martes, noviembre 07, 2006

Charlas con E (II) – Dejar de doler

Le conté a E que la mujer policía se llamaba Avilés. Me aprendí su número de placa y la tablilla de la patrulla mientras mis pulmones hiperventilaban. Era lo único que podía hacer tratando que mis nervios se calmaran. Un ataque de pánico, de seguro, me dijo la guardia, queriendo amablemente recostarme de mi vehículo. Quería parecer cortés sin sonar intimidante. ¡Como se llora en esta vida, mija! Asentí y continué moqueando y aprendiéndome los números que la rodeaban para relajarme. Respiré hondo. Fuerte y hondo. E me dice que a veces estas cosas parecen ataques al corazón.

Guayama se veía en todo su esplendor, detrás mío, especialmente desde la curvita aquella a la salida del segundo peaje, en donde mi poseído auto quiso detenerse en el paseo, protestando por mis lágrimas. No caminé mucho dejando la puerta abierta y el carro encendido. El pasto y los caíllos se adhirieron a mis zapatos deschapados de Payless. Enseguida llegó la patrulla y la mujer policía preguntó si todo estaba bien, dama. Con el cabello colorado recién retocado en las raíces, aceptó mi diatriba moquillenta. Los problemas familiares son todos difíciles, dama, no hay nada de malo en llorar.

Una hora y media más tarde, y habiéndole pasado por el lado a la loma del arbolito, E era mi confesorio. Lo llamé al celular y me invitó a almorzar iso facto en una cafetería vegetariana en donde inicié mi anorexia voluntaria. Bendito. Le dije que las papas majadas estaban buenas pero no me las pude tragar. No fue culpa de él. E hizo todo lo que estuvo a su alcance para levantarme el ánimo. Me hizo reír a ratos y me dio un abrazo de esos que hacen imprinting, como él le llama.

E dice que todo pasa, que todo vuelve a la normalidad y que todo se calma. Me gustaría creerle. Es más, por hoy, y solo por hoy, voy a hacerle caso. Me voy a creer eso de que a veces, las cosas, simplemente dejan de doler.

5 comentarios:

De Mexico dijo...

“E” nos intriga y me parece que se ha creado todo un misterio con este “E”. ya es la segunda charla que tienen y lo medio envidio. En fin. Dejando eso de un lado, creo que tiene razón. Creo que cuando estamos demasiado cerca, cuando es demasiado pronto, las cosas que nos hacen sufrir se ven terribles, es como si nos dispusiéramos a comenzar a subir una escalera interminable. Me da coraje, pero tengo que darle la razón. Hazle caso, solo por esta vez parece que habla con sensatez. Te va a dejar de doler, odalisca.

Awilda Caez dijo...

Qué pena me dan las protagonistas de tus historias, me recuerdan unos largos meses de mi vida en los que lloré mucho.
El sufrimiento es como un virus, hay que esperar que se salga solito del cuerpo. Sin embargo, contra los que nos hacen sufir hay formas de defenderse: los podemos sacar a patadas de nuestras vidas. Y si está en tu ADN, va a volver, ya verás...

Anónimo dijo...

La realidad es que algo pasa en las Tetas de Cayey. Se cree que hay un campo magnético que provoca el llanto.

Las penas son como los moretones, tarde o temprano se van, pero las obsesiones, esas se quedan...


E

Mariposa Nocturna dijo...

Por mi experiencia, cuando uno llora de dolor, de ese dolor del alma, es un alivio. Llorar cuando me siento herida, me hace bien. Aunque luego de llorar me siento triste, por lo menos me tranquiliza y duermo tranquilamente. Sino lloro, me da una ansiedad horrible que hay que llevarme al psiquíatrico. También hubo épocas en las que lloré mucho. La primera época fue la familiar. La segunda la del amor y desamor. Ambas difíciles y mis ojos pedían un "break" para aliviarse.

Creeme que llorar purifica el alma y a muchas personas las hace más fuerte. Uno aprende. Dejar de doler, quizás nunca, porque no sabemos la magnitud de ese dolor, pero se puede vivir con eso y cuando llevas tu vida por um rumbo diferente, eso ayuda a aliviarlo. Uno siente alivio y puede que olvide, pero el dolor regresa por cualquier otra cosa y hay que tener las herramientas para aliviarlo.

¡Cuídate mucho! Eres excelente.

P.D. Esa curvita en el expreso de Guayama está brutal. Mira que he pasado sustos en ella. :)

Anónimo dijo...

No tengo corage. Tengo dolor. Me duelo el alma. Me duele el corazon. Me duele la vida. Me duele la piel.
Me duele la realidad. Cargo un dolor que no se va un dolor que cargo conmigo cada segundo, cada instante...Me voy...Buena suerte...Me voy por ti. Me voy por mi. Me voy por nuestras familias...Portese bien Senora Mia...

Acerca de mí

Mi foto
"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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