domingo, noviembre 16, 2014

Laudo y ceremonia del 9no Certamen Nacional De Poesía José Gautier Benítez 2014 (Puerto Rico)

9no Certamen Nacional De Poesía José Gautier Benítez 2014 (Puerto Rico)
Laudo  del  jurado

Nosotros, MARIOANTONIO ROSA, JAIME MARCANO y Yolanda Arroyo Pizarro, miembros del jurado de la novena edición del CERTAMEN NACIONAL DE POESÍA JOSÉ GAUTIER BENÍTEZ 2014 (Puerto Rico) cuyo lema "Nombre al pensamiento grato" tiene como propósito primordial fomentar la creatividad poética, promover el análisis y la difusión de la vida y la obra de José Gautier Benítez, poeta y periodista cagüeño (1851-1880), junto a la Administración Municipal de Caguas y su Departamento de Desarrollo Cultural, hemos redactado este laudo. Luego de una deliberación minuciosa y profundamente crítica en la que nos pronunciamos sobre los sesenta y seis manuscritos participantes, hemos resuelto la siguiente premiación:
Menciones
tacitas de café (seudónimo Etiopía Boricua) de la autora Iris Miranda
En este conjunto existe una oda a los aromas, al juego de sabores dentro del cafetal, a la reflexión existencial en la taza que esgrime el pasado o el futuro. La voz poética nos encanta desde la borra de café, aquella que se compara al vientre de una parturienta. Este manuscrito exuda estructura poética pura, nos lleva de la mano hasta la alacena, hasta la alabanza, hasta la adoración misma. Estos versos aplauden al puertorriqueño vivo, tan colorido, tan gustoso y nos lleva a la intrahistoria destilada por los antiguos granos etíopes, el viaje grande hasta la leche hervida en casa, taza de coco o porcelana china. Hay una mujer adicta a la suculencia de los sabores cautivantes en tonadas aromáticas, baños de luna de café, terrones de azúcar, y el grano en versiones perfumadas.
hebras (seudónimo étnica) de la autora Glorian Sacha Antonetty Lebrón
Esta partitura en versos pronuncia profundidad en una auténtica y original radiografía de la dermis ancestral, de los pelos revoltosos, de la melena hembra, matriarcal. Hay contundencia en el enraizamiento fuerte, en el pelo que se levanta erizado, sublevado; piel y pelo es la identidad en juego, el lugar de los cabellos, el turbante de las greñas a la inversa. Este texto es herencia, madeja de nostalgia, el viaje por selva y por mar hasta la llegada a la costa africana y de ahí a la congregación caribeña. Es dolor hasta la bebida del laberinto mestizo que te encuentra. La voz poética revoltosa es maranta suelta, extensa e infinita de colores y hebras prestadas. Hay una evolución que vemos crecer en la caída del alisado y luego la valiente imposición de lo que se llama la real, la verdadera, la genética watusi.
 uno por página (seudónimo MATA) del autor Miguel Ángel Torres Aponte
    Aquí vemos un manuscrito maduro, cotidiano, fervoroso. Una acción que empieza a la mitad, in media res, que nos lleva de la mano hacia un nacimiento en una funeraria, en el sur de una flor desprotegida de cruces donde encontramos a la voz poética herida de vida. Palabras que retozan “en signos vitales arrepentidos de horizonte, en soles de infancia, en escombros que sincronizan la sonrisa”. El autor trae un jardín del tiempo que sabe ignorar el desastre de lo infinito, que sabe ser negligente e incrédulo. Nos dice el poeta: “miradas sucias/se levanta la sombra del viento y su ejemplo exige devolver despedidas y variaciones/la oportunidad desordena los errores/la luz se desvela como buscando y tu nombre a uno le escribo espera/espera.” Nos enteramos ante la belleza de la poesía “que el tiempo se agota de agua”, y que tanto está la insistencia en la piedra, que forma el agujero seco. La comparación de las ranuras ciegas que delatan las figuras es magistral. El arrastre del viento en cada estrofa, en cada carcajada solitaria que aquí se nos muestra, nos convierte en soldados que no saben hacer más que tejer banderas blancas, sorteos de truenos, y allí esperamos la lluvia con el poeta, como el vaticinio de esa única esperanza.

