Escritos de Yolanda Arroyo Pizarro
-- Literatura puertorriqueña
Alessandro Baricco
Seda (fragmento)
59.
"Permanece así, te quiero mirar, yo te he mirado tanto pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate como estás, tenemos una noche para nosotros, y quiero mirarte, nunca te había visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos y acaríciate, te lo ruego, no abras los ojos si puedes, y acaríciate, son tan bellas tus manos, las he soñado tanto que ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, sigue, te lo ruego, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate señor amado mío, acaricia tu sexo, te lo ruego despacio, es bella tu mano sobre tu sexo, no te detengas, me gusta mirarla y mirarte, señor amado mío, no abras los ojos, no todavía, no debes tener miedo estoy cerca de ti, ¿me oyes?, estoy aquí, puedo rozarte, y esta seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel, tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, en cierto momento sentirás el calor de mis labios, encima, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de improviso, tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las cejas, sentirás el calor entrar en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea sobre tu sexo, apoyaré mis labios allí y los abriré bajando poco a poco, dejaré que tu sexo cierre a medias mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva bajará por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, porque te quiero, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero, y con el corazón entre mis labios tú serás mío, de verdad, con mi boca en tu corazón tú serás mío, para siempre, y si no me crees abre los ojos señor amado mío y mírame, soy yo, quién podrá borrar jamás este instante que pasa, y este mi cuerpo sin más seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran, tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que resbalas debajo de mí, tomas mis flancos, me levantas, me dejas deslizar sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote con lentitud, tus manos sobre mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves con lentitud, pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz, mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me levanta, tus brazos que no me dejan ir, los golpes dentro de mí, es dulce violencia, veo tus ojos buscar en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño, hasta donde tú quieras, señor amado mío, no hay fin, no finalizará, ¿lo ves?, nadie podrá cancelar este instante que pasa, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos soltando las lágrimas de mis ojos, mi voz dentro de la tuya, tu violencia teniéndome apretada, ya no hay tiempo para huir ni fuerza para resistir, tenía que ser este instante, y este instante es, créeme, señor amado mío, este instante será, de ahora en adelante, será, hasta el fin."
Julio Cortázar
Rayuela Cap. 68: "Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpaso en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.".
J.M.Coetzee
Desgracia (fragmento) “Él disfruta con la alegría de ella, una alegría sin afectación. Le sorprende que una hora y media por semana en compañía de una mujer le baste para sentirse feliz, a él, que antes creía necesitar una esposa, un hogar, un matrimonio. En fin de cuentas, sus necesidades resultan ser muy sencillas, livianas y pasajeras, como las de una mariposa. No hay emociones, o no hay ninguna salvo las más difíciles de adivinar: un bajo continuo de satisfacción, como el runrún del tráfico que arrulla al habitante de la ciudad hasta que se adormece, o como el silencio de la noche para los habitantes del campo”.
Laura Restrepo
Delirio (fragmento) "Supe que había sucedido algo irreparable en el momento en que un hombre me abrió la puerta de esa habitación de hotel y vi a mi mujer sentada al fondo, mirando por la ventana de muy extraña manera. Fue a mi regreso de un viaje corto, sólo cuatro días por cosas de trabajo, dice Aguilar, y asegura que al partir la dejó bien. Cuando me fui no le pasaba nada raro, o al menos nada fuera de lo habitual, ciertamente nada que anunciara lo que iba a sucederle durante mi ausencia, salvo sus propias premoniciones, claro está, pero cómo iba Aguilar a creerle si Agustina, su mujer, siempre anda pronosticando calamidades, él ha tratado por todos los medios de hacerla entrar en razón pero ella no da su brazo a torcer e insiste en que desde pequeña tiene lo que llama un don de los ojos, o visión de lo venidero, y sólo Dios sabe, dice Aguilar, lo que eso ha trastornado nuestras vidas. Esta vez, como todas, mi Agustina pronosticó que algo saldría mal y yo, como siempre, pasé por alto su pronóstico; me fui de la ciudad un miércoles, la dejé pintando de verde las paredes del apartamento y el domingo siguiente, a mi regreso, la encontré en un hotel, al norte de la ciudad, transformada en un ser aterrado y aterrador al que apenas reconozco. No he podido saber qué le sucedió durante mi ausencia porque si se lo pregunto me insulta, hay que ver cuán feroz puede llegar a ser cuando se exalta, me trata como si yo ya no fuera yo ni ella fuera ella, intenta explicar Aguilar y si no puede es porque él mismo no lo comprende; La mujer que amo se ha perdido dentro de su propia cabeza, hace ya catorce días que la ando buscando y me va la vida en encontrarla pero la cosa es difícil, es angustiosa a morir y jodidamente difícil; es como si Agustina habitara en un plano paralelo al real, cercano pero inabordable, es como si hablara en una lengua extranjera que Aguilar vagamente reconoce pero que no logra comprender. La trastornada razón de mi mujer es un perro que me tira tarascadas pero que al mismo tiempo me envía en sus ladridos un llamado de auxilio que no atino a responder; Agustina es un perro famélico y malherido que quisiera volver a casa y no lo logra, y al minuto siguiente es un perro vagabundo que ni siquiera recuerda que alguna vez tuvo casa."
