martes, julio 28, 2009

Quiero ser como tú
Por: Jesús Rubén



Quiero ser como tú. Fuiste un revolucionario reformador de tu época y se empeñan en que reformes la mía. Transgrediste tu campo semántico para refugiarte en el mío. Algunos te odian, otros te ignoran y muchos no te creen. Pero, ¿sabes qué? Creo que quienes más te niegan son precisamente aquellos que con rabia violenta y pasión hiriente afirman creerte. Yo quiero ser como tú, pero como tú de la forma en que yo te veo.

Me fascina pensar que cuando de niño te caías te pelabas las rodillas, botabas sangre, llorabas y te salían llaguitas. Me gusta mucho saber que creciste en un hogar no tradicional, porque el que afirmaba ser tu padre tuvo que adjudicarse la paternidad a base de un cuento no muy distante de las historias de las cindirelas de Disney. Me gusta pensar que de adolescente, cuando te tocabas, te encumbrabas hasta alcanzar el estallar de la fuente de Afrodita. Me gusta pensarte hambriento, juguetón, de buen humor salpicado de encabronamientos serios y pasajeros. Me gusta pensarte discutiendo con tu madre por no estar de acuerdo con ella en todo lo que decía y mucho más con tu supuesto papá, porque a fin de cuentas no te pienso sometido, subyugado ni mucho menos manipulado.

Transformaste tu entorno, tu tiempo y tu espacio. Te exacerbaban y te deben seguir exacerbando las moralidades falaces e hipócritas. Te imagino hombre decidido, sarcástico y prepotente cuando frente a aquel grupúsculo de reprimidos apoyaste a la perfecta conejilla de Playboy del momento que debía ser castigada por puta. Te fuiste de su lado. ¿Acaso aquellos envidiosos no se preguntaban si el marido de ella le pegaba, la maltrataba mientras que el otro le regalaba conversaciones y momentos que alimentaran su autoestima y la hicieran sentir plena? A fin de cuentas todos tenemos derecho a ser respetados y si se quiere re-espetados porque, ¿y qué si su marido no era capaz de complacerla en el acompañamiento al recinto de Juracán, allí donde se esperaba encontrar con los vientos más fuertes, los oleajes más bravos y las termales fuentes de agua que debían agitar en lo más profundo? Quizás las piedras no le hubiesen dolido tanto. Me gusta pensarte amigo de quienes buscan la complacencia del alma y también la del cuerpo.

Aquellos que con violencia y pasión te siguen, a título tuyo quieren imponernos normas y estilos de vida que tú no abrazaste. “Hay que casarse, tener hijos, formar una familia y joderte por más de treinta años haciendo lo mismo por un par de pesos para tener la vida cuadrá”. Me pregunto por qué si por un lado te proponen a ti como ejemplo perfecto de vida a quien hay que emular, ¿por qué insisten tanto para que nos casemos? ¿Por qué la recalcitrante histeria y las malditas sospechas si no ha habido boda antes de los treinta? ¿Por qué las madres que nos parieron, y las que no también, con voces manipuladoras y de poca autorrealización nos dicen a diario que no se quieren morir sin ver hijos nuestros? Te visitan un promedio de tres veces por semana, pero se empeñan en empujarnos matrimonio e hijos cuando tú le huiste a eso como el diablo a la cruz. Me gusta que hayas sido diferente.

Y te pregunto, ¿qué crees tú del issue de la adopción? ¿Deberán dos personas del mismo sexo adoptar, o se lo dejamos sólo a parejas muchas veces disfuncionales e incapaces que sí pueden por el mero hecho de ser heterosexuales? ¿Apoyas a Tommy o a Jenniffer? Digo, te pregunto porque a ti, según cuenta el cindirella story te adoptaron. Es más, provenías de una composición familiar atípica que constaba de un Padre soltero que habita, como diría de Diego “en las cumbres del infinito”. ¿Qué hizo ese Padre? ¿Acaso no tomó un vientre prestado para que tú nacieras? Pues entonces no me explico el porqué joden tanto con Ricky por haber hecho lo mismo que hizo tu Padre, o con el pobre de Michael (by the way, me pregunto si estará acompañando a tu Padre o éste lo habrá rechazado), que tuvo los pantalones para mirar a los moralistas seguidores a la cara cuando le cuestionaron por las repercusiones que tendría en la vida de sus tres hijos, productos de vientres prestados igual que tú, la ausencia de una madre y responderle: “Ellos no necesitan una madre, me tienen a mí”. Pero como no pueden tragarse la idea de tu proveniencia de un Padre soltero, esos que te siguen en dirección contraria nos han querido atosigar a la pobre mujer pobre que prestó su vientre para que tú nacieras, como nuestra madre por excelencia. Pues entonces, ¡que aparezcan esas otras mujeres! ¡Ricky, Michael, búsquenlas para que sean nuestras madres! ¡Santas vientres prestados a Ricky y Michael, aparezcan, Dios las salven, llenas son de gracia!

Te gusta el vino y las tradiciones, a mí también. Me encantaría preguntarte qué sensaciones experimentaste cuando estando solo en una casa con dos mujeres, te acariciaron los pies con aceites aromáticos, o si te gustaba más estar con doce hombres como acompañantes diurnos y nocturnos para arriba y para abajo.

¿Sabes qué me gusta mucho de ti? Que nos pensaste y te nos acercaste a todos como iguales. Te imagino sentado en la mesa con tus doce acompañantes iletrados y del vulgo. Allí sentiste lo que duele una traición. Según pintan, en aquella mesa llevaste sobre tu pecho a quien declaraste tu amado. ¡Que sensación de ternura debió haberte embargado, y tu amado tenía dos colgantes, igual que tú!

Me gusta pensarte en aquella mesa, porque en ella estamos todos y todas, en el mismo lugar, en la misma posición. Aquella mesa me recuerda que todos necesitamos del poder de la palabra que alimenta el alma y también de lo que nos alimenta el cuerpo. Sí, tu mesa me recuerda el amor y la traición, la vida y la muerte, el cuerpo y el alma, la carne y la sangre, me recuerda a ti y también a mí, porque al igual que tú lo fuiste, yo quiero ser un Jesús.

1 comentario:

Charles + dijo...

Definitivamente este es un escrito que cada vez que lo leo más me gusta pero al mismo tiempo más debate crea en mi interior.

Es un escrito que confronta cada una de mis creencias pero a la misma vez reafirma muchas de estas.

Aun sigo debatiendo cada vez que lo leo pero de lo que si estoy seguro es que ha servido para reafirmar mi sentir sobre el gran ser que es Jesús.

Acerca de mí

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"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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