en Ciudad H disculpaban su exagerada afición al chisme y su inclinación a revelar confidencias y secretos de toda índole.

Una tarde de mayo, justo antes de comenzar una conferencia de prensa en la que anunciaría el ganador de un certamen de cuento, Juan Pablo sintió una punzada aguda en la base de la lengua. El dolor se hizo insoportable y comenzó a extenderse, garganta abajo, hacia el estómago. Tuvo la certeza de que iba a morir cuando sintió un ladrillo aprisionado entre los dientes. Los periodistas reunidos para la conferencia transmitieron lo que sucedió en directo y a través de todos los medios. Así se enteraron en Ciudad H de que Juan Pablo Carvajal había muerto.

Horas más tarde, se difundió que la muerte de Carvajal había sido el primer caso de una rara enfermedad, consistente en la transmigración del cerebro hacia la lengua y el subsiguiente desmembramiento de ésta. Un compungido director del Instituto Nacional de Patología informaba a Ciudad H los pocos detalles que se conocían sobre el padecimiento, cuando fue interrumpido por una lengua inmensa, rojísima, babosa. El apéndice escarlata reclamó ser Juan Pablo Carvajal y exigió todos sus derechos, en especial, el de organizar su propio entierro. Durante el reportaje, el patólogo informó que todas las pruebas de ADN practicadas hasta ese momento confirmaban que la lengua era, en efecto, el famoso empresario.

Nadie tuvo objeción a que fuera la lengua quien organizara todos los trámites funerarios.

-¿Dónde vas a dormir? –preguntó Carmen a su lenguaesposo, cuando regresaban del sepelio.
-En nuestra cama, sigo siendo tu esposo. Lo que enterramos hoy era una extensión inoportuna que diluía mi esencia –contestó la lengua en un tono arrogante.

Carmen no se había planteado hasta entonces los inconvenientes de cumplir con sus deberes de esposa, pero no se atrevió a contradecir a la lengua. Le espantaba la idea de dormir con aquel molusco que, en menos de veinticuatro horas, se desprendió de su marido, lo enterró y estaba ejerciendo un poder sobre Ciudad H que él nunca había ostentado. Aunque la lengua caminaba dando saltitos, seguidos de un sonoro boing, boing, esa noche Carmen la vio reptar desde el baño hasta la cama dejando tras de sí un rastro brilloso. Sintió que la gran lapa se coló entre las sabanas, resbaló muy lenta entre sus piernas y se le metió en el infierno. Tuvo que ahogar los quejidos placenteros con la almohada para no despertar a los niños.

La lengua, su esposa y los dos hijos desayunaron en perfecta armonía la mañana siguiente. No hubo luto, no hubo duelo. Desde entonces se les veía juntos en los parques de la ciudad, en los museos, en el cine. Eran la familia emblemática de H. Las mujeres comenzaron a prender velas a los santos, a hacer promesas y a preparar conjuros para que sus maridos contrajeran la lengüitis. El caso más asombroso fue el de una adolescente que, después de una sesión amorosa en un hotel de paso, cortó la lengua a su novio, esperanzada en formar la familia funcional que nunca tuvo.

Si Juan Pablo Carvajal había sido un prohombre, la fama de la lengua alcanzó dimensiones míticas. Era miembro honorario de todos los clubes de Ciudad H. Lograba acuerdos sin precedente entre sindicatos y corporaciones, mediaba conflictos, persuadía a diestra y siniestra y todo a punta de lengua, lengua, lengua.

Aprovechando que hablaba varios idiomas, el Presidente de la República de C nombró canciller a la lengua. Gracias a su gestión se logró la firma de importantes tratados, se resolvieron conflictos bélicos y los pobres del mundo se sintieron dignos escuchando sus discursos.

La lengua visitaba con cierta frecuencia las escuelas de Ciudad H y del resto de la República de C, con el propósito de propagar el mensaje esperanzador. Durante una de esas visitas una niña se le acercó con la intención de recitarle unos versos.

-Lulú, por favor no molestes a la honorable lengua –la reprendió una maestra e hizo un gesto que imploraba excusas por el atrevimiento.
-No se preocupe, los niños son nuestro futuro –la tranquilizó la lengua con la afectación que había adquirido en los últimos tiempos.
La maestra se sonrojó y permitió que la niña comenzara el poema.
-La libertad… la libertad… -el silencio incómodo que siguió fue una cruel confirmación de que la niña no recordaba el poema.
-La libertad… -insistió la niña, pero la memoria la siguió traicionando.