Tercer premio
el cuerpo y la incertidumbre (seudónimo Aristóbolo Colombo) del autor Claudio Raúl Cruz Núñez
En este documento se reconcilia la no certeza y el cuerpo concebido como frente de guerra que nos atrae magnetizados al terreno. El autor nos habla de amaneceres tardíos, nos habla de las cenizas y de las ojeras que surgen ante tanta tristeza. Nos informa en una reflexión de imágenes: “te me escapas/en la penumbra de esta noche intransitable”. Los versos le huyen a las muchedumbres, se refugia la voz poética en soledades mientras se observa la lluvia, “la silueta del amor, el caminar que busca designios de humo impertinente.” Es un texto de filosofía en donde las referencias a los cementerios, al principio y a la indignación son parte de un todo. “Frente al ventanal los litigios nocturnos. Sobre la calle, la longitud del viaje. En tus pisadas la sal de tu ruta.” También en este texto se nos duele la piel: “tu figura morena y crepuscular se rompe en la ventana. La brisa sopla/su eternidad se estrella.” Es una voz valiente que se sabe defraudada, pero que corre tras lo que siente suyo: “cumplo con el alba y con tu voz ausente. Los temerarios vientos me han hecho caminante. Te busco entre la casa borracho de cenizas. De ti quiero el regreso/ lleno de grasa y zumo.”

Segundo premio
Ficciones Creíbles (seudónimo Horacio Oliveira) del autor Jesús M. Santiago Rosado
El poeta devela un documento codificado en elementos borgianos y cortazarianos. Vemos una rayuela desde la concepción del seudónimo Horacio Oliveira y los emblemas de Borges en sus Ficciones. El texto contiene dos partes: ficciones y derivaciones. Con una astucia enarbolada en la versificación y que descansa en lo onírico, el autor reniega de la primera parte extasiándose en la artesanía de la construcción de la segunda.  Es por eso que en Ficciones encontramos la llegada, la creíble mentira, lo que es el principio, el presente, el ahora. La estrofa nos desgaja la idea con torturadora belleza: “toco tu espalda desnuda/mentiras/a tus lunares. Beso tu boca. Falsedad/es a tus intentos de labios a quienes rozo con mi lengua/quiero tu corazón /también miento. Es a tus latidos/ para que me hagan sentir que la mentira existe aunque lleve tu nombre.” Esta primera parte también tiene caídas, heridas, marcas. Un rostro nos asegura estar lo más ficticiamente cercano a una riqueza. Y se miente en la metaficción. Y el autor que se sabe feliz en esa falsedad lo denuncia: “Me presto a hacer de la mentira/un juguete inservible de tu pertenencia.” Nos creemos, gracias el metaliterario juego de amores, que existe un viraje lúdico en el que hay certezas, o en el que hay cercanías: “quién dijo/amaneciste tú/amanecí yo/la individualidad es lo más inverosímil y cercano a esta realidad/ me lleva a soñar con lo imposible.” Y desde lo no perpetuo el autor clama a la no justicia, se crean las condiciones para la segunda parte, en la que una Historia nueva es posible, más manejable, una legítima solución al desastre. Título Diastema: “si me acomodo en tu diastema/acampo sin fin en tu boca/y sobre el vaivén de la hamaca/de las comisuras de tus labios/envejecer/inventando historias”. La invitación en el poema Redefinición se vuelve irrechazable: “borra toda la poesía que escribí antes de ti/pretenciosa de ser cierta. Constrúyeme versos no creíbles que hablen de tú, de yo/y desde lo movedizo de lo posible/hazme creer mis nuevas letras, tuyas.” Como todo libro religioso, —que es otro de los juegos de descubrimientos que hace este manuscrito, —el final será siempre una revelación: “todos estos versos/y los pasados/son ficción. Mi verdadero poema/ eres tú.”

