sábado, enero 07, 2012

Homenaje de Año Nuevo a Awilda Castro en Boreales

En las letras, desde Puerto Rico: Homenaje de Año Nuevo a la escritora Awilda Castro Suárez*

Cuando digo ternura: la figura materna en algunos de sus poemas.

por Carlos Esteban Cana

Awilda Castro siempre reservó un lugar importante en su obra para las que llamaba: ‘Las mujeres de mi vida’, aquellas que habían ocupado esa figura maternal, en ciertas épocas de su vida. En uno de sus últimos poemas, titulado “Nostalgia at Pennsylvania Dutch Country” (premiado por los editores de la revista Philadelphia Poets) la poeta utiliza un epígrafe de Virgilio Dávila para enhebrar, a modo de leiv-motiv, el concepto de madre con el tema del exilio, la nostalgia y la patria.

La figura maternal es tema recurrente en varias poesías de Awilda. Quizás la propia biografía de la poeta arroja destellos, luz sobre la causa. Sucedió que la madre biológica de la poeta la había dado en adopción. Puntualizado lo anterior es pertinente destacar además que Awilda nunca, tanto en sus años de formación en Puerto Rico y después en Pensilvania, adoleció de sentir cercana esa ternura maternal. En un escrito titulado ‘Recuento de mis madres’, publicado en su bitácora Bolas de pelos, la poeta enumera a esas mujeres capitales que fueron presencia en su vida: María Suárez, a la que llamó Mami; Janice Rodríguez (que aunque contemporánea siempre le cuidaba); también mencionó a la mamá de Sonia; y en Reading a Doña Haydeé. Pero, entre todas ellas, fue su Abuela Chede quien le amó con locura y le dio toda la ternura del mundo.

Las propias palabras de la poeta lo dicen todo: “La presencia más palpable es la de mi abuela Mercedes. Si cierro los ojos puedo verla con su vestido verde. Hasta puedo oler su aroma de jabones Maja, cremas Avon y polvos españoles. Y si hago un esfuerzo mayor hasta puedo sentir sus dedos chatos y arrugados secándome las lágrimas. Ella no sabía leer ni escribir pero hacía que le leyera mis composiciones. Me levantaba cada mañana desarropándome y prendiendo un viejo radio en WKAQ Radio para que oyera las noticias. Yo era su lectora de periódicos y por las noches discutíamos de política o algún otro suceso. Cada vez que íbamos a sus exámenes del cáncer me decía que cuando yo creciera iba a vivir en San Juan, que trabajaría en la televisión y le enviaría saludos en las mañanas. No hay una sola vez en la cual pique cebollas y no recuerde que cuando ella cocinaba yo le robaba pedacitos de jamón. Ella decía que había un ratón, que ya iba a ver el “rajiero” ese lo que le iba a pasar.”

A continuación, En las letras, desde Puerto Rico, aquí desde el espacio cálido de Boreales, de la amiga, escritora y gestora cultural Yolanda Arroyo Pizarro, les dejamos, estimados lectores, con dos de esos poemas que ocupan esta reflexión. El primero titulado Tu nombre fue realizado a inicios de la década pasada, en el año 2000, en Río Piedras. Del segundo, “Nostalgia at Pennsylvania Dutch Country”, del que ya hemos hablado, sólo resta decir que Awilda lo realizó en Estados Unidos, en el 2010. Diez años median entre ambas piezas.

Poemas de Awilda Castro Suárez.