“Adiós poemita.” Eso pensó la niña y comenzó a entonar unas líneas menos pretenciosas.

-Pancha plancha con cuatro planchas, con cuántas planchas Pancha plancha –concluyó la niña desbordándose de satisfacción.

Mientras la niña recitaba, la lengua comenzó a transpirar, más bien a babear. Se apoderaron de ella unas convulsiones incontrolables y comenzó a dar unos alaridos espeluznantes. La principal de la escuela llamó una ambulancia que no tardó en recoger a la lengua. Los eficientes periodistas que cubrían la visita siguieron todo el trayecto de la ambulancia y sólo dejaron de reportar cuando el lenguólogo les cerró la puerta de la sala de operaciones en las narices.

El mundo entero se mantuvo a la expectativa las seis horas que duraron los esfuerzos por salvar a la lengua. Al concluir la intervención quirúrgica, el galeno informó a la prensa que la lengua había fallecido, víctima de una inusitada exposición a un trabalenguas. Así se enteraron en Ciudad H de la segunda muerte de Juan Pablo Carvajal.

FIN

López Nieves en Barnes & Noble, Florida



Luis López Nieves conversará sobre su novela El corazón de Voltaire en la librería Barnes & Noble de Plantation, en el estado de Florida, Estados Unidos, el jueves 14 de septiembre de 2006, a las 7:30 PM. Invitado por la Broward County Library y por el Círculo de Lectura de Barnes & Noble, el Conversatorio estará moderado por la escritora colombiana Freda Mosquera, coordinadora del Círculo de Lectura. Luego, el autor firmará ejemplares de sus libros.

Más información en Novedades - Ciudad Seva

jueves, agosto 31, 2006

Mayra Santos-Febres presenta


El miercoles 13 de septiembre de 2006 Mayra estará también presentando en la Librería La Tertulia en Río Piedras a las 7:30pm.

martes, agosto 29, 2006

De huracanes y corazones torcidos...

Tengo un listado enorme de mensajes escritos, garabateados, redactados y grabados que no te he enviado (ni te enviaré). Te extraño descarnadamente y me duele en la piel(en la primera, la segunda, la tercera y las demás). El replay se ha vuelto mi operación favorita del DVD player. Una y otra, y otra vez veo Love Actually. Los ojos se me han vuelto mares huracanados. Adoro a ese niño colorao y hermoso que es Sam.

Daniel: So what's the problem, Sammy-o? Is it just Mum or is it something else? Maybe... school - are you being bullied? Or is it something worse? Can you give me any clues at all?
Sam: You really want to know?
Daniel: I really want to know.
Sam: Even though you won't be able to do anything to help?
Daniel: Even if that's the case, yeah.
Sam: OK. The truth is actually... I'm in love.
Daniel: Sorry?
Sam: I know I should be thinking about Mum all the time, and I am. But the truth is I'm in love and I was before she died, and there's nothing I can do about it.
Daniel: Aren't you a bit young to be in love?
Sam: No.
Daniel: Oh, OK, right. Well, I'm a little relieved.
Sam: Why?
Daniel: Well, you know - I thought it might be something worse.
Sam: [incredulous] Worse than the total agony of being in love?
Daniel: Oh. No, you're right. Yeah, the total agony.


Of course I miss you...


lunes, agosto 28, 2006

Cuento: El ritual de la cruz
Por Emilio Del Carril


El ritual de la cruz


La casa amarilla se encuentra antes de la curva final del solitario camino de las Arandelas. La casona está bordeada por una verja de hierro cuyos portones están cerrados con gruesos candados de bronce decorados con osos agresivos que el tiempo ha pintado con suaves patinas turquesa. El césped impecable, precede con vergüenza a la residencia. Las ventanas tienen cristales que el tiempo ha esmerilado y sirven para filtrar la luz exterior.

La residencia está habitada por la señorita Wellys, a quien nunca se le ve en las actividades sociales del pueblo. Algunos piensan que no puede ocultar el bochorno que le causa ser la única solterona de su grupo.

Las mujeres la miran compasivamente, pues saben la carga que conlleva el no casarse. Los hombres, por su parte, han perdido la curiosidad que le causaba como mujer para sólo considerarla motivo de burlas. Así se convirtió en el premio de consolación que nadie quería, en la exageración de lo improbable, en el chiste obligado del final de una borrachera; la más espeluznante de las probabilidades.