Virginia Woolf
Las olas (fragmento) "El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin. Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido o cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. La luz golpeó sucesivamente los árboles del jardín iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insustancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías."
Angeles Mastretta
Mujeres de ojos grandes ( fragmento) "Cuando la tía Carmen se enteró de que su marido había caído preso de otros perfumes y otro abrazo, sin más ni más lo dio por muerto. Porque no en balde había vivido con él quince años, se lo sabía al derecho y al revés, y en la larga y ociosa lista de sus cualidades y defectos nunca había salido a relucir su vocación de mujeriego. La tía estuvo siempre segura de que antes de tomarse la molestia de serlo, su marido tendría que morirse. Que volviera a medio aprender las manías, los cumpleaños, las precisas aversiones e ineludibles adicciones de otra mujer, parecía más que imposible. Su marido podía perder el tiempo y desvelarse fuera de la casa jugando cartas y recomponiendo las condiciones políticas de la política misma, pero gastarlo en entenderse con otra señora, en complacerla, en oírla, eso era tan increíble como insoportable. De todos modos, el chisme es el chisme y a ella le dolió como una maldición aquella verdad incierta. Así que tras ponerse de luto y actuar frente a él como si no lo viera, empezó a no pensar más en sus camisas, sus trajes, el brillo de sus zapatos, sus pijamas, su desayuno, y poco a poco hasta sus hijos. Lo borró del mundo con tanta precisión, que no sólo su suegra y su cuñada, sino hasta su misma madre estuvieron de acuerdo en que debían llevarla a un manicomio."
Pablo Neruda
Poema 14:
Juegas todos los días con la luz del universo./
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua./
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto/
como un racimo entre mis manos cada día./
A nadie te pareces desde que yo te amo. /
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. /
¿Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? /
Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías. /
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. /
El cielo es una red cuajada de peces sombríos. /
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. /
Se desviste la lluvia. /
Pasan huyendo los pájaros. /
El viento. El viento. /
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. /
El temporal arremolina hojas oscuras /
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. /
Tú estás aquí. Ah tú no huyes. /
Tú me responderás hasta el último grito. /
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. /
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. /
Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, /
y tienes hasta los senos perfumados. /
Mientras el viento triste galopa matando mariposas /
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. /
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, /
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. /
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos /
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. /
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. /
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. /
Hasta te creo dueña del universo. /
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, /
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos. /
Quiero hacer contigo /
lo que la primavera hace con los cerezos./ (20 poemas de amor y una canción desesperada)
Milan Kundera
La insoportable levedad del ser (fragmento). "Sintió en su boca el suave olor de la fiebre y lo aspiro como si quisiera llenarse de las intimidades de su cuerpo. Y en ese momento se imaginó que ya llevaba muchos años en su casa y que se estaba muriendo. De pronto tuvo la clara sensación que no podría sobrevivir a la muerte de ella. Se acostaría a su lado y querría morir con ella. Conmovido por esa imagen hundió en ese momento la cara en la almohada junto a la cabeza de ella y permaneció así durante mucho tiempo.....Y le dio pena que en una situación como aquella, en la que un hombre de verdad sería capaz de tomar inmediatamente una decisión, él dudase, privando así de su significado al momento mas hermoso que había vivido jamás (estaba arrodillado junto a su cama y pensaba que no podría sobrevivir a su muerte). Se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que en realidad era bastante natural que no supiera que quería: El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero que valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.
(...)
Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.
(...)
La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes."
lunes, octubre 30, 2006
Julio en 29 de octubre
Él me juró en mayo que Betzaida no era su novia. Mis catorce años se lo creyeron. Me pidió encontrarnos detrás de la Parroquia, para que nadie nos viera y el encuentro prohibido nos enamorara aún más. Me instruyó en el arte de inventar una excusa creíble en mi casa. Diles que tienes una reunión de jóvenes de la Pascual Juvenil, total que ya se acerca cuaresma. Mi corazón se alborotó y comenzó a entonar “Cánticos celestes”, “Una espiga dorada por el sol”, y a hacer los requintos y los coros de en el arca de Noé, caben todos, tú también…
Se enojó porque esa noche no quise darle como regalo mi V for Vendetta. Me lo pidió arrodillado, besando mi ombligo, zarandeando mis hombros que por primera vez se desnudaban frente a un hombre del clero. Me lo rogó, me lo suplicó, me lo imploró. Siempre hay una primera vez para todo, dulce Vanesa, dijo. Su amable sonrisa de ministro de la eucaristía casi me convence. Casi.
