lunes, diciembre 08, 2014

Serie narradoras puertorriqueñas: Miranda Merced y la pérdida de la memoria


Serie narradoras puertorriqueñas: Miranda Merced y la pérdida de la memoria
Cómo escribí mi cuento favorito
Especial para Boreales de Yolanda Arroyo Pizarro

 “Al tratar de recortarla encontraron hebillas mohosas dentro de la enorme madeja solidificada…
Medusa Rivera del Río, ex reina de belleza, ex política influyente en decisiones municipales, soltera, venida a menos tras sus episodios de confusión, imperdonables olvidos y repetidos descuidos, había decidido cortar su cabello, el cual no peinaba desde que la despidieron por no tener nada en el cerebro. No se preocupe, nosotras vamos a su casa. Tras un ligero baño se recostó en un diván mientras las estilistas llegaban a arreglar su cabello. No quisieron despertarla, le darían la sorpresa.
            Cuando las mejores tijeras fracasaron, las mujeres convocaron a un selecto grupo de profesionales. Llegó el alcalde, el médico, un ingeniero mecánico y dos obreros, los más fuertes de la construcción aledaña. Intentaron con afilados escalpelos, seguidos por seguetas  manufacturadas con el mejor acero. Alguien sugirió un serrucho inventado por un sueco a las órdenes del gobierno. El alcalde mandó por la herramienta. Tuvieron que registrar cuatro almacenes y dos sótanos. Aunque dieron con el aparato, el esfuerzo resultó inútil. Se procedió a usar una sierra eléctrica, la vibración sólo consiguió que tres ratas desalojaran lo que consideraban su madriguera. La masa continuaba siendo empero, un apretado nudo imposible de manejar. La niñita del pirulí en la boca repitió por enésima vez, mami usa aceite caliente. Con las gotas de sudor chorreando desde la coronilla, el ingeniero mecánico añadió, se me ocurre ablandarlo con aceite caliente.”
                                        
A mis oídos llegó la historia acerca de la triste situación de una mujer brillante venida a menos. Se trataba de una profesional muy respetada en su rama, quién al envejecer desarrolló una de esas afecciones que tienen que ver con la pérdida de la memoria.  Vivía sola y no tenia quién se ocupara de su salud y rutina. Algunos amigos la fueron a visitar y al conocer la situación en la que vivía decidieron ayudarla. Uno de los pasos fue llevarla a recortar el cabello a un salón de belleza. La frase “Al tratar de recortarla encontraron hebillas mohosas” dentro del cuento es literal y, aunque sorprendente en la vida real, es menos extraño de lo que puede parecer a simple vista, por lo que entendí debía ser mirada con mayor profundidad.
Son varios los factores que juegan simultáneos en el cuento corto “La cabeza de Medusa”, como varios los que en la vida permiten que una mujer que en un momento fuera productiva, admirada y hasta envidiada, llegue a la obsolescencia una vez no pueda ser más útil. Es una de las más directas declaraciones de cosificación, a la cual puede llegar una sociedad. Un atleta es vitoreado, mimado y celebrado mientras sorprende con sus logros a los fanáticos, lo mismo un profesional exitoso dentro de una organización o una mujer hermosa en un concurso de belleza. Y como todos desean estar con los que ganan, siempre está el buscón de carrera, esperando un aventón con el triunfador, el político que encuentra la forma de sacar provecho de cualquier situación: positiva o negativa, el curioso que se une a los incidentes, pasando a formar parte de ellos aunque se trate de situaciones y personas ajenas. Así mismo, cuando las personas dejan de ser utilizables para los que le rodean pueden suceder dos cosas: pasar al olvido hasta que abandonan este plano o convertirse, de repente, en la razón para una buena obra, que de paso convenga a los intereses particulares de cada cual.
En este cuento la mujer, dormida o inconsciente, se pone en manos de toda la comunidad que, ante la fascinación del espectáculo, trata de resolver la incógnita, al punto en que ya la mujer no es lo importante, nada importa si fue de gran servicio para la sociedad, si nutrió con sus conocimientos las vidas y carreras de cientos, ni siquiera si la vida misma está en riesgo; solo el proceso consigue protagonismo, la conquista, la excitación que provocan los asuntos que logran sacarles de la cotidianidad. A la gente ya no le importa la mujer con la enorme madeja de cabello, lo que importa es todo lo que se puede sacar de esa madeja, y la celebración que seguirá una vez se llegue a la conclusión.
A pesar de estar aparentemente ausente durante casi toda la trama, la figura de la protagonista es poderosa, ya que logra poner en acción a todos los demás personajes a su alrededor. Ninguno de los actantes, ni siquiera (y ojalá que) el lector, queda impávido ante el caos ocasionado por una cabeza que, para no tener nada dentro de ella, provocó un impacto considerable.
Decidí manejar el tema con un tono algo ligero y eché mano al sarcasmo, palabra derivada del griego que sugiere algo así como una mordedura de labios, por ser el sarcasmo una de las herramientas más útiles para la crítica efectiva. Al no ser un juicio directo, el interlocutor no está tan a la defensiva y se siente dispuesto a prestar  sus sentidos con mayor facilidad al que expone. Acepto que no siempre es posible  entender este tipo de lenguaje, el sarcasmo, pero cuando el ser humano lo logra, la comunicación logra marcar al individuo de por vida.

Cuento: La cabeza de Medusa
Libro: Almarios en alquiler
Junio del 2013


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Acerca de mí

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"Odio los fluidos que se me salen del cuerpo cada veintiséis días." Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970). Es novelista, cuentista y ensayista puertorriqueña. Fue elegida una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007. Acaba de recibir Residency Grant Award 2011 del National Hispanic Cultural Center en Nuevo México. Es autora de los libros de cuentos, ‘Avalancha’ (2011), ‘Historias para morderte los labios’ (Finalista PEN Club 2010), y ‘Ojos de Luna’ (Segundo Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico El Nuevo Día), además de los libros de poesía ‘Medialengua’ (2010) y Perseidas (2011). Ha publicado las novelas ‘Los documentados’ (Finalista Premio PEN Club 2006) y Caparazones (2010, publicada en Puerto Rico y España).

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