El tiempo ha decolorado sus sueños tanto como a su piel blanca, transparente y mustia. No le queda ningún rastro de ilusión de que alguien, incapaz de ocultar su placer, llame a la puerta de su casa un día. Mantiene los peinados de la juventud: una exuberante ensalada de postizos crespos y rizos largos, sobre la cabellera ahora canosa. Sólo la acompañan dos perros feroces que muchos aseguran satisfacen las necesidades afectivas de la solitaria mujer. Son vigilantes que evitan los posibles robos de la no muy pequeña fortuna, guardada en los baúles de los áticos.

No tiene servidumbre y desde hace cinco años, sólo Manuelo el jardinero, la visita una vez a la semana. El muchacho está sobrepeso, es fuerte, pero carece de inteligencia; sin embargo mantiene los alrededores perfectos.

Además de los ladridos y la podadera semanal, lo demás en la casa es silencio mezclados con olores a alcoholado, a ungüentos y a lavanda. Un constante e inaudible quejido se apodera de los pasillos.



En ocasiones, y sólo en las noches de luna llena, se puede ver a la señorita Wellys, fantasmagórica, con la cara y el cuello pintados con capas gruesas de polvo blanco y una gastada y remendada bata de encajes rosa.



La noche avanza paralela al insomnio. El viento sopla en espirales. Ella mantiene la lamparita de cristal de murano encendida. El teléfono lleva cuatro años descompuesto. El pasillo está oscuro: la luz se ha ido de nuevo.

Los perros ladran por un instante, de súbito, un inquietante silencio. Ella se levanta y se pone la bata de encajes con decenas de remiendos. Agarra la lamparita y camina por el pasillo inundado de sombras. Al pasar frente a la pequeña mesa de caoba negra, la luz ilumina la cruz de bronce antiguo que había heredado de su abuela.

Se persigna con reverencia y acomoda la pesada cruz en el centro: justo al lado de las fotos de su abuela y de su mamá. La cruz está deforme por las muchas caídas que ha recibido a través de los años. Recuerda las palabras de la abuela; “La cruz puede salvarte.”

Siente pasos. Detiene la respiración. El aire comienza a soplar con fuerza. Los perros no ladran. Divisa una sombra al final del pasillo. Intenta correr al cuarto pero se enreda con la exuberante tela de su bata rosa. Cae de rodillas frente a la cruz. Los pasos del intruso se aceleran, retumban. El miedo no le permite gritar, siente el peso del hombre sobre ella. No le ve la cara. En un momento de debilidad del él, logra escaparse y gatea hasta la mesita de caoba para alcanzar la cruz y defenderse, pero la pesada figura cae al suelo fuera de su alcance. El hombre retoma su poderío.

El intruso rasga la bata, muerde el cuello con fuerza. Siente el aliento cargado de hombre. Forcejea, pero él la domina por completo. Le hala el cabello, le saca los postizos, rompe con furia la ropa interior y la deja desnuda. Entonces la posee con rabia mientras ella se entrega sumisa ante lo inminente.

El hombre se incorpora con rapidez después de un rato de contorsiones y quejidos.

-¿Dónde dejo la llave, señorita?

Ella se levanta dejando un hilo de saliva pegado al suelo y contesta con voz temblorosa;

-En la maceta verde.
-Nos vemos la semana que viene, hay que cortarle algunas ramas al sauce.

La señorita Wellys no contesta, pudorosa se cubre, besa la cruz con una nueva reverencia y la coloca entre la foto de la abuela y la de su madre. Entonces regresa al cuarto rezando un padre nuestro mientras se sienta a remendar la bata de encajes rosa.

jueves, agosto 24, 2006

Premiado Emilio del Carril

“El ritual de la cruz” un maravilloso cuento del escritor
puertorriqueño Emilio del Carril, acaba de ser premiado por el portal cibernético
Letras de Chile y el Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Su cuento formará parte de la Primera Antología de Cuento Breve auspiciada por el portal. Felicitamos de corazón al amigo Emilio.

domingo, agosto 20, 2006

Interludio de una tarde con Glen Monroig



Algún día, hallarás el amor de nuevo
En la vida
Mientras tanto
Pasarás la tuya esperando
Siempre buscando una razón
Que justifique el por qué, te dejó…

Corazón, mi corazón
Sácate ya ese amor de la cabeza
Que con quién se besa….
Corazón, mi corazón
No puedes comprender que ya no nos quiere más.