Cantar “en la arena he dejado mi barca”, no me sirvió de nada. El repudio se adhirió de inmediato a sus ojos y por todo trato, dejó de dirigirme la palabra. Yo era la culpable. Yo lo había hecho sufrir. Yo era la mala. Comenzó a pasearse de la mano con Betzaida y a besarla en la frente. A mí me había besado todo menos la frente, pero a ella, claro, había que mantenerla casta.
Luego de una homilía, y mientras Carmencita entonaba “Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de dios”, él se volteó, puesto que se encontraba sentado con la casta y pura en el banquillo de enfrente, y extendió su mano llegado el momento de “la paz esté con nosotros”. La misa quedó en suspenso. Mis tías, mis primos, mis hermanos no pudieron creerlo. Los feligreses de alrededor quedaron con la boca abierta. Vanesa se rehusó a devolver el saludo de paz a un hombre de dios. Estará loca, la pobre, tiene el corazón lleno de raíces de amargura, el señor no le perdonará nunca este pecado contra el espíritu santo.
En diciembre se casaron los beatos, y luego del entristecimiento que me causó, continué mi íncuba vida en la iniquidad de los besos y las caricias fornicatorias con otros que contrario a él, no me llevaban diez años. Chicos un poco más ingenuos que al igual que yo tenían las mismas intenciones de calentamiento global, única y exclusivamente desde encendidos grajeos.
Desfloré mi V for Vendetta tres años más tarde, enamorada, sin que me obligaran, un día como hoy 29 de octubre mientras cumplía años. Hace unos meses, casualmente, llamó el excomulgado. No me llamó a mí directamente, pero sí a mi hermano. Quiere pedirme perdón por lo ocurrido hace 22 años atrás. Y de paso, como se enteró que soy algo así como una escritora, quiere asegurarse, sobretodo, que a mí no se me escurra ninguna infidencia que lo afecte, siendo que para el próximo año electoral piensa postularse como alcalde del pueblo costero en donde me crié. Y claro, no pienso decir para nada el nombre del pueblo. Aunque no puedo dejar pasar la oportunidad de confesar que tiene su propio sistema de transporte de lanchas. Ahí te va mi perdón, honorable futuro alcalde. Gracias por nada.
El Cáliz de la nueva literatura Puertorriqueña (Parte I)
El Cáliz de la nueva literatura Puertorriqueña (Parte I) Serie de opiniones sobre el Arte de escribir Por Yolanda Arroyo Pizarro
Por estos días estoy celebrando mi onomástico. Todavía me faltan cuatro añitos para llegar a los cuarenta y dicen las malas lenguas que aún provoco fuertes pasiones por ahí entre los afectos que me rodean, así que tan mal no me va. Sin embargo, siempre que cumplo años la depresión llega acompañada de reflexiones sobre la vida, sobre lo que escribo, sobre lo que leo, sobre el curso que sigue mi existencia.
Es imperioso para mí saber hacia donde se dirige la literatura de mi país. Leer a los clásicos que la instauraron y seguirles la pista a las nuevas corrientes. Nutrirme del néctar de los nuevos escritores, de sus opiniones, de sus ideas progresistas y vanguardistas. Eso quiero y se vuelve toda una necesidad para mis sentidos. Ellos son el cáliz de la perpetuidad literaria de la tierra que piso, que me ve caminar ansiosa, que me ve llorar bajo la lluvia, que me ve reír sobre algún montículo. Ellos son mi engranaje, en ocasiones mi plato principal o mi postre. Así que a ellos he ido para saber, para curiosear, para averiguar. Quiero saciarme de lo que tienen que decir.
La faena la comencé el año pasado, con el artículo que publiqué en agosto del 2005 titulado “Opiniones sobre el arte de escribir”, en donde respetados colegas me obsequiaron sus pareceres. Entre ellos figuraron Lourdes Marie López, escritora del foro virtual Tallercuento de Ciudadseva.com, el amigo José Borges, talentoso narrador quien se encuentra culminando su Maestría en Creación Literaria y la extraordinaria historiadora, editora, prosista y quien dicho sea de paso, es mi marida de letras, Alma Rivera Collazo.
En esta ocasión he querido ampliar la mesa de discusión, así que he invitado a otros colegas del patio para que me conduzcan sobre sus veredictos en esto de sentarse a tomar el dictado literario.
Las tres preguntas que les hice, son las mismas tres que hice el año pasado:
1. ¿Por qué escribes? 2. ¿Qué papel juega la imaginación en la tarea y en la vida de un escritor? 3. ¿Se le pueden agotar los temas a un escritor?