A ti que hiciste lo que soy, que tu recuerdo me sostiene, a ti que inspiras todo lo que hago, a ti, mi vieja.
Cuando digo tu nombre,
quiero decir recuerdo,
quiero decir ternura,
una sábana olorosa al dormir,
unos ojos que aunque cansados siempre alertas,
Al pronunciar tu nombre evoco café recién cola’o bien cargadito,
un arroz con gandules del día anterior,
unas viandas salpicadas de gusto en el sancocho,
la tersura de la maicena,
el vapor de las sopas,
las patitas de cerdo con garbanzos,
el pan de maíz casado con la leche,
el bizcocho de novia emparentado con las noticias,
las gomitas de china pegadas a tus encías,
las películas que te daban pesadillas y tu habitual insistencia que durmiera contigo.
Cuando digo tu nombre,
huelo polvo Maja, crema Pond, suavizador Final Touch, perfume de la Avon, jabón
Dove,
huelo recao, cilantrillo, ajo, cebolla
huelo sofrito.
Cuando digo tu nombre,
pienso en ternura, en apoyo,
en tus ojos negros ya casi cegatos,
en tu pelo canoso sin tintes,
en tus arrugas,
en tus grandes orejas, en tus nalguitas escurridas,
en tus grandes cejas,
en tus piernas llenas de várices,
en el tiempo que eran piernas gordas y bellas.
y pienso en tus trajes hechos a la medida con aquellas telas de la Tienda Paco,
en tus piernas peludas,
en tus zapatos negros de La Gloria, brillados con Griffin.
Y te pienso dichosa, feliz,
con tu mente clara de nuevo,
con tus recuerdos organizados,
con tus susurros para tranquilizar mis lágrimas
con aquel “lo que importa es que yo te quiera”
Y te pienso sin locura, sin insultos, sin malas palabras
como cuándo aún había inocencia.
Te pienso con amor eterno,
eterno como los recuerdos.
te pienso como lo más bonito de mi vida,
Cuando digo ternura,
amor, apoyo, sentimientos,
recuerdos y vínculo,
quiero decir abuela,
quiero decir Mercedes.

Nostalgia at Pennsylvania Dutch Country
Awilda I. Castro Suárez

“Mother, Borinquen is calling me!
This country is not mine!
Borinquen is pure flame,
while here I die frozen.”

            -Nostalgia
            Virgilio Dávila

I dreamed of a saving account,
a house,
a white picket fence,
a dog,
a garden,
clean streets.

I migrated to the cold jungles of William Penn,
the trucks throwing salt in the streets,
the squirrels hanging from cables,
the Pagoda covered with snow,
the train cars scribbled with graffiti,
the six cold months,
the gloves that I always lose.
Now I dream of
the “fonda” that cooks Hispanic stews,
the “bodega” with cilantro and recao,
the radio station playing El Gran Combo after a “reggaetón” song,
the one dollar guavas
this nostalgia that never warms me completely.

I dream of the rain showers flooding Puerto Nuevo
while the snow accumulates in the gutters of my house,
the papaya shakes at the farmers market,
the traffic jams in Buchanan,
Twenty-five murders on a long weekend,
the Spanish cakes of La Ceiba,
the bus driver turning up the volume to hear the dirty jokes on the morning radio show,
the beggars at the street lights,
the loud music blasting out the speakers of a political campaign van,
the blue colonial bricks under the sun,
the Coronas on the Boricua Bar on 100 hundred degrees nights,
the drums in a Saint Sebastian party and my body moving with the rhythm,
reading Benedetti in La Tertulia,
orgasms against the colonial fortress,
my fist in the air dreaming of freedom,
eating Vienna sausages during the hurricanes.

“Mother, Borinquen is calling me!”
loud and constant,
I dream with my invented country,
built with fondness, out of shortages
and retouched memories fitted to my longing.
 “Mother, Borinquen is calling me!...
and in here I die frozen”
The weather forecast temperatures below zero,
but I can feel her warmth inside me,
dissolving the wintry mix,
like salt thrown on the sidewalk.
As long as I have memory, I may feel cold to my bones,
but I will never die frozen.

*Nota: Una serie de artículos en torno a la vida y obra de la escritora Awilda Castro Suárez, recientemente fallecida, se publicarán en diferentes espacios cibernéticos. Página 0 (de El Post Antillano), Panaceas y Placebos de Miguel Ayala, Confesiones de Angelo Negrón, Bocetos de una ciudad silente de Ana María Fuster, Sur para caminantes de Mario Antonio Rosa y Boreales de Yolanda Arroyo Pizarro, son algunos de los espacios que se unen a este homenaje. Anteriormente, con ese mismo motivo, se habían expresado escritores como Nicole Cecilia Delgado, Alberto Martínez Márquez y David Caleb Acevedo.

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Acerca de mí

Mi foto
Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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