Él me juró en mayo que Betzaida no era su novia. Mis catorce años se lo creyeron. Me pidió encontrarnos detrás de la Parroquia, para que nadie nos viera y el encuentro prohibido nos enamorara aún más. Me instruyó en el arte de inventar una excusa creíble en mi casa. Diles que tienes una reunión de jóvenes de la Pascual Juvenil, total que ya se acerca cuaresma. Mi corazón se alborotó y comenzó a entonar “Cánticos celestes”, “Una espiga dorada por el sol”, y a hacer los requintos y los coros de en el arca de Noé, caben todos, tú también…
Se enojó porque esa noche no quise darle como regalo mi V for Vendetta. Me lo pidió arrodillado, besando mi ombligo, zarandeando mis hombros que por primera vez se desnudaban frente a un hombre del clero. Me lo rogó, me lo suplicó, me lo imploró. Siempre hay una primera vez para todo, dulce Vanesa, dijo. Su amable sonrisa de ministro de la eucaristía casi me convence. Casi.
Cantar “en la arena he dejado mi barca”, no me sirvió de nada. El repudio se adhirió de inmediato a sus ojos y por todo trato, dejó de dirigirme la palabra. Yo era la culpable. Yo lo había hecho sufrir. Yo era la mala. Comenzó a pasearse de la mano con Betzaida y a besarla en la frente. A mí me había besado todo menos la frente, pero a ella, claro, había que mantenerla casta.
Luego de una homilía, y mientras Carmencita entonaba “Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de dios”, él se volteó, puesto que se encontraba sentado con la casta y pura en el banquillo de enfrente, y extendió su mano llegado el momento de “la paz esté con nosotros”. La misa quedó en suspenso. Mis tías, mis primos, mis hermanos no pudieron creerlo. Los feligreses de alrededor quedaron con la boca abierta. Vanesa se rehusó a devolver el saludo de paz a un hombre de dios. Estará loca, la pobre, tiene el corazón lleno de raíces de amargura, el señor no le perdonará nunca este pecado contra el espíritu santo.
En diciembre se casaron los beatos, y luego del entristecimiento que me causó, continué mi íncuba vida en la iniquidad de los besos y las caricias fornicatorias con otros que contrario a él, no me llevaban diez años. Chicos un poco más ingenuos que al igual que yo tenían las mismas intenciones de calentamiento global, única y exclusivamente desde encendidos grajeos.
Desfloré mi V for Vendetta tres años más tarde, enamorada, sin que me obligaran, un día como hoy 29 de octubre mientras cumplía años. Hace unos meses, casualmente, llamó el excomulgado. No me llamó a mí directamente, pero sí a mi hermano. Quiere pedirme perdón por lo ocurrido hace 22 años atrás. Y de paso, como se enteró que soy algo así como una escritora, quiere asegurarse, sobretodo, que a mí no se me escurra ninguna infidencia que lo afecte, siendo que para el próximo año electoral piensa postularse como alcalde del pueblo costero en donde me crié. Y claro, no pienso decir para nada el nombre del pueblo. Aunque no puedo dejar pasar la oportunidad de confesar que tiene su propio sistema de transporte de lanchas. Ahí te va mi perdón, honorable futuro alcalde. Gracias por nada.
PD: Happy Birthday to me!