Estas son sus respuestas:
Mariángel Díaz Bergnes
1. ¿POR QUÉ ESCRIBES? Porque me divierte y me siento libre. Porque entiendo que tengo el don de reinventar la vida y las experiencias que conozco para convertirlas en un suceso literario entretenido, fácil de leer y de entender, cautivando al lector o lectora desde la primera frase hasta la última. Para romper esquemas, los míos y los ajenos.
Escribo para abrir surcos intelectuales que nos enfrenten a una justicia planetaria y nos muevan lo suficiente para querer representar dicha justicia donde quiera que vayamos, para que nuestra fragancia como seres humanos sea esa justicia y la libertad que ésta representa. Escribo porque creo firmemente en la libertad como un valor innegociable.
2. ¿QUÉ PAPEL JUEGA LA IMAGINACIÓN EN LA TAREA Y EN LA VIDA DE UN ESCRITOR? La imaginación me ayuda en el reinventar la realidad para convertir lo escrito en un suceso verosímil que mueva y conmueva a quien me lea, con la tácita intención de arañarle su conciencia social, tocar sus fibras emocionales o sencillamente entretener a través de un relato que le haga reaccionar más allá de sus prejuicios y su realidad inmediata.
3. ¿SE LE PUEDEN AGOTAR LOS TEMAS A UN ESCRITOR? Nunca. Los temas son inagotables. Los temas son la vida entera que nos acompaña.
Isaac Cazorla 1. ¿POR QUÉ ESCRIBES? Escribo por diversas razones. Hoy no creo saberlas todas: algunas aparecen y desaparecen de un día para otro. Pero, por mencionar la más recurrente, diré que escribo porque escribir es un placer.
2. ¿QUÉ PAPEL JUEGA LA IMAGINACIÓN EN LA TAREA Y EN LA VIDA DE UN ESCRITOR? Creo que la importancia de la imaginación en la tarea del escritor depende de cada escritor (y de cada escrito). Hay otros oficios –algunos no muy lejanos- que requieren más de la imaginación que la literatura. Uno puede escribir un cuento –por ejemplo- sin mucha imaginación, basándose en una experiencia vivida o contemplada. El historiador en cambio, no puede reconstruir un contexto sin imaginación. El científico no puede resolver una fórmula sin imaginación. El abogado no puede presentar un caso sin imaginación, el arquitecto no puede diseñar un edificio sin imaginación, el ingeniero no puede planificar un puente sin imaginación. El escritor, en cambio, utiliza la imaginación para subvertir la realidad si –y sólo si- desea hacerlo. En este caso se convierte en un instrumento importante para su tarea.
Sin embargo es en la vida –y no en el oficio- en donde la imaginación cobra una importancia vital. Creo que no es posible vivir sin imaginación en tanto las personas nos dirigimos sólo hacia aquello que imaginamos: todo futuro, por inasible, pertenece al mundo imaginario. El día que está por comenzar, el ascenso laboral, el café de las tres, el siguiente beso, la próxima sábana fresca y hasta el propio epitafio o la herencia que dejaremos (o que vamos a cobrar) –por ejemplo- pueblan el mundo imaginario por el que todos vivimos. Sin imaginar algo, no nos atreveríamos a despertar.
3. ¿SE LE PUEDEN AGOTAR LOS TEMAS A UN ESCRITOR? No creo que los temas puedan agotarse (porque no se agota el color al cerrar los ojos o no se agota la música al taparse los oídos). Pero sí creo que puede agotarse el escritor. Cuestión de descansar …o de olvidarlo.
La tarde en que abracé a Laura Restrepo Crónica por Yolanda Arroyo Pizarro
Tan pronto la vi entrar, la noté famélica de olas, de arena, de mares caribeños y de playas borincanas. Laura llevaba descolgada de los labios ese tipo de sonrisa que se dispara con toda la efusividad del mundo, que se adorna con un carisma genuino.
Muchos habíamos llegado a la facultad de Humanidades en la Yupi debajo de un aguacero inmisericorde. El fenómeno había dejado vehículos inundados y a la deriva en un afluente de río bravío permutado en lo que quedaba de la avenida Muñoz Rivera. Luego de ése obstáculo pluvial, muchos anduvimos descalzos ya que nuestro calzado sucumbió a la realidad de la vaguada que nos llevaba el alma corriente abajo por las escalinatas destino a la Sala A. Allí, justo al final, rebosaba una fuente improvisada por los escalones, que si bien daba testimonio inquebrantable de la torpeza de los desarrolladores, también mostraba una belleza subyugante, digna de ser inmortalizada por algunos de nosotros en las letras.