Tu amor propio
Sufre al saber que ya la vieron, con otro
Que te extraña, dices sabiendo que te engañas
Y en brazos de la soledad
Soñarás que un día tal vez, volverá.

Corazón, mi corazón
Sácate ya ese amor de la cabeza
Que con quién se besa….
Corazón, mi corazón
No puedes comprender que ya no nos quiere más.

No sigas soñando que volverá.

Corazón, mi corazón
Sácate ya ese amor de la cabeza
Que con quién se besa….
Corazón, mi corazón
No puedes comprender que ya no nos quiere más
.
(Canción: CORAZÓN de Glen Monroig)



No paras de llorar. Has dejado de pasar la rainbow sobre las losas y aprietas entre los dedos con olor a clorox el handy wipe. Apagas la aspiradora y te acuestas en posición fetal sobre la cama vestida de combinados Martha Stewart. La laptop vibra conectada a las bocinas del home theater en el cuarto matrimonial. La canción está en “repeat”. No sigas soñando que volverá. Guess what? Ha vuelto. Ha vuelto y no estás lista para recibir lo que la vida te ha regresado. ¿Tu gran amor? ¿Será eso? Te casaste con su mejor amigo harta de sus debilidades, harta de compartirle entre más relaciones ajenas a la tuya, harta de las mentiras. Mentiras disecadas ya por el tiempo. Pasaron los años y se te llenó la casa de escrines sucios, de losetas de baño para restregar, de ropa para lavar los domingos, de marcos de fotografías que llenar con aniversarios de intrusos.

Recuerdas el corazón roto, tu hipnosis auto-impuesta exigiéndote a ti misma dejar de quererlo. Te preguntas porqué no fuiste suficiente en aquel momento. ¿Por qué sí eres suficiente ahora? Soñarás que un día tal vez, volverá. Ha vuelto.

miércoles, agosto 16, 2006

Acercamiento del planeta Marte a la Tierra



Desde la pasada semana ha corrido por Internet un email según el cual, supuestamente el 27 de agosto de 2006 el planeta Marte se acercará tanto a la Tierra que podría ser observado del tamaño de la Luna. La realidad es que este avistamiento y cercanía de los dos planetas se dio en el año 2003. Lo sé a ciencia cierta porque aquella vez lo celebré con un cuento y una participación en un certamen literario de Argentina.

Desafortunadamente desde aquel año 2003, cada vez que se acerca el 27 de agosto, todo el mundo empieza a enviarse el mismo email indicando que en el año corriente es que ocurrirá. Sin embargo, la próxima vez que Marte se acerque a la Tierra como lo hizo en el 2003 será en el 2287.

Este es el link que explica un poco mejor todo el asunto: Leer el cielo: una ciencia de estrellas desempolvadas



Además les incluyo un fragmento del cuento de mi autoría titulado Alguna vez seré Marte.



Nunca antes había descubierto yo un amor así y quise hacerlos míos. Eran una pareja sin principio y sin fin. No alfa, ni omega. Distintiva, digna de cualquier planeta, y yo, siendo una simple luna la quería adquirir. Ello me ganó algunos contrincantes, entre estos a mi hermana, pero Deimos nunca fue buena rival así que fue fácil y ampliamente descartada por mis estratagemas. El resto se retiró temiendo la furia y represalia de mi padre, cuyo nombre provenía del dios romano de la guerra, y poseía la ventajosa posición de ser el cuarto planeta desde el Sol y el tercero en cuanto a masa en esta galaxia. Y su hija, la más preciada y la mayor había sido locamente enamorada por vez primera, por una pareja de mortales con sentimientos a la magnitud de una tormenta solar.

No soy una cursi. Mi naturaleza guerrera me imposibilita portar sentimientos ridículamente tiernos, pero lo que logré divisar en aquella unión hizo demoler todos mis cimientos. El resto de las galaxias, nebulosas y cuerpos astrales, siderales y cósmicos se enteraron de mi caída al amor. Hasta lo celebraron. Mi padre me hizo un regalo.

—Eres mi hija más grande, la mayor y más contigua, la luna más cercana a cualquier planeta del sistema solar. A partir de hoy estipularé que nuestros cuerpos celestes se acerquen aún más, cada cierta distancia por cada cierto periodo de tiempo, así que como obsequio ante este sentimiento que has descubierto te absorberé, finalmente seremos uno tú y yo (1).

Mi dicha no podía ser más extrema, me hallaba cósmicamente agradecida. Era lo que siempre había querido, anhelado. Yo, que era de Marte, sería Marte alguna vez.





