miércoles, abril 29, 2009

Recordando a la Mastretta...


Por estos días vi la película "Arráncame la vida" de una de mis escritoras favoritas, Ángeles Mastretta. Recordando me vino a la mente esta parte:

“Tenía quince años y muchas ganas de que me pasaran cosas. Por eso acepté cuando Andrés me propuso que fuera con él unos días a Tecolutla. Yo no conocía el mar, él me contó que se ponía negro en las noches y trans¬parente al mediodía. Quise ir a verlo. Nada más dejé un recado diciendo: «Queridos papás, no se preo¬cupen, fui a conocer el mar.»
En realidad, fui a pegarme la espantada de mi vida. Yo había visto caballos y toros irse sobre ye¬guas y vacas, pero el pito parado de un señor era otra cosa. Me dejé tocar sin meter las manos, sin abrir la boca, tiesa como muñeca de cartón, hasta que Andrés me preguntó de qué tenía miedo.
-De nada -dije.
-Entonces ¿por qué me ves así?
-Es que no estoy muy segura de que eso me quepa -le contesté.
-Pero cómo no muchacha, nomás póngase flojita -dijo y me dio una nalgada. Ya ve cómo está tiesa. Así claro que no se puede. Pero aflójese. Nadie se la va a comer si usted no quiere.
Volvió a tocarme por todas partes como si se hubiera acabado la prisa. Me gustó.
-Ya ve cómo no muerdo -dijo hablándo¬me de usted como si fuera yo una diosa. Fíjese, ya está mojada -comentó con el mismo tono de voz que mi madre usaba para hablar complacida de sus guisos. Luego se metió, se movió, resopló y gri¬tó como si yo no estuviera abajo otra vez tiesa, bien tiesa.
-No sientes, ¿por qué no sientes? -pre¬guntó después.
-Sí siento, pero el final no lo entendí.
-Pues el final es lo que importa -dijo hablando con el cielo. ¡Ay estas viejas! ¿Cuándo aprenderán?
Y se quedó dormido.
Yo me pasé toda la noche despierta, como encendida. Anduve caminando. Por las piernas me corría un liquido, lo toqué. No era mío, él me lo había echado. Al amanecer me fui a dormir con mis cavilaciones. Cuando él me sintió entrar en la cama nomás estiró un brazo y me lo puso encima. Des¬pertamos con los cuerpos trenzados.
-¿Por qué no me enseñas? -le dije.
-¿A qué?
-Pues a sentir.
-Eso no se enseña, se aprende -contestó.”

3 comentarios:

Madam dijo...

Ay esa peli me revolcó, al igual que el libro. Jamás pensé a los 17 años cuando leí esa novela que ese nombre me cargaría tanto luego. También le decía guapa.

Una de mis escenas favoritas es cuando ella le reclama sobre el apellido, y por qué él no tiene el suyo. Pero la mejor, a mi entender es el diálogo de la bruja y el timbre. Todo está ahí, no se tiene pies, cabeza ni brazos.

Yolanda Arroyo Pizarro dijo...

Recuerdo la cara del juez Cabañas, roja y chipotuda como la de un alcohólico; tenía los labios gruesos y hablaba como si tuviera un puño de cacahuetes en la boca.
-Estamos aquí reunidos para celebrar el matrimonio del señor general Andrés Ascencio con la señorita Catalina Guzmán. En mi calidad de re-presentante de la ley, de la única ley que debe cum¬plirse para fundar una familia, le pregunto: Catalina, ¿acepta por esposo al general Andrés Ascencio aquí presente?
-Bueno -dije.
-Tiene que decir sí -dijo el juez.
-Sí -dije.
-General Andrés Ascencio, ¿acepta usted por esposa a la señorita Catalina Guzmán?
-Si -dijo Andrés. La acepto, prometo las deferencias que el fuerte debe al débil y todas esas cosas, así que puedes ahorrarte la lectura. ¿Dón¬de te firmamos? Toma la pluma Catalina.
Yo no tenía firma, nunca había tenido que firmar, por eso nada más puse mi nombre con la letra de piquitos que me enseñaron las monjas: Catalina Guzmán.
-De Ascencio, póngale ahí, señora -dijo Andrés que leía tras mi espalda.
Después él hizo un garabato breve que con el tiempo me acostumbré a reconocer y hasta hu¬biera podido imitar.
-¿Tú pusiste de Guzmán? -pregunté. -No mija, porque así no es la cosa. Yo te protejo a ti, no tú a mí. Tú pasas a ser de mi familia, pasas a ser mía -dijo.
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Mastretta se muestra genial en este fragmento.

Myrisa dijo...

Una excelente adaptación a la pantalla. La disfruté tanto como la novela.

Acerca de mí

Mi foto
"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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