Nos cambiaron el salón original de la convocación previniendo una mayor catástrofe ante las ráfagas de viento. Nos movimos todos hasta el Seminario Federico de Oniz. Una vez allí, empapados y recibiendo los embates del ahora aire acondicionado que seguramente se responsabilizaría de alguna inminente bronquitis, nos sentamos a esperar a que llegara la fuente de nuestra devoción.
Laura llegó puntual. Llevaba un vestido largo negro, de tela suavecita y fina que contrastaba con su oscuro cabello y como dijera ya, su sonrisa a flor de piel dispuesta al invite del rompeolas borincano. Me acerqué y me abrazó. Así de sencillo. El resto de la multitud comenzó a acercarse también. Nos tomamos fotos con ella, le hicimos varias preguntas de su estadía en la isla, de cómo la estaba pasando, del tapón descomunal que había tomado debido a las lluvias y de sus próximos compromisos literarios. A todo ello Laura contestó con un magnetismo y ecuanimidad pocas veces visto.
Mis expectativas hacia esta mujer—la cual considero una de las mejores escritoras del mundo— eran muy altas, y corría el riesgo de irme directito al sótano de picada y de cabeza si no eran copadas. Sin embargo, me sorprendí al darme cuenta de que todas las expectativas Laura las iba llenando poquito a poco. Desde que nos contara sobre sus anécdotas escribiendo su novela Delirio para el Premio Alfaguara, pasando por su formación literaria en Colombia, contándonos y haciendo paralelismo con sus otras obras, hasta la cátedra tan esencial que nos ofreció sobre el proceso de la escritura. Todo ello la hizo crecerse aún más si fuera posible, ocupando ahora un puesto mayor entre mis respetos y admiraciones que por derecho le pertenecían.
Laura Restrepo en su novela Delirio me había virado como media desde la primera leída, y tal efecto se multiplicó y hasta se elevó a la milésima potencia justo en las siguientes relecturas. Ahora Laura nos contaba cuan importante era para ella haber llevado el mensaje de la violencia que se esconde detrás de las mentiras familiares, —que es el tema principal de la novela y el disparador de la locura de Agustina, —rodeado de la situación social que arropa su país Colombia. Hubiera querido decirle cómo me había enamorado yo del Bichi, y por supuesto de mi infatuación por su antitesis tan colmado de virilidad en el Midas Mc Alister, pero no hubo mucho tiempo. El público la abarrotaba con preguntas tan intensas como ingeniosas, cargadas de un contenido intelectual tan enorme que me hizo volver a tener fe en el efecto que la literatura causaba en mis congéneres. En vez de ello, le pregunté sobre la historia de la portada, y justo fue allí cuando “la tarde en que abracé a Laura Restrepo” llegó hasta el cenit más sublime. Laura, que poseía total y absoluto dominio de las destrezas de control de grupo y de proyección en presentaciones, exclamó mi nombre—sí, dijo claramente y a viva voz “Yolanda”— y acto seguido pasó a contestar mi pregunta. Yo quedé en un trance en donde ella y yo éramos las únicas en aquella sala, y la escuché como un niño escucha la voz tierna y bondadosa de una madre que le instruye.
Laura me contó —debería decir nos contó pero no me da la gana— que cuando escribe, se siente como si estuviera vistiendo a una persona, y enseguida lo primero que hace es ponerle el sombrero. Ese “sombrero” viene a ser el título acompañado de la portada a su libro, y con relación a ésta nos indicó que la había visto en una exhibición de arte de la fotógrafa Sandy Skoglund. Le había gustado tanto que estuvo meses enteros intentando convencer a la artista para que le permitiera usarla y por fin lo logró.
Aún con sus ojos brillosos en apetencia de marullos y sed de arrecifes borinqueños, Laura fue lo suficientemente bondadosa y altruista como para abrir su cofre del tesoro y repartirnos joyas a cada uno. De todas las alhajas que nos brindó, las más que atesoré fueron dos. La primera de ellas: cuando nos habló de la génesis de Delirio, explicándonos que había escrito en grandes cartulinas de colores los nombres de las cuatro voces narrativas de la obra para irle adjudicando características y elementos exclusivos que resaltaran a lo largo de la historia las diferentes personalidades, gestión que por nada del mundo dejaba en manos del procesador de texto, puesto que prefería ver el entorno del mundo que iba creando y recreando como si fueran papiros de la más onerosa cartografía. Sin duda alguna para ella esto era el equivalente a un elemento de brújula imaginaria que le permitía distinguir cada punto cardinal fielmente desde un contexto más práctico.