Hoy es veintiséis de agosto y no están juntos.
Algo sucedió. Aún con toda la sabiduría que me otorga la supremacía y omnipotencia planetaria no logro descifrar a ciencia cierta qué ha ocurrido. Esperé poco paciente algunos tiempos, intentando comprender la ruptura. Sigue siendo para mí una desventura ilógica. Un rompimiento incoherente y sin base, puesto que la única base aceptable para mí es el desamor. Ninguna otra razón valida tal separación de la que pende mi infame tranquilidad.



Como un torbellino propulsado por agujeros negros de megatónicas explosiones, lancé mi espada homicida a través de la vía láctea con destino terrenal, y como ángel exterminador en una sola mañana acabé con millones de vidas, todas menos la de ellos. Colérico, Marte, mi padre, se acercó al planeta de oxígeno para intentar prevenirlos, pero no logró demasiado con aquella conjunción, solo captar la atención de algunos curiosos (2). Siendo que ningún cuerpo celeste puede intervenir en las acciones de otro, y siendo que entre ellos solo media la voluntad de dejarse regir por sentimientos parecidos, en este caso, a la gratitud, Marte convocó un comité judicial con los otros planetas y sus lunas. Y me tienen ahora cercada para leer el veredicto.

—Tu condena será nunca más enamorarte. — sentenció mirándome a los ojos mientras el resto asentía de acuerdo y mi hermana Deimos bajaba el mentón. Yo levanté guerrera mi barbilla.

—Acepto esta sanción. Es más que un justo dictamen. Aún así sepan que para el próximo veintiséis del siguiente mes de septiembre, borraré de la faz de la Tierra a veintiséis millones de terrestres más. En un lapso de doscientos treinta y dos meses habré exterminado a todos. Estoy dispuesta a afrontar cualquier nuevo castigo que sobrevenga. — anuncié mientras admitía este fallo en resolución.

Marte asintió insatisfecho, yo sabía que gestando en su mente un sucesivo y todavía más espeluznante castigo de próximo mes para su luna predilecta, su hija, que no daba ni daría marcha atrás.



Hoy es veintiséis como cada mes, lo mismo que el anterior y el anterior. Y esos veintiséis seguirán llegando mensual y limitadamente, con la precisión de un reloj… hasta dentro de diecinueve años y un tercio. Ese es el plazo que posee la única pareja de la que irremediablemente me enamoré para volver a estar juntos. Si no sucede así, aniquilación masiva extendida a toda la raza humana acaecerá. De ello me encargaré. Como que me llamo Fobos.


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Notas:
(1)Fobos, principal satélite de Marte, se acerca a él a una velocidad de nueve metros por siglo lo que significa que terminará colisionando con el planeta dentro de 50 millones de años, cuando finalmente será absorbida.
(2)Marte no ha estado tan cerca de la Tierra desde el año 5753 antes de nuestra era y esto no volverá a ocurrir hasta el año 2287. La llamada conjunción que será visible, comenzará el 26 y se extenderá hasta el 28 de agosto del presente año 2003. Se dice que Cancún en el estado de Quintana Roo, México será uno de los mejores lugares del mundo para disfrutar de tal espectáculo.

martes, agosto 15, 2006

Visita a un país maravilloso


lunes, agosto 14, 2006

De vuelta...

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Regreso al país con un peso menos. He dejado el saco en otra tierra. Estaba lleno hasta el tope de tus sentimientos y del remolino arenoso que formaba con los míos. Ahora vacío. Las circunstancias. La vida de allá y la de acá. Soledades que aún no están listas para dejar de estar separadas, la costumbre que arropa el flujo de obligaciones, la bienvenida de las costumbres y la rutina. Regreso sin ti. Con sorpresa me doy cuenta que ni siquiera me había ido contigo.

jueves, agosto 10, 2006

Desde mi ventana en Panamá



Invento que me das la mano y miras conmigo el horizonte desde el cuarto piso. Habitación 406. Puertas de cristales cerradas con hermetismo. ¿Será que ellas saben? Te llevo a la tina del baño, como si no me rodeara tu ausencia. Dialogas conmigo, como si pudiera escucharte. Permito que me enjabones y me acaricies el cabello humedecido. El país se cubre de neblina en las mañanas y tardes. Puedo verte entre la bruma. Nunca hay bruma si te pienso, y te pienso demasiado.

Acerca de mí

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Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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