Primer premio
Sombras de metales (seudónimo Leopoldo Pérez Ojeda) del autor  Ariel santiago Bermúdez
Un texto lleno de los sonidos del agua, de magos, de silencio de espumas: “hay veces que la vida te toma por los cabellos, para llevarte a la isla de los desaparecidos, para contarte un salmo secreto e invisible, donde todas las sílabas de tu piel se desgarran”. El poema que se titula Ardiente fiebre, es uno de los poemas más logrados del conjunto, un texto sublime que transita por la desesperanza a la vez que por aquellos pensamientos y sueños que nos anclan a algo más etéreo: “no tengo tiempo para subir al avión de verano, con todas sus malditas nubes, porque esta patria está ardiendo en fiebre y se nos mueren las manos de tantos años calladas”.
El autor nos habla también de un poeta que estuvo preso 50 años y que escribía en la pared un breve soliloquio por el que supo que el amor no existe, “que Dios es sólo un mago que nos entretiene”. Se nos habla de los golpes que se sienten en el vacío, de las desesperaciones de saber a la gente amada marcharse, de las desesperaciones que traen la impotencia. Es un texto que nos habla de sombras, de las sombras que somos como personas, como isla, como nación. Todos andamos con un labio roto, así como en el que titula Abismo: “escribir un poema en el abismo es tomar en serio a la muerte”. Es también un texto lleno de soledades, como aquellas del poema que se titula Bestia celeste: “es una bestia celeste con dientes de lagartos/ masticando el espacio sideral. Un ser de granito, de piedra, amasando el aire fugitivo en espera de Orión /de una serpiente acuática que ciega semillas de hombre en la lógica/ en la longitud del planeta.” Encontramos el amor que se alimenta del fusil, encontramos peces en alguna esquina sin avisos, ni pancartas, con extremas protestas. Éste es un texto de denuncias, de piquetes masivos como el mismo autor nos dice, de altavoces, címbalos, arpas que se cuajan y se comparan a la voz, una voz que nos escucha cuando dos sombras cierran la puerta. Los poemas Olor de domingo, Cuerpo ausente y Soneto imperfecto son extraordinarios, juegos que permiten la seriedad del oficio. Sobre todo Soneto imperfecto que puede ser leído desde el conjunto ABC, o en el orden 123. Exquisitos pasajes que muestran canciones de protestas, golpes brutales que se comparan con el pan de la mesa, con los ojos de vidrios, con la risa que escapa después de la muerte hasta las hojas secas de una calle muda. Posee además un Homenaje al hombro, en donde una espalda es una paradoja, un retrato de Picasso que refleja el abismo. La sangre también es metal en este manuscrito en donde se rinde homenaje a los hematomas del alma, a los golpes al hígado que invitan a acordarnos de abril, un mes como gato en la noche a paso lento. Este manuscrito es también el testimonio de los encuentros de cuerpos mutilados, como refugio donde sembrar los dedos y las uñas por tantas sombras de metales en la piel. Ese miedo a las balas, artefactos que vamos a encontrar en cualquier calle de nuestro país Puerto Rico, a cualquier hora, y por cualquier razón. Así lo explica el poema Re de trompeta: “demolieron los pasos fugitivos con balas asesinas. Le volaron los ojos de un disparo perfecto que llegó a la garganta repleta de mariposas. Los escuchó un grito pidiendo clemencia. No pasó un sollozo con el reflejo de la ventana. La humedad llovía hacia dentro como una caverna.”
El final es una invitación, quizás llena de ironía, quizás llena de esperanza a que hagamos una patria en cada laberinto, a que levantemos los hombros del hombre inmaculado. Que el pecho nos reviente poco a poco con alfileres de acero y los ojos de nuestras mujeres parpadeen metralla de ternura.

Y para que así conste, declaramos este el laudo del jurado, lo firmamos en Caguas, Puerto Rico, a 30 de octubre de 2014.

Jaime Marcano
Marioantonio Rosa
Yolanda Arroyo Pizarro                         










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Acerca de mí

Mi foto
Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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