Lo segundo: cuando nos mencionó el efecto que había causado su novela en el presidente del jurado José Saramago y la anecdótica pregunta que el premio Nóbel de Literatura le había hecho sobre Delirio: “¿contra quien estás saldando cuentas con esta historia, Laura?” ¡Ah!, y Laura nos contó que la perspicacia de Saramago no había caído en oídos sordos, porque en efecto —pasó a decirnos a continuación— “cuando escribimos desde el corazón, desde la memoria, y desde la realidad disfrazada que nosotros eventualmente disfrazaremos más, siempre se saldan cuentas con nuestros fantasmas, y demonios y delirios del pasado que nos angustian”. ¡Que la literatura sirve para saldar cuentas con nuestros tormentos!, dijo Restrepo, y yo me convencí. Toda una lección invaluable.
El conversatorio con Laura culminó y las inclemencias del tiempo afortunadamente mejoraron, así que nos pudimos ir un poco más secos devuelta a nuestros carros. Yo no sé los demás, pero lo que era yo, iba caminando descalza y con una enorme sonrisa que nada ni nadie sería capaz de borrarme del alma.
De izquierda a derecha: Mayra Santos-Febres, Laura Restrepo y Yolanda Arroyo.
Publicado originalmente en Derivas.net el martes, julio 26, 2005
El cibermundo le ha abierto la puerta a mujeres que no se atreven —por cualquier razón— a levantarse un jevo en el Happy Hour, pero que, utilizando el flat monitor de escudo, y la redacción de textos compactos con emoticones de resguardo, logran acumular la suficiente valentía como para acceder a un “blind date” en combo agrandado, o sea, con extras. Digo “extras” porque en vías de lograr la meta de la “pajillus mentis”, hasta se pautan beneficios extendidos en pro del “conquistado” si la velada logra llenar las expectativas. Hacen aparición inmediata promesas de “te haré esto por allí”, y “lo otro por allá” que tan pronto son redactadas en la caja de texto virtual, logran efectos interesantes y devastadores sobre las “partes nobles” de ambos redactores. El cerebro y la intuición ceden su espacio al placer de los sentidos hormonales. De ese modo, estas mujeres se tiran la maroma de encontrarse con tipos extraños que sólo han visto por webcam (a lo sumo), o que de otro modo, únicamente han visto en una fotografía. En ocasiones dan por sentada como verídica esa misma imagen en formato jpeg que el contactado envió a través del Messenger, aludiendo a los valores moralmente honestos del individuo que acaban de conocer, y suponiendo que al mismo no se le ocurriría jamás-ni-nunca alterarla.
Son precisamente esas “partes nobles” las que llevan la delantera en el encuentro; son ellas las que mandan, sin importar que se descubra que el jpeg se haya retocado en Photoshop, o que la imagen de la webcam haya venido acompañada de algún tic nervioso esofágico que nunca pudo captarse en pantalla, por aquello de las resoluciones, distorsiones de la imagen y/o “buffer” de transmisión. La meta es acostarse con el tipo, pues porque sí. Porque hace tanto que no me tiro a nadie; porque desde hace seis años nada de nada y seguramente me ha vuelto a crecer el himen; porque si no ahora ¿cuándo?, que hay que aprovechar las oportunidades según caen del cielo, caramba. Si total, ya estamos ahí. Vestidas y bastante alborotadas. Y se deja una engatusar por una misma (que lo único que ha hecho el ciberdate es reírse como un idiota y toser toda la noche a lo bestia). Tienen esas mujeres la cartera llena de las páginas dobladas e impresas, de todas las palabras hermosas y plagiadas de poesía.com que el susodicho les ha versado en el chat.
¿Ignora esa mujer engatusada, que el Don Juan desaparecerá en la mañana, y que no le volverá a contestar el teléfono y lo que es peor, que la bloqueará de su lista de contactos del Messenger? Puede ser. Pero soy de la opinión que en el fondo se sospechaba lo que ocurriría. Que muy, muy en el fondo se sabía que esa probabilidad existía. Lo que pasa es que el lapachero mental no deja escuchar el sentido común, el “te lo dije” que todas llevamos dentro.
Se convierte esta mujer en una más con el corazón roto. Porque, créanlo o no, estas mujeres son tan buenazas y tan loables que sufren. Y lo hacen por meses. Luego se recuperan y juran no volver a contactar a nadie por el Messenger. Y cumplen. El nuevo amor se contactará esta vez por Yahoo Personals, Match dotcom o Guame punto com. Por aquello de irnos más a la segura.
Publicado originalmente el viernes, 22 de julio de 2005 en Derivas.net
La actividad de presentación del libro Bondades de Cronos de Maribel R. Ortiz, nos mostró a una poeta de ingenio, a una mujer apasionada y llena de talento para el “performance”. Maribel nos hechizó con sus versos, con sus formas a ritmo de cadencia, con su entorno maravillosamente orquestado, con un show multimedia y por último con su voz. Sus versos fueron declamados como gotas que caen del cielo y se convierten en gatos sobre el tejado. La felicitamos a ella por el lustre y variedad que dio al evento, a su compañero de vida por el apoyo y pasión mostrados, Mario R. Cancel, y a sus diligentes editores, Elidio y Ana Ivelisse de Terranova.
Video y Fotos: Yolanda Arroyo Pizarro (Espere unos minutos por el "buffering" y hacer clic en Play)
Borrar todas las fotos. Cerrar los ojos. Olvidar las declaraciones de amor, ignorar las promesas… Aceptar lo que ella me pida, que soy su puta o su amiga, su amor de fin de semana o su vuelo de alas marchitas. Aceptar su intención de vida futura, o la hidalguía de su huida, su naturaleza viperina, su ser. Así, ya. Sin preguntar mucho. Así, ya, sin querer saber de nada.
I didn't hear you leave I wonder how am I still here And I don't want to move a thing It might change my memory
Oh I am what I am I do what I want But I can't hide
And I won't go I won't sleep I can't breathe Until you're resting here with me
And I won't leave I can't hide I cannot be Until you're resting here with me
I don't want to call my friends For they might wake me from this dream And I can't leave this bed Risk forgetting all that's been
Oh I am what I am I do what I want But I can't hide
And I won't go I won't sleep I can't breathe Until you're resting here with me
I won't leave I can't hide I cannot be Until you're resting here
I won't go And I won't sleep And I can't breathe Until you're resting here with me
And I won't leave I can't hide I cannot be Until you're resting here with me
Oh I am what I am I do what I want But I can't hide
And I won't go I won't sleep And I can't breathe Until you're resting here with me
I won't leave I can't hide I cannot be Until you're resting here
And I won't go And I won't sleep And I can't breathe Until you're resting here with me
I won't leave I can't hide I cannot be Until you're resting here with me
Cuento leído en el último encuentro de escritores en Café Berlín.
— Aaaahg!!! — El grito fue grande, como el orgasmo... y la frustración. Se agarró a ella con pena y se durmió. Despertó abrazado. Ella no se había movido. — Tenemos que hablar. — Se lo dijo al oído con ternura. — Yo siento mucho por ti. No se atrevía a ser directo. La pegó más a su cuerpo. — Yo siento que tú no participas. Estás distante. — le pasó la mano por la cabeza. Ella no hizo nada. — No haz tenido un orgasmo nunca. — Se contuvo temeroso de lo que había dicho. Ella no se movió. — Te he traído tus manjares favoritos y te los he dado de mi mano. — La miró con ternura. Pero los ojos tristes no enseñaban placer. Con otra táctica: — He visto cómo te maman, y créeme, no me he puesto celoso, pero creo que disfrutas más con ellos que conmigo. Se que debes hacerlo, sino se mueren. — ¡Haz algo! ¡Dime algo! — subió el tono, sin coraje. Ella ni lo miró. La apretó hacia sí con fuerza, casi haciéndole daño sin notarlo. Ella baló. — Perdona, ¿Te lastimé? — y acarició su vellocino. Y sonrió cuando ella finalmente tuvo una respuesta: — Bee eeh....
Ignacio de Iraola Septiembre de 2006 Editado en octubre 4 de 2006
Artista: Ricardo Arjona Album: Adentro Canción: De vez en mes
De vez en mes te haces artista, dejando un cuadro impresionista debajo del edredón.
De vez en mes con tu acuarela, pintas girones de ciruela que van a dar hasta el colchón.
De vez en mes un detergente, Se roba el arte intermitente De tu vientre y su creación.
Si es natural cuando eres dama, que pintes rosas en la cama una vez de vez en mes.
[Coro] De vez en mes una cigüeña se suicida, y ahí estás tú tan deprimida buscándole una explicación. De vez en mes el cielo te roba el milagro, el tiempo te hace un calendario de una vez, de vez en mes. De vez en mes tú me propones huelga de hambre, yo algo de imaginación.
De vez en mes la luna nueva, viene a quitar lo que renueva y a colocar otra ilusión.
De vez en mes soy invisible, para intentar en lo posible no promover tu mal humor.
De vez en mes no hay quien te aguante, y es un pecado estar distante y otro peor quedarme ahí.
y aunque hay receso obligatorio, y el cieo se hace un purgatorio te amo más, de vez en mes.
[Coro]
De vez en mes tu vientre ensaya para cuna, tu humor depende de la luna y yo te quiero un poco más.
De vez en mes a tu te da por tomar siestas, a tus hormonas por las fiestas y el culpable siempre yo.
De vez en mes no hay más reloj que el de tu cuerpo, no hay más luz que la que das. De vez en mes.
Viernes, 20 de octubre, 7 PM Cuartel de Ballajá Viejo San Juan
Performace
Terranova Editores y la poeta Maribel R. Ortiz invita a tod@s a montarse en el Aparato del tiempo, para conocer las Bondades de Cronos. Será un viaje a través de universos paralelos habitados por mariposas caóticas y otros especímenes, mininas metrópolis, hoyos negros, vampiras y demás poemas dimensionales. “Allí el espacio es habitáculo del nefasto discurso”… (Kaos).A- par -para -rato del tiempo (dígase aparato) aparatosa combinación de teatro y performance. Músicos de antifaz y orejas felinas interpretarán jingles y recitarán versos, el público se subastará al mejor postor, “todo tiene un precio”… (Ebay in-corpo-rate.) “en una ciudad amurallada de gatos.” (Minina metrópoli)
Me comprometo a vivir con intensidad y regocijo, a no dejarme vencer por los abismos del amor, ni por el miedo que de éste me caiga encima, ni por el olvido, ni siquiera por el tormento de una pasión contrariada. Me comprometo a recordar, a conocer mis yerros, a bendecir mis arrebatos.
Me comprometo a perdonar los abandonos, a no desdeñar nada de todo lo que me conmueva, me deslumbre, me quebrante, me alegre.
Larga vida prometo, larga paciencia, historias largas.
Y nada abreviaré que deba sucederme, ni la pena ni el éxtasis, para cuando sea vieja tenga como deleite la detallada historia de mi vida.
Al escritor Luis Othoniel Rosa lo vengo estudiando desde que le descubriera en una maravillosa antología de Mayra Santos-Febres. En aquella ocasión redacté un artículo publicado por el periódico El Vocero de Puerto Rico y la revista interactiva Letralia.com titulado La narrativa puertorriqueña en “Cuentos de oficio”. En él describí a Othoniel Rosa como un oficial de prosa que sabía lo mismo que el gran Horacio Quiroga, que “en un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia que las tres últimas”.
Más tarde volví a coincidir con Othoniel Rosa en el colectivo literario Derivas.net. Esta tarde acabo de leer en el periódico que se ha posicionado como una de las primeras voces de la narrativa emergente del país al alcanzar el Primer Premio de Cuento en el Certamen 2006, patrocinado por El Nuevo Día.
Jocelyn Pimentel acaba de ganar el Certamen de Poesía Olga Nolla 2006. La poeta es la creadora del blog Comentario que se encuentra en la dirección http://ojitosdemar.blogspot.com/. Su poemario ‘[cartografía del silencio]’, le ha merecido la atención del jurado que catalogó a su obra de "brevedades íntimas pero accesibles, plasmadas desde una distancia intelectual, pero con un efecto muy emocional".
Brincamos de la alegría ante este logro de la amiga Ojitos.
Para leer los reportajes de El Nuevo Día sobre el galardón y laudo ir a:
Nombre: Yolanda Arroyo Pizarro País: Puerto Rico Datos: Edad: 38 años
"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días."
Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Ha sido elegida como una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Ha sido merecedora de varias premiaciones literarias a nivel nacional e internacional; seis en Argentina, una en Chile, siete en Puerto Rico. Ha escrito para los periódicos El Nuevo Día, El Vocero de Puerto Rico, Claridad y La Expresión y sus ensayos y columnas se encuentran en la página de literatura ciudadseva.com, las revistas virtuales Cataliticos.com, Derivas.net, Letras Salvajes, Letralia.com y Narrativa Puertorriqueña. Algunos de sus cuentos confluyen en las revistas culturales Identidad de la UPR Aguadilla, Revista Púrpura, Preámbulos y Tonguas de la UPR Río Piedras. Es autora de los libros de cuentos, Ojos de Luna (2007) y Origami de letras (2004), además de una novela Premio PEN Club 2006, Los documentados (2005).
Ojos de Luna, Terranova Editores (2007);Libro del Año 2007, Periódico El Nuevo Día; Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña.
Los documentados, Ediciones Situm (2005); Premio PEN Club 2006
Origami de letras, Publicaciones Puertorriqueñas (2004)
Antologías
Antología: El Futuro no es nuestro. Nueva narrativa latinoamericana. Eterna Cadencia Editora(2009)Argentina
Poesía de los poetas hispanohablantes del mundo. Un homenaje a las mujeres rotas y a Simone de Beauvoir, en el centenario de su natalicio. Literalia Editores (2008)
Los otros cuerpos: Antología de temática gay, lésbica y queer desde Puerto Rico y su diáspora, Editorial Tiempo Nuevo (2007)
Bogotá 39: Antología de cuento latinoamericano, Ediciones B (2007) Colombia
Antología Universidad Politecnica de Puerto Rico (2007)
Antología Universidad Politecnica de Puerto Rico (2005)
Antología en honor a Sor Juana Inés de la Cruz, Argentina, Pegaso Ediciones(2004)
Antología en honor a Alfonsina Storni, Argentina, Pegaso Ediciones(2003)